Respuesta a la primera interrogante: lo más temprano posible. Los cuentos y andares de ” la cigueña ” ya no son creíbles. En los tiempos de una televisión que se desnuda y desnuda escenas atrevidas, desde el beso – francés, español o criollo- hasta los preliminares del diálogo sexual ningún niño aceptará el antiguo anecdotario. Por el contrario, se sentirá agreviado, incluso si no manifiesta la ofensa en palabras bien articuladas. Y aparte de la televisión, el internet ofrece manuales y fotografías que suelen desinformar y deformar la educación para la intimidad.

   Y digo educación que no instrucción pues se trata de enseñar, ilustrar, y ejemplificar no sólo cuáles son órganos reproductivos, su desarrollo y tamaño, la llegada inevitable de la menstruación y la índole del placer solitario. Se trata más bien de destacar el amor que une y justifica la cópula, la legimitidad del placer, y a capapcidad para decir no cuando las circunstancias lo exigen.

  Y cómo?  Ni el silencio ni el enojo ante las preguntas vehementes del niño (a) se justifican. Tendrán efectos contraproducentes. Las explicaciones deben darse con soltura, con honestidad, de acuerdo a la edad relativa de la audiencia. Y los adultos deben estar preparados para preguntas imprevisibles, como dónde está ( si está)  el punto G y si en verdad el onanismo conlleva la demencia. Ellos, los niños, saben – mal o bien- más de lo que suponemos. No cabe ofenderlos con mentiras convenientes.

  Hemos avanzado en algunos países donde algunas creencias religiosas o algún falso puritanismo entorpecieron la educación sexual desde la temprana infancia. Un hecho que ha gestad que también los adultos nada sepan en verdad de las gracias y delicias del sexo. Y tambien de sus peligros. Recuerdo a un ministro de salud mexicano ( Dr. Soberón) que, cuando decidió favorecer el uso preservativos, tropezó con una fiera y fea oposición.  Ya no  es así. Pero cabe avanzar algo  más, acaso mucho más.

   Acaso lo que escribí sobre El Coito Amoroso ( Nexos, julio 2006) puede aún servir a padres y maestros.También a los niños y adolescentes.



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