A nueve meses de su designación presidencial, Barack Obama parece decepcionar a una porción importante de sus simpatizantes. Las próximas elecciones estatales en New Jersey y Virginia reflejarán probablemente la decepción que ha comenzado a alumbrar en la opinión pública norteamericana.
Cuáles son sus causas ?
Fundamentalmente tres. La primera alude a su postura respecto a la recepción del Premio Nobel. A mi juicio, debió renunciar a él argumentando que aún no ha cumplido cabalmente ninguna de sus promesas. No se justifica dar un premio de esta estatura por la simple manifestación de benévolas intenciones. Se precisan actos y decisiones. Y éstos esperan la voluntad presidencial. Al aceptar el Premio Nobel, Obama provoca una devaluación de este reconocimiento. Gesto que no opera en su favor.
El segundo error se refiere a sus ambivalentes actitudes respecto de Europa occidental, que es el principal sustento de las acciones de Washington. Obama no parece distinguirse apreciablemente de las posturas despreciativas de Bush respecto del viejo continente. Podrá corregirse sin embargo si adopta una clara política en Copenhague en favor del medio ambiente y si muestra una clara postura respecto a Afganistán. Los europeos se están cansando con una colaboración que les ha traído más de 500 víctimas, en un conflicto que no les atañe directamente.
Finalmente, la Casa Blanca actuó con tino en los ásperos conflictos en el Medio Oriente al exigir, por un lado, a Israel el cese de la colonización de las tierras palestinas ocupadas, y, por el otro, prometer que Irán no llegará a poseer un arsenal atómico. De hecho, parece hoy recular: ni reclama a Jerusalén un viraje cualitativo de su política, ni se vislumbra una actitud resuelta respecto a Teherán.
Ciertamente, las dificultades de Obama en legislar servicios de salud para todos los ciudadanos y su demora en conferir a la comunidad heterosexual los derechos prometidos empañan su ejercicio.
Y a pesar de estas consideraciones, el optimismo y la confianza respecto del joven Presidente aún son vigorosos. Américas Latina, en particular, aguarda su provechosa intervención.


El descubrimiento de escritos inéditos de Franz Kafka enciende revuelo no sólo en Israel- donde se decubrieron- sino todo el universo literario.

Algunos hechos: Kafka jamás hubiera sido conocido si su amigo Max Brod hubiera cumplido su mandato antes de morir: destruir todos sus manuscritos. Brod no respetó esta voluntad de K., que tal vez no era absolutamente sincera. Después de todo, él mismo podría haber quemado lo que escribiera.
Max Brod publicó una primera biografía de Kafka en 1937, y poco después vendió losderechos de publicación de los libros que conocemos- La Metamorfosis principalmente- a la editorial Schoken. En 1939, escapó de Praga a Palestina, eludiendo a los nazis.
Hasta su muerte en 1984 en Tel Aviv, Brod no se inclinó a revelar otros textos que celosasmente guardó en una caja bancaria. Su secretaria y amante los recogió, y ahora, al fallecer a los 102 años, sus hijas se inclinan a vender al mejor postor – israelíes y alemanes, principalmente- y sin revelar lo que poseen, los trozos inéditos de Kafka.
Jueces israelíes deberán resolver en los próximos meses a quién pertenece este legado. Kafka no es propiedad de una persona; los lectores de todo el mundo merecen conocerle mejor, aunque como persona y literato haya sido un laberinto kafkeano.


