La victoria electoral de Biniamín Netaniahu era previsible, a pesar de que el partido Kadima dirigido por Tzipi Livne ganó una bancada más en el Parlamento. Lo que no era ni es imaginable es una coalición de la derecha nacionalista y religiosa que gobernará el país, al menos en los próximos meses hasta que ocurra una severa crisis política o militar.

  Esta coalición implicará el enfriamiento de las relaciones entre Washington, hoy encabezada por un nuevo equipo, y Jerusalén, y el término de las gestiones de paz iniciadas por Arabia Saudita y Egipto. Empujado por el nacionalismo cuasi racista de Liberman, Netaniahu tendrá precarios grados de maniobra. A menos que, inesperadamente, Livne resuelva unirse con él para constituir una coalición algo más lúcida.

   Este giro político pone en peligro a la democracia israelí.  Casi todos los líderes de la derecha han sido enjuiciados por la Policía y la opinión pública. De aquí la demanda de poner un dique a la Suprema Corte de Justicia que a la fecha vigila celosamente las libertades públicas e individuales.

  También debe preocupar que la ofensiva en contra de Gaza no ha tenido los efectos esperados. A pesar de la destrucción causada por los ataques israelíes, el Hamas se sostiene como la fuerza dominante, y no cesa de lanzar cohetes contra las poblaciones del sur del país. Es obvio que Israel ya no puede permitirse otra operación de la envergadura emprendida en diciembre. Ni la opinión interna ni la internacional la tolerarán. Deberá buscar instrumentos políticos y diplomáticos, con la ayuda de Egipto y de la Autoridad Palestina interesadas en poner coto a  la  influencia fundamentalista del Hamas, que en rigor es hoy un brazo armado de Irán.

  En estas circunstancias, es muy probable que Israel deberá realizar nuevamente elecciones en fecha próxima. La presente constelación política es inmanejable. Y si se impone- el costo para la identidad y los derechos de los israelíes será inmenso.


Los procesos de globalización orientados hasta el momento por el liberalismo capitalista ponen en aprietos a la soberanía nacional de los Estados.  Sin embargo, éstos cuentan con maneras de protegerse con medidas tanto comerciales como diplomáticas cuando la evaporación de los límites demográficos se acentúa debido a la primacía de los intercambios financieros y de las fuerzas laborales. No es así cuando las amenazas al Estado- Nación, invento del siglo XVII europeo- emanan de fuerzas internas.

   En el caso de México, la disparidad entre las clases y la alianza de hecho entre políticos y los grandes grupos financieros debilitan de hecho a la soberanía e, incluso, a la viabilidad nacional. Reducen su capacidad de maniobra tanto interna como internacional, pues ésta se encuentra subordinada a las deficiencias notables de la justicia distributiva.  Pero tal peligro se ensancha con la aparición ahora incontenible del narcotráfico.

   Ya es noticia mundial el empeño del actual gobierno de Felipe Calderón en contra de los narcotraficantes. El despliegue de las fuerzas militares contra esta plaga es significativo, gestando en estos días voces y manifestaciones de protesta contra el Ejército. El asesinato de casi cien efectivos de estas fuerzas por parte de las bandas de narcotraficantes acentúa desde luego la convicción y la solidad de la institución militar de que es necesario disgregar a este mal, que ya ocasionó la muerte de casi 6000 ciudadanos en el curso de 2008. Sin embargo cabe pensar en medios complementarios, que no irriten o traben el cotidiano vivir.

   Perfeccionar las acciones de los servicios de inteligencia – con la cooperación o al menos asesoramiento de países que han acumulado experiencia en este renglón- se antoja una medida sensata. Otra es el castigo ejemplar y sin titubeos a los líderes arrestados por las fuerzas policiales y militares. En contraste con los narcotraficantes, un Estado en peligro puede ejercer con  legitimidad todos los recursos que están a su disposición. Se trata de una amenaza terrorista, que usa las drogas y las armas para socavar las bases del Estado.  Si no es detenida, penetrará profundamente en las entrañas más delicadas y decisorias del gobierno, tumbándolo desde dentro. Una suerte de golpe de Estado fraguado y realizado por medios que hasta el momento tienen escasos precedentes.

  


    El resultado de las elecciones realizadas hace unn par de días en Israel no pudo ser más desconcertante. Te´ricamente, Tzipi Livne, líder de Kadima, partido de centro-izquierda en términos relativos, superó en una banca al Likud  jefaturado por Netanyahu, que se inclina por un nacionalismo agresivo. Sin embargo, la derecha religiosa y nacionalista en conjunto superó por seis lugares en el Parlamento al centro-izquierda y a los partidos árabes israelíes.  El presidente Shimon Peres deberá ahora resolver la espinosa cuestión a quién confiar, en primer lugar, la responsabilidad de formar coalición.

