Todos hemos enfrentado a nuestro banco en algún momento. Todos hemos salido de una sucursal con el estómago hecho bolas. Hoy les quiero platicar lo que me pasó a mí, cómo lo resolví y la respuesta que me dio mi banco, -porque este post incluye la entrevista que hice con Juan José Garay Rodríguez, Director General Adjunto de Operaciones y Servicios Compartidos de Scotiabank- quien aclaró todas mis dudas respecto a qué hacer cuando uno cae un problema similar al mío.

Pasé unos 15 días recibiendo llamadas del área de cobranzas a las las 7.00am y 10.00pm porque no había registro de pago en mi tarjeta de crédito. Y ustedes dirán, ¿la que escribe de finanzas personales no paga su tarjeta? Según Scotiabank, no pagué.

Les cuento: hace dos meses perdí mi plástico y lo cancelé. A los 15 días llegó una nueva tarjeta y al activarla me dijeron que el sistema había cometido un error y este plástico también estaba cancelado. Esto sucedió porque perdí mi plástico mientras el banco generaba uno nuevo por su cambio de imagen. Pero, dijeron, pronto llegará un tercer plástico, el bueno.

El tercer plástico llegó de volada junto con mi estado de cuenta. Mi error fue pagar lo de este estado de cuenta al plástico cancelado y no al nuevo, pero en mi defensa, yo tenía 3 cuentas y no supe a cuál pagar. Después de cometer este terrible error decidí hablar al banco y asegurarme que se hiciera un traspaso de saldo. En el call center me dijeron, no hay problema el sistema hace el traspaso de saldo en 48 horas. Esto fue el 5 de julio.

APRENDIZAJE 1: Si no sabes a qué número de tarjeta pagar, habla al call center antes de hacer el pago.

El 6 o 7 de julio volví a llamar. Y me dijeron, no se preocupe, el traspaso no está hecho, pero el sistema lo hace en automático. Me desentendí.

El 13 de julio recibí la primera llamada de cobranzas en la que me solicitaban pagar mi tarjeta. “¡Pero si ya pagué!”, dije a la señorita y expliqué todo el proceso. Ella me dijo que las personas que me habían atendido en las llamadas no levantaron un folio y que eso era urgente, que debía hablar y pedir por un supervisor.

APRENDIZAJE 2: Siempre es bueno que al solicitar una aclaración se pida un número de folio que garantiza que se ha ingresado la aclaración al sistema.

Llamé y pedí por un supervisor. ¿Debí haber ido a una sucursal? Según me dijeron en la sucursal, sí, pero Garay Rodríguez, Director General Adjunto de Operaciones y Servicios Compartidos de Scotiabank, me dijo que no, que todo problema, mientras no requiera de verificación de identidad, se puede resolver por teléfono.

En fin, levanté un folio y me dijeron: “Esto estará arreglado el 20 de julio”. Pero, entre el 13 y el 20 de julio yo debía aguantar llamadas de cobranza diario a las 7am  y 10 pm, horarios en los que @vivircomoprincipe duerme y que ustedes saben son horas espantosas para recibir llamadas. A cada llamada de cobranza yo decía: “Si leen un poco más abajo de su reporte verán que hay una anotación que explica que pagué el 5 de julio pero su sistema no ha hecho es traspaso de saldos”.

Esto siguió y siguió -yo recibía llamadas, hacía llamadas a supervisores para revisar si ya había respuesta a mi aclaración- hasta que llegó mi siguiente estado de cuenta con comisiones, intereses y cargos moratorios. Ese día fui a la sucursal para levantar un folio por comisiones no debidas y  me dijeron que no se podía hacer nada porque le primer folio no tenía respuesta.

Al final, después de que me dijeran que era yo el caso 1 de 100, o era 1 de 50, o 1 de 1,000. No recuerdo, el banco lo tiene grabado… decidí pagar para parar las llamadas. De igual forma tenía que pagar, así que decidí hacerlo unos días antes para parar la pesadilla. ¿Debí de haber hecho este pago desde antes? Garay Rondríguez, directivo de Scotiabank, me dijo que sí, que eso hubiera parado las llamadas de cobranza y al final hubiera tenido un saldo a favor, pero que también saben que no es justo que el cliente pague cuando no debe. Entonces, si esto les sucede a ustedes, es decisión personal si quieren o no hacer pagos para sufrir, o no, llamadas de cobranzas.

Acepto que después de 23 días desde el día de mi pago y 15 días de llamadas de cobranzas estaba desesperada y envié un correo a quien lleva la cuenta de prensa de Scotiabank -banco con el que profesionalmente llevo una excelente relación y al cual constantemente busco para entrevistas- y le dije que escribiría un blog sobre esta experiencia y quería solicitar una entrevista con algún directivo de Scotiabank en el área de tarjetas de crédito para que me dijera el procedimiento que debí haber seguido. Esto con la intensión de que mi experiencia fuera un aprendizaje para otros, no sólo una queja. Ella, quien de verdad es muy linda, me dijo que solicitaría la entrevista y que vería si podía ayudarme con el proceso.

