El tema del dinero en la pareja no es fácil. Hace un tiempo publiqué en el blog comentarios de lectoras que compartían cómo escondían y hasta ‘tomaban’ dinero de sus parejas para tener un guardadito, incluso algunas que tienen cuentas secretas de sus esposos.

Tengo un amigo que se casó sin nunca preguntar a la novia cómo manejaba sus tarjetas, cuánto dinero tenía ahorrado o cuánto debía. Un día vio el estado de cuenta de su esposa, quien llevaba años pagando el mínimo de su tarjeta, sin parar de consumir. Una deuda de miedo.

Pero esto no es sólo un problema femenino.

También conozco a algunas mujeres que si esconden dinero de sus esposos es porque si no lo hacen, ellos se lo gastan todo, el que traen en su cartera o el que encuentran en la bolsa de su pareja.

Hace unos días volví a ver la película de ‘Crueldad Intolerable’ de Joel Coen, esta película de puros divorcios en los que la idea es quedarse con el dinero de la pareja. Y, claro, la discusión sobre los famosos acuerdos prenupciales.

Cada quién puede tener el sentimiento que desee ante los acuerdos prenupciales, pero por favor, no se nieguen a hablar en serio de dinero antes de casarse. Por lo menos para saber dónde están parados y qué planes quieren establecer para su nueva vida juntos.

Preguntas básicas:

  1. ¿Tienes deudas? – Esto es importante para poder establecer una estrategia en conjunto para pagarlas.
  2. ¿Tienes la disciplina del ahorro? – Esto es importante, el que tenga más la disciplina deberá ayudar al otro a darle importancia al ahorro.
  3. ¿Cómo quieres que manejemos los gastos de la casa? – Cada pareja se maneja diferente, hay que encontrar la forma que les quede bien a ustedes dos, sin que ninguno se sienta incómodo.
  4. ¿Cuánto podemos aportar cada uno? – Si ambos trabajan, según su sueldo, pueden establecer un porcentaje para los gastos que van a tener los dos.
  5. ¿Queremos cuentas en conjunto o separadas? – Esto también es de gustos y tradiciones, según lo que cada uno haya visto en su casa. Lo natural para ti, puede ser muy complejo para tu pareja.
  6. ¿Queremos ahorrar juntos o separados? – Esto dependerá de si ustedes solos ya tienen cuentas de ahorro o inversiones, de si quieren empezar uno para los dos, o si quieren mantener cada quien sus cuentas y una en común.
  7. ¿Qué planes tenemos a corto, mediano y largo plazo que implican un esfuerzo económico fuerte? – Hagan un pequeño mapa que qué quieren y para cuándo: casa, auto, renta, viajes, seguros. Así los dos saben hacia dónde van.
  8. ¿Tienes seguros?, ¿de qué y cuáles? – Esto es muy importante. Además de saber qué tipo de seguros tiene tu pareja, debes saber dónde están los papeles para cualquier incidente.
  9. ¿Sabes hacer un presupuesto? – Si no, hagan uno juntos. Enséñense lo que saben hacer y cómo lo hacen. Descarguen este presupuesto.
  10. ¿Cuántas veces vamos a sentarnos a revisar nuestros gastos, cuentas y presupuestos para saber si vamos por buen camino? – No porque hablen una vez antes de casarse ya es suficiente. Hay que hablar de esto todo el tiempo.

En cuanto a las cantidades de deuda, ahorro o inversiones que cada uno tiene, si no las quieren revelar, está en ustedes. Además, recuerden que el tema del dinero, psicológicamente, está relacionado con el poder, así que es difícil sentarse y ser honestos a la primera de cambio. Quizá tengan que hablar de esto no una, sino varias veces.

¿Tienen tips de cómo hablar de dinero en pareja?


Sólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
De esos que sí tienen inversiones el 51% prefiere el pagaré bancario,  la segunda preferencia son las sociedades de inversión.
Y el último dato: al preguntar por qué invierten la respuesta favorita fue “estar protegido” y la seguna favorita fue “iniciar un negocio”.
Me enteré de esto mientras entrevistaba a un caso para un artículo en la próxima edición de Dinero Inteligente, quien me contaba que perdió –durante la crisis- un 40% de su portafolio en renta variable, y que todavía no ha terminado de recuperarse.
Me contó que cuendo vio la pérdida se dijo: “No sé por qué invertí en esto, mejor hubiera comprado un departamento chiquito y lo hubiera rentado”.
Ella es una de las tres personas en cada cien mexicanos que invierten. Y se enfrentó a la realidad de la renta variable. El problema es que hasta que no vio que perdía su dinero nunca se había preguntado o había sido MUY clara con su asesor de para qué quería ese dinero y para cuándo.
Aprendió la lección: se ha convertido ahora en la mujer más informada en cuanto a fondos de inversión y fondos de renta variable. Diario revisa a cuánto está el IPC, llama a su asesor cuando quiere comprar más en renta variable y en relativamente pocas semanas calcula que tendrá todo el dinero perdido en su portafolio.
El siguiente paso, es que ahora sí se siente a pensar para qué quiere ese dinero y cuándo lo va a necesitar. Después llamará a su asesor y le expliquará a él y confiará en que este personaje le haga caso. (Sí ya todos hemos escuchado de los asesores que no hacen caso).
“Me volví proactiva, porque nadie va a cuidar mejor mi dinero que yo”, me dijo, sobre todo ahora que ha habido oportunidades.
Y tiene toda la razón. Por eso estar informados es el primer paso. Tomar la decisión de qué hacer con el dinero y cuál es tu mejor opción, debe ser una decisión informada, así que, haz la tarea.
Quizá hay que empezar por entender que sí ha una diferencia entre ahorrar e invertir. Según la Condusef el ahorro es ‘la cantidad del ingreso que no se destina al gasto cotidiano con el propósito de guardarlo y utilizarlo en el futuro’. Mientras tanto, una inversión es ‘la canalización de recursos a actividades productivas, como las inversiones en valores, con el propósito de incrementar, en un plazo determinado, nuestro patrimonio en un porcentaje no menor a la inflación’.
Más datos en Todo sobre el ahorro, en la página de la Condusef, trae un glosario de términos muy útiles. http://portalif.condusef.gob.mx/condusefahorro/p02.php#
Y una calculadora para saber cuánto puedes ganar. http://portalif.condusef.gob.mx/condusefahorro/datos.phpSólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Sólo tres de cada 100 mexicanos cuentan con una inversión, según datos de la Encuesta Nacional en Vivienda de Usos de Servicios Financieros elaborada en 2009 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

De esos que sí tienen inversiones el 51% prefiere el pagaré bancario,  la segunda preferencia son las sociedades de inversión.

Y el último dato: al preguntar por qué invierten la respuesta favorita fue “estar protegido” y la segunda favorita fue “iniciar un negocio”.

Me enteré de esto mientras entrevistaba a un caso para un artículo en la próxima edición de Dinero Inteligente. Ella me contaba que perdió –durante la crisis- un 40% de su portafolio en renta variable, y que todavía no ha terminado de recuperarse.

Me contó que cuando vio la pérdida se dijo: “No sé por qué invertí en esto, mejor hubiera comprado un departamento chiquito y lo hubiera rentado”.

Ella es una de las tres personas -en cada cien mexicanos- que invierten. Y se enfrentó a la realidad de la renta variable. El problema es que hasta que no vio que perdía su dinero nunca se había preguntado o había sido MUY clara con su asesor de para qué quería ese dinero y para cuándo.

Aprendió la lección: se ha convertido ahora en la mujer más informada en cuanto a fondos de inversión y fondos de renta variable. Diario revisa a cuánto está el IPC, llama a su asesor cuando quiere comprar más en renta variable y en relativamente pocas semanas calcula que tendrá todo el dinero perdido, de regreso en su portafolio.

El siguiente paso, es que ahora sí piense para qué quiere ese dinero y cuándo lo va a necesitar. Después llamará a su asesor y le expliquará a él. Finalmente, confiará en que este personaje le haga caso. (Sí ya todos hemos escuchado de los asesores que no hacen caso).

