La privación de la libertad, ya sea en un avión o en una oficina, puede derivar en el extraño síndrome de Estocolmo
El tema del secuestro enloquece pasiones. No es para menos, involucra muchos sentimientos.
Sin embargo, he encontrado un tópico relacionado que, literalmente, me roba el sueño: el síndrome de Estocolmo. Se trata de un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro, o una persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador.
Podría decirse que el secuestrado se enamora del secuestrador. ¡No me lo explico! Me imagino que la única manera de entender este comportamiento es vivir la experiencia.
Estocolmo laboral
Por increíble que parezca, el síndrome de Estocolmo puede trasladarse al ámbito laboral.
El padecimiento se caracteriza porque la víctima (trabajador) no ha sido forzada o sometida a cautiverio por un tercero; por el contrario, ingresa a él por su propia voluntad y ahí se mantiene porque es incapaz de concebir su vida sin las presiones, los maltratos y las limitaciones de ese ambiente de trabajo.
En otras palabras, el colaborador se engancha con el empleador que lo maltrata. A decir de los psicólogos, podría derivarse de la relación entre un masoquista y un sádico.
¿Hijos de la mala vida?
Desconozco los argumentos médicos para explicar el mal. No obstante, me niego a aceptar que el trabajador involucrado sea simplemente hijo de la mala vida.
Me parece que existen otras razones para soportar abusos en una relación laboral. Tan simple como la necesidad de obtener un ingreso o el acceso a la seguridad social que deriva de un trabajo formal.
¿Cómo explicarías la gestación de este síndrome?, ¿quiénes son los responsables de del fenómeno?, ¿qué puede hacer el empleado que lo sufre?


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Angélica De la Vega es Abogada, especialista en Derecho Fiscal y aspirante al título de Maestra en Derecho por la UNAM. Editora de 
PIENSO QUE SI LE GUSTA, NO LO SUFRE Y A VECES, EL ORIGEN DE ESTO, ES LA VIDA COTIDIANA DEL TRABAJADOR; SI HA VIVIDO EL MALTRATO, GRAN PARTE DE SU VIDA, A LO MEJOR, LO NECESITA, ANÍMICAMENTE. QUIZA, SI ES CUESTIÓN DE MERITOS LABORALES; MÉRITOS QUE NO ALCANZA EN SU CASA, DONDE TAMBIÉN LO MALTRATAN Y SI ESO LE SUCEDE EN CASA, PREFIERE QUE LE SUCEDA EN EL EMPLEO DONDE ALGO BUENO, CREE, VA A ALCANZAR.
Gracias por tu comentario Dionisio! Efectivamente, la situación personal, familiar y emocional del empleado tienen mucho que ver con este padecimiento.
Sin duda es reflejo de una realidad social compleja y enrarecida. Habrá que ver que están haciendo las empresas para evitar el Estocolmo laboral en casa.