Las llamadas desaparecieron en el instante en el que pagué. Y el lunes 1 de agosto se resolvió mi folio, en parte gracias al contacto que tuve con el banco por mi labor profesional. Hoy en la mañana que hice la entrevista, Garay Rondríguez aceptó que el error fue del banco. Que no debí haber hecho nada diferente a lo que hice. Y que mi caso fue -ya que lo revisaron- realmente extraño; una suerte de falla tras falla. Pero me dijo algo que me tranquiliza: gracias a que todas mis conversaciones fueron grabadas, ellos pueden saber todo lo que pasó en mi proceso y de verdad arreglar mi problema para que no deba pagar intereses, comisiones o demás pagos moratorios. (Aunque esto también me angustió porque como cliente enojada acepto que pegué un par de gritos rudos a algunas de las personas con las que hablé, y por esto, me disculpo). “Nosotros hacemos negocio con los productos que tienen nuestros clientes y lo que queremos es que ellos estén tranquilos”, dijo Garay Rodríguez, por eso, aceptan sus errores y tratan de arreglarlos.

Les comparto esto hay muchos lectores -ya me lo han dicho en Twitter- a quienes les han pasado cosas similares y a quienes los bancos no les responden a la misma velocidad a la que quieren que hagan los pagos. Este no es el problema de mi banco en particular, es el problema de muchos. Mi pregunta era: ¿qué debemos hacer los usuarios?

Garay Rodríguez me dijo que  los usuarios deben insistir, hacer llamadas y si quien contesta no resuelve sus dudas o problemas, pedir por un supervisor. Entender que pueden y deben demandar hablar con alguien que resuelva sus dudas.

APRENDIZAJE 3: No cuelguen la toalla, es molesto, pero hay que llamar al banco, acusarlos con la Condusef, ser un cliente que busca respuesta por lo que paga.

Espero que esto les ayude en sus procesos incómodos con los bancos.

Compartan sus experiencias en la zona de comentarios y sigamos la conversación por Twitter en @vivircomoreina.


Ilustración: Luis Ledesma

Ilustración: Luis Ledesma

Esta es la tercera y última relación emocional con el dinero que expuse en mi conferencia de TEDxSLP en San Luis Potosí en mayo. Las otras dos son: “Dios proveerá” y “Tengo que mostrar que tengo (aunque no tengo)” .

La idea de compartir esto es que pensemos en cómo nos relacionamos con el dinero, que seamos autocríticos y aceptemos qué nos falta para poder utilizar lo que sí tenemos al máximo. Ninguna relación es mejor o peor que otra y seguro hay muchas más (compártanlas en la zona de comentarios) de las que podríamos hablar, pero estas tres me parecen las más generales y con las que la mayoría nos podemos identificar.

DEFINICIÓN
Una persona que tiene esta relación emocional de “mi guardadito” siempre tiene algo de dinero bajo el colchón.

Es una persona consciente del dinero, a veces tanto que muchos le llaman “codo”.

Esta persona habla mucho de dinero y siempre está dispuesto a compartir información sobre sus deudas, PERO, como es una persona que tiene dinero guardado, en realidad habla de sus deudas para que nadie descubra su guardadito.

Esta persona es capaz de decirle a su pareja o familia que gana menos de lo que realmente ingresa para incrementar este ahorro.

LO POSITIVO DE ESTA RELACIÓN
Siempre tiene dinero y siempre tiene ahorro.

Si llega una eventualidad esta persona sí tiene con qué enfrentarla.

Sabe a la perfección cuánto ingresa, cuánto gasta y cuánto ahorra.

No hay centavo que se le escape.

LO NEGATIVO DE ESTA RELACIÓN
Tiene el dinero “bajo el colchón”, no ha dado el paso a invertir para maximizar ganancias, no arriesga.

A veces, las personas con esta relación emocional con el dinero, no disfrutan la vida por estar pensando en el guardadito.

Aunque son muy cuidadosos y tienen dinero, el tema les causa mucho estrés.

CÓMO SER MEJOR
Tengo que confesar que yo tengo mucho de este tercer perfil. Aunque también comparto algunas características de los otros. Lo digo porque les voy a contar un poco lo que he hecho para maximizar este ahorro que ya tenía.

Mi mayor angustia era no gastar de más. Y para sentirme tranquila lo que hice fue establecer un fondo de ahorro de emergencia en el que tengo un par de meses de mis gastos fijos por cualquier eventualidad.

Yo tenía mis ‘sobritas’ o ahorro en renta fija. Decidí informarme sobre la renta variable y arriesgar un poco para maximizar mi dinero. Invertí 30% en la bolsa. Y sí, me tocó la crisis del 2008 y vi bajar el monto, y me regresó la angustia, pero –como dice Warren Buffet, no hay que pretender hacer dinero en el mercado accionario, sino pensar que la bolsa puede cerrarse y no reabrir por 5 años. Ya estoy en el año 3 y me siento mucho mejor.

El otro 70% está en renta fija y es para metas a corto y mediano plazo, porque me di cuenta de que si no sabía para qué quería el dinero, no hay una meta que cumplir y juntarlo no tiene sentido.

En términos de protección siempre he creído en los seguros, así que estoy muy bien asegurada. De hecho, ahora que nació @vivircomorpincipe no dejé que pasara un segundo de su vida sin seguro. Y ¿qué creen?, lamentablemente ya lo tuvimos que usar, pero por precavidos, pudimos atenderlo sin tener que pedir prestado o endeudarnos.

