Acabo de leer el reciente libro de Niall Ferguson ” El ascenso del dinero: una historia financiera del mundo”. Proporciona en sus algo más de 400 páginas claves importantes para entender – y anticipar – las crisis financieras.
Expone una tesis provocativa: hasta el año pasado, la aldea global gozó una era de prosperidad gracias al juego recíproco de las economías de Estados Unidos y China, que él denomina Chimérica. Es decir, Los chinos se empecinaron en ahorrar mientras que USA se consagró a gastar. Las importaciones del primer país permitieron al segundo resistir olas inflacionarias, y los ahorros hechos por Beiging facilitaron la reducción de las tasas de interés en Estados Unidos. Por añadidura: los bajos salarios en China preservaron también la estabilidad salarial en su inverosímil aliado. Y merced a los chinos, las corporaciones de USA alcanzaron subidos beneficios. Este juego habría concluido, o al menos paralizado, abriendo cauce a la presente crisis financiera.
Fergurson argumenta que el ping pong financiero, cuando es jugado con acierto y moderación, es un factor de crecimiento y prosperidad más importante que las innovaciones tecnológicas. Para demostrar esta intrigante tesis, hace un prolijo repaso de la historia del dinero como documento de intercambio, préstamo y acumulación. Aunque tal historia se inicia en múltiples lugares, su pleno desarrollo es alcanzado en Occidente, especialmente con la formación de bancos y firmas aseguradoras.
Sin embargo, la crisis financiera de hoy es algo más que un grave desacierto en los cálculos financieros. Los gobiernos y sus políticos habrían dado engañosas señales a la economía, y los grupos financieros no acertaron a medir con sensatez los riesgos inherentes a un caudal enorme de préstamos hipotecarios en un contexto de tasas de interés elevadas.
Para el autor, es necesario en estos días recordar la distinción entre “riesgo” e ” incertidumbre ” que Keynes propuso en su momento. El riesgo es un cálculo de probabilidades como en los seguros de vida, que se apoyan en tablas que apuntan expectativas de vida, en tanto que la incertidumbre elude cualquier pronóstico o anticipación. Los riesgos deben, por lo tanto ser reestimados.
Es de esperar que este instructivo libro será prontamente traducido al castellano, para deleite y cuidado de políticos y economistas que deben actualizar las previsiones. Si nos quedamos en el pasado, el presente nos castigará.

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Vive en Israel, después de trabajar en México durante más de 20 años en el marco de la ONU , de la UNAM y de El Colegio de México.