Después de tres semanas de laboriosas negociaciones, la líder del partido dominante Kadima no logró concetar una coalición con un horizonte razonable de acción. Debió rendirse a las demandas desmesuradas del grupo religioso Shas, que solicitó mil millones de dólares de subsidio a las familias con más de tres hijos y la exigencia de que ” Jerusalén ” no es negociable. El resultado: un brioso juego electoral que probablemente concederá el triunfo a la derecha nacionalista, jefaturada por Bibi Netaniahu. Un hecho que demandará, de un lado, un gasto de más de 500 millones de dólares en circunstancias financieras problemáticas, y, de otro, la postergación de cualquier medida contra el arsenal atómico de Irán.

   Desde los casi olvidados tiempos de Golda Meir, la única mujer que fue Primer Ministro de Israel en los setenta, no surgió en Israel otra  mujer políticamente importante. Hasta Tzipi Livne, conocida también aquí como “Miss Clean ” por su conducta impecable en contraste con personajes como Olmert, Barak o Netaniahu que han protagonizado complicaciones con la justicia israelí por corrupción y otros desvíos. El Presidente Shimon Peres le encargó formar un nuevo gobierno, en un país ya celebrado por su inestabilidad relativa-  33 coaliciones en 60 años de existencia. Livne no pudo aceptar las condiciones reclamadas por el grupo religioso Shash, que hoy fortalece a la derecha nacionalista que objeta cualquier entendimiento con los palestinos que implique algún retiro de los territorios conquistados en 1967. Como sus partidarios están compuestos por familias que multiplican el número de hijos por mandato religioso, Shas ha exigido mil millones de dólares a favor de ellas. Al rechazar esta condición, Livne prefiere marchar a las urnas.

   La lucha electoral será en febrero, o tal vez antes. Pésima salida pues implica no sólo una etapa de incertidumbre cuando los mercados financieros se tambalean y ya influyen perversamente en Israel. También conlleva la postergación de cualquier medida- desde la militar a la diplomática – dirigida a neutralizar la capacidad atómica de Irán, que no disimula sus intenciones de destruir a este país.

  Por añadidura, es probable que Beniamín Netaniahu, con el soporte y en coalición con la derecha nacionalista, ganará esta puja en las urnas. Y en tal caso se evaporará cualquier perspectiva de un entendimiento con los palestinos y con los sirios. Por el contrario, los grupos religiosos seguirán colonizando tierras que no les pertenecen en la Franja occidental, y aumentarán la resistencia violenta a las fuerzas militares y policiales que pretenden moderarlos. Esta constelación renovará el peligro de una guerra que podría desenvolverse con equipos y armas no convencionales.

   A pesar de que la crisis financiera atrae principalmente nuestra atención, no cabe descuidar otras circunstancias que gravitarán en el concierto regional e internacional después que los actuales desbarajustes obtengan nuevos niveles de equilibrio.


Los presidenciables norteamericanos pelean el penúltimo round antes del decisivo 4 de noviembre. El ascenso de Barack Obama parece seguro. Los más importantes periódicos norteamericanos lo sustentan. Para acendrar las posibilidades de triunfo, arremete ahora en los Estados del oeste ( Nevada, Nuevo México, Colorado) que de momento no se entusiasman con la idea de un Presidente que proviene de una de las minorías humilladas y segregadas en Estados Unidos. En contraste, McCain parece reconocer que su elección de Sarah Palin fue desafortunada. Y que sus orígenes en la alta burguesía, su pasado como prisionero de fuerzas enemigas, y su carácter blanco-protestante ya no son importantes. Sin embargo, Obama debe tomar múltiples precauciones: el odio contra los negros permea a violentos círculos norteamericanos, y de allí puede salir un asesino. Hay antecedentes, que los guardianes del futuro Presidente no deben olvidar

Después de algunos días en Hawai visitando a su legendaria abuela aquejada por la vejez y la enfermedad, Barak Obama retorna al ruedo. Los medios informativos más importantes de USA le han brindado apoyo; también la juventud y los mejores actores de Hollywood. Y los vaivenes financieros le favorecen, pues son considerados resultado de las pésimas gestiones de Bush y de sus aventuras desafortunadas- que cuestan billones de dólares – en Irak y en Afganistán. Sin duda, la elección de un mandatario que origina en una minoría secularmente castigada y segregada en Estados Unidos representará una mudanza estructural en la pirámide del poder en Washington. Y si Obama logra plena mayoría en el Congreso, no habrá lugar a las artimañas del filibusterismo que demora la sanción de leyes y normas en momentos que no toleran dilaciones.