En cuanto al crédito. Yo siempre he sido totalera. Y en términos de cuidar o sanar las finanzas es lo más importante, pero por ser tan controladora con el dinero, tuve que experimentar y ver qué pasaba si no pagaba todo lo que debía. Y lo hice como ejercicio para conocerme a mí y mi relación con el dinero. No aguanté mucho y mi esposo dijo que era el peor mes de convivencia en nuestros 3 años de matrimonio.

No estoy diciendo que dejen de pagar la tarjeta, sino que se den chance de probar cómo funcionan si hacen algo que hasta ahora no han hecho: ahorren (los que odian ahorrar), inviertan (los que odian invertir), hablen de dinero (los que nunca comparten) y vena cómo esto puede ayudarlos a estar más tranquilos o no. Hay que enfrentar los miedos que tenemos con el dinero.

Espero sus recomendaciones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 


Ilustración: Luis Ledesma

Ilustración: Luis Ledesma

Esta es la segunda de las tres relaciones emocionales que podemos tener con el dinero.

La semana pasada puse un primer post sobre las relaciones que expliqué en la presentación que hice para TEDxSLP el mes de mayo, titulada “Dios proveerá”. Ahora les comparto esta segunda con el afán de seguir poniendo sobre la mesa el tema de que si tenemos autocrítica y entendemos cómo nos llevamos con el dinero, podremos hacerlo crecer más.

DEFINICIÓN

Una persona que tiene esta relación de “Tengo que mostrar que tengo (aunque no tengo)” vive creyendo que el dinero llama dinero.

Y tiene razón, el dinero llama –muchas veces- más dinero, pero NO SIEMPRE.

Esta persona es de las que prefieren gastar en un automóvil que en una mejor casa, por ejemplo, y no importa cuál sea su realidad financiera, aparenta tener más porque de esta forma cree que tendrá acceso a las posibilidades o experiencias y relaciones que lo llevarán a hacer más dinero.

Esta persona, cuando habla de dinero en casa, sólo habla de los costos de los lujos que tiene, jamás de las deudas.

LO POSITIVO DE ESTA RELACIÓN

Esta persona sabe muy bien cuánto gana, cuánto gasta y cuánto debe.

Es probable que en algún momento, por tener esta actitud, sí logre conseguir un muy buen negocio que le traiga más dinero.

Esta persona vive como le gusta vivir, con los lujos que le causan placer.

Es una persona que consigue el estatus social que desea y esto lo hace sentirse que ha conseguido algo mejor en su experiencia de vida y lo acerca más a tener más dinero.

Es una persona que sabe muy bien cómo ‘jinetear’ el dinero: con un extra paga la tarjeta, el mínimo, claro, pero así puede seguir firmando, por ejemplo.

LO NEGATIVO DE ESTA RELACIÓN

Es muy probable que esta persona esté endeudado hasta el cuello.

Considera que el ahorro sólo quita posibilidades de invertir en ti y, por ende, de conseguir mejores rendimientos a futuro.

Es probable que jamás lea este blog.

No está preparado para enfrentar una eventualidad porque no tiene un fondo de ahorro o algo de liquidez disponible. Para una hospitalización, por ejemplo, tendría que recurrir a endeudarse más.

CÓMO SER MEJOR

Disfrutar de la vida, se vale. Bien dice el dicho que lo bailado nadie te lo quita. Así que si lo que te gustan son los buenos automóviles y relojes, adelante, compra. PERO, no lo compres todo al mismo tiempo abusando del plástico. Has un plan de tus deseos y de cómo podrás adquirirlos en el corto plazo sin la necesidad de que recibas llamadas del banco a las 10pm en lunes porque no has pagado el mínimo.

Si ya estás en esto, hay que congelar la tarjeta, es decir, dejar de gastar y empezar a pagar. Ni modo. Una idea que puede ayudar: pensar en pedir ayuda, ya sea al banco al que se le debe, o a una reparadora de crédito.

Por otro lado, como el ahorro no es algo que le interese, entonces es probable que no tenga dinero para una emergencia. Es importante hacer conciencia de que tener algo para eventualidades es esencial. Hay que empezar el fondo de emergencia, ¡ya!

Aunque verte bien y vestirte bien puede ayudar a subir escaleras en la vida profesional, hay un límite, y ese se puede encontrar en un presupuesto, por lo que esta persona debe tener un presupuesto para saber cuándo parar con las comidas de negocios.

Finalmente, todo negociante sabe que no hay que poner los huevos en la misma canasta, así que por qué invertir todo el dinero que se tiene en un mismo, cuando se puede diversificar. Esta persona, ya que pague sus deudas, podría buscar fondos de inversión que le ayuden a maximizar sus recursos.

Estas son sólo algunas ideas que pueden ayudar a una persona que se relaciona así con el dinero. Estoy segura de que a ustedes –porque todos conocemos a alguien así y sabemos qué les ha funcionado- podrán compartir muchas más.

Espero sus recomendaciones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 


Van a decir que esto de que el Buró de Crédito sea tu amigo es la más grande mentira que he dicho. Sobre todo a quienes los cobradores de sus créditos les llaman a las siete de la mañana en sábado para decirles que si no pagan se van a la “lista negra del Buró”.

La mentira es que exista una “lista negra del Buró de Crédito”.

Todos los que tenemos una tarjeta de crédito, un crédito o pagamos un servicio como los de telefonía o televisión por cable, tenemos un historial crediticio en el Buró.