Viajar a lugares inéditos, soñados, es una vivencia singular. Alargamos así el abanico de la experiencia; enriquecemos el misterio de vivir; saboreamos lo desconocido y lo extraño, aunque sea temible; y nos vemos en otro espejo, en el espejo del Otro que estimula la modestia y la tolerncia.
Pero no menos importante es retornar a lo sabido, a lo familiar, al hogar. Como en este caso. Después de unas vacaciones forzadas en las peripecias del blog, regreso a este espacio para dialogar – si suscite interés- en algún lector que a veces deja testimonio y reacción, y a veces deja el escrito con un suspiro o reflexión. Es suficiente: justifica este acto de escribir.
En estos días recorro Buenos Aires, con aires cambiantes. A veces húmedos por la lluvia, y a veces por un calor que apenas permite respirar.
Ciudad apasionante ésta. No sólo por la milonga y el buen teatro. También por su ruidosa política de la cual hablaré en otro momento. Por ahora, para consolar a los mexicanos, puntualizaré que la violencia y la inseguridad no son “privilegios” sólo del país azteca. Tamben aquí. los robos y asesinatos proliferan. Siembran y fomentan la paranoia pública. Aparentemente es una dimensión de esta modernidad que nos torna más y más primitivos. Retorno a la barbarie por las avenidas del internet, de los celulares, del GPS.
Seguiré escribiendo con la hospitalidad que me ofrecen y el interés que pueda encender.


  Para el uruguayo Juan Carlos Onetti no hubo personaje literario más intrigante y enigmático  que Maigret; para Mauriac, Simenon fue el mejor novelista de Francia en el siglo XX. Y para todos es una figura que mostró una formidable producción, desde ligeros cuentos policiales para hacerse de algunos francos en su adolescencia hasta novelas que, con breves sentencias, describieron aspectos oscuros de la naturaleza humana.

  Sus Memorias ïntimas  publicadas en dos volúmenes por Punto de  Lectura ( excelente traucción de Basilio Losada) cuentan su tragedia personal cuando su hija, por sentimientos eróticos encontrados con el padre, resuelve suicidarse. Una tragedia que abultó la melancolía en su vida. Y no esconde en sus recuerdos sus inclinaciones a conocer- al menos por una noche- a todas las mujeres ligeras de Paris. El contó 2000 ( dos mil)  pero su segunda mujer, tolerante de estas debilidades, le corrigió: fueron ” solamente” 1200.

  Su hijo cuenta, en reciente entrevista, que cuando identificaba o fantaseaba un personaje y la localización de su drama, se encerraba durante once horas en cuarto. Desde la entrada de la casa a la habitación colgaban carteles:  ” No molestar”. Y en un par de semanas, o menos, alumbraba un nuevo libro.

  Costumbre obsesiva que no le vedaba compartir momentos con sus hijos. Y luego trasnochaba en los prostíbulos. A la búsqueda de un consuelo o respiro.

  Dedicación excluyente a la letra que me recuerda las inclinaciones de Vargas Llosa, aunque no sé si también el peruano-español busca similar consuelo después de despacharse una novela.


  Hoy los judíos festejan el principio de un nuevo año-5770 años-desde la creación del mundo. Años y días  que acaso no tienen la duración que conocemos, sino que son lapsos caprichosos, algo más extendidos. Pues es difícil imaginar que Dios se las arregló para crear un mundo tan revuelto y tan multivariado en sólo seis ordinariosdías. Fueron días extenuantes por cierto, ya que debió descansar el séptimo.

 Esta celebración revela que, más allá de la uniforme globalización, las culturas siguen manteniendo calendarios propios, modalidades singulares de organizar y concebir el tiempo. Y cada año o periodo brinda la oportunidad o la excusa para renovar felicitaciones, abrazos, promesas, aspiraciones, que el andar del tiempo ratificarán o desmentirán.

  Y a propósito del tiempo se me ocurre la siguiente reflexión. Para matemáticos, físicos y metafísicos se trata de una dimensión infinita, a pesar de que nuestro cerebro limitado apenas puede concebir lo finito. Pero para los humanos, para cada uno de nosotros, es una dimensión acotada que se traduce en esperanzas para los que se felicitan con su tránsito, y con angustia para los que lo lamentan. Y los cortes que le hacemos nos sirven para mirarnos de nuevo al espejo, ponderar aciertos y errores, hacer apuestas si pueden en las ruletas de la vida y del entorno, si pueden; o retirarse del casino para festejar un nirvana creativo.

   Have the time of your life dice una canción conocida. No importa cuándo y para quién el año se refresca- esta vez para los judíos que lo festejan con oraciones y comilonas- hay que olvidar la angustia que su marcha inserta en nuestra piel, y festejar nuestra estancia en este mundo, incluso si no sabemos a ciencia cierta por qué estamos aquí y por qué debemos dejarlo ineluctablemente.