   En tal caso, habrá un golpe de timón no sólo en el estilo de gobernar en USA sino en la propia crisis financiera que hoy produce la histeria en los mercados. Tendrá esta victoria un efecto psicológico positivo. Su duración no obstante dependerá de las medidas que la nueva administración adoptará en los hechos.

   Sin embargo, el sector blanco-protestante no aceptará pacientemente su derrota.  Las declaraciones de algunos racistas, especialmente en el sur norteamericano, son violentas. Podrían traducirse en variados intentos de asesinar al flamante Presidente. Como en el caso de Kennedy y del Luther King, los instrumentos y la capacidad de este sector no son desdeñables. Poseen suficiente dinero y recursos como para inventar una ” conspiración” y limpiarse las manos. La guardia presidencial deberá considerar esta posibilidad en todo momento.

   Si estas tenencias favorables a Obama no cambian, el 4 de noviembre será fecha memorable en el país hegemónico. Las elecciones atizarán el entusiasmo y la confianza no sólo en USA sino en múltiples partes del mundo. El respeto al Otro y el reconocimiento de sus atributos indiscutibles habrán logrado así una expresión tangible.  


Tal vez los altibajos inesperados de un helicóptero, sorprendido por lluvias, vientos o descuidos humanos, constituyen la óptima caracterización de una caprichosa economía como la argentina. Después de la crisis y del “corralito ” del 2001 que empobrecieron a los sectores medios y apuraron la emigración a diversos sitios del planeta ( México, Israel, España, Miami entre otros) despuntó una etapa de recuperación que parecía – esta vez – una larga onda de prosperidad. No fue así. Signos de descalabro se anticiparon a los presentes nubarrones en todos los mercados. Y ahora se configuran alarmas de franco derrumbe con la jubilación de las cajas privadas de los jubilados.

Uno de los temas que hoy aparecen en la mesa de debates es el fin o la agonía del mercado libre, guiado por la suprema mano invisible. Se habrá derrumbado irreversiblemente la sabiduría divina de este mercado, o se trata de un paréntesis transitorio ? Interrogante que un prestigioso semanario como The Economist se ha planteado esta semana. A mi juicio, este debate es legítimo en países que han conocido a plenitud las bondades y los yerros del sistema capitalista. No es el caso de países en desarrollo, donde el Estado – y los políticos – se creen imantados por la divina providencia. Los otros se equivocan: ellos, no. Y entre este conjunto de países que acaso no han conocido ni las virtudes ni los horrores del capitalismo, aparece Argentina. Aquí todo se politiza: desde los precios hasta el discurso escolar.

  Es lamentable. Pues se trata de un país con enorme potencial, que ha obsequiado a la literatura mundial  con un Borges  y un Cortázar, y que produce materias primas que, bien cultivadas, le rinden importantes ingresos. Es el país del tango y de Piazolla, que prospera – según un decir popular – sólo de noche, pues en ese periodo los políticos duermen .

   La decisión sorpresiva de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner de suprimir el sistema privado de pensiones se configura, a primera vista, como sensata. Se trataría de defender a los jubilados privados salvándolos de  los peligrosos vaivenes del mercado. Pero suscitó un temor justificado: los fondos nacionalizados podrían ser usados – como en la etapa del primer Perón- para el pago de la deuda pública y de los gastos corrientes del Estado.

   Las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensiones ( AFJP) temen que los cinco millones de argentinos que hoy cobran jubilaciones relativamente razonables verán disminuidos sensiblemente sus ingresos. Todos los recursos pasan al Estado, y sólo una minoría podrá escoger una jubilación privada conforme a la ley establecida por Carlos Menem en 1994.