Digamos que es como las calificaciones que recibíamos en la primaria, cada materia es equivalente a alguno de nuestros contratos con instituciones financieras o de servicios. Y cuando pagamos a tiempo o no pagamos nuestras calificaciones suben o bajan.

Les voy a dar tres razones por las cuales este historial de crédito o reporte crediticio -que puedes obtener gratis una vez al año- es una herramienta que podemos utilizar para mejorar nuestras finanzas o aprovechar lo que las instituciones financieras nos ofrecen:

  1. Te ayuda a saber si eres sujeto de crédito y es tu credencial ante el mundo del crédito: Si tu ves que tienes puras palomitas sabrás que puedes acudir a una institución a pedir un préstamo, por ejemplo. Incluso, si tienes algunos puntos débiles es probable que encuentres una institución que tome el riesgo de prestarte. El punto es que conocer tu historial te ayuda a medir tus probabilidades actuales de obtener un crédito y de comenzar a tomar acciones para aumentar estas posibilidades.
    Por otro lado, este reporte crediticio es la referencia para avalar tu trayectoria en el manejo del crédito. En el momento en el que una institución financiera ve tu reporte puede decir de forma rápida y sencilla si quiere tenerte como cliente. Mostrar que nunca te has tardado en pagar tu tarjeta se ve en este reporte y puede ayudarte a que te den el crédito hipotecario que quieres.
    Siempre es mejor tener un historial que no tenerlo. Por eso, estar en el Buró de Crédito es positivo.
  2. Te ayuda a saber que tienes tus finanzas bajo control y saber si te puedes endeudar más: Tu historial refleja que pagas a tiempo y mantienes un nivel de endeudamiento adecuado. En otras palabras puedes ver que tienes tus finanzas organizadas.
    Además, al observar tu reporte de crédito especial y analizar la información detallada de tus créditos puedes obtener una perspectiva completa de tu nivel de endeudamiento y, por lo tanto, saber si te puedes endeudar un poco más y buscar la hipoteca que necesitas para la casa que quieres.
    Ojo, también podrás ver si ya estás llegando a un nivel de endeudamiento peligroso y podrás tomar acciones a tiempo. Por ejemplo, congelar una tarjeta o renegociar tu préstamo.
    Si has tenido retrasos o incumplimientos, el Buró tiene una herramienta que se llama Tu Asesor que es un servicio gratis que te explica a detalle la información en tu reporte y te da recomendaciones para mejorar tu situación y aumentar tus posibilidades para recibir nuevos créditos.
  3. Te ayuda a protegerte contra fraudes: Muchos delincuentes buscan tus datos confidenciales con el fin de hacerse pasar por ti y obtener créditos que te cobrarán. Sí, el famoso caso del robo de identidad.
    Si consultas tu historial en el Buró puedes protegerte contra este fraude porque puedes ver quién y cuándo te prestan dinero o consultan tus datos. Si puedes detectar esto a tiempo es más probable que logres detener el proceso antes de afectar tu patrimonio. Para más información sobre el robo de identidad, entra aquí.

Ojalá que después de leer esto ya no creas que el Buró es tu enemigo. Si sí, cuenta ¿por qué?

Espero sus opiniones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter: @vivircomoreina

 

 

 

 


Tengo un par de amigas casadas o con parejas ya en una relación de compromiso, con quienes me reúno de vez a en cuando a platicar. Las tres trabajamos y tenemos independencia financiera, las tres tenemos ahorros, las tres tenemos enfrentamientos ‘maritales’ por el dinero.

Quién no los tenga, que levante la mano y nos diga ¿cómo le han hecho?

Les platico los casos:

  1. La controladora. Una de ellas está casada con un joven que disfruta de la vida y le gusta gastar. Ella, siempre ha sido ahorradora compulsiva y apanicada del riesgo. Él gasta con gusto e invierte con riesgo.
    Hace poco se pelearon porque llegó el estado de cuenta de la tarjeta y ella lo vio antes que él y se dio cuenta de que llevaba un par de meses pagando el mínimo y con una deuda, no muy peligrosa, pero que a ella le puso los nervios de punta. A la hora de enfrentarlo, salieron un par de complicaciones a la conversación y decidieron congelar la tarjeta de crédito hasta pagar la deuda para tranquilizarla a ella y que él haga el ejercicio de no abusar del plástico.
    Por otro lado, después del primer año de matrimonio decidieron que cada uno tendría su cuenta de ahorro/inversión por separado para que cada quién tome el riesgo que quiera sin darle gastritis al otro.
  2. La distraída. A mi otra amiga le gusta pasarla bien y es algo distraída con el dinero, pero está casada con un marido conocedor del tema que lleva las cuentas al centavo. Mi amiga ha perdido su cartera tantas veces que ya no se acuerda del número exacto de eventos desafortunados. Desde que se casó, su marido la ha hecho llevar un presupuesto, junto con él, que revisan cada mes. Las finanzas de los dos están a la perfección, pero para que ella no se ponga de malas porque hay cosas que quiere que “no caben en el presupuesto” entonces quedaron que ella tiene una parte de su sueldo para cosas “fuera del presupuesto”, así puede ser distraída y gastar algo sin contar mucho.
  3. La bipolar. Yo acepto que soy un poco bipolar. Por un lado soy compradora casi compulsiva y hasta en el supermercado encuentro cosas que “sí podría necesitar”. También tengo un ser interior muy, muy tacaño que a veces no me permite darme ciertos lujos. Mi esposo, por su parte, es muy administrado, pero arriesga mucho y tiene por dentro un ser negociante que lo hace ‘jinetear’ el dinero como malavarista profesional. Esto a mí me pone nerviosa.
    Lo que hemos decidido es que lo que es para la casa y la familia no se toca o malavarea. El presupuesto le revisamos los dos, pero lo administro yo, con la promesa de no emocionarme en el supermercado.
    Cada uno tiene un ahorro individual, pero también tenemos uno juntos. Y hablamos de dinero con mucha, mucha frecuencia, normalmente mientras tomamos una copa de vino y escuchamos la música que nos gusta.

