Lo acepto. Hace un par de días perdí el tiempo pensando cómo sería vivir como la realeza inglesa -que en mi imaginación no tiene problemas de presupuesto- o como Carlos Slim, el hombre más rico del mundo.

Imaginé viajes ilimitados, compras ilimitadas, comidas en restaurantes de los que solo he leído reseñas e inversiones muy divertidas. Sí, aunque es una idea errónea, en ese momento pensé que si fuera millonaria sí invertiría en países que me suenan exóticos y prometedores.

Después regresé a la realidad. Es enero 2013, estoy más gastada de lo normal (sí, eso también lo acepto) y debo sentarme a trabajar porque este mes hay que pagar: tenencias, prediales, colegiatura (ups, me acabo de acordar que en eso voy tarde), y tarjetas de crédito.

Un día después volví a invertir tiempo en pensar en esto “del deseo de ser millonarios”. Y recordé lo que alguien una vez me dijo: ‘igual que otros, un millonario que no cuide su dinero debe vivir apretado por deudas, apretado por estar fuera de su capacidad de pago, estresado por cuentas por cobrar o pagar’. Entonces pensé: así, quizá no disfrute tanto viajar en avión privado para cenar en el Noma en Copenhagen, Dinamarca.

Y me repito. Es enero y seguramente todos nos sentimos un poco abrumados por las finanzas del año que apenas empieza, pero ser millonarios o ‘vivir como millonarios’ no depende de tener millones en la cuenta, sino de saber manejar el dinero que sí tienes. Es cierto, sin los millones no hay avión privado y viajes para comer en el Arzak, pero quizá puedas lograr probar la comida de Juan Mari y Elena si sacas puntos para un viaje con millas o ahorras el siguiente aguinaldo completo para que en 2014 puedas pasarla bomba en el verano en San Sebastián, España. (Sofía Macías acaba de escribir algo sobre esto del aguinaldo para las vacaciones)

“Vivir como reina y gastar como plebeya” es un espacio que me ayuda a aterrizar el vivir financieramente tranquila. Desde 2009 he buscado que por medio de la información que aquí comparto podamos todos vivir sin mucho estrés, pasarla bien con el dinero que sí tenemos y buscar las alternativas que tenemos al alcance de nuestras manos para vivir como realeza – o como la realeza de nuestras posibilidades.

Como ven en este post, a veces se me olvida y me dejo llevar por el sueño de los miles de millones o en las angustias de un mes complicado para las finanzas. Por eso regreso a este blog y se los comparto, para que entre todos busquemos la información, los instrumentos, las herramientas, los libros, los cursos, las clases y demás herramientas que nos ayuden a cuidar el dinero por el que trabajamos todos los días del año.

Es 2013. Es el cuarto año de este espacio y me encantará que sea uno en el que compartamos información, exijamos a nuestras instituciones financieras el servicio que merecemos y los instrumentos que queremos para invertir nuestro dinero. Los invito a de verdad hacer un esfuerzo porque todos -juntos- logremos “Vivir como reina (o rey) y vivir como plebey@”.

La libertad financiera no depende de los millones que tengamos o no tengamos, sino de cómo manejamos el dinero que sí tenemos y lo maximizamos para vivir felices.

Buen inicio de año y buenas finanzas para todos.

Por cierto, una primera recomendación para cuidar el dinero, es que se echen un clavado a este sitio nuevo de Robero Morán, antes editor de la revista Dinero Inteligente: Dinero Dinero

Espero sus comentarios en la zona de opinión y sigamos la conversación en Twitter en @vivircomoreina y Facebook www.facebook.com/vivircomoreina. 

 


Ayer, en el marco de la 5ta Semana Nacional de Educación Financiera, presenté junto con José Antonio García García Luna de la Anáhuac Norte y Fernando Castañeda de la UNAM, la encuesta de la Asociación Mexicana de Afores (Amafore) titulada “Ahorro y Futuro: ¿Cómo piensan los estudiantes universitarios?” en el Museo Interactivo de Economía (MIDE).

La encuesta la pueden leer aquí.

Les quiero compartir e invitar a reflexionar sobre uno de los aspectos que me parecieron interesantes.

Según la encuesta, 66% de los universitarios dicen no haber platicado del retiro laboral en la familia.

De hecho la mayoría cree que sus padres se jubilarán a los 58 años –algo jóvenes, sobre todo en comparación con la edad estipulada de retiro de 65 años- pero lo que me impactó es que 58% tienen claro que van a aportar para ayudar al retiro de sus padres.

Y 65% responden de forma negativa a las consecuencias de que los hijos deban hacerse cargo de sus padres, económicamente, durante su vejez.

Para resumir: No hablamos del retiro en casa, pero es claro que vamos a tener que ayudar a nuestros padres y esto nos trae a la cabeza consecuencias negativas como: “menos dinero para mí”, “renunciar a nuestra vida” o “problemas maritales”.

A 15 años de la creación de las afores y la reforma al sistema de pensiones, los invito a reflexionar qué pasa en esta generación que le queda claro que sus padres han hecho tantos sacrificios por ellos, que cuando sean adultos van a tener que cuidarlos económicamente porque sus pensiones o negocios o activos que tengan no van a alcanzar.

