
Si la frase ‘Tenemos que hablar’ causa escalofríos en las parejas, si se suma la parte del dinero es peor.
Hace unas semanas escribí sobre las preguntas que una pareja debe hacerse antes de firmar el acta de matrimonio.
Hoy quiero plantear cómo mantener sana la relación financiera y de pareja, después de la boda.
Hablen, hablen, hablen. Eso dicen todos. Pero, honestamente, hay veces que uno no quiere que las pláticas de dinero enmarquen sus actividades diarias.
Tampoco hay que dejar que la vida pase y olvidarse de hablar de dinero. Un ejemplo: llega el fin de año, se planea la cena con regalos y un viaje. Esto suena bien, e implica gastos. Los dos trabajan y saben que recibirán aguinaldo. Uno quiere gastarlo en los regalos y el viaje, y el otro quiere ahorrar por si de casualidad pasa algo imprevisto el próximo año. Es noviembre y ninguno ha dicho al otro qué quiere hacer con el aguinaldo o cómo planea enfrentar los gastos de la temporada. Llega el aguinaldo y las tarjetas están al máximo por los gastos del viaje y regalos y a la hora que hay que pagar, empieza la pelea.
Y asumo, en este ejemplo, que es una pareja organizada y no tenían deudas previas… Es un ejemplo algo simple, porque qué tal que lo que pasa es que uno de los padres de tu pareja se enferma, no tiene seguro, llega a vivir a tu casa y al mismo tiempo uno de tus hijos entra a la universidad.
¿Cómo hablas de eso sin lastimar a tu pareja? ¿Qué es más importante, el familiar o la educación de los hijos? Hablar de dinero no es sólo decirle cuánto ganas y qué quieres comprar, es hacer un plan de vida.
Si los dos saben qué quieren y se plantean estos escenarios negativos (también hablen de los positivos, como qué harán con el dinero del negocio que los dos emprendan y después vendan a Slim) podrán enfrentar juntos casi todo lo que se les presente. O por lo menos, tendrán herramientas para protegerse y no terminar por romper su presupuesto en conjunto y dividiendo los cubiertos.
Les dejo unos escenarios para comentar y prever. Hay que analizar la realidad de cada quién y entender sus metas para también plantear sus propios escenarios.
- No hay dinero como antes: esto puede pasar si uno pierde el empleo, o debe ayudar financieramente a algún familiar. Este cambio puede ser complejo, hay que hablar de qué hacer o cómo enfrentar circunstancias en las que se va a reducir tu capacidad de gasto. Establecer prioridades, qué es más importante, y, si se planea con anticipación se puede prever. Como no sabes si vas a tener que ayudar a alguno de tus familiares mayores mientras tu hijo está en la universidad, entonces desde ahora empieza a pagar la educación de tu hijo. Si hablan de esto será más fácil enfrentar líos en 20 años.
- Culpable de todo eres tú: siempre hay uno en la pareja que es mejor en el tema de las finanzas familiares, que conoce sobre inversiones y que organiza el presupuesto. Esto es normal, pero, si la información de SU patrimonio no es del dominio de los dos el día que SUS inversiones en Bolsa pierden el 40% (como pasó el año pasado) la culpa cae en una persona. ¿Por qué yo no sabía que ya no puedo gastar igual que antes? Tomen las decisiones juntos, y esto nos regresa al punto anterior, si tienen prioridades y metas, los dos deberán saber dónde está el dinero para cada una de estas metas y la culpa (que por cierto, no es culpa, son circunstancias económicas) no será sólo de uno.