  Este hecho es peligroso. Podría ser imitado por países vecinos a Argentina. Si y cuando la población tiene plena confianza en el Estado y en sus actores principales, el temor y la desconfianza carecen de sustento. Lamentablemente, en varios de ellos no es así. Están familiarizados con el enriquecimiento ilícito de los políticos, sin que el sistema judicial los castigue. Antes al contrario: desvía la mirada.

   En este periodo de histeria colectiva es muy importante preservar la calma. Tal vez perderán en el corto plazo, pero los que se precipiten perderán más. El repunte del dólar prueba no sólo la hegemonía – de momento – de los Estados Unidos. Evidencia que cuando las economías postindustriales encaran crisis atinan a converger en acuerdos que reparan parcialmente los daños cíclicos. Lamentable que el helicóptero argentino haya perdido vuelo y serenidad.   


Dos premisas son hoy discutibles: la superioridad decisiva de Wall Street en el manejo ( psicológico y real ) de la economía mundial, por una parte, y, por otra, la divina sabiduría de la “mano invisible ” de Adam Smith. Desde la semana pasada, como resultado de estrepitosas turbulencias, el sistema capitalista ha mudado faz. Ni intervenciones estatales, ni la nacionalización de bancos y activos, si el tejido de redes de seguridad a los depósitos son hoy vocablos políticamente abominables. La semántica que alguna vez se extendió en países insertos en el fenecido Tercer Mundo ha resucitado en los centros postindustriales. La historia también ofrece ironías. No sólo la literatura.

   Las corrientes marxistas y neomarxistas que pusieron de relieve el carácter cíclico de los mercados capitalistas y su fragilidad inmanente tienen hoy una expresión paradójica e  inesperada. No en sistemas socialistas y comunistas que han pasado a la historia como intentos frustrados, sino en países hegemónicos, que ya ingresaron en las etapas postindustriales y de alta tecnología. Según aquellas corrientes, para amainar y amansar crisis estructurales se precisa la intervención determinante de los gobiernos.  No cabe asumir que Dios, desde la revolución industrial inglesa, se encarnó en el Mercado, y Lo guía con infalible sabiduría.  

   Las intervenciones masivas de Estados Unidos y de la Unión Europea ya tienen  expresiones positivas. Las cifras verdes retornan, al menos en algunas entidades y acciones. La histeria se reduce, y las sonrisas reaparecen.  Por cuanto tiempo ?  Es difícil pronosticar. Pero la tendencia parece ahora favorable.

   Desde luego, la solución se sustenta en los pagadores de impuestos, que somos casi todos, y en la caída real del precio de materias primas, petróleo entre ellas. Y es probable que las turbulencias parirán efectos reales en los mercados de empleo, en el consumo que se tornará más cuidadoso y frugal, y en restricciones crediticias. Sin embargo, estos percances podrían atenuarse en el largo plazo… si vivmos suficiente para gozarlo.

   En cualquier caso, la intervención estatal ya no es un pecado capital.  Postulado socialista que tiene hoy na expresión inesperada.


La extrema derecha austríaca perdió a su líder carismático que logró en las últimas elecciones (28 de septiembre) un tercio de los votos. Falleció conduciendo su automóvil a alta velocidad y después de que su vehículo diera varias volteretas. Metáfora de su propia vida. Como jefe del Partido de la Libertad que fundara en 1986 logró entonces el 5 porciento de los votos. Pero 10 años más tarde los elevó a un tercio del total, convirtiéndose en una temible fuerza política. Su defensa constante de la política hitleriana ( su padre activó en la SS ), sus posturas ambivalentes respecto al Holocausto, y su rechazo a cualquier inmigración latina o africana a Austria suscitaron sentimientos encontrados en Europa. El liderazgo pasa ahora a Heinz Christian Strache.

 

   El accidente automovilístico que causó la muerte Jorg Haider sacude a Austria, Se trata de una figura política carismática, de aspecto eternamente juvenil, que logró en un par de décadas constituirse en una fuerza dominante no sólo en su país sino en Europa. En las recientes elecciones de septiembre, el Partido Liberal logró un tercio de los votos, amenazando severamente a la coalición gubernamental dominada por los social-demócratas. No es hipérbole sugerir que Haider reflejó el inconsciente colectivo de no pocos europeos, que ven con preocupación la masiva inmigración de africanos y latinos a Austria. Sin embargo, no se atreven a expresar abiertamente sus opiniones, como Haider lo hiciera.

