Mientras el sector automotriz atraviesa la crisis más profunda en toda su historia, el gobierno de Felipe Calderón responde con un programa de “chatarrización” para incentivar el mercado interno que, en principio, tendrá un presupuesto de 500 millones de pesos (unos 40 millones de dólares).
La idea es que la persona que quiera cambiar su auto usado, lo venda a 15 mil pesos que serán aportados por el gobierno, y no podrá comprar un vehículo que exceda los 160 mil pesos.
Para algunos representantes del sector con los que pude conversar, la respuesta del gobierno es tímida, insuficiente y tardía.
Primero, porque la crisis es más profunda de lo que parece (una caída en ventas del 31 por ciento y en la producción del 48 por ciento), así que un programa de renovación vehicular tiene que tener, al menos, montos más elevados (los industriales habían propuesto 25 mil pesos por auto y un tope de 250 mil pesos por auto nuevo, es decir, casi el doble).
Segundo, porque está mal enfocado. Vender una chatarra en 15 mil pesos quiere decir que la chatarra vale menos, para que resulte atractivo, ¿no? Y quien tiene una chatarra de menos de 15 mil pesos circulando es muy probable que no haya tenido fondos para cambiar su auto antes y no es sujeto a crédito.
Tercero: esto va a provocar, inevitablemente, un mercado secundario de “coyotes” que anden a la caza de chatarras baratas para comprarlas y re-venderlas.
Por eso, los industriales, tanto armadores como distribuidores, no quitarán el dedo del renglón y quieren que el gobierno enfoque sus baterías en bajar la gran carga impositiva que existe en México para comprar y mantener un auto. Esto, dicen, es un verdadero incentivo a los consumidores ya que, por impuestos, los precios de los vehículos pueden elevarse entre un 30 y un 35 por ciento de su valor real.


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