- Sólo hablas de dinero: tampoco hay que caer en el extremo. Si cada vez que van a pegar la oreja a la almohada le recuerdas a tu espos@ que falta dinero para cubrir la deuda, o que ya sabes qué vas a hacer con el fondo de ahorro, o que la Bolsa cayó y no sabes cuánto pueden haber perdido, van a dormir con gastritis. Hay que buscar los espacios propicios. Karla Bayly dice que habla con su esposo de dinero casi una vez al mes por las noches mientras cenan y toman vino. Quizá esto no le funcione a todos, pero es un ejemplo de cómo se puede ser financieramente sano, hablar de dinero y no pelearse porque uno de los dos dice algo sobre los billetes que tienen o no tienen después de cada cuatro enunciados pronunciados. Si encuentran cuándo, cómo y dónde revisar sus planes, metas y presupuestos, ahorrarán unas cuantas peleas y estarán organizados para enfrentar cualquier cosa.
¿Qué otro escenario se les ocurre que hay que prever?
El tema del dinero en la pareja no es fácil. Hace un tiempo publiqué en el blog comentarios de lectoras que compartían cómo escondían y hasta ‘tomaban’ dinero de sus parejas para tener un guardadito, incluso algunas que tienen cuentas secretas de sus esposos.
Tengo un amigo que se casó sin nunca preguntar a la novia cómo manejaba sus tarjetas, cuánto dinero tenía ahorrado o cuánto debía. Un día vio el estado de cuenta de su esposa, quien llevaba años pagando el mínimo de su tarjeta, sin parar de consumir. Una deuda de miedo.
Pero esto no es sólo un problema femenino.
También conozco a algunas mujeres que si esconden dinero de sus esposos es porque si no lo hacen, ellos se lo gastan todo, el que traen en su cartera o el que encuentran en la bolsa de su pareja.
Hace unos días volví a ver la película de ‘Crueldad Intolerable’ de Joel Coen, esta película de puros divorcios en los que la idea es quedarse con el dinero de la pareja. Y, claro, la discusión sobre los famosos acuerdos prenupciales.
Cada quién puede tener el sentimiento que desee ante los acuerdos prenupciales, pero por favor, no se nieguen a hablar en serio de dinero antes de casarse. Por lo menos para saber dónde están parados y qué planes quieren establecer para su nueva vida juntos.
Preguntas básicas:
- ¿Tienes deudas? – Esto es importante para poder establecer una estrategia en conjunto para pagarlas.
- ¿Tienes la disciplina del ahorro? – Esto es importante, el que tenga más la disciplina deberá ayudar al otro a darle importancia al ahorro.
- ¿Cómo quieres que manejemos los gastos de la casa? – Cada pareja se maneja diferente, hay que encontrar la forma que les quede bien a ustedes dos, sin que ninguno se sienta incómodo.
- ¿Cuánto podemos aportar cada uno? – Si ambos trabajan, según su sueldo, pueden establecer un porcentaje para los gastos que van a tener los dos.
- ¿Queremos cuentas en conjunto o separadas? – Esto también es de gustos y tradiciones, según lo que cada uno haya visto en su casa. Lo natural para ti, puede ser muy complejo para tu pareja.
- ¿Queremos ahorrar juntos o separados? – Esto dependerá de si ustedes solos ya tienen cuentas de ahorro o inversiones, de si quieren empezar uno para los dos, o si quieren mantener cada quien sus cuentas y una en común.
- ¿Qué planes tenemos a corto, mediano y largo plazo que implican un esfuerzo económico fuerte? – Hagan un pequeño mapa que qué quieren y para cuándo: casa, auto, renta, viajes, seguros. Así los dos saben hacia dónde van.
- ¿Tienes seguros?, ¿de qué y cuáles? – Esto es muy importante. Además de saber qué tipo de seguros tiene tu pareja, debes saber dónde están los papeles para cualquier incidente.
- ¿Sabes hacer un presupuesto? – Si no, hagan uno juntos. Enséñense lo que saben hacer y cómo lo hacen. Descarguen este presupuesto.
- ¿Cuántas veces vamos a sentarnos a revisar nuestros gastos, cuentas y presupuestos para saber si vamos por buen camino? – No porque hablen una vez antes de casarse ya es suficiente. Hay que hablar de esto todo el tiempo.