Sin hablar del retiro o planes de jubilación en casa, los padres de familia han dejado claro que sus hijos deben apoyarlos en correspondencia al sacrificio que los padres han hecho por ellos.

Me imagino que en el futuro cuando estos mexicanos tengan treinta y tantos y deban pasarle un dinerito al mes a sus padres, no solo van a tener problemas maritales, sino que no me queda claro que vayan a poder ahorrar para sus metas o su jubilación. Si no hacemos aportaciones voluntarias a los treinta y tantos (ojalá las hiciéramos desde antes) porque estamos ayudando a nuestros padres, ¿vamos nosotros a pedirles a nuestros hijos que nos ayuden? Por cierto, eso es algo que estos universitarios no quieren pues solo 1% respondió que sus hijos los ayudarán con su manutención económica la hora de su retiro.

Ustedes, ¿quieren mantener a sus padres?, ¿ya les ayudan?, ¿quieren que sus hijos los ayuden en el futuro?

Me interesaría mucho su opinión al respecto y la espero en la zona de comentarios. Sigamos la conversación a través de Twitter en @vivircomoreina.  

 


Como muchos de ustedes tengo una lista de regalos para esta temporada. Como –espero- muchos de ustedes, sé cuánto debo y puedo gastar en cada regalo.

Hoy tuve que ir al centro comercial. ¡Qué susto!

Hay enormes filas de personas para pagar en las cajas registradoras de las tiendas, pero más allá de eso, hay familias enteras que dan vueltas y vueltas sin saber qué quieren y qué deben comprar.

Imagino que muchos no tienen idea de cuánto pueden gastar.

Yo tengo suerte porque mi lista de regalos no es larga y sé cuánto puedo gastar:
– Mi familia hace un intercambio navideño para dar y recibir un regalo.
– Mi esposo y yo nos saltamos esta temporada y nos damos regalos en enero con las rebajas.
– Mi hijo sólo tiene un año y medio y sigue disfrutando más la caja, los moños y el papel para envolver que el regalo que recibe.

Entré y salí del centro comercial sin muchas complicaciones. Y encontré rebajas interesantes.

Pero quiero comentar lo que vi:

Una pareja joven con su hijo de 2 ó 3 años compraba sus regalos.

Él cargaba unas cinco bolsas grandes en una mano y llevaba al hijo –agotado- de la otra. Ella buscaba rápido entre los ganchos a ver si encontraba lo que faltaba.

Parecía que tenían prisa y estaban cansados. Pero, por lo que escuché, les faltaban muchos regalos.

–       “¿Este o este?”, preguntó ella.
–       “El que sea. Pero escoge ya”, respondió él desesperado.

Ella tomó uno y se fue.

Coincidentemente, y yo estaba en la misma disyuntiva. A las dos nos gustaron los dos mismos suéteres. No eran iguales, pero ambos lindos. La gran diferencia es que uno tenía 30% de descuento.

Ella se llevó el que no tenía descuento.

Esto es lo que pensé:
-       No vio el descuento por la prisa.
-       No le importó el descuento porque tenía prisa.

Seguramente hay otras variables posibles. Pero este ejemplo me ayuda a poner sobre la mesa la reflexión que quiero compartir.

Debemos ser consumidores inteligentes. Esto no se traduce en siempre escoger el descuento, creo que la calidad va primero, pero debemos saber escoger.

Ahora que se vienen los últimos días de compras apresuradas, no salgan sin una lista, sin haber hecho su presupuesto y sin pensar qué le puede gustar a la persona y dónde lo podrían encontrar.

No gasten porque saben que en la cuenta de banco tienen ya su aguinaldo.

No digan: “En enero resuelvo cómo pagarlo”.

Las prisas, la desorganización y la desesperación por los gentíos son factores que pueden hacerte tomar una mala decisión de compra.

¿Cuáles son sus estrategias para comprar bien –y a última hora- en esta temporada?

Espero sus opiniones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter en @vivircomoreina.

 


Ya estamos a mediados de septiembre y muy cerca del último trimestre del año. En las tiendas aparecen ya decoraciones navideñas –un poco temprano para mi gusto- y en un par de semanas empezará la publicidad del consumismo en el que caemos para el fin de año.

Las fiestas de diciembre me encantan, disfruto mucho el intercambio de regalos y las grandes comilonas, pero también es una época que –invariablemente- estresa mis finanzas. Por eso, planeo con tiempo mis gastos del último trimestre, al igual que mis inversiones.

Mi meta es mantener un bienestar financiero a pesar de todos los gastos que hago a finales de año.

¿Qué es bienestar financiero?

Cuando las personas “satisfacen sus necesidades materiales con facilidad, sus ingresos son iguales o mayores a los gastos y poseen bienes materiales suficientes para mantener una buena calidad de vida”, dice Principal Financial en sus talleres gratuitos de finanzas personales.

Y, ¿cómo se logra?

Básicamente, con disciplina, buenos hábitos financieros y la toma de decisiones correctas. En el taller de la institución financiera explican que “se requiere información, educación, ser constante y prevenir riesgos que puedan afectar nuestro bienestar”.

Y, todo esto, ¿cómo está relacionado con la compra de regalos o gastos del último trimestre del año?

Si desde principios de año tenemos en el presupuesto un monto asignado y apartado para la temporada es probable que ya sepamos más o menos cuánto vamos a gastar, pero si no, entonces es tiempo de hacerlo para mantener nuestro bienestar financiero.

