La cadena televisiva 4 londinense ha resuelto invitar al Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad a transmitir el mensaje tradicional de Navidad a los ingleses. Peregrina- si no irritante – decisión. Pues las declaraciones de esta figura a favor de la destrucción física de Israel y, en general, adversas a la cultura occidental son conocidas y han merecido el repudio de las Naciones Unidas.

   Esta aparición en los medios suscita atención, primero, porque los mensajes fueron dados en el pasado por personajes como Jesse Jackson, Sharon Osborne, y Marge Simpson, celebrados por su tolerancia y por pedidos de reconciliación. No es el caso de Ahmadineyad, que seguramente aprovechará la oportunidad para reiterar sus agresiones verbales. Y segundo, el político iraní apelará a Jesús diciendo que ” si El estuviera en la Tierra hoy pelearía sin duda en contra de políticas tiranas que imperan en la economía global y en los sistemas políticos “… El origen judío de Cristo no es evocado, ni el repudio de algunas corrientes del Islam a la civilización europea.

   La jefa de la sección de noticias del canal 4 explicó que cabe ofrecer la tribuna a opiniones alternativas de la escena internacional, como lección de tolerancia.  Recogerá el Presidente iraní esta lección ?  Cabe la duda.


  Alexandros Grigoropoulos, asesinado por dos policías griegos, fuel el detonante de una crisis política y social previsible. Varios cientos de manifestantes se han movilizado en las calles para protestar no sólo contra el gobierno de Costas Caramanlis;las reformas que pretende implantar lesionan gravemente a los grupos populares, en particular a los que se aprestan a jubilarse. Los ahorros de toda una vida se están evaporando. Y lo que ocurre en estos días en Grecia es sólo un anticipo de un malestar que se extenderá en la aldea global como resultado de una crisis financiera y real que zarandea a amplias porciones del mundo.

 

  Hoy es Grecia. Los disturbios se extienden en las plazas y calles centrales de Atenas y en las principales ciudades. Estudiantes asaltan los consulados griegos en Berlín y Paris. El asesinato de un joven de 15 años por parte de la Policía es el detonante más que la causa de estas violentas manifestaciones, que han puesto fuego a tiendas e instituciones bancarias. Se trata de una expresión previsible de descontento, consecuencia de las reformas antisociales que el gobierno de Costas Caramanlis pretende imponer. Nuevas elecciones se vislumbran en el horizonte cercano. Este país, como el resto de la aldea global, padece las consecuencias de un descalabro financiero que ya gesta repercusiones reales: desempleo, falta de liquidez, préstamos caros, y contracción severa del producto y de la producción.

   El ex presidente Georgios Papandreu aprovechó el trágico suceso para reiterar que “el gobierno es incapaz de proteger a los ciudadanos “, y de inmediato instruyó al grupo socialista prepararse para una nueva puja electoral. También el KKE, partido cercano a los comunistas, se ha plegado a esta demanda. Y las universidades han cerrado sus portales para adherirse a una protesta generalizada.

  Estas expresiones de violencia en Atenas – ya se extienden a varias capitales europeas – son un resultado de la ineptitud del gobierno para suavizar los actuales trastornos en los mercados de trabajo y el vaciamiento relativo de las cajas de pensiones. Grecia no está sola en este renglón. Como país inscrito en la Unión Europea padece las repercusiones de un descenso vertiginoso de las oportunidades laborales. Situación que debe servir como advertencia a variados países y regímenes que no atinan a concebir y poner en práctica medidas compensatorias del ciclo económico descendente que afecta al mundo globalizado. Las policías no pueden ofrecer soluciones. Ni la violencia institucional o popular.


Alexandros Grigoropoulos, asesinado por dos policías griegos, fuel el detonante de una crisis política y social previsible. Varios cientos de manifestantes se han movilizado en las calles para protestar no sólo contra el gobierno de Costas Caramanlis;las reformas que pretende implantar lesionan gravemente a los grupos populares, en particular a los que se aprestan a jubilarse. Los ahorros de toda una vida se están evaporando. Y lo que ocurre en estos días en Grecia es sólo un anticipo de un malestar que se extenderá en la aldea global como resultado de una crisis financiera y real que zarandea a amplias porciones del mundo.