En cuanto a las cantidades de deuda, ahorro o inversiones que cada uno tiene, si no las quieren revelar, está en ustedes. Además, recuerden que el tema del dinero, psicológicamente, está relacionado con el poder, así que es difícil sentarse y ser honestos a la primera de cambio. Quizá tengan que hablar de esto no una, sino varias veces.
¿Tienen tips de cómo hablar de dinero en pareja?
La recuperación de la crisis no está tan cercana como muchos quieren creer. La falta de efectivo se ha sentido y poco a poco se ha bajado el consumo.
De aquí la importancia de saber manejar el dinero.
No se trata de darle más importancia de la tiene, sólo de crear la consciencia de que los billetes ayudan a que los baches no sean tan complicados de enfrentar.
El secreto está en la organización y la buena administración, en otras palabras, en nuestra cultura financiera.
Como es lunes y empieza la semana les dejo unos tips. En lo personal dos lunes al mes reviso gastos y presupuestos, de esta forma, para el fin de la quincena tengo la impresión de que veré resultados (unos pesos de más). Estas recomendaciones tampoco son lineamientos para un tratamiento de desintoxicación, no se trata de sufrir, sólo empezar a tomar las riendas de lo que se tiene, se debe y encontrar los mecanismos para que el dinero no cause dolor.
- Entérate en qué gastas y qué debes: Hay que hacer una lista de todos los compromisos financieros que se tienen, desde la renta y los gastos fijos del mes, hasta ese horno tostador comprado a 12 meses sin intereses hace un par de semanas. No olvides la deuda que tienes con el cuñado que te prestó dinero para las citas del pediatra de los hijos el mes pasado.
- Establece prioridades: Hay que saber qué es más importante. En una hoja dividida en dos de un lado pon ‘Urgentes’ y del otro ‘Lo que quiero’. En la primera categoría enumeras, según la importancia y urgencia de pago, cosas como renta, seguros médicos y pagos a préstamos (incluyendo tarjetas de crédito). Todo lo que sea más urgente de solventar que, por poner un ejemplo, una ida al cine. En la otra categoría llamada ‘Lo que quiero’ enumeras todas las actividades que quieres hacer o los gustos que te das normalmente.
- Marca las metas: En la lista de prioridades ‘Urgentes’, probablemente primero estén los gastos que necesitas para vivir y después las deudas. Para pagar las deudas debes hacer algunos cálculos, pero primero junto a cada compromiso pon la fecha en la que se debe pagar (por ejemplo la fecha de pago de las tarjetas o préstamos). Después busca formas de recortar gastos en tu presupuesto, (que espero tengas, si no, descarga uno aquí y llénalo) y entonces pones una segunda fecha, esa en la que crees que podrás pagar. Sólo tú puedes hacer este análisis. Cuenta, suma o resta y pronto tendrás un calendario de pagos.
- Esconde un tiempo las tarjetas de crédito: intenta utilizar estos métodos de pago sólo para emergencias. Según una encuesta de la Secretaría de Hacienda, de las personas que tienen una tarjeta de crédito, 56 de cada 100 la utilizan para pagar necesidades en el hogar y 48% se han retrasado en el pago del plástico por lo menos una vez. Si las deudas en la tarjeta cada vez son más difíciles de enfrentar, tu nivel de endeudamiento es muy alto, hay que pagar y dejar de usarlas para bajarlo. Es importante no olvidar que lo que se debe en los plásticos mes con mes será mayor, así que esto es equivalente a comprometer tus ingresos futuros.
Por ahora les dejo estos cuatro. El siguiente post les comparto otras recomendaciones. Si ustedes tienen unas para compartir, por favor, no dejen de mandarlas.
 Sólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
De esos que sí tienen inversiones el 51% prefiere el pagaré bancario, la segunda preferencia son las sociedades de inversión.
Y el último dato: al preguntar por qué invierten la respuesta favorita fue “estar protegido” y la seguna favorita fue “iniciar un negocio”.
