Si con sólo escuchar las palabras twitter, facebook, skype, gadgets, te pones nervioso o francamente ansioso; este post es para ti

 “La tecnología es tu amiga”

Este mantra debiera estar colocado a la vista de muchas personas, cuya ansiedad o nerviosismo tiene un vínculo directo con la tecnología.

A decir de los expertos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS):

“La obsesión por adquirir los modelos más recientes de teléfonos celulares, computadoras, videojuegos y equipo electrónico, así como el desconocimiento de su correcto funcionamiento, sobre todo su aplicación en la vida laboral, son causas de tecno-estrés, trastorno de ansiedad que padecen en mayor proporción hombres y mujeres entre los 25 y 55 años.”

¿Cómo se manifiesta?

Ésta es mi particular clasificación de los afectados por el tecno-estrés:

a. El parvulito nerviosón
En este penoso caso encontramos a quienes sufren una dificultad extrema para usar medios electrónicos. Para ellos, adjuntar un archivo a un correo es una tarea compleja, ya no hablemos de navegar o participar en redes sociales.
Regularmente, usan estas herramientas por exigencia laboral o por la necesidad de comunicarse con otras personas; pero si pudieran, lo evitarían.
Se dice que este fenómeno es propio de las generaciones mayores y que los más jóvenes son cada vez menos propensos a padecerlo.

b. El geek hard core
En este otro extremo se ubican los fanáticos de la tecnología, aquellos que no sueltan el celular, ¡ni para ir al baño! ¿Te suena conocido?
Se trata de personas que dependen de la tecnología para comunicarse, trabajar y establecer relaciones sociales. Su adicción interfiere con los vínculos familiares y personales. Eso sin contar las afectaciones físicas, como los daños en la muñeca y espalda.

¿Cómo tratar el tecno-estrés en la oficina?

Seguramente algunos de tus empleados están sufriendo estrés relacionado con la tecnología ¿Qué estás haciendo para ayudarlos? Aquí algunas ideas a bote pronto:

  • De entrada, los cursos de capacitación y actualización resultan fundamentales. No importa que tus empleados ya sepan usar una computadora, es necesario que los mantengas al día sobre el correcto uso de los medios tecnológicos.
  • Por otra parte, si tienes geeks hard core entre tus filas, sería muy recomendable canalizarlos a un servicio profesional de psicología para tratar su adicción. Su familia te lo va a agradecer muchísimo.

Finalmente, ¿cuál sería el punto medio para no caer en este padecimiento?, ¿cómo controlas el uso de la tecnología en tu empresa?, ¿sufres tecno-estrés?, ¿qué estás haciendo para superarlo?

No comento más porque tengo que tuitear este post, poner el link en mi face y mandarle un mail a mis amigos de messenger para que lo vean… ¿de aquí al psicólogo???


El trato desigual e inequitativo en las organizaciones puede evitarse, a menos de que ya estemos malamente acostumbrados a tolerarlo

El trato desigual a nuestro personal puede sustentarse en argumentos válidos. Por ejemplo, solicitar una prueba de embarazo a las candidatas que desean ocupar una vacante para un trabajo peligroso.

Sin embargo, también es frecuente enfrentarnos a tratos inequitativos, “sustentados” en criterios subjetivos como el sexo. Es el caso de las políticas de sueldos y salarios, que siguen otorgando menos ventajas a las mujeres (sobre el tema, recomiendo leer en CNNExpansión la nota Mujeres ganan 17% menos en AL: BID).

Empresas justas y equitativas ¿una utopía?

Lo cierto es que todas las organizaciones pueden caer en prácticas discriminatorias, es decir, en un trato diferenciado carente de justificación. Pienso que estas políticas no son más que el reflejo de factores como:

ausencia de un marco jurídico estricto y eficiente, que sancione los comportamientos discriminatorios de los patrones
excesiva demanda de empleo, que lleva a los candidatos a soportar un trato discriminatorio, con tal de conservar el trabajo
falta de medios de defensa efectivos para los colaboradores que sufren de discriminación laboral

Aclaro que no es el caso de todas las empresas. Particularmente conozco muchas que se preocupan por su personal e invierten en su bienestar y desarrollo (a modo de ejemplo, la empresa Silanes, de la cual CNNExpansión publicó la nota Silanes, una empresa “buena onda”).

Equidad laboral y derechos humanos en el Claustro de Sor Juana

Estas fueron algunas de las conclusiones de la charla que tuve el 30 de enero pasado en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

El evento, organizado a petición de la Asociación por la No Discriminación Laboral por la Edad o Género, nos reunió con estudiantes de Psicología y Derechos Humanos (para conocer más del trabajo de esta Asociación, puedes consultar mi post ¿Sólo para mujeres?).

Los foros universitarios me resultan sumamente enriquecedores porque nos permiten sembrar inquietudes y soluciones.

Derivado de esta experiencia te comparto una última reflexión: la discriminación es un problema en el que todos estamos involucrados. El legislador que debiera darnos leyes efectivas, el empresario que debiera de procurar a su personal y el trabajador que debiera conocer y defender sus derechos.