Por ejemplo:

– Establezcan la cantidad de dinero que tienen para gastar en regalos.

– Hagan una lista de los probables regalos que van a dar.

– Establezcan un monto probable para cada regalo sin que se pasen de su presupuesto.

– Hagan lo mismo para gastos en comidas/cenas que organicen o en las que forman parte.

Esto ayudará a mantener cierto orden en las finanzas. Y para que el ahorro no falte,  es mejor no utilizar dinero que no tenemos para los regalos, es decir, traten de no contar con el aguinaldo, por ejemplo. Este dinero extra que llega al final de año no es para gastos decembrinos, lo ideal es que vaya directo al ahorro. El aguinaldo es equivalente a, por lo menos, una quincena de sueldo.

Si logran juntar su aguinaldo con un par de ahorros extras en este último trimestre y deciden invertir, en un par de años pueden lograr acumular un monto importante para una meta familiar.

Un ejemplo que da Principal Financial en su taller:

Si logras juntar 23,280 pesos de tu aguinaldo con un par de ahorros extras como cigarros, algún bono o un par de comidas fuera de casa y lo inviertes (cada año), esto podrías conseguir:

Tiempo de la inversión Inversión anual Monto acumulado al final del plazo*
Inversión en 3 años $23,280 $74,478
Inversión en 5 años $23,280 $133,078
Inversión en 10 años $23,280 $319,377
Inversión en 18 años $23,280 $855,061

Entonces, si desde hoy presupuestan los gastos de este último trimestre, si además planean dónde y cuándo van a comprar y aprovechan algunos bazares o días de descuentos y ahorran su aguinaldo, en enero del año que viene no verán rasguñado su bienestar financiero.

Ustedes, ¿cómo juntan y planean los gastos que ya vienen?, ¿logran ahorrar un extra a finales de año?

Espero sus opiniones en la zona de comentarios y continuemos la conversación en Twitter en @vivircomoreina.

* Para la proyección de inversión que utilizo como ejemplo, Principal Financial consideró una tasa de: 3 años, 6.50%. 5 años, 6.70%. 10 años, 6.85%. 18 años, 7.8%. Rendimientos brutos nominales, basados en expectativas de mercado de largo plazo. Portafolio de 3 años: PRINMAS. Portafolio de 5 años: LS1 (primeros 2 años) y PRINMAS (3 últimos años). Portafolio de 10 años: LS1 (primeros 7 años) y PRINMAS (3 últimos años). Portafolio de 18 años: LS1 (primeros 8 años), LS2 (7 años) y PRINMAS (3 últimos años).

 


Todos hemos enfrentado a nuestro banco en algún momento. Todos hemos salido de una sucursal con el estómago hecho bolas. Hoy les quiero platicar lo que me pasó a mí, cómo lo resolví y la respuesta que me dio mi banco, -porque este post incluye la entrevista que hice con Juan José Garay Rodríguez, Director General Adjunto de Operaciones y Servicios Compartidos de Scotiabank- quien aclaró todas mis dudas respecto a qué hacer cuando uno cae un problema similar al mío.

Pasé unos 15 días recibiendo llamadas del área de cobranzas a las las 7.00am y 10.00pm porque no había registro de pago en mi tarjeta de crédito. Y ustedes dirán, ¿la que escribe de finanzas personales no paga su tarjeta? Según Scotiabank, no pagué.

Les cuento: hace dos meses perdí mi plástico y lo cancelé. A los 15 días llegó una nueva tarjeta y al activarla me dijeron que el sistema había cometido un error y este plástico también estaba cancelado. Esto sucedió porque perdí mi plástico mientras el banco generaba uno nuevo por su cambio de imagen. Pero, dijeron, pronto llegará un tercer plástico, el bueno.

El tercer plástico llegó de volada junto con mi estado de cuenta. Mi error fue pagar lo de este estado de cuenta al plástico cancelado y no al nuevo, pero en mi defensa, yo tenía 3 cuentas y no supe a cuál pagar. Después de cometer este terrible error decidí hablar al banco y asegurarme que se hiciera un traspaso de saldo. En el call center me dijeron, no hay problema el sistema hace el traspaso de saldo en 48 horas. Esto fue el 5 de julio.

APRENDIZAJE 1: Si no sabes a qué número de tarjeta pagar, habla al call center antes de hacer el pago.

El 6 o 7 de julio volví a llamar. Y me dijeron, no se preocupe, el traspaso no está hecho, pero el sistema lo hace en automático. Me desentendí.

El 13 de julio recibí la primera llamada de cobranzas en la que me solicitaban pagar mi tarjeta. “¡Pero si ya pagué!”, dije a la señorita y expliqué todo el proceso. Ella me dijo que las personas que me habían atendido en las llamadas no levantaron un folio y que eso era urgente, que debía hablar y pedir por un supervisor.

APRENDIZAJE 2: Siempre es bueno que al solicitar una aclaración se pida un número de folio que garantiza que se ha ingresado la aclaración al sistema.

Llamé y pedí por un supervisor. ¿Debí haber ido a una sucursal? Según me dijeron en la sucursal, sí, pero Garay Rodríguez, Director General Adjunto de Operaciones y Servicios Compartidos de Scotiabank, me dijo que no, que todo problema, mientras no requiera de verificación de identidad, se puede resolver por teléfono.