Me enteré de esto mientras entrevistaba a un caso para un artículo en la próxima edición de Dinero Inteligente, quien me contaba que perdió –durante la crisis- un 40% de su portafolio en renta variable, y que todavía no ha terminado de recuperarse.
Me contó que cuendo vio la pérdida se dijo: “No sé por qué invertí en esto, mejor hubiera comprado un departamento chiquito y lo hubiera rentado”.
Ella es una de las tres personas en cada cien mexicanos que invierten. Y se enfrentó a la realidad de la renta variable. El problema es que hasta que no vio que perdía su dinero nunca se había preguntado o había sido MUY clara con su asesor de para qué quería ese dinero y para cuándo.
Aprendió la lección: se ha convertido ahora en la mujer más informada en cuanto a fondos de inversión y fondos de renta variable. Diario revisa a cuánto está el IPC, llama a su asesor cuando quiere comprar más en renta variable y en relativamente pocas semanas calcula que tendrá todo el dinero perdido en su portafolio.
El siguiente paso, es que ahora sí se siente a pensar para qué quiere ese dinero y cuándo lo va a necesitar. Después llamará a su asesor y le expliquará a él y confiará en que este personaje le haga caso. (Sí ya todos hemos escuchado de los asesores que no hacen caso).
“Me volví proactiva, porque nadie va a cuidar mejor mi dinero que yo”, me dijo, sobre todo ahora que ha habido oportunidades.
Y tiene toda la razón. Por eso estar informados es el primer paso. Tomar la decisión de qué hacer con el dinero y cuál es tu mejor opción, debe ser una decisión informada, así que, haz la tarea.
Quizá hay que empezar por entender que sí ha una diferencia entre ahorrar e invertir. Según la Condusef el ahorro es ‘la cantidad del ingreso que no se destina al gasto cotidiano con el propósito de guardarlo y utilizarlo en el futuro’. Mientras tanto, una inversión es ‘la canalización de recursos a actividades productivas, como las inversiones en valores, con el propósito de incrementar, en un plazo determinado, nuestro patrimonio en un porcentaje no menor a la inflación’.
Más datos en Todo sobre el ahorro, en la página de la Condusef, trae un glosario de términos muy útiles. http://portalif.condusef.gob.mx/condusefahorro/p02.php#
Y una calculadora para saber cuánto puedes ganar. http://portalif.condusef.gob.mx/condusefahorro/datos.phpSólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Sólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
De esos que sí tienen inversiones el 51% prefiere el pagaré bancario, la segunda preferencia son las sociedades de inversión.
Y el último dato: al preguntar por qué invierten la respuesta favorita fue “estar protegido” y la segunda favorita fue “iniciar un negocio”.
Me enteré de esto mientras entrevistaba a un caso para un artículo en la próxima edición de Dinero Inteligente. Ella me contaba que perdió –durante la crisis- un 40% de su portafolio en renta variable, y que todavía no ha terminado de recuperarse.
Me contó que cuando vio la pérdida se dijo: “No sé por qué invertí en esto, mejor hubiera comprado un departamento chiquito y lo hubiera rentado”.
Ella es una de las tres personas -en cada cien mexicanos- que invierten. Y se enfrentó a la realidad de la renta variable. El problema es que hasta que no vio que perdía su dinero nunca se había preguntado o había sido MUY clara con su asesor de para qué quería ese dinero y para cuándo.
Aprendió la lección: se ha convertido ahora en la mujer más informada en cuanto a fondos de inversión y fondos de renta variable. Diario revisa a cuánto está el IPC, llama a su asesor cuando quiere comprar más en renta variable y en relativamente pocas semanas calcula que tendrá todo el dinero perdido, de regreso en su portafolio.
El siguiente paso, es que ahora sí piense para qué quiere ese dinero y cuándo lo va a necesitar. Después llamará a su asesor y le expliquará a él. Finalmente, confiará en que este personaje le haga caso. (Sí ya todos hemos escuchado de los asesores que no hacen caso).