  Un tema que Umberto Eco – en El péndulo de Foucault – incursionó en hondura académica es ahora abordado por la imaginación seductora de Dan Brown, quien desde su El Código Da Vinci  no cesa de difundir mitos y mitologías en un mundo que se dice escéptico y secular.

  Su nuevo libro El símbolo perdido  acaba de publicarse en inglés, y muy pronto verá luz en múltiples idiomas. Esta vez le atrajo las aventuras y misterios de los masones y de la masonería, organización que tuvo miembros secretos desde Washington a Mozart, y mexicanos cuyos retratos y estatuas pueden verse- si pueden ingresar – en la sede del DF.

   Y otra vez aparece el profesor Robert Langdon que elucubra, fantasea e interpreta las magias de la logia. Será un éxito editorial y comercial. Y nos aportará algunas horas de amable fuga de las pre-ocupaciones cotidianas. Por añadidura, acaso acentuará el interés por esta hermandad masónica que desborda fronteras nacionales, y que tuvo papel importante en la modernidad que se creyó iluminada.


   Hace unos días, los periodistas legendarios Bob Woodward y Carl Bernstein debatieron con el actor y activista Robert Redford la calidad del periodismo actual. Como se recordará, los primeros dedicaron dos años a una afiebrada actividad conducente a investigar los costados oscuros del Watergate. Las pesquisas tuvieron buenos resultados para la democracia norteamericana: el Presidente Nixon debió renunciar a su cargo.

  La reunión de este celebrado trío no fue consagrada a escarbar sólo el pasado. Se convirtió en un balance crítico de la prensa escrita y de sus actores en estos días. El debate contiene lecciones muy  importantes para países, como los latinoamericanos, donde la relación prensa-política es excesivamente apretada, de modo que uno oculta o disimula los errores y delitos del segundo.

  No sólo la transformación de los grupos periodísticos en empresas cotizables en la bolsa es la causa de este nefasto matrimonio. Abrumados por la ascendente crisis del periodismo escrito – algunas encuestas indican que sólo uno de cada diez habitantes lee algún medio diariamente en países industriales; cabe suponer que en México el porcentaje es decididamente ínferior – dar noticias con rapidez, sin investigaciones ni escarceos profundos, se convierte en una necesidad estructural. Esta circunstancia tendrá efectos adversos: acelerará la caída de este medio en favor del internet que permite revelar los lados oscuros del paisaje nacional con rapidez y sin riesgos.

  Los periodistas Woodward y Bernstein dieron en su momento una lección de perserverancia y honestidad. La necesitamos. Si los lectores fueran menos indiferentes y reaccionaran con comentarios críticos a la pereza y tedio de los medios escritos de información, leer un periódico tendría todavía algún valor. Y la democracia habrá ganado puntaje.


   Un pesado luto  abruma a Israel. Asaf, Ramón, hijo del astronauta Ílán Ramón que pereció junto con su equipo en la aventura del Columbia, se precipitó con su avión en la zona oriental del país. Asaf cursó con notable éxito el curso de aviadores impartido por las fuerzas militares, y comenzó su periodo activo de entrenamiento.  Siguió las huellas de su padre, también aviador que participó en la operación que culminó con la destrucción de las instalaciones nucleares en Irak, en 1981.

  La noticia abrumó a todos los sectores de la sociedad. El Presidente Shimon Peres estuvo presente en la ceremonia de su graduación, y lo abrazó feliz por haber seguido fielmente las huellas de su padre. Ahora lamenta la muerte de ” un hijo soñador que tuvo un padre enamorado de los cielos “.

  Este evento luctuoso suscita reflexiones dispares en la opinión pública. Dolor de un lado, y, del otro, una afiebrada expectativa en favor de la paz regional, de suerte que víctimas de esta índole no se repitan.