   La victoria de  la agrupación fascistoide de Liberman ganó amplio espacio merced a los votos de los inmigrantes de origen ruso ( casi un quinto de los votantes) y al ambiente anti-árabe que prevalece hoy en amplias porciones de la juventud. Liberman formará parte de cualquier coalición. Tiene como meta principal lograr la igualdad de derechos de los israelíes inmigrantes de Europa oriental, que de diferentes maneras se sienten discriminados, especialmente por los partidos religiosos.  Y después. obligar a los ciudadanos de prigen árabe a servir en las fuerzas armadas a igual que los judíos. De lo contrario, les negaría la ciudadanía.

   Indudablemente, una coalición de agrupaciones de la extrema derecha nacionalista encabezada por Netaniahu será inaceptable no sólo para la comunidad internacional sino también para los propios israelíes que en su mayoría se volcaron por el centro izquierda. Más aún: una coalición de esta índole no durará  en el gobierno. Los partidos religiosos no aceptan a Liberman, y éste detesta a estas agrupaciones. Su fascismo es laico.

   Por primera vez, es posible levantar en Israel una coalición tejida por Likud, Kadima y Avodá, todos partidos laicos que podrían finalmente concretar la separación del Estado de la religión, y así fortalecer la democracia israelí. Pero Netanyahu se niega a renunciar al liderazgo, a pesar de que Livne lo superó en número de votos. Así las cosas, Avodá – la socialdemocracia- deberá transitar a la oposición cultivando la esperanza de que cualquier gobierno dirigido por el Likud no se sostendrá demasiado tempo.

   Ciertamente, el  próximo gobierno deberá mostrar sensibilidad al cambio ocurrido en Washington y a la vigorosa voluntad del Presidente Obama de instituir arreglos de paz en el Medio Oriente. Si una derecha afiebrada domina en Israel- se producirá  inevitablemente un enfriamento en las relaciones entre Washington y Jerusalén. Circunstancia insoportable en estos momentos de crisis financiera y de tensiones militares.


   Con puntual criterio, el director de la revista Letras Libres consideró atinado consagrar vraiados ensayos y notas a los motivos de la ofensiva israelí, la índole del Hamas, y los escenarios probables de este conflicto. No es la primera vez que Enrique Krauze se atreve a revelar las variadas aristas de un dilema, ya sea nacional mexicano, ya sea internacional. Indicar los contrapuntos de las ideas y posturas es una vocación de su revista, que con amplia tolerancia expone encontradas posturas.

  En la entrega de febrero cabe leer comentarios opuestos de judíos e israelíes, aparte de observadores atentos en general al quehacer internacional. Faltan voces palestinas o árabes. Circunstancia que se explica por la ausencia de democracia y el miedo a una equilibrada opinión que lamentablemente permean la realidad mpuesta por el Hamas en Gaza e incluso a la Autoridad Palestina. En conjunto, la revista hace justicia y eco a múltiples opiniones que permiten al atento lector mexicano arribar a una postura lúcida.

   También la conferencia-ensayo de Vargas Llosa tiene méritos. Refiere y analiza ” la civlización del espectáculo ” que banaliza valores que tanto las teologías como los humanismos consideraron alguna vez valiosos. Acaso olvidó el escritor peruano señalar los usos del internet, instrumento útil y espléndido que, sin embargo, se presta con frecuencia a servicios y a informaciones de dudoso valor.

   Cabe felicitar a Letras Libres por esta iniiativa. Sin dejar de lado la calidad literaria de los escritos, se atreve a abordar problemas de nuestros tiempos con apego a una tradición que el poeta y ensayista Octavio Paz enhebró en su circunstancia.


    Sergio Aguayo, conocido investigador de El Colegio de México, resolvió publicar en El País de España lo que no pocosperiodistas se atreven en afirmar. Que México como Estado nacional está perdiendo legitimidad debido a su fracaso en contener – no se diga liquidar – el poder de los narcotraficantes. No se trata sólo de los miles de asesinados cada año por reyertas internas entre ellos y por ajuste de cuentas con los que se atreven a perseguirles. Es el ambiente de inseguridad que imponen a las calles del país, inseguridad que se torna insoportable cuando está unida a la catástrofe financiera y económica.

   Indudablemente, la globalización en general y la adhesión de México a los trtados con Estados Unidos y Canadá restringen los grados de libertad de su política económica e, incluso, de su soberanía. Pero los efectos de los narcos son diferentes. No sólo acentúan esta pérdida de los márgenes nacionales sino que generalizan las prácticas de corrupción en  todo el país. Quien no se adapta a ellas, o peor, lucha contra ellas, deberá encarar dilemas acaso fatales.

   El concepto ” Estado fallido “  es relativamente nuevo en las ciencias políticas. Caracteriza una situación de impotencia estructural. El Presidente y sus colaboradores pueden hacer valientes anuncios contra los narcos, pero en la práctica éstos se esterilizan debido a la complicidad de gobernadores, militares y policías. Incluso la indiferencia de la población en las zonas afectadas torna más acusada la ingobernabilidad. 