“Me volví proactiva, porque nadie va a cuidar mejor mi dinero que yo”, me dijo, sobre todo ahora que ha habido oportunidades.
Y tiene toda la razón. Por eso estar informados es el primer paso. Tomar la decisión de qué hacer con el dinero y cuál es tu mejor opción, debe ser una decisión informada, así que, haz la tarea.
Quizá hay que empezar por entender que sí hay una diferencia entre ahorrar e invertir. Según la Condusef el ahorro es ‘la cantidad del ingreso que no se destina al gasto cotidiano con el propósito de guardarlo y utilizarlo en el futuro’. Mientras tanto, una inversión es ‘la canalización de recursos a actividades productivas, como las inversiones en valores, con el propósito de incrementar, en un plazo determinado, nuestro patrimonio en un porcentaje no menor a la inflación’.
Si se espera un rendimiento, hay que recordar que a mayor rendimiento, mayor riesgo.
Más datos en Todo sobre el ahorro, en la página de la Condusef, trae un glosario de términos muy útiles.
Y una calculadora para saber cuánto puedes ganar.

La recuperación se asoma. Personas en bienes raíces ya vendieron algo después de meses de sequía, los que perdieron en sus inversiones en la bolsa ya sintieron la mejora (recuerden que la renta variable siempre se adelanta a otros indicadores), y –según una encuesta del Wall Street Journal- 57% de los economistas encuestados cree que la recesión ya terminó.
Esto no quiere decir que de la noche a la mañana se deje de sentir la crisis. Sólo que las señales se acercan y hay que prepararse.
Ya he dicho que tener un plan es de las estrategias más importantes para estar cubierto, porque si sabes a dónde quieres llegar, no es tan fácil desviarte. Dentro de este plan hay que tener un presupuesto a corto, mediano y largo plazo. Y dentro del presupuesto hay que tener un monto dedicado al ahorro. Aquí entran las inversiones.
Y hablar de inversiones no es sólo en mercados o bonos y materias primas. Una inversión también es en bienes raíces, arte (aunque este tema tiene sus aristas, lean lo que dice un experto al respecto), centenarios, dólares, negocios, o lo que se les ocurra que ofrezca una plusvalía o rendimiento.
Uno de los principios fundamentales de la inversión, pero fácil de olvidar es: DIVERSIFICAR.
Sólo diversificando se protegen las inversiones de un revés económico. Entonces, si uno tiene un portafolio diversificado, otro ahorro en dólares, y un negocio propio, es menos probable que en todo le vaya mal al mismo tiempo. En comparación con alguien que sólo tiene sus ahorros en dólares. Entonces, si vas a invertir, lo primero es pensar en la diversificación.
Y no hay que desanimarse cuando se escucha la palabra inversión, ya lo dice Ramit Sethi, en su libro I will teach you how to be rich, invertir no es para los ricos, sino para quien quiere manejar sus finanzas y está de acuerdo en hacerlo con disciplina. Por ejemplo: En México, con un peso ahorrado puedes invertir en los instrumentos que ofrece tu Afore. Aquí un artículo que les puede servir. Invertir se puede con una ahorro pequeño, la idea es crecer ese ahorro poco a poco y diversificar para bajar el riesgo.
Otras dos cosas en qué pensar, además de la diversificación:
1) Saber para cuándo vas a necesitar el dinero que vas a invertir. No se vale poner el dinero que necesitas en un año en la bolsa, por ejemplo. Ese instrumento es de largo plazo.
2) No olvides el riesgo. Toda inversión lo tiene. Pregunta, infórmate y analiza. Si sabes cuánto puedes perder, tomarás una decisión más informada.
Les dejo otras lecturas que les pueden ayudar en la decisión de invertir, en cómo buscar una estrategia y casos de éxito que muestran que no es necesario ser millonario para lograr un ahorro que permita hacer crecer el dinero con el tiempo.