  El padre, Ilán Ramón, fue escogido por la NASA para tripular las naves espaciales. Murió en una de las expediciones. Y su viuda es ahora una madre de un hijo despedazado también en un accidente. Doble tragedia. El Presidente  egipcio Mobarak, cuyo nieto aviador también murió en un accidente, envío sentidas condolencias a la familia.  Hasta cuando?!  Es la pregunta que hoy ensombrece a la sociedad israelí.


   El estilo populista del Presidente venezolano Hugo Chávez – altisonante y a veces grosero – se manifiesta una vez más en su décima visita a España. En Madrid reiteró sus convicciones sobre el imperialismo ( norteamericano)  que estaría destruyendo los cimientos económicos y morales de la región, y, en particular, negó la calidad superior de la influencia española en América Latina. ” No repitamos clichés colonialistas… Andamos en condiciones de igualdad..-”

  Es fácil – y no es peligroso - censurar al chavismo  desde fuera de Venezuela. Comparto no pocas de las censuras dirigidas en su contra, particularmente su discurso demagógico, sus inclinaciones antisemitas, y las bajezas de su lenguaje. Sin embargo, es verosímil que el presidente venezolano habla y hace cosas que otros dirigentes de la región guardan consciente o inconscientemente, por pudor o prudencia. Como sus peregrinajes por Irán, Siria, y Moscú donde produce amplias resonancias al tiempo que adquiere armas sofisticadas que militarizan a  Venezuela. Un poder que no sólo Colombia teme; también Washington debe considerarlo al imaginar cualquier intervención en el país petrolero.

  El ascendiente que está adquiriendo Hugo Chávez en asuntos regionales e internacionales suscita sentimientos encontrados en no pocos líderes latinoamericanos. Tal vez está diciendo y maldiciendo con alta voz lo que otros no se atreven.

  Si esta intuitiva observación tiene bases algo más que precarias- cabe preocuparse. Indica que el discurso populista y la militarización de la sociedad civil podrían retornar a América Latina como respuesta a su supuesta ineptitud para frenar la violencia y el atraso relativo. Un tema que debe figurar alto en la agenda de debates regionales y en el diálogo maduro con Washington .


  El celebrado historiador Jean Meyer escribió un excelente ensayo en el Nexos de septiembre. Lo tituló  “Qué hacer con el pasado? ” haciendo referencia a las celebraciones del bicentenario. Meyer acierta al evocar conceptos del maestro Luis González en torno a las debilidades y descarríos de la ” historia reverencial ” que glorifica e inventa el pasado nacional. La convicción de que ” nuestra patria en el curso de la historia siempre tuvo razón, nunca fue injusta, sino siempre víctima, y, pase lo que pase, siempre tendrá razón ” es un dogma peligroso. Desorienta y enceguece. Veda la autocrítica y el equilibrio colectivo. Y con mayor acento, no nos permite vislumbrar los futuros con razonable serenidad.

  En un libro que yo publiqué hace años ( Los futuros de México ) me aventuré a sondear las magnas tendencias del país, particularmente en sus módulos de industrialización y desarrollo regional. Mi análisis ya envejeció sin angustias. En breve, y en el espíritu de Jean Meyer verá luz un ensayo ( en la revista ISTOR, del CIDE) que esboza los principales escenarios futuros de México a la luz de nuevos datos y tendencias.

  Se indica allí que todo pueblo debe mirar a su historia con prudencia y mesura, pues toda historia es finalmente historiografía, esto es, visiones de imaginación erudita que nos dicen más sobre el historiador que sobre el pasado. El futuro es lo que cuenta. Allí ya estamos y estaremos. De aquí la importancia de encarar preguntas atingentes a la viabilidad del país y de sus determinantes.

  Con este espíritu el texto subraya que la violencia desmesurada e incontrolable, la debilidad moral de las elites políticas y financieras, y el atraso científico-tecnológico constituyen factores que amenazan gravemente a la viabilidad nacional. La globalización reduce necesariamente los límites y la soberanía reales del Estado. Pero podría ocurrir aquí lo que un campesino salvadoreño alguna vez me comentó:” el capitalismo se está marchando, y en este país apenas nos dimos cuenta que había llegado”… Complete el lector esta reflexión.



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