“Me volví proactiva, porque nadie va a cuidar mejor mi dinero que yo”, me dijo, sobre todo ahora que ha habido oportunidades.

Y tiene toda la razón. Por eso estar informados es el primer paso. Tomar la decisión de qué hacer con el dinero y cuál es tu mejor opción, debe ser una decisión informada, así que, haz la tarea.

Quizá hay que empezar por entender que sí hay una diferencia entre ahorrar e invertir. Según la Condusef el ahorro es ‘la cantidad del ingreso que no se destina al gasto cotidiano con el propósito de guardarlo y utilizarlo en el futuro’. Mientras tanto, una inversión es ‘la canalización de recursos a actividades productivas, como las inversiones en valores, con el propósito de incrementar, en un plazo determinado, nuestro patrimonio en un porcentaje no menor a la inflación’.

Si se espera un rendimiento, hay que recordar que a mayor rendimiento, mayor riesgo.

Más datos en Todo sobre el ahorro, en la página de la Condusef, trae un glosario de términos muy útiles.

Y una calculadora para saber cuánto puedes ganar.


Foto: Especial

La recuperación se asoma. Personas en bienes raíces ya vendieron algo después de meses de sequía, los que perdieron en sus inversiones en la bolsa ya sintieron la mejora (recuerden que la renta variable siempre se adelanta a otros indicadores), y –según una encuesta del Wall Street Journal- 57% de los economistas encuestados cree que la recesión ya terminó.

Esto no quiere decir que de la noche a la mañana se deje de sentir la crisis. Sólo que las señales se acercan y hay que prepararse.

Ya he dicho que tener un plan es de las estrategias más importantes para estar cubierto, porque si sabes a dónde quieres llegar, no es tan fácil desviarte. Dentro de este plan hay que tener un presupuesto a corto, mediano y largo plazo. Y dentro del presupuesto hay que tener un monto dedicado al ahorro. Aquí entran las inversiones.

Y hablar de inversiones no es sólo en mercados o bonos y materias primas. Una inversión también es en bienes raíces, arte (aunque este tema tiene sus aristas, lean lo que dice un experto al respecto), centenarios, dólares, negocios, o lo que se les ocurra que ofrezca una plusvalía o rendimiento.

Uno de los principios fundamentales de la inversión, pero fácil de olvidar es: DIVERSIFICAR.

Sólo diversificando se protegen las inversiones de un revés económico. Entonces, si uno tiene un portafolio diversificado, otro ahorro en dólares, y un negocio propio, es menos probable que en todo le vaya mal al mismo tiempo. En comparación con alguien que sólo tiene sus ahorros en dólares. Entonces, si vas a invertir, lo primero es pensar en la diversificación.

Y no hay que desanimarse cuando se escucha la palabra inversión, ya lo dice Ramit Sethi, en su libro I will teach you how to be rich, invertir no es para los ricos, sino para quien quiere manejar sus finanzas y está de acuerdo en hacerlo con disciplina. Por ejemplo: En México, con un peso ahorrado puedes invertir en los instrumentos que ofrece tu Afore. Aquí un artículo que les puede servir. Invertir se puede con una ahorro pequeño, la idea es crecer ese ahorro poco a poco y diversificar para bajar el riesgo.

Otras dos cosas en qué pensar, además de la diversificación:

1) Saber para cuándo vas a necesitar el dinero que vas a invertir. No se vale poner el dinero que necesitas en un año en la bolsa, por ejemplo. Ese instrumento es de largo plazo.
2) No olvides el riesgo. Toda inversión lo tiene. Pregunta, infórmate y analiza. Si sabes cuánto puedes perder, tomarás una decisión más informada.

Les dejo otras lecturas que les pueden ayudar en la decisión de invertir, en cómo buscar una estrategia y casos de éxito que muestran que no es necesario ser millonario para lograr un ahorro que permita hacer crecer el dinero con el tiempo.