Si tienes 5,000 pesos
Si quieres invertir en bienes raíces
Cómo lograrlo, un caso de éxito
La opción de la bolsa
La bolsa llegó a los 29,000 puntos. El peso a 13.45. De estos indicadores económicos es muy fácil hablar. Pero de cómo manejamos el dinero en casa, de eso, no hablamos con tanta facilidad.
Preguntar a los conocidos si tienen un presupuesto, o seguros de vida y cómo le hacen para organizar sus finanzas familiares, incluyendo el gasto en el supermercado a la semana, puede resultar en una una cara larga de ‘¿y a ti qué te importa?’
Como dice Adina Chelminsky, el que habla de finanzas personales (las suyas y las del vecino) ya cometió errores con las propias, conoce su lado oscuro y lo ha logrado enmendar o controlar.
Todos, o muchos, hemos pagado más de una vez intereses tan altos en la tarjeta de crédito que el objeto adquirido terminó costando lo doble. Comprado cosas que no eran necesarias, sólo deseadas, con el dinero con el que se debía pagar la mensualidad de un crédito.
Pero, también los que han empezado con su presupuesto, saben que son más ordenados y el dinero alcanza para más. Y como dice Karla Bayly, el que sabe a dónde quiere llegar, tiene una meta, mantiene más control sobre sus finanzas.
En la nueva revista Dinero Inteligente, que ya podrán leer la semana que viene, hay un artículo sobre cómo organizar las finanzas para estar tranquilo siempre. Y el primer paso es: ‘Define el rumbo’.
¿Qué quieres tener en 3 meses, en 3 años y cuando tengas 65? Primero hay que imaginar. Después, ser honesto y ver lo que tienes hoy para empezar a planear cómo le vas a hacer para llegar a la meta. Y son tres metas: la de corto, mediano y largo plazo.
Es como quien quiere correr un maratón. Una persona hoy no puede decidir que quiere correr el de la Ciudad de México, este 27 de septiembre, si nunca ha podido correr 15 kilómetros. Quien lo va a correr ya se puso en forma y ha entrenado para que su cuerpo aguante 42 kilómetros.
Lo mismo con el plan de vida, si uno quiere tener una casa propia en cinco años, empezará a ahorrar para el enganche, después buscará qué crédito hipotecario le conviene para que las mensualidades no se conviertan en una pesadilla y, también deberá tomar en cuenta si mientras pagua esa hipoteca, tendrá la capacidad financiera para solventar la colegiatura de su hijo. Sabe con qué cuenta y qué quiere, así que la siguiente temporada de rebajas no será el primero en llegar al centro comercial, porque tiene una meta: su casa propia.
Si ya cometiste errores, no importa, se pueden solucionar, sólo busca las herramientas que te ayudan a lograrlo y siéntate a hacer tu plan de vida. Después, podrás contestar sin mucho lío a las preguntas imprudentes sobre tus finanzas.
¿Ya tienes un plan?
Para empezar a hacer un plan y establecer metas, les dejo algunos links que pueden servir mucho:
Plan with Voyant, está en inglés, pero tiene todo lo necesario para hacer un plan…
Las calculadoras de la sección de finanzas personales de CNNExpansión, desde el presupuesto, hasta cuánto te tardarás en pagar tu tarjeta…
Y una calculadora de Doktor Dinero para poder conseguir lo que quieres…
| Publicado a las 12:07 pm
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Jueves, 27 de Agosto de 2009 |
Categorías: General, metas |
El ejercicio de mapear mi infraestructura financiera surgió porque para la siguiente edición de Dinero Inteligente (en puestos de revistas el 15 de septiembre) tuve que investigar cómo lograr la tranquilidad y la libertad financiera, es decir: poder hacer lo que quieras sin andar con líos de pesos y centavos.
Al entrevistar a expertos financieros, asesores de planeación, directivos de bancos y demás, todos recomendaban conocer las herramientas financieras para poder sacarles provecho y saber cuáles tienes y cuánto aportas al mes a cada una.