En fin, levanté un folio y me dijeron: “Esto estará arreglado el 20 de julio”. Pero, entre el 13 y el 20 de julio yo debía aguantar llamadas de cobranza diario a las 7am  y 10 pm, horarios en los que @vivircomoprincipe duerme y que ustedes saben son horas espantosas para recibir llamadas. A cada llamada de cobranza yo decía: “Si leen un poco más abajo de su reporte verán que hay una anotación que explica que pagué el 5 de julio pero su sistema no ha hecho es traspaso de saldos”.

Esto siguió y siguió -yo recibía llamadas, hacía llamadas a supervisores para revisar si ya había respuesta a mi aclaración- hasta que llegó mi siguiente estado de cuenta con comisiones, intereses y cargos moratorios. Ese día fui a la sucursal para levantar un folio por comisiones no debidas y  me dijeron que no se podía hacer nada porque le primer folio no tenía respuesta.

Al final, después de que me dijeran que era yo el caso 1 de 100, o era 1 de 50, o 1 de 1,000. No recuerdo, el banco lo tiene grabado… decidí pagar para parar las llamadas. De igual forma tenía que pagar, así que decidí hacerlo unos días antes para parar la pesadilla. ¿Debí de haber hecho este pago desde antes? Garay Rondríguez, directivo de Scotiabank, me dijo que sí, que eso hubiera parado las llamadas de cobranza y al final hubiera tenido un saldo a favor, pero que también saben que no es justo que el cliente pague cuando no debe. Entonces, si esto les sucede a ustedes, es decisión personal si quieren o no hacer pagos para sufrir, o no, llamadas de cobranzas.

Acepto que después de 23 días desde el día de mi pago y 15 días de llamadas de cobranzas estaba desesperada y envié un correo a quien lleva la cuenta de prensa de Scotiabank -banco con el que profesionalmente llevo una excelente relación y al cual constantemente busco para entrevistas- y le dije que escribiría un blog sobre esta experiencia y quería solicitar una entrevista con algún directivo de Scotiabank en el área de tarjetas de crédito para que me dijera el procedimiento que debí haber seguido. Esto con la intensión de que mi experiencia fuera un aprendizaje para otros, no sólo una queja. Ella, quien de verdad es muy linda, me dijo que solicitaría la entrevista y que vería si podía ayudarme con el proceso.

Las llamadas desaparecieron en el instante en el que pagué. Y el lunes 1 de agosto se resolvió mi folio, en parte gracias al contacto que tuve con el banco por mi labor profesional. Hoy en la mañana que hice la entrevista, Garay Rondríguez aceptó que el error fue del banco. Que no debí haber hecho nada diferente a lo que hice. Y que mi caso fue -ya que lo revisaron- realmente extraño; una suerte de falla tras falla. Pero me dijo algo que me tranquiliza: gracias a que todas mis conversaciones fueron grabadas, ellos pueden saber todo lo que pasó en mi proceso y de verdad arreglar mi problema para que no deba pagar intereses, comisiones o demás pagos moratorios. (Aunque esto también me angustió porque como cliente enojada acepto que pegué un par de gritos rudos a algunas de las personas con las que hablé, y por esto, me disculpo). “Nosotros hacemos negocio con los productos que tienen nuestros clientes y lo que queremos es que ellos estén tranquilos”, dijo Garay Rodríguez, por eso, aceptan sus errores y tratan de arreglarlos.

Les comparto esto hay muchos lectores -ya me lo han dicho en Twitter- a quienes les han pasado cosas similares y a quienes los bancos no les responden a la misma velocidad a la que quieren que hagan los pagos. Este no es el problema de mi banco en particular, es el problema de muchos. Mi pregunta era: ¿qué debemos hacer los usuarios?

Garay Rodríguez me dijo que  los usuarios deben insistir, hacer llamadas y si quien contesta no resuelve sus dudas o problemas, pedir por un supervisor. Entender que pueden y deben demandar hablar con alguien que resuelva sus dudas.

APRENDIZAJE 3: No cuelguen la toalla, es molesto, pero hay que llamar al banco, acusarlos con la Condusef, ser un cliente que busca respuesta por lo que paga.

Espero que esto les ayude en sus procesos incómodos con los bancos.

Compartan sus experiencias en la zona de comentarios y sigamos la conversación por Twitter en @vivircomoreina.


Ilustración: Luis Ledesma

Ilustración: Luis Ledesma

Esta es la tercera y última relación emocional con el dinero que expuse en mi conferencia de TEDxSLP en San Luis Potosí en mayo. Las otras dos son: “Dios proveerá” y “Tengo que mostrar que tengo (aunque no tengo)” .

La idea de compartir esto es que pensemos en cómo nos relacionamos con el dinero, que seamos autocríticos y aceptemos qué nos falta para poder utilizar lo que sí tenemos al máximo. Ninguna relación es mejor o peor que otra y seguro hay muchas más (compártanlas en la zona de comentarios) de las que podríamos hablar, pero estas tres me parecen las más generales y con las que la mayoría nos podemos identificar.

DEFINICIÓN
Una persona que tiene esta relación emocional de “mi guardadito” siempre tiene algo de dinero bajo el colchón.