No creo que haya una pareja que no tenga enfrentamientos monetarios, sobre todo al inicio del matrimonio como es el caso de estos tres perfiles. Sin embargo, conforme pasa el tiempo hay que acoplarse y ser –cada vez- más abiertos a entender el comportamiento que nuestra pareja tiene con el dinero y ser autocríticos para entender qué –de nuestra relación con el dinero- le puede caer mal a nuestra pareja.

Entendiendo cómo somos y cómo es nuestra pareja podemos entonces establecer qué le toca a cada quién y qué hacemos juntos, por ejemplo. Hay que ser considerados del otro y saber expresar qué es lo que nos preocupa y qué es lo que necesitamos.

Hablen de dinero… ya sé que lo digo mucho, pero es que creo fielmente que esto es necesario para poder llevar cuentas claras y matrimonios largos.

No olviden considerar estos tres puntos:

  1. Administración: teniendo claro cuánto ingresan entre los dos, cuánto van a gastar en su vida y cuánto quieren ahorrar (se vale decir que quieres un ahorro individual, mientras aportes algo al ahorro en conjunto).
    Si uno es más cuidados que otro en la administración, quizá sea la persona indicada para llevar la administración de la casa. Lo que propongo es que lo hablen y se organicen. Si cada uno tiene establecido qué le toca a cada quién entonces se dividen las responsabilidades y los derechos. Esto hace una relación un poco más pareja.
  2. Seguridad: establezcan quién va a estar a cargo de revisar que los seguros estén al día, quién es el encargado de tener contacto con el asesor de seguros. No olviden hablar de previsión para el futuro, es decir, cómo quieren tener su dinero seguro para el futuro, cómo van a enfrentar temas como la colegiatura de sus hijos, o la compra de un bien inmueble.
  3. Diversión: hay que pasarla bien en la vida, de eso no hay duda, y normalmente todos trabajamos para lograr eso. Establezcan metas en conjunto, ¿qué disfrutan hacer juntos y cuánto cuesta?, ¿cuántas veces lo pueden hacer al año sin que esto desbalancee su estabilidad financiera?

Y hablando de esto con otra amiga, que no está casada, me platicó que sus papás tenían un fondo de citas. Y cada vez que podían, metían un dinero en un lugar especial para un momento o tiempo para ellos. Me pareció una idea genial. Estoy pensando en proponerla la siguiente vez que revise el presupuesto con mi marido.

Ustedes, ¿cómo han resuelto sus diferencias financieras con la pareja?

Espero sus opiniones en la sección de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 


Este abril se cumplen dos años del inició este blog y este evento coincidió con que estaba por llegar a los 2,000 seguidores en Twitter. Como me pareció lindo andar en tanto festejo prometí que al seguidor 2,000 le respondería una pregunta de finanzas personales consultando a un experto en planeación financiera.

El seguidor que ganó fue @elgranjurado de Atotonilco el Alto y su pregunta: “Voy a recibir un dinero, el monto es equivalente a lo que tengo en deudas, ¿qué debo hacer?, ¿debo pagar o debo invertir?”

Este es un dilema que mucho hemos tenido y probablemente no sólo una vez en la vida, sino varias. Y quizá para algunos de ustedes la respuesta sea obvia: ¡Paga las deudas!

Pero @elgranjurado tenía una segunda cuestión interesante: Si paga deudas y se queda sin un quinto, ¿qué hace en caso de una emergencia?

Al experto al que consulté para hablar de este caso fue a Mauricio Medina, director general de Planifik, una empresa de asesoría financiera en Monterrey, Nuevo León y a quien pueden seguir en Twitter como @Planifik_Asesor.

Como todo en las finanzas personales, hay que analizar caso por caso y tratar de tener la mayor cantidad de detalles. Por eso, dice Medina, lo primero que hay que considerar es si:

a)    la deuda que se tiene es por malos manejos financieros (no saber nada de finanzas personales y dejarse llevar por el puro gusto del consumismo, por ejemplo), o, al contrario,

b)   la persona tiene buenas prácticas financieras pero se endeudó por invertir en un negocio que no tuvo éxito, un riesgo de cualquier inversionista.

