Desde los tiempos bíblicos, lo prohibido atrae y fascina. El ejemplo de la rebelde Eva es una de las evidencias. Otro- más cercano- es la veda del consumo de alcohol en Estados Unidos en los años veinte. Indujo el contrabando, la violencia, las mafias, y la falsificación del líquido embriagante. La cordura retornó a la legislación norteamericana, y desde entonces la prohibición total acepta restricciones. La inseguridad urbana se nutre hoy de otras fuentes.
El ” Centro Europeo para la Supervisión del Consumo de Drogas ” acaba de publicar una investigación que conviene considerar. El país de mayor tolerancia en el mundo – Holanda – presenta los índices más bajos de consumo. El libre acceso a la preferencia personal de cinco gramos de la droga o algún cookie no multiplica necesariamente a los drogadictos. Ciertamente, los holandeses han legislado restricciones, como el cierre de bares avecindados a escuelas. Sin embargo, todo turista sabe que, si así lo desea, puede adquirir frutos de la droga sin castigo.
Este estudio revela también que los países donde la prohibición es estricta el consumo es más alto. Por ejemplo, Italia, España, Checoeslovaquia y Francia presentan porcentajes superiores.
Conviene reflexionar sobre estos hallazgos y conclusiones. Especialmente en países donde la producción de esta droga – no aludo a otras, de reconocido riesgo- es la causa de una violencia estructural que se traduce no sólo en la inseguridad ciudadana, sino en la erosión de la viabilidad política nacional.
Ciertamente, como país claramente consumidor ( México presenta índices bajos en esta investigación ) Estados Unidos debería proceder a una descriminalización escalonada y paulatina, por estados o regiones, observando con atención los resultados. No parece existir otra modalidad para combatir el tráfico – al menos – de la mariguana. Las lecciones de Holanda deben ser aprendidas.
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