Es una persona consciente del dinero, a veces tanto que muchos le llaman “codo”.

Esta persona habla mucho de dinero y siempre está dispuesto a compartir información sobre sus deudas, PERO, como es una persona que tiene dinero guardado, en realidad habla de sus deudas para que nadie descubra su guardadito.

Esta persona es capaz de decirle a su pareja o familia que gana menos de lo que realmente ingresa para incrementar este ahorro.

LO POSITIVO DE ESTA RELACIÓN
Siempre tiene dinero y siempre tiene ahorro.

Si llega una eventualidad esta persona sí tiene con qué enfrentarla.

Sabe a la perfección cuánto ingresa, cuánto gasta y cuánto ahorra.

No hay centavo que se le escape.

LO NEGATIVO DE ESTA RELACIÓN
Tiene el dinero “bajo el colchón”, no ha dado el paso a invertir para maximizar ganancias, no arriesga.

A veces, las personas con esta relación emocional con el dinero, no disfrutan la vida por estar pensando en el guardadito.

Aunque son muy cuidadosos y tienen dinero, el tema les causa mucho estrés.

CÓMO SER MEJOR
Tengo que confesar que yo tengo mucho de este tercer perfil. Aunque también comparto algunas características de los otros. Lo digo porque les voy a contar un poco lo que he hecho para maximizar este ahorro que ya tenía.

Mi mayor angustia era no gastar de más. Y para sentirme tranquila lo que hice fue establecer un fondo de ahorro de emergencia en el que tengo un par de meses de mis gastos fijos por cualquier eventualidad.

Yo tenía mis ‘sobritas’ o ahorro en renta fija. Decidí informarme sobre la renta variable y arriesgar un poco para maximizar mi dinero. Invertí 30% en la bolsa. Y sí, me tocó la crisis del 2008 y vi bajar el monto, y me regresó la angustia, pero –como dice Warren Buffet, no hay que pretender hacer dinero en el mercado accionario, sino pensar que la bolsa puede cerrarse y no reabrir por 5 años. Ya estoy en el año 3 y me siento mucho mejor.

El otro 70% está en renta fija y es para metas a corto y mediano plazo, porque me di cuenta de que si no sabía para qué quería el dinero, no hay una meta que cumplir y juntarlo no tiene sentido.

En términos de protección siempre he creído en los seguros, así que estoy muy bien asegurada. De hecho, ahora que nació @vivircomorpincipe no dejé que pasara un segundo de su vida sin seguro. Y ¿qué creen?, lamentablemente ya lo tuvimos que usar, pero por precavidos, pudimos atenderlo sin tener que pedir prestado o endeudarnos.

En cuanto al crédito. Yo siempre he sido totalera. Y en términos de cuidar o sanar las finanzas es lo más importante, pero por ser tan controladora con el dinero, tuve que experimentar y ver qué pasaba si no pagaba todo lo que debía. Y lo hice como ejercicio para conocerme a mí y mi relación con el dinero. No aguanté mucho y mi esposo dijo que era el peor mes de convivencia en nuestros 3 años de matrimonio.

No estoy diciendo que dejen de pagar la tarjeta, sino que se den chance de probar cómo funcionan si hacen algo que hasta ahora no han hecho: ahorren (los que odian ahorrar), inviertan (los que odian invertir), hablen de dinero (los que nunca comparten) y vena cómo esto puede ayudarlos a estar más tranquilos o no. Hay que enfrentar los miedos que tenemos con el dinero.

Espero sus recomendaciones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 


Ilustración: Luis Ledesma

Ilustración: Luis Ledesma

Hace un mes fui expositora en TEDxSLP y hablé de las relaciones emocionales que podemos establecer con el dinero y cómo, si aprendemos a conocernos, podemos disfrutar más nuestros recursos.

Hoy les comparto una de las tres relaciones emocionales que expuse en la conferencia y que puede denominarse: “Dios proveerá”.

Establecí tres relacionas emocionales muy generales, que son resultado de lo que he notado en entrevistas realizadas a personas para que luego expertos analicen sus casos. Estos artículos, en su mayoría, se han publicado en la revista Dinero Inteligente. Estoy segura de que habrá más de tres y, al final de esta serie, me encantará que ustedes me ayuden a hacer crecer este listado de formas en que nos relacionamos con el dinero.

Por lo pronto, empiezo con esta primera. Las otras dos que expuse durante la conferencia, las compartiré pronto.

DEFINICIÓN

Una persona que cree que “Dios proveerá” piensa que el dinero, de una forma u otra, llegará a sus manos, por lo tanto y mientras los billetes llegan, disfruta de la vida.

Es una persona que no se preocupa por el dinero. Y no se cuestiona o entiende por qué hay otros que sufren por algo que va y viene.

Piensa que cuando se tiene, se puede y debe compartir, por eso, cuando no tiene dinero, no se preocupa mucho por pedir prestado. Al final, “Dios proveerá” para pagar las deudas.

Esta persona no habla de dinero en casa porque no le ve sentido hacerlo.

Y, quién sabe cómo, parece que siempre tiene dinero, en parte porque no se apega a él.

LO POSITIVO DE ESTA RELACIÓN

El dinero no le causa estrés.

De hecho, como no cree que este medio solucione las cosas, tampoco gasta mucho en lujos.