Si tienes 5,000 pesos
Si quieres invertir en bienes raíces
Cómo lograrlo, un caso de éxito
La opción de la bolsa


Foto: EspecialEstoy releyendo “Take on the Street: How to fight for your Financial Future” de Arthur Levitt y Paula Dwyer.

El libro viene al caso en medio de esta crisis financiera por las credenciales de Levitt: en 1993 fue nombrado presidente de la Securities and Exchange Comission (SEC) en Estados Unidos por el presidente Clinton, duró ocho años, y también fue presidente de la New York City Economic Development Corporation y el American Stock Exchange.

Paula Dwyer es una reconocida periodista de negocios de la revista Business Week, quien ayudó a Levitt a escribir el libro, lo que lo hace mucho más amable para que cualquiera -que no somos expertos- lo podamos leer.

Frente a una crisis en la que invertir a todos da miedo, leer esto es reconfortante, pues además de que comparte información privilegiada (aunque sea de hace varios años), Levitt da recomendaciones para cualquier inversionista, desde los más pequeños hasta los más experimentados.

Les comparto algunos de los tips que en esta relectura he subrayado para llevarlos a mi siguiente cita con mi asesor financiero:

- “Si decides invertir por medio de un corredor de bolsa, no le permitas hacer nada hasta que lo hayas conocido cara a cara”.
- “Asegúrate que tú y tu asesor financiero hagan un mapa de una estrategia de inversión y se apeguen a ella”.
- “No olvides preguntar sobre el riesgo que hay en los instrumentos que te recomienda tu corredor. Una de las mejores formas de entender el riesgo es pedirle que te explique el peor escenario posible, el mejor escenario imaginable, y lo que probablemente le pase a tus inversiones”.
- “Como inversionista, tú también tienes responsabilidades. Entre mejor las entiendas, mayor será la recompensa de tu experiencia como inversionista. Primero: no hagas nada hasta que tengas una estrategia. Esto quiere decir, crear un plan financiero con tu asesor (…). El plan debe tener un balance general, o descripción de todos tus activos, desde tu casa, hipoteca y préstamos personales. Finalmente el plan debe decir cuánto estás dispuesto a poner a un lado cada mes.” Lo último que debes decidir, añade Levitt, es el riesgo que quieres tomar.

Más allá de las recomendaciones para inversionistas, Levitt escribe sobre sus aprendizajes en Wall Street, sí, el Wall Street que nos llevó a la crisis en la que estamos. Por eso también, vale la pena el libro.

Levitt dice que la mayoría de los corredores de bolsa que conoció eran personas inteligentes con buenas intenciones, pero quienes ganaban dinero según el número de transacciones que lograran al día, en vez de ser premiados por el resultado que daba el portafolio del inversionista. Levitt dedica varias páginas a entender las comisiones, algo que realmente debemos preguntar al asesor o corredor que maneja nuestras inversiones.

En fin, podría seguir con mi resumen del libro, pero mejor los dejo que lo lean. En Amazon.com cuesta 10 dólares, pero lo pueden comprar usado por 4 dólares y hay algunos en 10 centavos. Yo no pude encontrar una traducción al español, pero si alguien la encuentra, espero que nos la comparta.


La educación es la mejor herencia, hemos escuchado todos. Sí, es cierto, el nivel educativo promete a los hijos empleo e ingresos suficientes para ser independiente. La idea de los padres es que sus hijos vivan mejor que ellos gracias a la educación que puedan proveerles.

La educación es una preocupación.

Eloy López del blog Previsión Financiera Integral escribió la semana pasada sobre los seguros educativos, una forma de garantizar a los hijos la universidad. Ya sea esta opción o ahorro en una cuenta de inversión, la idea es que los padres deben ahorrar desde muy temprana edad de los hijos para poderles dar una educación en una universidad privada.

Con un seguro, explica Eloy, se le pueden garantizar 18,000 dólares para la universidad, sin contar el monto que podría recibir el hijo si el padre fallece.