La respuesta según el caso:
a)    En el caso de las malas prácticas financieras lo más sano es eliminar la deuda. Aunque parezca drástico, quedarse sin efectivo (y sin deudas) puede ser la mejor decisión para una persona que no tiene control de su dinero. Hay que entender que no hay un saldo de deuda ‘pequeño’ pues cualquier deuda que no se enfrenta se convierte en un problema ‘marca diablo’. Los intereses funcionan como bola de nieve: crecen y crecen y crecen. Por eso, en un caso de malas prácticas financieras se puede pensar en cortar con este círculo vicioso en cuanto se pueda.
Otra cosa que se recomienda es -desde ya- congelar las tarjetas de crédito -sí como en la película de la chica adicta a las compras- y de verdad enfocarse en vivir con lo que se gana o, incluso, con menos, para poder empezar con el ahorro. Hay quien dice que hay que vivir con el 80% de lo que se ingresa para que el resto se tenga como colchón.

b)   En el caso de una persona que arriesgó parte de su dinero en un negocio que resultó fallido, pero que es organizada con sus finanzas y siempre (hasta ahora) había podido tener un ahorro y vivir tranquilamente y sin deudas, entonces, quizá sea buena idea pagar la deuda, pero quedarse con un monto pequeño para una emergencia o una oportunidad de inversión. (Aunque para esto hay que hacer un análisis más a fondo -que la vez anterior en la que el negocio falló- y buscar buena asesoría).

Qué pánico con la deuda:
Este es un ejemplo de lo que puede pasar con una tarjeta de crédito mal pagada y, lo que intento es que no sólo @elgranjurado analice su situación, sino que todos los que hemos pasado por deudas mal pagadas lo tenamos en mente para no volver a caer:

En México, según datos de la Condusef, el 70% de los usuarios de plásticos pagan sólo el mínimo de su estado de cuenta al mes. Por hacer esto podrían pagar más del 500% del monto original de lo que adquirieron.

La diferencia –haciendo un esfuerzo pequeño- es abismal. Por ejemplo, si en la tarjeta debes 10,000 pesos y sólo pagas el mínimo, terminarás de pagar en 20 años y habrás pagado 50,200 pesos aproximadamente. Pero, si abonaras 10% pagarías la deuda en 5 años y desembolsarías sólo 16,400 pesos aproximadamente.

¿Quieren seguir pagando sólo el mínimo?

Por otro lado, sé que hay deudas que cuestan más trabajo que otras, incluso hay veces en las que es más fácil decidir pagar intereses al banco, por ejemplo, que deberle dinero al suegro. También esto debe entrar en consideración cuando se va a pagar deudas y no se pueden pagar todas. ¿Cuál es la más cara (emocionalmente o por los intereses)? Y decidan cuál es la que quieren pagar primero.

En conclusión, querido @elgranjurado, estás en un momento de tomar una decisión importante y debes ser honesto contigo mismo y saber realmente si eres una persona con buenas (en serio buenas) prácticas financieras y que está endeudada por circunstancias y no por fallas presupuestales o consumistas. Después de eso analiza si hay alguna deuda que podrías no pagar ahora que recibas ese dinero y haz un presupuesto para que cada mes pagues algo de tus ingresos a esta deuda y así la saldes lo antes posible.

Después de pagar deudas, revisa tu presupuesto de nuevo y recorta para que empieces con tu ahorro y disminuyas tus gastos.

Sigamos la conversación en Twitter en @vivircomoreina o en la zona de comentarios. ¿Ustedes cómo le han hecho con las deudas?


Hace casi un año, cuando nació @vivircomoprincipe, no había yo salido de recuperación cuando mi esposo ya estaba llamando al del seguro para decirle que había que incluir en nuestra póliza al nuevo miembro de la familia.

Cuando llegué al cuarto con el bebé en brazos y nos reencontramos con el padre, me dijo: “Ya estuvo lo de su seguro”. Yo sonreí, porque era algo que habíamos hablado antes y que era importante para los dos. Y me acuerdo que junto a mí estaba una tía que hizo un gesto extraño como para transmitir: “qué raros, eso ahora no es importante”.

Días después, se nos había olvidado lo del seguro y estábamos enfocados en no dormir, cambiar pañales y conocer a @vivircomoprincipe.

Hace un par de semanas escribí un post sobre el Fondo de Emergencia Pediátrico que sugería a los padres hacer porque estábamos pasando en casa por un mes de doctores y gripas. Ahora, ya que todo ha pasado, les cuento que el pequeño de ocho meses fue ingresado al hospital la semana que escribí ese post en el blog.

@vivircomoprincipe tuvo una bronquitis que casi pasa a neumonía. La primera doctora no encontró o diagnosticó y para cuando fui a una segunda opinión, la decisión fue ingresarlo al hospital, ponerle suero y oxígeno.

No se trata de contarles la pesadilla de ver a tu bebé enfermo, sino de decirles que desde el día que nació, hasta el momento en el que me dijeron “hay que internarlo” yo no había pensado en su seguro y no recordaba ni dónde estaba su tarjeta. No obstante, estaba asegurado.

Pasamos cuatro noches en el hospital, él en una cunita conectado a mil y un cables, su papá y yo en un sillón. Medicinas, pañales, toallitas húmedas, jeringas y hasta un par de cajas de pañuelos desechables más tarde salimos con @vivircomoprincipe pálido y flaco, flaco, pero recuperándose.

¿Y saben qué? El seguro de gastos médicos mayores pagó todo.

¿Y saben qué me dijo mi esposo?: “¡Qué bueno que le sacamos su seguro el día 1!”

¿Y qué creen que dijo la tía de la mueca?: “Sí, claro, el seguro es esencial”.