Pero, nunca dejará de hacer alguna actividad por conciencia de que no tendrá suficiente para mañana. En otras palabras, quizá no gaste en relojes de oro, pero no dejará de irse de vacaciones con la familia porque quizá no le alcance para la colegiatura del siguiente año escolar.

LO NEGATIVO DE ESTA RELACIÓN

Esta persona es muy probable que no ahorre. Tampoco le quedará muy claro cuánto gasta o cuánto ingresa.

Es una persona que no tiene previsiones para una emergencia o, por ejemplo, seguros para enfrentar eventualidades.

CÓMO SER MEJOR

El no sentir estrés por el dinero puede ser de gran utilidad, en serio. No obstante, no porque no se sienta estrés hay que olvidar que el dinero es un medio que nos permite lograr cosas o enfrentar sorpresas.

Esta persona debe hacer un presupuesto para darse cuenta dónde está parada, cuánto gasta, cuánto ingresa, cuánto ahorra. Y después analizar cómo podría lograr un fondo de emergencia para que si un día necesita ir al médico, no deba pedir prestado a su hermana.

Está bien que uno disfrute de lo que tiene, al final, para eso se trabaja. Lo que hay que lograr es un balance, esta persona debe entender que el ahorro es “sacrificar hoy por un bienestar de mañana”. Con eso en mente, quizá logre hacer un apartado.

Cuando las emergencias llegan es poco probable que al mismo tiempo llegue un bono, que “un ser superior envié dinero”, o que le pegues al gordo, por lo que no hay que arriesgar la colegiatura de los hijos o la renta del siguiente mes por algo momentáneo como unas vacaciones familiares. Y, como a esta persona no le interesan mucho los lujos, entonces ¿por qué no cambiar la ida a la playa por una semana de actividades ‘casi’ gratis en la ciudad en la que vive? (Visitar museos, parques, organizar días de campo).

Estas son sólo algunas ideas que pueden ayudar a una persona que se relaciona así con el dinero. Pero estoy segura de que a ustedes –porque todos conocemos a alguien así y sabemos qué les ha funcionado- podrán compartir muchas más.

Espero sus recomendaciones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 

 

 

 


Tengo un par de amigas casadas o con parejas ya en una relación de compromiso, con quienes me reúno de vez a en cuando a platicar. Las tres trabajamos y tenemos independencia financiera, las tres tenemos ahorros, las tres tenemos enfrentamientos ‘maritales’ por el dinero.

Quién no los tenga, que levante la mano y nos diga ¿cómo le han hecho?

Les platico los casos:

  1. La controladora. Una de ellas está casada con un joven que disfruta de la vida y le gusta gastar. Ella, siempre ha sido ahorradora compulsiva y apanicada del riesgo. Él gasta con gusto e invierte con riesgo.
    Hace poco se pelearon porque llegó el estado de cuenta de la tarjeta y ella lo vio antes que él y se dio cuenta de que llevaba un par de meses pagando el mínimo y con una deuda, no muy peligrosa, pero que a ella le puso los nervios de punta. A la hora de enfrentarlo, salieron un par de complicaciones a la conversación y decidieron congelar la tarjeta de crédito hasta pagar la deuda para tranquilizarla a ella y que él haga el ejercicio de no abusar del plástico.
    Por otro lado, después del primer año de matrimonio decidieron que cada uno tendría su cuenta de ahorro/inversión por separado para que cada quién tome el riesgo que quiera sin darle gastritis al otro.
  2. La distraída. A mi otra amiga le gusta pasarla bien y es algo distraída con el dinero, pero está casada con un marido conocedor del tema que lleva las cuentas al centavo. Mi amiga ha perdido su cartera tantas veces que ya no se acuerda del número exacto de eventos desafortunados. Desde que se casó, su marido la ha hecho llevar un presupuesto, junto con él, que revisan cada mes. Las finanzas de los dos están a la perfección, pero para que ella no se ponga de malas porque hay cosas que quiere que “no caben en el presupuesto” entonces quedaron que ella tiene una parte de su sueldo para cosas “fuera del presupuesto”, así puede ser distraída y gastar algo sin contar mucho.
  3. La bipolar. Yo acepto que soy un poco bipolar. Por un lado soy compradora casi compulsiva y hasta en el supermercado encuentro cosas que “sí podría necesitar”. También tengo un ser interior muy, muy tacaño que a veces no me permite darme ciertos lujos. Mi esposo, por su parte, es muy administrado, pero arriesga mucho y tiene por dentro un ser negociante que lo hace ‘jinetear’ el dinero como malavarista profesional. Esto a mí me pone nerviosa.
    Lo que hemos decidido es que lo que es para la casa y la familia no se toca o malavarea. El presupuesto le revisamos los dos, pero lo administro yo, con la promesa de no emocionarme en el supermercado.
    Cada uno tiene un ahorro individual, pero también tenemos uno juntos. Y hablamos de dinero con mucha, mucha frecuencia, normalmente mientras tomamos una copa de vino y escuchamos la música que nos gusta.

No creo que haya una pareja que no tenga enfrentamientos monetarios, sobre todo al inicio del matrimonio como es el caso de estos tres perfiles. Sin embargo, conforme pasa el tiempo hay que acoplarse y ser –cada vez- más abiertos a entender el comportamiento que nuestra pareja tiene con el dinero y ser autocríticos para entender qué –de nuestra relación con el dinero- le puede caer mal a nuestra pareja.