  Es muy probable que el nuevo Presidente norteamericano no habrá de tolerar este comercio de estupefacientes que daña la salud y el equilibrio de los ciudadanos. Luchará, primero, contra los grupos nacionales en USA que pactan y colaboran con los narcos mexicanos. Y después, acentuará el combate denro de México con o sin la cooperación de elementos nacionales. Circunstancia que aumentará los fallos y falencias del Estado. Le corresponde a la opinión pública reaccionar con superior vigor a esta lacra que de hecho ha efectuado un golpe de Estado sin que la ciudadanía lo perciba con claridad.


   La próxima semana, 12 de febrero, los ciudadanos israelíes irán a las urnas. El entusiasmo es precario. Los principales candidatos, con la excepción de Tzipi Livne, han tenido querellas y complicaciones con las autoridades judiciales. Y el Primer Ministro Olmert deberá ir a la cárcel o pagar elevadas multas por sus reiteradas burlas a las leyes. Las encuestas y el contacto con la opinión pública indican que Biniamín Netanyhau, como representante de la derecha nacionalista, reunirá el mayor número de votos. Y en tal caso los vínculos entre Jerusalén y Washington reconocerán severas tensiones.

  También en América Latina. La decisión del Presidente Hugo Chávez de romper relaciones diplomáticas con Israel tomó por sorpresa a algunos círculos oficiales israelíes, aunque tal acto debió anticiparse conociendo sus belicosas declaraciones tanto en la segunda guerra en El Líbano como en la ofensiva contra el Hamas en Gaza.  Esta ruptura ya tiene expresión en actos francamente antijudíos, como se comprueba en el ataque a la sinagoga Tiferet Israel hace una semana. Cabe suponer que el hostigamiento continuará en la medida en que Chávez habrá de fortalecer su peso político en Venezuela.

  Lo que preocupa a Israel es la difusión al resto de los países latinomamericanos de esta ola antisemita, propiciada no sólo por las acciones de Israel en suelo palestino sino por la severa crisis financiera y economíca que conmueve a estos países.

  Por añadidura, los gobiernos podrían estrechar relaciones con Irán, país que es hoy el principal enemigo de Israel.  Y si este país resuelve desmantelar con un ataque combinado ( aéreo  y submarinos) la plataforma nuclear de Teherán, los vínculos se verán en serios aprietos.  No sólo el mundo musulmán reaccionará contra Israel sino la opinión pública mundial, incluyendo la latinoamericana que de momento no eleva voces estridentes, con la excepción de Venezuela.

   Sin duda.  Netaniahu y Obama deberán desplegar enormes esfuerzos para preservar las correctas relaciones que hasta hoy han prevalecido entre Washington y Jerusalén.


   Lanzar zapatos contra dirigentes de mal nombre y peor prestigio se ha convertido en una institución celebrada. Guardianes y guardaespaladas deberán exigir que periodistas y curiosos se los saquen antes de ingresar al salón donde un político importante será entrevistado en el futuro. Cabe en esta semana un zapatazo contra la reunión en Davos, estación alpina que alguna vez fue refugio de tuberculosos y hoy parece sellar la agonia ( que no la muerte ) del capitalismo y de la sabiduría cuasi divina de los mercados.

   El Estado retorna. No necesariamente el régimen o la concepción fascistas. Más bien, un keynesiasmo ajustado a un mundo global que hoy revela signos preocupantes de desequilibrio. Tres escenarios futuros se antojan hoy probables.

   El primero: el retorno a regímenes proteccionistas que anularán las ventajas del libre comercio y la globalización, tal como hasta hoy han sido practicadas. Cada país se recogerá en si mismo, a fin de ofrecer empleo costoso a sus ciudadanos, y artículos de no menos caros de primera necesidad. Ideales de autarquía que se creían superadas retornarán. Situación que América Latina conoció antes de emprender el difícil- pero beneficioso – camino del estímulo a las exportaciones. Estas no tendrán demanda. Cada país a lo suyo, con sus propias preocupaciones.

  Segundo: protestas y estallidos sociales. Como resultado de despidos en masa, algunos derivados de la crisis, y otros propiciados artificialmente por las empresas que desean alejar recursos innecesarios, la opinión pública pedirá reformas sociales y la creación inducida de empleos. Y no será fácil para países que no están dotados de recursos.

   Finalmente, estas situaciones pueden gestar ” la tentación totalitaria”, es decir, un gobierno fuerte, incluso personal, que con maneras y discursos populistas prometa la recuperación en un tiempo breve. Pero el dictador en el poder se enamorará de su postura salvadora, y, con prescindencia de la crisis financiera, buscará eternizarse en el poder con el visto bueno de las masas, a condición de que panes et circences sean suministrados como dieta cotidiana.

   En Davos se han reunido magnates, jefes de gobierno, economistas, y huéspedes especiales que gozan de salarios jugosos y envidiables en estos tiempos. Festejan la doblez. El discurso no es creíble. Y en estas circunstancias, los escenarios esbozados con su elemento contestatario no son improbables.



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