Una carrera en una universidad privada puede costar 700,000 pesos. Así que con el seguro de 18,000 dólares el hijo todavía tendría que buscarse una beca, trabajar medio tiempo, ir a una universidad pública, o los padres sacar un pedazo extra de ahorro. (Esto puede ser peligroso porque los padren podrían echar mano de sus ahorros para su retiro).

La educación es un proyecto de los padres con los hijos, no una obligación de los padres con sus hijos. Los hijos pueden aportar, por ejemplo, con un promedio para sacar un porcentaje de beca, o trabajando para aportar un poco a la colegiatura. De esta forma, además de un título universitario, se le suma el aprendizaje del valor del título.

En los últimos 20 años, una carrera para muchos ya no es suficiente, pues para subir el siguiente peldaño está la maestría o el doctorado. El costo de estos títulos puede ser muy alto, sobre todo si se quiere estudiar en el extranjero.

Los posgrados no deben ser ya responsabilidad única de los padres, sino el deseo de un adulto por seguir su educación, por lo que más vale buscar alternativas para financiarlos.

Hay que pensar bien, pues si lo pagan los padres se podría diluir su ahorro para el retiro, y entonces, serán los hijos quienes deban ayudar a los padres en su vejez. Una idea: hay empresas que ayudan a sus empleados a pagar sus posgrados, pero también hay otras formas…  

Es una decisión que se debe tomar entre los padres y los hijos, como dije, un proyecto de ambos. 

Les dejo unas opciones para revisar cómo se puede financiar un posgrado: 
1. La beca Fulbright-García Robles una beca de los gobiernos de Estados Unidos y México para estudiar posgrados.
2. La beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, para financiar posgrados que coadyuven a la formación de científicos y tecnólogos del más alto nivel.
3. El préstamo del Banco de México, prestan hasta 150,000 pesos por estudios en México y hasta 200,000 pesos por estudios en el extranjero. Se paga hasta en 10 años y con una tasa de interés de 75% del costo porcentual promedio. Esto es la tasa fijada por Banco de México, que promedia el costo del dinero en el sistema financiero mexicano y que se publica en el Diario Oficial de la Federación.
4. El préstamo de la Fundación Mexicana para la Educación, la Tecnología y la Ciencia, una asociación civil filantrópica que da créditos educativos para cursar maestrías en áreas económico administrativo, ingenierías, derecho y negocios en general. Da un plazo para pagar de 6 años, es complementaria, es decir no paga todos los gastos, y una tasa fija. El sitio tiene un simulador para que calcules cuánto pagarías.


El dinero es una herramienta para obtener las cosas que deseamos o necesitamos. Por eso,muchos quieren siempre tener más. 

La libertad financiera o la independencia económica, según respondió Karla Bayly a una pregunta que escribí en el Twitter, es “vivir la vida que quieres sin depender económicamente de nadie”. Además de esto, creo que la libertad financiera es tener certidumbre de tu dinero y saber que lograrás las metas que te has propuesto. (Cuando hablo de metas pienso en el regalo de cumpleaños para la pareja, las vacaciones, la casa para la familia o un retiro digno).

Para eso se necesita organización y disciplina, pues hay que sanear las finanzas (dejar de tener deudas), tener un presupuesto (saber a dónde se va el dinero que sí tenemos) e invertir para generar más riqueza.

Cuando pienso en generar riqueza no puedo evitar que la imagen de Scrooge o Rico Mac Pato llegue a mi mente. Pero no pienso en el Scrooge tacaño que nada entre monedas, sino en el que enseña a sus sobrinos de dónde viene el dinero. El primer paso es ahorrar, pero hay que saber mucho más sobre el dinero para hacerte rico, dice a sus sobrinos.

Es cierto. Hay que educarnos en cuanto al tema financiero para poder generar riqueza. Hay que entender qué herramientas ofrece el mercado para poder pagar por las cosas que deseamos, hay que saber cómo se puede ahorrar y cómo invertir.  Esto está en nosotros…

Unos tips para aumentar la cultura financiera en casa y el video de Rico Mac Pato:
-Visita el Mide 
-Lee artículos sobre finanzas personales
-Visita páginas sobre educación financiera como la de Finanzas Prácticas

LINK


Foto: EspecialAhorrar para alcanzar objetivos -como dice un lector- es algo que he repetido varias veces y en lo que creo fielmente. Pero el lector añade que su ahorro, aunque esté etiquetado para un objetivo en particular, no es para “emergencias”.