   Se trata de un personaje que jamás ocultó sus simpatías por las políticas del Tercer Reich y su admiración personal a Hitler. En su opinión, “derecha”  e ” izquierda ” como criterios que definen ideologías han envejecido. No tienen relevancia. Su partido Liberal es ” moderno”, y en cuanto tal debe proteger ante todo el carácter nacional de Austria, De aquí su idea de repatriar extranjeros, pues estarían “envenenando ” los hábitos y rasgos de su país. Y de aquí su resistencia al Mercado Común Europeo que implica el derrumbe relativo de las fronteras nacionales.

   A igual que Le Pen en Francia, Haider reveló un odio implacable al Islam y a los migrantes que levantan mezquitas en lugares céntricos de Viena. Sin embargo, el Partido Social-demócrata atinó rechazar sus críticas manteniendo las puertas relativamente abiertas del país.

   Heinz Cristian Strache, ex dentista de 39 años, continuará ahora estas directrices con el apoyo de un tercio del electorado austríaco. Aunque afirma que es “una alternativa responsable ” a los socialistas, Strache fortalecerá tendencias xenófobas no sólo en su país sino en Europa occidental. Circunstancia que conviene considerar más allá de las bruscas oscilaciones financieras que con toda razón preocupan. Contra ellas ya se conciben redes de seguridad; en contraste con la expansiva xenofobia que no atrae todavía la pública atención.


Las oscilaciones que padecen no sólo la bolsa norteamericana sino los valores de la aldea global muestran los signos típicos de una depresión acompañada por una afiebrada manía. Todo parece haber comenzado después del oscuro 11 de septiembre cuando autoridades bancarias en Washington resolvieron reducir los intereses l porciento anual. Les impulsaba el propósito de reavivar la economía como compensación al bajón del espíritu colectivo. Y todos empezaron a solicitar préstamos sobre préstamos con base en terrenos y casas de precios artificialmente elevados. Incluso adquirieron papeles financieros. Hasta que las burbujas perversamente infladas estallaron. El resultado en estos días: altas y bajas inéditas e inauditas.

 

     Un día nos sorprende el rojo malvado de los números que enerva hasta los cabellos, y el otro aparece un verde profundo que nos colma de esperanzas. Depresión y manía. Hasta que en algún momento llegue- si llega- el equilibrio. Una brusca oscilación que trastorna la  lógica habitual que nos dominaba. En tiempos idos – hoy añorados- hubo  quienes se apresuraron a adquirir una acción que estaba a la baja; soñaban con ganar al mudar el mercado. Hoy no es así. Toda adquisición parece aventurada. La depresión gravita en el ánimo. Pero el impulso maniático resurgirá con la esperada decisión del Congreso norteamericano. Y como toda manía, no será un paso recomendable. Ni conviene vender con enormes pérdidas ni adquirir con voluminoso riesgo. Conviene esperar. La parsimonia tiene sus ventajas.

   Bush y los dos candidatos presidenciales se han apresurado a apoyar medidas que ponen en tela de juicio la pureza de la ideología capitalista y la sabiduría divina del mercado. Y es probable que pronto serán aprobadas. Pero no cabe incurrir entonces en conductas maniacas. La prudencia es aconsejable.

   De todos modos nos esperan momentos difíciles, especialmente para aquellos aquejados por problemas de liquidez. Los bancos no se apresurarán a prestar, y cada solicitud en este sentido deberá trasponer severas miradas. También el consumo privado declinará, y las sombras del desempleo empezarán a perfilarse. Un reto para los sistemas políticos que oscilan entre la democracia formal y el fervoroso populismo. De aquí el papel decisivo de los medios de comunicación. Si éstos son honestos y valientes, la opinión pública ganará; si se domestican, las injusticias distributivas aumentarán el tamaño. Una razón más para leer estas páginas expansivas.



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