Entendiendo cómo somos y cómo es nuestra pareja podemos entonces establecer qué le toca a cada quién y qué hacemos juntos, por ejemplo. Hay que ser considerados del otro y saber expresar qué es lo que nos preocupa y qué es lo que necesitamos.

Hablen de dinero… ya sé que lo digo mucho, pero es que creo fielmente que esto es necesario para poder llevar cuentas claras y matrimonios largos.

No olviden considerar estos tres puntos:

  1. Administración: teniendo claro cuánto ingresan entre los dos, cuánto van a gastar en su vida y cuánto quieren ahorrar (se vale decir que quieres un ahorro individual, mientras aportes algo al ahorro en conjunto).
    Si uno es más cuidados que otro en la administración, quizá sea la persona indicada para llevar la administración de la casa. Lo que propongo es que lo hablen y se organicen. Si cada uno tiene establecido qué le toca a cada quién entonces se dividen las responsabilidades y los derechos. Esto hace una relación un poco más pareja.
  2. Seguridad: establezcan quién va a estar a cargo de revisar que los seguros estén al día, quién es el encargado de tener contacto con el asesor de seguros. No olviden hablar de previsión para el futuro, es decir, cómo quieren tener su dinero seguro para el futuro, cómo van a enfrentar temas como la colegiatura de sus hijos, o la compra de un bien inmueble.
  3. Diversión: hay que pasarla bien en la vida, de eso no hay duda, y normalmente todos trabajamos para lograr eso. Establezcan metas en conjunto, ¿qué disfrutan hacer juntos y cuánto cuesta?, ¿cuántas veces lo pueden hacer al año sin que esto desbalancee su estabilidad financiera?

Y hablando de esto con otra amiga, que no está casada, me platicó que sus papás tenían un fondo de citas. Y cada vez que podían, metían un dinero en un lugar especial para un momento o tiempo para ellos. Me pareció una idea genial. Estoy pensando en proponerla la siguiente vez que revise el presupuesto con mi marido.

Ustedes, ¿cómo han resuelto sus diferencias financieras con la pareja?

Espero sus opiniones en la sección de comentarios y sigamos la conversación en Twitter @vivircomoreina

 


Este abril se cumplen dos años del inició este blog y este evento coincidió con que estaba por llegar a los 2,000 seguidores en Twitter. Como me pareció lindo andar en tanto festejo prometí que al seguidor 2,000 le respondería una pregunta de finanzas personales consultando a un experto en planeación financiera.

El seguidor que ganó fue @elgranjurado de Atotonilco el Alto y su pregunta: “Voy a recibir un dinero, el monto es equivalente a lo que tengo en deudas, ¿qué debo hacer?, ¿debo pagar o debo invertir?”

Este es un dilema que mucho hemos tenido y probablemente no sólo una vez en la vida, sino varias. Y quizá para algunos de ustedes la respuesta sea obvia: ¡Paga las deudas!

Pero @elgranjurado tenía una segunda cuestión interesante: Si paga deudas y se queda sin un quinto, ¿qué hace en caso de una emergencia?

Al experto al que consulté para hablar de este caso fue a Mauricio Medina, director general de Planifik, una empresa de asesoría financiera en Monterrey, Nuevo León y a quien pueden seguir en Twitter como @Planifik_Asesor.

Como todo en las finanzas personales, hay que analizar caso por caso y tratar de tener la mayor cantidad de detalles. Por eso, dice Medina, lo primero que hay que considerar es si:

a)    la deuda que se tiene es por malos manejos financieros (no saber nada de finanzas personales y dejarse llevar por el puro gusto del consumismo, por ejemplo), o, al contrario,

b)   la persona tiene buenas prácticas financieras pero se endeudó por invertir en un negocio que no tuvo éxito, un riesgo de cualquier inversionista.

La respuesta según el caso:
a)    En el caso de las malas prácticas financieras lo más sano es eliminar la deuda. Aunque parezca drástico, quedarse sin efectivo (y sin deudas) puede ser la mejor decisión para una persona que no tiene control de su dinero. Hay que entender que no hay un saldo de deuda ‘pequeño’ pues cualquier deuda que no se enfrenta se convierte en un problema ‘marca diablo’. Los intereses funcionan como bola de nieve: crecen y crecen y crecen. Por eso, en un caso de malas prácticas financieras se puede pensar en cortar con este círculo vicioso en cuanto se pueda.
Otra cosa que se recomienda es -desde ya- congelar las tarjetas de crédito -sí como en la película de la chica adicta a las compras- y de verdad enfocarse en vivir con lo que se gana o, incluso, con menos, para poder empezar con el ahorro. Hay quien dice que hay que vivir con el 80% de lo que se ingresa para que el resto se tenga como colchón.

b)   En el caso de una persona que arriesgó parte de su dinero en un negocio que resultó fallido, pero que es organizada con sus finanzas y siempre (hasta ahora) había podido tener un ahorro y vivir tranquilamente y sin deudas, entonces, quizá sea buena idea pagar la deuda, pero quedarse con un monto pequeño para una emergencia o una oportunidad de inversión. (Aunque para esto hay que hacer un análisis más a fondo -que la vez anterior en la que el negocio falló- y buscar buena asesoría).

