No cabe dudar que los casos mortales de gripe porcina disminuirán con el tiempo. También en México, de donde emanara. Las medidas severas tomadas por la Organización Mundial de la Salud y la decisión de países como Cuba, Argentina y la Unión Europea de suspender de  momento los vuelos a México detendrán los signos, o al menos las dimensiones, de una pandemia, como lo fuera la gripe que golpeó al mundo en 1918, dejando un saldo de más muertos que la suma de las víctimas de la Primera Guerra.

Sin embargo, será insensato liberarse en México de cualquier preocupación.  Hay razones, lamentables por cierto, del estallido de este mal aquí, y sus fatales consecuencias. Los trastornos atmosféricos, los descuidos en la explotación de los cerdos y de sus derivados, y, en particular, la ausencia de condiciones higiénicas adecuadas no se diluirán.  Seguirán presentes y actuantes.

Por lo tanto, la difusión de la gripe y las angustias ciudadanas que suscita, aparte de enormes gastos por parte del Estado, debe dejar una lección:  si problemas básicos del país, desde la marginalidad social, educativa y de salubridad, hasta la contaminación ambiental y el tráfico ( macro y mini ) de la droga no son resueltos, otros males semejantes o peores que la gripe porciona habrán de aparecer. México entonces será eludido por turistas y por las inversiones extranjeras, y excomulgado parcialmente de la lista de países ilustrados.  Terrible consecuencia que las autoridades y la sociedad civil deberían atender.



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