El mapa te ayuda también a hacer tu presupuesto, además a saber dónde estás exagerando. ¿Tienes demasiadas responsabilidades financieras?
Por otro lado, hay que investigar y hacer la tarea, pues si no sabes cuál es la mejor tarjeta de crédito para tu perfil, puedes cometer errores. Lo mismo con las inversiones, si tu asesor no sabe quién eres, y tú no preguntas qué te está vendiendo, puede que inviertas en instrumentos que después te salgan caros. Pero de esto he hablado mucho.
Entonces pregunté, ¿cómo hago un mapa de mi infraestructura financiera? El mapa se resume en saber cuántas tarjetas de crédito tienes, hipotecas, chequeras, préstamos, o cualquier otro instrumento financiero.
Es como hacer un árbol genealógico. Aquí un ejemplo de cómo hacer uno:

Los pasos que te ayudan: hacer una lista de los productos y saber el monto que se le aporta o paga al mes. En el caso de las tarjetas de crédito debes conocer tu límite de crédito y en el caso de las inversiones debes conocer tu portafolio. En cuanto a los créditos hipotecarios, escolares o de tu nuevo auto, debes saber la mensualidad que pagas y por cuánto tiempo deberás pagarlo.
El tiempo que requieres y por qué lo debes hacer: Este trabajo te tomará una media hora cuando mucho. Y te va a servir para entender mejor a dónde se va tu dinero y si puedes recortar o cuándo podrás recortar.
Parece sencillo y poco útil, algunos pensarán que es hasta tonto, pero si quieres vivir tranquilo, no preocuparte por cómo hacer cada pago mensual y además, poder pasarla bien en la vida dándote algunos lujos, debes conocer tu infraestructura financiera igual como conoces y sigues tu presupuesto.
Ejemplos: En el mapa que puse de ejemplo hay dos tarjetas de crédito, quizá no sean necesarias dos, pero ese es el siguiente paso. Hay que decidir qué sí necesitas. Quizá una te da millas y viajas mucho gratis y la otra tiene muy bajas comisiones. Así debes ir analizando tu mapa.
En ese ejemplo también hay un monto destinado para seguros, pero si trabajas en una empresa que te ofrece estas prestaciones, puedes analizar cuáles son las mejores opciones o las más económicas.
Por último, quizá si haces aportaciones a la afore, tener un plan personal de retiro sea mucho. Entonces te puedes dar cuenta que quizá es mejor para ti cancelar tu PPR y hacer aportaciones voluntarias a la afore.
| Publicado a las 09:55 am
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Martes, 21 de Julio de 2009 |
Categorías: General, metas |
Dentro de la cultura financiera y la previsión hay temas que matan cualquier conversación. Uno es el seguro de vida, el otro es el testamento.
“Nadie tiene la vida comprada” me dijo un profesor del Itam en una entrevista sobre planeación financiera y añadió que por eso los jóvenes deben pensar en hacer un testamento.
Mi primera reacción fue que como no tengo hijos no necesito un testamento. Error.
El segundo pensamiento que tuve es que no tengo nada que dejar. Este es otro error.
Lo que me explicó un notario es que el testamento es un documento para los bienes del futuro. Es decir, yo planeo que en unos cuántos años voy a ser dueña de un bien inmueble, eso es lo que dejaría a mis hijos, si es que para ese momento los tengo.
Lo sé, suena a futureo absoluto, miedo y hasta a una invitación.
El tema se relaciona con la cercanía de la muerte por lo que se ha negado o tachado su naturaleza de herramienta previsora. Nadie quiere hablar del testamento.
Sin embargo, todos hemos escuchado de alguien que murió intestado y dejó una serie de problemas para su familia, y no necesariamente porque tenía una herencia enorme que dejar, sino una cuenta larga de deudas. Lo que el testamento arregla son los líos familiares, que se cumplan tus deseos y no se pierda lo que sí tienes de patrimonio.