Qué pánico con la deuda:
Este es un ejemplo de lo que puede pasar con una tarjeta de crédito mal pagada y, lo que intento es que no sólo @elgranjurado analice su situación, sino que todos los que hemos pasado por deudas mal pagadas lo tenamos en mente para no volver a caer:

En México, según datos de la Condusef, el 70% de los usuarios de plásticos pagan sólo el mínimo de su estado de cuenta al mes. Por hacer esto podrían pagar más del 500% del monto original de lo que adquirieron.

La diferencia –haciendo un esfuerzo pequeño- es abismal. Por ejemplo, si en la tarjeta debes 10,000 pesos y sólo pagas el mínimo, terminarás de pagar en 20 años y habrás pagado 50,200 pesos aproximadamente. Pero, si abonaras 10% pagarías la deuda en 5 años y desembolsarías sólo 16,400 pesos aproximadamente.

¿Quieren seguir pagando sólo el mínimo?

Por otro lado, sé que hay deudas que cuestan más trabajo que otras, incluso hay veces en las que es más fácil decidir pagar intereses al banco, por ejemplo, que deberle dinero al suegro. También esto debe entrar en consideración cuando se va a pagar deudas y no se pueden pagar todas. ¿Cuál es la más cara (emocionalmente o por los intereses)? Y decidan cuál es la que quieren pagar primero.

En conclusión, querido @elgranjurado, estás en un momento de tomar una decisión importante y debes ser honesto contigo mismo y saber realmente si eres una persona con buenas (en serio buenas) prácticas financieras y que está endeudada por circunstancias y no por fallas presupuestales o consumistas. Después de eso analiza si hay alguna deuda que podrías no pagar ahora que recibas ese dinero y haz un presupuesto para que cada mes pagues algo de tus ingresos a esta deuda y así la saldes lo antes posible.

Después de pagar deudas, revisa tu presupuesto de nuevo y recorta para que empieces con tu ahorro y disminuyas tus gastos.

Sigamos la conversación en Twitter en @vivircomoreina o en la zona de comentarios. ¿Ustedes cómo le han hecho con las deudas?


Hace casi un año, cuando nació @vivircomoprincipe, no había yo salido de recuperación cuando mi esposo ya estaba llamando al del seguro para decirle que había que incluir en nuestra póliza al nuevo miembro de la familia.

Cuando llegué al cuarto con el bebé en brazos y nos reencontramos con el padre, me dijo: “Ya estuvo lo de su seguro”. Yo sonreí, porque era algo que habíamos hablado antes y que era importante para los dos. Y me acuerdo que junto a mí estaba una tía que hizo un gesto extraño como para transmitir: “qué raros, eso ahora no es importante”.

Días después, se nos había olvidado lo del seguro y estábamos enfocados en no dormir, cambiar pañales y conocer a @vivircomoprincipe.

Hace un par de semanas escribí un post sobre el Fondo de Emergencia Pediátrico que sugería a los padres hacer porque estábamos pasando en casa por un mes de doctores y gripas. Ahora, ya que todo ha pasado, les cuento que el pequeño de ocho meses fue ingresado al hospital la semana que escribí ese post en el blog.

@vivircomoprincipe tuvo una bronquitis que casi pasa a neumonía. La primera doctora no encontró o diagnosticó y para cuando fui a una segunda opinión, la decisión fue ingresarlo al hospital, ponerle suero y oxígeno.

No se trata de contarles la pesadilla de ver a tu bebé enfermo, sino de decirles que desde el día que nació, hasta el momento en el que me dijeron “hay que internarlo” yo no había pensado en su seguro y no recordaba ni dónde estaba su tarjeta. No obstante, estaba asegurado.

Pasamos cuatro noches en el hospital, él en una cunita conectado a mil y un cables, su papá y yo en un sillón. Medicinas, pañales, toallitas húmedas, jeringas y hasta un par de cajas de pañuelos desechables más tarde salimos con @vivircomoprincipe pálido y flaco, flaco, pero recuperándose.

¿Y saben qué? El seguro de gastos médicos mayores pagó todo.

¿Y saben qué me dijo mi esposo?: “¡Qué bueno que le sacamos su seguro el día 1!”

¿Y qué creen que dijo la tía de la mueca?: “Sí, claro, el seguro es esencial”.

Si no hubiéramos tenido un seguro para @vivircomoprincipe hubiéramos podido pagar los gastos con tarjetas de crédito y utilizar lo que nos quedaba en el fondo de emergencia –que ya habíamos rasguñado por las visitas médicas previas-. Como somos más o menos cuidadosos y organizados, no hubiéramos sufrido mucho. Pero, gracias al seguro regresamos a casa tranquilos, pudimos hacerle frente a los gastos de la recuperación y no agujeramos el fondo de emergencia.

Una gripe se transformó en un cuadro médico muy complejo, vi pasar a @vivircomoprincipe de un bebé feliz a uno con ojeras y complicaciones para respirar sin ayuda, es la peor experiencia que he tenido que vivir. Pero agradezco que por prevenir pudimos salir adelante sin que se convirtiera en un problema de salud y financiero.

Espero sus opiniones en la zona de comentarios y sigamos la conversación en Twitter: @vivircomoreina.

 



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