En algunos países del mundo, el personal académico y los investigadores deben jubilarse forzosamente a una edad determinada ( entre 65 y 70 años). con frecuencia, esta decisión institucional afecta a jueces y a funcionarios en altas posiciones. Sin embargo, otros países han cancelado ( como Estados Unidos, Inglaterra y Australia) la edad obligatoria de jubilación, y el personal académico continúa con sus funciones hasta la edad que considere adecuada.
En el caso mexicano se permite una opción: el académico puede jubilarse entre los 65 y 70 años de edad, gozando de pensión y de servicios médicos. En algunos casos, se les concede a los jubilados cubículos donde pueden, conforme a su voluntad y salud, continuar con sus investigaciones. Así, los jubilados no se considerados ” ultimados” por el sistema.
Cuáles son las ventajas e inconvenientes de estas modalidades jubilatorias? Un tema que apenas es tratado en países latinoamericanos, y acaso explica el envejecimiento nocivo de algunas instituciones universitarias.
Emepecemos por las ventajas. El perfeccionamiento de los servicios de salud y de la calidad de vida, permite a académicos que han superado los setentas continuar con éxito sus labores. Poseen, además, una experiencia que no siempre es transferible. Por añadidura, este personal continuará aportando a la caja de pensiones, circunstancia que habrá de favorecer a los fondos públicos y a la propia persona cuando resuelva retirarse del mercado laboral.
Sin embargo, hay que considerar los graves riesgos inherentes a esta modalidad. Primero, los académicos que se apegan ( o se pegan ) a sus puestos, pueden ser altamente improductivos; su capacidad efectiva para investigar o enseñar se contrae con el tiempo, y la institución no tiene recursos legales para liberarse de este personal. Ella envejece junto con sus investigadores veteranos. Y segundo, la posición que ocupan y los sueldos que perciben vedan el ingreso de investigadores jóvenes, aramados con nuevas ideas e ímpetu. La jubilación obligatorio de un elemento veterano permitiría emplear por los menos a dos o más investigadores que acaban de concluir sus estudios. Y de esta manera gestar nuevos eslabonamientos creativos en la institución.
Este tema debe ser considerado desde sus múltiples aristas. La expectativa y la calidad de la vida tienden a mejorar en todos los países, lo que torna injustificable o injusta la jubilación forzada. Pero, desde otro ángulo, hay necesidad constante de nuevas ideas que sólo jóvenes generaciones pueden aportar. Tal vez la solución estriba en forzar la jubilación pero recontratando al personal académico de valor con un presupuesto que no vede el ingreso de nuevos recursos.
Tema para reflexionar.
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