 

  Hoy es Grecia. Los disturbios se extienden en las plazas y calles centrales de Atenas y en las principales ciudades. Estudiantes asaltan los consulados griegos en Berlín y Paris. El asesinato de un joven de 15 años por parte de la Policía es el detonante más que la causa de estas violentas manifestaciones, que han puesto fuego a tiendas e instituciones bancarias. Se trata de una expresión previsible de descontento, consecuencia de las reformas antisociales que el gobierno de Costas Caramanlis pretende imponer. Nuevas elecciones se vislumbran en el horizonte cercano. Este país, como el resto de la aldea global, padece las consecuencias de un descalabro financiero que ya gesta repercusiones reales: desempleo, falta de liquidez, préstamos caros, y contracción severa del producto y de la producción.

   El ex presidente Georgios Papandreu aprovechó el trágico suceso para reiterar que “el gobierno es incapaz de proteger a los ciudadanos “, y de inmediato instruyó al grupo socialista prepararse para una nueva puja electoral. También el KKE, partido cercano a los comunistas, se ha plegado a esta demanda. Y las universidades han cerrado sus portales para adherirse a una protesta generalizada.

  Estas expresiones de violencia en Atenas – ya se extienden a varias capitales europeas – son un resultado de la ineptitud del gobierno para suavizar los actuales trastornos en los mercados de trabajo y el vaciamiento relativo de las cajas de pensiones. Grecia no está sola en este renglón. Como país inscrito en la Unión Europea padece las repercusiones de un descenso vertiginoso de las oportunidades laborales. Situación que debe servir como advertencia a variados países y regímenes que no atinan a concebir y poner en práctica medidas compensatorias del ciclo económico descendente que afecta al mundo globalizado. Las policías no pueden ofrecer soluciones. Ni la violencia institucional o popular.


Cabe anticipar que cuando Barak Obama ingrese a la Casa Blanca descubrirá que los problemas nacionales y externos son más complicados de lo que imagina. Tendrá que ajustarse a realidades que él no ha gestado pero que, desde ese momento, estarán bajo su control y responsabilidad. Y es probable que rusos o venezolanos, europeos o israelíes, crearán un difícil escenario a fin de calibrar sus nervios. Uno de ellos es el Medio Oriente, donde Bush deja una escabrosa herencia. Un elemento de ella es el peligro de una guerra civil en Irak. Y mucho más.

   Irak es un hueso duro. Los sunnitas y los chiitas odian por igual a los norteamericanos: y el hostigamiento entre ellos no es menor. Hasta hoy, USA ha derramado billones de dólares en este país con el objeto declarado – e imposible- de implantar la democracia. Más de mil soldados han muerto, y las acciones terroristas se multiplican. Un retiro gradual de tropas parece lo más recomendable desde el punto de vista de Washington y del presidente electo. Pero entonces se tornará probable el ascenso de dos nuevas entidades nacionales en lugar de Irak- inventada por los británicos- y una de ellas será satélite de Irán shiita. Si Teherán llega sin dificultades al poder nuclear, el conflicto tomará dimensiones incontrolables.

  Otro problema es Afganistán,  donde los efectivos multinacionales de la OTAN pierden armas y soldados diariamente, en un conflicto que parece interminable. La desintegración de este país en entidades políticas fragmentadas es el escenario más factible si USA se retira. Y si no lo hace, deberá continuar invirtiendo personal y dinero con la consiguiente deslegitimación de las promesas de Obama.

   Y en fin, el conflicto árabe-israelí se vislumbra más grave con la victoria casi segura de la derecha nacionalista en las próximas elecciones de febrero, que tendrán lugar en Israel. Ninguna de las partes se inclina a ceder influencia y territorios. Elecciones libres en la Franja occidental darán el triunfo al Hammás, factor que multiplicará las tensiones regionales. Y si Irán logra capacidad nuclear, desequilibrios de terror se producirán en esta parte del mundo.

  Con tino, Barak Obama ha designado un gabinete multipartidario y multigeneracional. Pero no es suficiente. Deberá actuar simultáneamente en varios frentes, y cualquier error de su parte apresurará el declive de USA como potencia hegemónica en el concierto nacional. No cabe envidiarlo.  


Es altamente probable que el Partido Likud jefaturado por Benjamin Netaniahu ganará en las próximas elecciones que se celebrarán en Israel en febrero. Conforme a encuestas preliminares, podría obtener 33 bancas en el Parlamento ( Knesset), que le permitirían constituir una coalición mayoritaria con el soporte de las agrupaciones de la derecha y de los religiosos. Sin embargo, la votación preliminar dentro del Likud le dio franca mayoría a los elementos cuasi-fascistas que objetan cualquier diálogo con los palestinos. Desplazarán al cabo al propio Netaniahu si no se pliega a sus líneas.

