La ofensiva israelí contra Gaza iniciada hace un par de semanas ha suscitado demostraciones rabiosas y violentas contra Israel, incluyendo agresiones a comunidades judías. Estas protestas son legítimas. Es más: cabe desear que proliferen para manifestar el descontento generalizado contra abusos que se perpetran en diferentes rincones del mundo, desde África a Americana Latina. Pero en este caso en particular el hecho suscita interrogantes. Cuáles son las causas y los propósitos de estas expresiones de crítica y malestar por las operaciones de las fuerzas militares israelíes en la Franja?
Vislumbro tres circunstancias por lo menos.
Una de ellas alude a la asimetría entre las fuerzas agresoras y el Hammas, que cuenta con apenas 16 mil efectivos. Desde la ONU al Presidente francés este argumento se reitera. Como si se tratara de un pugilato desigual – y por tanto injusto – entre un peso pesado y un boxeador peso-pluma. El diagnóstico es en principio correcto, pero no toma en consideración que la variable ” diferencias en el peso ” no es la única ni la decisiva. Hay otras, como la topografía de Gaza, la multiplicidad de túneles donde se esconden los partidarios del Hammas, el tipo de armas que emplean, el uso de “escudos humanos ” para defenderse, y la vocación suicida de no pocos de ellos. Este apunte conduce a señalar la segunda circunstancia que podría explicar la proliferación de manifestaciones contra Israel en los últimos días.
Se trata del fracaso o de la impotencia de los voceros de Israel – desde sus embajadas a los políticos – para justificar con convincentes evidencias los motivos de la aparentemente desmesurada acción israelí. El Hammas ha lanzado cohetes casi diariamente en los últimos ocho años a las aldeas cercanas a la Franja. Israel absorbió estas agresiones sin reaccionar. Más todavía: hace apenas tres años, el ex Primer Ministro Sharón ordenó desalojar todos los asentamientos judíos que cercaban a Gaza, incluyendo a sus habitantes. No exigió nada a cambio ( probablemente, un error). Supuso con alguna candidez que los palestinos considerarían este acto como una expresión de buenas intenciones, y suspenderían en consecuencia sus agresiones. Se equivocó. El desmantelamiento de aldeas y de habitantes fue interpretado como señal de debilidad. Y multiplicaron las agresiones.
Aparentemente, estos hechos no fueron debidamente puntualizados por los voceros israelíes. Y así, careciendo una información equilibrada y verosímil, la opinión pública tanto en Israel como en el concierto mundial manifestó airadas protestas.
Un tercer motivo también debe ser considerado. En el subconsciente colectivo de múltiples agrupaciones se verifican tendencias antisemitas que, en esto días, toman la forma de un antisionismo y de una pronunciada aversión respecto de Israel. Tendencias subconscientes que se canalizan como protestas a favor de las víctimas del poder israelí. Y en este contexto se olvida que el Hammas es una organización terrorista, que el fanatismo religioso los lleva a convertir en kamikazes a niños, mujeres y jóvenes inocentes, que están emparentados con los Hermanos Musulmanes en Egipto, que pretenden destruir el régimen de Mobarak por “laico y occidental”. Y se desconoce también el carácter democrático de la sociedad israelí, que tolera las manifestaciones en contra de la política oficial, en contraste con el Hammas o el Hezbollah que aplastan cualquier expresión disidente.
Es probable que las tres circunstancias – la asimetría entre los agresores y los sitiados, el fracaso de los voceros israelíes, y las solapadas tendencias antisemitas- explican en conjunto y en dosis diferentes la proliferación de las protestas contra la política militar israelí. Cabe esperar que un entendimiento cristalice pronto, a fin de que esta tragedia reconozca fin. Más tarde se podrá descifrar el peso relativo de las circunstancias apuntadas, y extraer conclusiones correctas de este balance.

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Vive en Israel, después de trabajar en México durante más de 20 años en el marco de la ONU , de la UNAM y de El Colegio de México.