Yo sigo sin tener testamento. Pero empezaré a hacer mi lista, porque en septiembre es el mes del testamento. Esto quiere decir que los miembros de la Asociación Nacional del Notariado Mexicano y los consejos y colegios de notarios de México se ponen de acuerdo, cobran menos y amplían sus horarios de trabajo para que quien quiera pueda hacer su testamento.
¿Tú tienes testamento?
Uno para el gasto sin culpas, otro para mi retiro.
Me pasa igual que a Karla Bayly, de Coaching Financiero, hay veces que a pesar de pregonar sobre la importancia del ahorro, cuando me entero de una venta nocturna debo amarrarme a la silla para no ir a gastar.
Ahorrar no es fácil. Hay días en los que registrar gastos y revisar un presupuesto es un dolor de cabeza o una patada en el estómago.
He hablado mil y un veces de que si tienes un presupuesto bien hecho puedes tener una cubeta/apartado para gastos sin culpas. Esto es lo que me salva de estos momentos de ‘histeria’ en los que en mi cabeza sólo pasa un ticker (esos letreritos en letras iluminadas rojas con las últimas noticias): quiero comprar algo.
Entonces, reviso el monto que me queda en mi ‘cubeta de gasto sin culpas’ y veo si me puedo dar chance aunque sea de un chocolate. Hay veces que lo controlo y no gasto y otras que sí voy por el Carlos V.
Pero como dice Karla Bayly, quien se controló antes de comprarle a su hijo un Nintendo DS, a pesar de su carita triste, pensando en que más vale que su mamá sea loca siempre a bipolar. Traducción: más vale seguir siendo una histérico del ahorro, que una bipolar que pregona el ahorro, pero una cara triste o una venta nocturna te desata.
Estoy de acuerdo. Seguiré mi ahorro, mi registro, mi presupuesto y no me gastaré más de lo que tengo en mi ‘cubeta de gastos sin culpa’, aunque digan que soy una freak con el dinero.
¿Tú cómo te controlas?
Ahorrar para alcanzar objetivos -como dice un lector- es algo que he repetido varias veces y en lo que creo fielmente. Pero el lector añade que su ahorro, aunque esté etiquetado para un objetivo en particular, no es para “emergencias”.
En esto diferimos, pues yo soy una fiel fan de la previsión.
Hay quien cree que por pensar en seguros y en tener cultura de previsión, se vive con miedo y que quien piensa que si algo “puede” pasar, le va a pasar.
Yo no vivo con miedo, pero como dice mi esposo, soy un poco aprehensiva y me preocupo por estar financieramente sana. ¿Por qué?
Honestamente, porque creo que el dinero es una herramienta para ser un poco más feliz (que quede claro que no digo que el dinero es sinónimo de felicidad), me puede dar la capacidad para pasar un lindo fin de semana de vacaciones, o cenar rico en un restaurante; hacer o experimentar cosas que disfruto con la gente que quiero.
Creo en tres principios básicos:
- Si tengo control sobre mi dinero y mi situación financiera puedo gastar sin culpas. Por eso tengo un presupuesto y un registro de gastos, inversiones, ahorro y deudas.
- Un día seré viejita, pero seguiré viviendo como reina. Quiero poder ir al cine con mi esposo, comer palomitas, nachos y pasitas con chocolate, sin preocuparme de que si nos tropezamos con un escalón mal iluminado y nos pasa algo, no podremos pagarlo. Por eso ahorro y mantengo mis seguros. No vivo con miedo, pero sí he visto el miedo de una esposa que no puede pagar una noche de cuidados intensivos para su esposo, porque se gastaron en otra cosa el dinero del seguro.
- Yo quiero trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Esto quiere decir que trabajo porque me gusta disfrutar de un montón de cosas. Por eso CUIDO mi salario y mi situación financiera. No hay nada peor, y he estado ahí, que tener que trabajar un poco más para poder pagar una tarjeta de crédito que ya llevaste al límite y olvidarte de todo lo que te gusta para cubrir esos intereses.
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