 

   Las elecciones preliminares que se realizaron ayer en el Partido Likud otorgaron el triunfo a los candidatos que se identifican con la franca derecha nacionalista. No era la aspiración de su líder Benjamín Netaniahu. Por contrario, éste desea presentar una opción de centro-derecha para oponerse al Partido Kadima encabezado por Tzipi Livne. Sin embargo, alrededor de veinte figuras de las 33 que ocupan puestos reales se identifican con una postura adversa a cualquier diálogo con los palestinos, y están dispuestos a apartarse de la opinión pública internacional, particularmente de Estados Unidos y de Europa occidental.

  Como es probable que el Likud obtendrá mayoría en el juego electoral israelí de febrero próximo, este resultado implica que este Partido no podrá perfilarse con caracteres moderados como es el deseo de Netaniahu sino con actitudes francamente fascistas y fundamentalista. Propician, por ejemplo, que Israel abandone las Naciones Unidas, que el calendario escolar y de festividades se  apegue estrictamente a los mandatos religiosos, y que Israel ocupe nuevamente las colonias que se localizaban en torno a la Franja de Gaza. En estas circunstancias, el electorado israelí podría inclinarse por líneas moderadas abanderadas por el Partido Kadima. Una derrota personal para Netaniahu.

   El extremismo fascistoide esta representado en el Likud por Moshé Feiglin, un personaje religioso y carismático, que impugna la política relativamente moderada de Netaniahu. La mayoría de los candidatos adhiere a su causa. Un hecho que implica que, si el Likud compone el próximo gobierno, el conflicto con el Presidente Barak Obama y con la Unión Europea será  inevitable. Y una nueva guerra en el Medio Oriente se perfilará con alta intensidad.


Alexandros Grigoropoulos, asesinado por dos policías griegos, fuel el detonante de una crisis política y social previsible. Varios cientos de manifestantes se han movilizado en las calles para protestar no sólo contra el gobierno de Costas Caramanlis;las reformas que pretende implantar lesionan gravemente a los grupos populares, en particular a los que se aprestan a jubilarse. Los ahorros de toda una vida se están evaporando. Y lo que ocurre en estos días en Grecia es sólo un anticipo de un malestar que se extenderá en la aldea global como resultado de una crisis financiera y real que zarandea a amplias porciones del mundo.

  Hoy es Grecia. Los disturbios se extienden en las plazas y calles centrales de Atenas y en las principales ciudades. Estudiantes asaltan los consulados griegos en Berlín y Paris. El asesinato de un joven de 15 años por parte de la Policía es el detonante más que la causa de estas violentas manifestaciones, que han puesto fuego a tiendas e instituciones bancarias. Se trata de una expresión previsible de descontento, consecuencia de las reformas antisociales que el gobierno de Costas Caramanlis pretende imponer. Nuevas elecciones se vislumbran en el horizonte cercano. Este país, como el resto de la aldea global, padece las consecuencias de un descalabro financiero que ya gesta repercusiones reales: desempleo, falta de liquidez, préstamos caros, y contracción severa del producto y de la producción.

   El ex presidente Georgios Papandreu aprovechó el trágico suceso para reiterar que “el gobierno es incapaz de proteger a los ciudadanos “, y de inmediato instruyó al grupo socialista prepararse para una nueva puja electoral. También el KKE, partido cercano a los comunistas, se ha plegado a esta demanda. Y las universidades han cerrado sus portales para adherirse a una protesta generalizada.

  Estas expresiones de violencia en Atenas – ya se extienden a varias capitales europeas – son un resultado de la ineptitud del gobierno para suavizar los actuales trastornos en los mercados de trabajo y el vaciamiento relativo de las cajas de pensiones. Grecia no está sola en este renglón. Como país inscrito en la Unión Europea padece las repercusiones de un descenso vertiginoso de las oportunidades laborales. Situación que debe servir como advertencia a variados países y regímenes que no atinan a concebir y poner en práctica medidas compensatorias del ciclo económico descendente que afecta al mundo globalizado. Las policías no pueden ofrecer soluciones. Ni la violencia institucional o popular.



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