Si no hubiéramos tenido un seguro para @vivircomoprincipe hubiéramos podido pagar los gastos con tarjetas de crédito y utilizar lo que nos quedaba en el fondo de emergencia –que ya habíamos rasguñado por las visitas médicas previas-. Como somos más o menos cuidadosos y organizados, no hubiéramos sufrido mucho. Pero, gracias al seguro regresamos a casa tranquilos, pudimos hacerle frente a los gastos de la recuperación y no agujeramos el fondo de emergencia.

Una gripe se transformó en un cuadro médico muy complejo, vi pasar a @vivircomoprincipe de un bebé feliz a uno con ojeras y complicaciones para respirar sin ayuda, es la peor experiencia que he tenido que vivir. Pero agradezco que por prevenir pudimos salir adelante sin que se convirtiera en un problema de salud y financiero.

Espero sus opiniones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter: @vivircomoreina.

 


Estaba en una pastelería comprando un pastel para un cumpleaños, el señor que iba antes en la fila pagó su pay de manzana y un par de bolsas de galletas con una linda tarjeta negra.

La señorita atrás de mí le susurró a su amiga, “mira, tiene la negra”.

No le pude ver los ojos, pero me imaginé un dejo de lujuria, porque su tono de voz dejaba ver que para ella era impresionante un hombre con una tarjeta de crédito negra.

En México hay tarjetas de crédito para cualquier gusto: la verde para los que adoran el futbol, la de millas para los viajeros, la de la marca del supermercado, la de oro, la de plata, la negra… Cada una parece definir a quien la porta, siguiendo el comentario de la señorita en la pastelería.

Y mientras ella se fijaba en este hombre con un plástico negro, yo sólo pensaba si sería un pagador ‘totalero’. Es decir, si cuando llega su estado de cuenta paga todo lo que debe o si ha ido dejando que crezca esa bola de nieve de intereses…

Según un Twit de @CondusefMX si se paga sólo el mínimo de la tarjeta de crédito se puede llegar a pagar más del 500% del monto originalmente adeudado.

El pastel de 200 pesos que compró el de la tarjeta negra podría convertirse en un pastel de 1,000 pesos. Ouch! (Por eso todos los financieros recomiendan pagar por lo menos tres veces el monto mínimo de tu tarjeta de crédito).

Con mi experiencia ayer puedo imaginar que sea posible ligar gracias al tipo de plástico que utilices para pagar. Pero que esto le convenga a tus finanzas, no me queda muy claro.

La tarjeta de crédito es un instrumento para comprar algo hoy y pagarlo mañana. Si no se paga el día establecido, la institución financiera que te “prestó” el dinero para ese bien que adquiriste, te empieza a cobrar intereses por tu incapacidad de pago. Entonces, es un gran instrumento si lo sabes utilizar.

  1. No te vayas con la finta. No porque tenga una tarjeta de crédito, quiere decir que tiene el conocimiento financiero para saberla utilizar (puede que tenga el dinero para pagarla, al fin y al cabo las tarjetas se dan por un cierto ingreso del cliente).
  2. Cuando llegues a tu banco no vayas por la solicitud de crédito de la tarjeta ‘nivel siete estrellas’. Puede que con eso impresiones al primo del amigo que te gusta, pero también puede llevarte a serios problemas de endeudamiento.
  3. Escojamos la tarjeta de crédito que nos conviene. Analiza el CAT, los beneficios, el tipo de institución que la otorga, contempla el pago anual -que puede llegar a ser más de cien dólares-, y haz cuentas para ver cuánto puedes pagar.

Pagar una tarjeta de crédito es un compromiso firmado. Existe un contrato y sabemos cuánto nos cobrarán si no pagamos. Lo mejor que podemos hacer es ser consumidores inteligentes y, primero, analizar qué producto nos conviene según nuestra realidad financiera. Después, seamos responsables del crédito que nos otorgan y nuestros ingresos, no porque suba el límite de crédito quiere decir que puedes o debes gastar más. Finalmente, aprendamos a utilizar la tarjeta como una herramienta no como sustitución del efectivo –que no necesariamente tenemos-.

Tres datos interesantes sobre tarjetas de crédito:
- En México hay 12,029,085 de tarjetas de crédito.
– De estos 12 millones, 3.5 millones son de BBVA Bancomer, la que más tarjetahabientes tiene.
– Sólo el 21% del crédito otorgado (hasta octubre de 2010) no causó intereses porque se pagó totalmente la deuda o porque eran promociones con tasa cero.

Tres lecturas sobre tarjetas de crédito:
¿Necesitas tantas tarjetas de crédito?
La vida sin tarjetas de crédito
Repara tus deudas con los bancos

Espero sus comentarios y sigamos la discusión en Twitter: @vivircomoreina


Sí, resulta que es recurrente que los mexicanos no lleguemos a la quincena, según datos de una encuesta de Profeco sobre presupuesto y riesgos financieros.

¿Qué quiere decir esto?

No llevamos un buen registro de gastos o un presupuesto y que, literalmente, se nos va el dinero.

De los encuestados, sólo 34% tiene un registro de lo que gasta, ya sea en un papel o en medios electrónicos. Del resto, 36% dicen que tienen un registro mental y los demás no tienen idea en qué se les va el dinero.