En esto diferimos, pues yo soy una fiel fan de la previsión.

Hay quien cree que por pensar en seguros y en tener cultura de previsión, se vive con miedo y que quien piensa que si algo “puede” pasar, le va a pasar.

Yo no vivo con miedo, pero como dice mi esposo, soy un poco aprehensiva y me preocupo por estar financieramente sana. ¿Por qué?

Honestamente, porque creo que el dinero es una herramienta para ser un poco más feliz (que quede claro que no digo que el dinero es sinónimo de felicidad), me puede dar la capacidad para pasar un lindo fin de semana de vacaciones, o cenar rico en un restaurante; hacer o experimentar cosas que disfruto con la gente que quiero.

Creo en tres principios básicos:

-       Si tengo control sobre mi dinero y mi situación financiera puedo gastar sin culpas. Por eso tengo un presupuesto y un registro de gastos, inversiones, ahorro y deudas.

-       Un día seré viejita, pero seguiré viviendo como reina. Quiero poder ir al cine con mi esposo, comer palomitas, nachos y pasitas con chocolate, sin preocuparme de que si nos tropezamos con un escalón mal iluminado y nos pasa algo, no podremos pagarlo. Por eso ahorro y mantengo mis seguros. No vivo con miedo, pero sí he visto el miedo de una esposa que no puede pagar una noche de cuidados intensivos para su esposo, porque se gastaron en otra cosa el dinero del seguro. 

-       Yo quiero trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Esto quiere decir que trabajo porque me gusta disfrutar de un montón de cosas. Por eso CUIDO mi salario y mi situación financiera. No hay nada peor, y he estado ahí, que tener que trabajar un poco más para poder pagar una tarjeta de crédito que ya llevaste al límite y olvidarte de todo lo que te gusta para cubrir esos intereses.  


Foto: EspecialNo más quejas. No más reclamos y no más ‘martirización’. Es tiempo de agarrar al toro por los cuernos. 

La crisis nadie sabe en realidad cuándo acabará. Pero yo decido dejar de sufrir ahora mismo y volver a establecer metas. 

Lo que he logrado:
- Acumular un fondo de emergencia equivalente a tres meses de mi sueldo. 
- Pagué el último mes de mi refrigerador a 12 meses sin intereses
- Revisé mi portafolio de inversión con mi asesor. 
- Revisé mi presupuesto y lo ajusté. (Sigue a dieta…) 
- Estoy bien asegurada (coche, vida y gastos médicos mayores). 

Lo que me falta:
- Concebir mi plan B (por lo menos ya tengo contemplado que lo necesito).
- Firmar el contrato para mi PPR y disfrutar de la posible deducción de impuestos. 
- Saldar mis deudas educativas. Sigo pagando mes a mes mis préstamos, pero para llegar al final me faltan tantos años, que mejor no los cuento…

¿Qué viene después?
En el momento en el que palomeé los dos primeros pendientes en la lista de lo que me falta, puedo pensar en nuevas metas a corto y mediano plazo. En el largo plazo mantengo el objetivo de pagar mis préstamos y el ahorro para el retiro, que estará en el PPR. 

En cuanto logre esto podré sentirme más segura ante la crisis. Por eso, repito, yo ya me dejo de quejar. 

¿Cómo va tu panorama?


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Invertir en la Bolsa Mexicana de Valores, o en acciones de empresas extranjeras suena sexy. Además, tiene cierta connotación de que quien lo hace se parece a Michael Douglas en la película Wall Street

O bueno, a mí me gusta imaginar eso…

Pero no es nada sexy invertir en acciones. Es un ejercicio de paciencia, tiempo, conocimientos, previsión, organización y de tener a un asesor financiero que te ayude a tomar decisiones inteligentes. 

