El cotejo de las tragedias ocurridas en Japón y en Haití muestran que la capacidad
de recuperación nacional depende no sólo de la magnitud y de los costos del desas-
tre; es determinante el temple y la capacidad económica de la sociedad que padece
el trastorno. El 1 de setiembre de 1923- fecha que los japoneses recuerdan periódi-
camente- un temblo de 8 grados en la escala de Richter sacudió a Tokio. Como se
se verificó al mediodía, a la hora del almuerzo, el fuego estalló en las cocinas y se
difundió a toda la ciudad. Más de 150 mil ciudadanos muerieron. Por añadidura,
el infortunió difundió la falsa noticia de que los coreanos habitantes de la ciudad
aprovecharán la oportunidad para apoderarse del país. Miles de ellos fueron
asesinados por esta vacía hipótesis. En pocos años, Japón superó el descalabro
mediante una rápida modernización y enormes inversiones, que le permitieron
atacar con éxito a China en 1937.
Ciertamente, pocos años después – 1945- Tokio fue víctima del constante
bombardeo de aviones norteamericanos. Más de 100 mil japoneses perecieron.
Pero sólo las tragedias en Hiroshima y en Nagasaki los obligaron a rendirse. Sin
embargo, ya en los sesenta el país se recupera, crece a un 10 porciento anual y se
convierte en la segunda potencia económica del mundo. Datos que permiten
sostener que esta nación, celebrada por su tesón y paciencia, también superará
la tragedia que le afecta en estos días.
No es el caso de Haití. Un temblor de menores proporciones ocasionó la muerte de
más de 300 mil personas, el caos político y económico persiste, y la abundante
ayuda internacional no alcanza a satisfacer las necesidades. Casi un millón de
haitianas viven aún en tiendas de campaña, y la criminalidad crece. Su retroceso
estructural se antoja irremediable.
El cotejo muestra que sociedades industrializadas y solidarias tienen superior
posibilidad de superar trastornos de la naturaleza. Evidentemente, no le ayuda hoy
a Japón contar con una población envejecida; tendrá que permitir el ingreso de
jóvenes asiáticos que aspiran a emigrar a este país que ofrece altos salarios. Es
probable que esta medida se tomará, y que los japoneses seguirán mostrando los
más altos índices de seguridad contra desastres y una admirable capacidad de
recuperación.