Una nueva profesión está naciendo: el “coacher”, parte guía mental, parte aprendiz de terapeuta, y en parte un amigo transitorio que no elude observaciones críticas. Dejando de lado a los “coachers” ineptos y comercializados, cabe subrayar las virtudes de este ejercicio que, si se disciplina y enriquece, puede beneficiar a una vasta muchedumbre que busca orientación y lugar en diferentes mercados.
Primero, todos experimentamos con frecuencia las espinas de algún desconcierto o de una fallida aspiración en los papeles que la sociedad y el mercado nos obligan a desempeñar. Y en estas constelaciones precisamos una inteligente orientación que el coacher nos puede suministrar. Este nos escucha, muestra resonancias a lo que le planteamos, y sin escarceos psicoanáliticos alambicados, nos propone un plan de acción, con metas, plazos, y formas de autosupervisión. No es un amigo que nos escucha y que, con frecuencia, para no acentuar nuestras inquietudes, calla y se reserva opiniones críticas. Es un profesional a quien pagamos por sus servicios en el curso de diez o más encuentros. Y si éstos nos fecundos y certeros, descubrimos mejores formas de hacer o conseguir lo que nos proponemos.
Y tiene otras virtudes que no hay aquí espacio para ampliar. Pero también debilidades. Hasta dónde y hasta cuándo este tipo de profesional puede ayudarnos cuando se sustenta en el material impresionístico que le suministramos? Qué duraderos pueden ser los resultados de las orientaciones si carecemos de un alter ego constante y fiable en el programado quehacer? Qué defensas tenemos contra personas, apenas conocidas, a las que revelamos secretas inquietudes o discretas informaciones de nuestra persona y empresa? Preguntas que deben suscitar atención.
Entiéndase bien: este emergente profesión es necesaria en un mundo competitivo, animado por una racionalidad instrumental que persigue la más apta armonía entre metas y medios. Necesitamos las luces que puede suministrarnos. Pero no cabe olvidar que el coacher también forma parte de este mundo, y sus intenciones – declaradas o inconfesables- pueden contraponerse a las de sus ”clientes”.
Tema que retomaré si pare interés.

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Vive en Israel, después de trabajar en México durante más de 20 años en el marco de la ONU , de la UNAM y de El Colegio de México.