Ninguna de estas palabras es o hace pensar en algo sexy.

El portafolio de inversiones es como tu closet. Hay cosas que puedes poner y cosas que no. Por ejemplo, yo no puedo ponerme una minifalda. No me lo tomen a mal, hay a quienes se les ve fantástica, a mí simplemente se me ve mal.

¿Qué hago? Las he donado todas, porque sí hice el intento de ver si encontraba una que se me viera bien… hasta la fecha, no lo he logrado.

Lo mismo hago con mi portafolio de inversiones. Tengo un perfil de riesgo moderado, invierto 30% en un fondo que imita al IPC (Índice de Precios y Cotizaciones, la lista de las empresas con más y mayores movimientos en la Bolsa en México) y el resto en deuda gubernamental y algunas monedas.

PERO me queda claro que lo mío, lo mío no son los instrumentos que no están registrados y avalados por Hacienda y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), como las populares ‘Forex’ o mercados de divisas. Ya otros blogeros en CNNExpansión.com han explicado el peligro de estos instrumentos, tanto Roberto Morán, como Verónica Galán.

Quizá haya expertos que manejen a la perfección sus finanzas y sean lo suficientemente calificados para hacer lo que quieran con su dinero, pero mi perfil de riesgo acaba en los terrenos que me suenan similares al caso Madoff o Stanford.

Con esto me refiero a instrumentos que no entiendo ni yo, ni mi asesor, ni el CEO de Old Mutual, Bob Head, a quien entrevisté hace una semana y me dijo que habían analizado el fondo de Madoff para ver si se valía ofrecerlo a sus clientes y no entendieron la filosofía de éste, por lo que –a pesar de los magníficos rendimientos que ofrecía- no permitieron que sus vendedores lo ofrecieran en Old Mutual o Skandia. Al final, él también recomienda apegarse a los fondos e instrumentos que sí están autorizadas por Hacienda y la CNBV.  (Hay una lista de los fondos registrados en la página de la Condusef). 

En fin… cada quien con su cada cuál… yo me alejo de las minifaldas y los instrumentos de inversión que no van con mi perfil de riesgo. 


Esta es la cuarta confesión, y la guardé para el final, porque esta sí que es una mujer organizada con su dinero y por eso, se puede dar gustos…

‘Aparto mi pedazo para mis lujos’ 
Yo sí gasto bastante, conmigo sí se aplica eso de que  si tengo un mal día, ir de compras me ayuda a estar de mejor humor. 
Pero, tengo un ingreso y me puedo dar esos lujos.
A veces me da un poco pena que mi esposo vea cómo gasto mi sueldo, o la parte que no usamos para gastos de casa. 
En cuanto a la comunicación, los dos sabemos cuánto ganamos y cuánto gastamos.
Pero en mi presupuesto yo sí incluyo lo que tú dices de tener un monto específico para “pasarla bien”, otro para ahorrar, otro para los gastos de la casa… 

De verdad que qué bien que tengas un presupuesto, que ahorres y puedas pasarla bien. Felicidades. En cuanto a lo de la culpa… debes dejarla a un lado. No debes sentirte culpable porque gastas lo que tienes apartado para gastar. Nada de penas. Y para esto recomiendo que lo platiques con tu pareja, enséñale tu presupuesto, es más, hagan uno juntos en donde los dos tengan un pedazo para sus gustos y gastos y lujos. Seguro él también gasta en cosas sólo para él. Al compartir y ser abiertos, se quieta la culpa o la pena, a menos, de que te pases de gastalona y uses el dinero que era para arreglar las ventanas de la casa. 

Sólo una pregunta, para jugar al abogado del diablo… ¿Tienen seguros médicos, de auto y de vida? Porque este es otro elemento de la previsión…

Te recomiendo el libro de Ramit Sethi, ‘I will teach you to be rich’, no han hecho la traducción, pero puedes conseguirlo en amazon.com o échate un clavado a su blog, en el que hay partes de su libro.



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