La subida veloz de los precios del petróleo- y por tanto, de la gasolina- constituirá un argumento de superior peso en los electores norteamericanos que las metafísicas y escabrosas argumentaciones de los Republicanos, que se apegan al Tea Party. Los precios derl barril han subido en Europa en un 30 porciento en los últimos seis meses, y considerando la continua tensión con Teherán esta tendencia podría ampliarse.
A 93 euros el precio del barril, se asoma un verosímil peligro de una estanflación, es decir, caída del ritmo de crecimiento agregado de las economías y el ascenso de la inflación. En estas circunstancias, sólo un Keynes resucitado podría proponer modalidades efectivas para neutralizar este peligro.
En estas circunstancias, no es accidente que el Presidente Obama ha anunciado que recurrirá a las reservas estratégicas de USA si la tendencia persiste. Por añadidura, Arabia Saudita insiste que pondrá a disposición del mercado mundial toda su producción, si Israel y acaso Washington resuelven agredir a Irán, algo que conviene al gobierno wahabita de Riad.
Contra los argumentos peregrinos del Tea Party Obama puede contestar. Pero es más difícil aplacar el enjo de los dueños de los automóviles.
Por otra parte, debe considerarse que la experiencia de las últimas décadas indica que el alza de os precios de la gasolina ha estimulado innovaciones que la sustituyen en alguna medida, o fomentan ya sea el uso de automóviles pequeños, ya sea otros medios de comunicación.
Qué harán México y Venezuela como países petroleros en este contexto? El lector juzgará.

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