Y, bueno, del 36% que dice llevarlo mentalmente, ¿cómo le harán?, me pregunto, porque yo no tengo la capacidad de memoria para recordar cuánto gasté ayer en el supermercado, la tintorería y los merengues que compré para mi mamá. Y esto fue ayer, así que preguntarme del gasto de principios de mes es imposible.

Por eso creo que 66% de los encuestados no saben cómo gastan o en qué gastan y esto explica que el día 12 del mes andemos pidiendo dinero al vecino o al suegro.

De hecho, la encuesta de Profeco dice que de quienes se quedan sin dinero para sus gastos fijos y o variables del mes, el 74% recurre a préstamos de familiares o amigos, el 17% a tarjetas de crédito y sólo 2% a sus ahorros.

Esto me lleva al siguiente paso: 51% de los encuestados dice destinar algo de su dinero al ahorro, ¡qué bien! El problema es que la mayoría de los que ahorran lo guardan en casa, en una caja de ahorro o en una tanda. De esto podemos concluir que todavía confundimos el término ahorro con atesorar – es decir – guardar bajo el colchón.

Seguimos con una cultura financiera de primaria. No hemos logrado –y en esto me toca parte de la culpa por ser fiel comunicadora de la importancia de unas finanzas personales sanas- que la mayoría de los mexicanos decidan tener confianza en las instituciones financieras o que decidan llevar una sana relación con el dinero. También creo que no somos capaces de tomar la responsabilidad de nuestras acciones. Según la encuesta de Profeco, del 30% que no llevan registro alguno de sus gastos el 8% dice que no quiere hacerlo, en su mayoría, porque no le interesa. Y si no nos interesa saber en qué gastamos, nunca vamos a lograr tener un ahorro, poder comprar una coche, o pagar una emergencia sin endeudarnos.

¿Qué nos falta por hacer? … Y esta pregunta la planteo para los que decimos que comunicamos sobre finanzas personales, o para las instituciones que tienen también esa bandera: ¿Qué vamos a hacer para que los mexicanos logremos llegar a la quincena con los pagos hechos, un ahorro y sin endeudarnos?

Les dejo algunas lecturas que les ayudarán a organizar sus finanzas para no caer en estas estadísticas:

Sobre el presupuesto: Mamá, por tu culpa no tengo dinero.
Sobre el cuidado del dinero: La frugalidad es sexy
Sobre cultura financiera: Errores y aciertos para la cartera familiar
Todos estos posts tienen a su vez, ligas a otros artículos sobre finanzas personales que pueden ayudar a dar una guía para empezar una buena relación con el dinero.

Espero sus ideas en la sección de comentarios.


Todas las semanas leo un par de blogs o sitios de finanzas personales. Pensando que es viernes y tendrán el fin de semana para tomar las cosas con calma, decidí compartir un par de blogs sobre el tema del dinero.

Espero esto les sirva para que se animen a mejorar ese aspecto financiero que tienen pendiente… o para analizar la circunstancia personal en la que estamos y cómo afecta o no nuestro dinero…

1. ¿Cuánto invierto en la bolsa? Roberto Morán de El camino amarillo cuestiona la regla de restar tu edad al número 100 e invertir ese porcentaje de tu portafolio en renta variable.
Creo que no hay una respuesta adecuada para cuánto invertir o cuánto riesgo tomar; es cuestión del estómago de cada inversionista.
Este post me gustó mucho porque me hizo pensar realmente en las reglas de dedo que damos con las finanzas personales. ¿Qué opinan?

2. Pierdo mucho tiempo analizando mis finanzas. ¡Ah! Este es el pretexto perfecto para dejar el presupuesto, seguir usando la tarjeta de crédito y hasta olvidar el ahorro.
Por eso me gusta esta sección del sitio I will teach you to be Rich (en inglés) que habla de la importancia de automatizar las finanzas. Y aunque esto está escrito para personas que viven en Estados Unidos, se puede adaptar.
Dejemos de negarnos a la banca móvil, paguemos los servicios por internet, utilicemos menos efectivo y más débito, olvidemos la chequera o las visitas al banco y optemos por transferencias TEF o SPEI. No sólo se ahorra tiempo, también queda todo registrado y es más fácil ver a dónde se va tu dinero. (Que quede claro que no estoy impulsando el consumo, sino el uso de instrumentos financieros para no dar vueltas con pagos y efectivo).

3. El trabajo o los hijos. Este es el dilema de todo padre, y digo padre porque no creo que sea un dilema puramente femenino. Además, es un tema que causa estallidos en conversaciones y por eso me gusta este post de Money Ning, pone el tema sobre la mesa. (En general este sitio me gusta.)
La decisión de trabajo y/o familia es compleja, hay que analizar las opciones y hacer cuentas, pero sobre todo, encontrar el balance que a uno mejor le funciona.

4. Aguas con las compras compulsivas. A quién no se le antoja ir al centro comercial por una blusa nueva, o el gadget que acabas de ver en la televisión…
Porque a todos nos puede pasar que nos gane el deseo interno de consumidor es que me gusta esta serie de tres posts de Karla Bayly para evitar las compras compulsivas. (Parte 1, parte 2, parte 3)
Por cierto, la segunda parte analiza el valor del trabajo de una mamá que se queda en casa, que está relacionado con el post que recomendé en el punto 2.

Espero que encuentren estas lecturas interesantes. ¿Qué otros temas de finanzas personales les interesan y han leído?



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Términos y condiciones