Por una escasa diferencia de votos, el partido shiita Hezbollah perdió las recientes elecciones en El Líbano, que se llevaron a cabo el 7 de este mes. No pocos países – entre ellos Estados Unidos e Israel- festejaron este traspiés de la organización terrorista. Sin embargo, es prematuro e irresponsable manifestar señales de satisfacción. Hezbollah es aún la organización más poderosa del país de los cedros, y goza del apoyo económico y militar de Irán y Siria.

    Se recordará que los norteamericanos evaden cualquier contacto con esta organización, desde que sus partidarios destruyeran con coches bombas suicidas la Embajada de USA en Beirut en 1983. Y desde entonces, sus filas se han ampliado considerablemente, así como su capacidad logística y militar para emprender ataquies contra Israel o esterilizar agresiones.

La última guerra en el Líbano ( 2006) demostró la capacidad de resistencia de esta organización, jefaturada por Nasrallah, líder inteligente que atina mover las cuerdas más sensibles de las masas.

   Hay claros indicios que señalan la disposición de la presente administración norteamericana para celebrar negociaciones con esta organización, al menos para concertar una especie de ” paz armada “. Incluso los cristianos o maronitas, que en los cuarenta del siglo pasado, eran mayoría, se inclinan a celebrar entendimientos con los shiitas a pesar de sus inclinaciones extremistas. Contemporizan y aceptan la emergente realidad.

    También Israel debería imitarlos. Negociaciones con esta  agrupación podrían atenuar sus inclinaciones terroristas, y establecer un modus vivendi soportable entre los dos países. De momentp no se perciben señales en esta dirección, pero podrían parecer considerando  que Jerusalén ya no puede desentenderse de las presiones que ejerce la administración de Obama en favor de un entendimiento con los palestinos y la estabilidad del Medio Oriente.

    Cabe suponer que cristianos seguirán abandonando esta región del mundo debido a la inseguridad que los rodea y ensombrece sus vidas. Ni la visita del Papa ni la acción de abnegados servidores del vaticano alterarán esta tendencia. Sin embargo, negociaciones con el Hezbollah, o su incorporación a las filas de las fuerzas armadas libanesas son capaces de moderar la beligerencia que hoy los distingue.

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