Ni las medidas conciliatorias de Omar Soleimán, actual vice-presidente de Egipto por voluntad y elección de Mubarak, ni los nuevos y cambiantes llamados de Washington que urgen ” estabilizar el régimen para después cambiarlo”  surten efectos significativos. Las masas egipcias han tomado el zócalo o la ” plaza de la liberación ” sin voluntad de abandonarlo. La presencia es continua a pesar de la renovación de algunas actividades económicas, que ya padecen la ausencia de turistas ( 10 porciento  de los ingresos de este país). La mudanza de régimen parece irrefrenable.

  Todos los países del Medio Oriente- desde Israel a Yemén – no ocultan la preocupación. Tampoco el Presidente Obama, para quien Mubarak fue el gran aliado de USA durante 30 años, y ahora lo abandona. Jordania ya ha anunciado cambios para tranquilizar a la población ( 60 porciento de ella es de origen palestino); los israelíes están concertando protestas por el alza de la gasolina, del agua y de las viviendas: y en Yemén ya se perfilan mutaciones. La paciencia popular se está agotando. Sin embargo, los poderes malamente constituidos se valen de la inercia: los cambios reclaman paciencia y empecinamiento. Los días próximos veremos si estas prendas persisten y toman impulso en el zócalo de El  Cairo.



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