En tu caso, ¿has sufrido de discriminación laboral?, ¿cómo manejaste la situación?, ¿acudiste a la autoridad?, ¿cuál fue el resultado?, ¿qué le recomendarías a quienes están sufriendo actualmente de prácticas discriminatorias?


 

  

Seguramente identificas lo que podría hacer de tu trabajo el “empleo perfecto”, pero ¿crees que realmente exista ese concepto?

Muchas veces he escuchado “mi trabajo sería perfecto si…” y en ese espacio se pueden acomodar cualquier cantidad de condicionantes.

Por ejemplo:

- estuviera más cerca de mi casa
- me pagaran mejor
- me explotaran menos
- tuviera oportunidades de crecimiento
- mi jefe actuara como líder y no sólo como jefe
- me sintiera realmente identificado con la organización
- estuviera inscrito al Seguro Social
- tuviera acceso a MSN en horas de trabajo
- el ambiente laboral fuera diferente
- me trataran bien
- tuviera menos juntas
- supiéramos trabajar en equipo
- el trato fuera justo y equitativo para todos los empleados
- no viajara tanto

La lista es interminable. Sin embargo, me pregunto si el empleo perfecto realmente existe. Es decir, imagina que obtienes un ascenso y mejor sueldo. Eso sería una gran ventaja, pero no resuelve otros aspectos como un superior desquiciado.

Entonces ¿de qué depende la perfección de un empleo?

Pienso que en materia laboral, la perfección es una meta a la que todos aspiramos. No olvidemos que se trata de relaciones personales, intrínsecamente imperfectas.

Podríamos enfrascarnos en la búsqueda de la perfección, pero difícilmente llegaremos al punto de su encuentro. En todo caso, ¡tampoco existen criterios homogéneos sobre lo que es perfecto!

El tema no excluye de responsabilidad a la empresa y al trabajador. Ambos debieran de hacer una revisión constante de los aspectos a mejorar.
 

Quizá sea cierto, el ambiente laboral está fatal, pero ¿qué estás aportando para sanearlo?

Lo único que no sería válido en este contexto es tolerar circunstancias que te causen daño, por ejemplo, la falta de seguridad social o un empleado desleal. En tales casos, es mejor buscar otra opciones de solución.

Conclusión personal: el grado de perfección de un empleo depende de todos los involucrados. Incluso el Estado tiene un papel preponderante en el perfeccionamiento de los empleos, ¿qué están haciendo nuestros legisladores para crear trabajos mejor pagados? Lo desconozco.

 

Coméntanos, para ti ¿cómo sería el empleo perfecto?, ¿qué aspectos cambiarías en el que tienes actualmente para perfeccionarlo?, ¿qué modificarías en ti para lograrlo?


Son muchos los factores que pueden hacernos sentir estresados en el trabajo, el punto es ¿cómo los enfrentamos?

Comenzar el día enfrentando un tráfico tan rudo como el de la Ciudad de México, ya es suficiente para llegar estresado a la oficina. Si a esto le sumas un jefe inaccesible y un mal ambiente laboral, el panorama se torna bastante oscuro.

El manejo de personal nos exige identificar y sobretodo, controlar (en la medida de lo posible) aquellos factores y circunstancias que generan estrés en los colaboradores.

Aquí una breve clasificación de los más comunes, desde mi particular óptica:

externos, es decir, que no tienen relación directa con el empleo

Por ejemplo: la muerte o enfermedad de un familiar, el nacimiento de un hijo, el divorcio, las adicciones, la enfermedad general del trabajador, un cuadro depresión crónica, embarazos no deseados, sufrir un asalto o secuestro, inestabilidad económica, aumento del desempleo, inestabilidad emocional, deudas, carecer de un plan de vida, desastres naturales

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internos, para referirnos a los que sí tienen una relación directa con el trabajo

Es el caso de: fusión de la empresa, cambio de directores, auditorías, recorte de personal, la muerte de un compañero de trabajo (ya sea por enfermedad general o por riesgo de trabajo), el riesgo de trabajo sufrido por el colaborador, huelgas o paros laborales, falta de recursos materiales para prestar el servicio, ausencia de un verdadero liderazgo, pago de bajos salarios, monotonía en las actividades a desarrollar, trato inequitativo, discriminación, mobbing, bulling, acoso, falta de organización, altas exigencias, pocos o nulos canales de comunicación, inestabilidad, falta de oportunidades de crecimiento, inequidad, negligencia, compadrazgo, burocracia, equipos ineficientes, falta de información

Las listas son meramente enunciativas, sin embargo, ilustran el hecho de que siempre habrá una situación que nos provoque estrés en la oficina.

El punto a analizar es ¿qué estamos haciendo para ayudarle a nuestra gente a controlar su nivel de estrés?

Habrá algunas situaciones que estén fuera de nuestro alcance, como evitar que tu gerente comercial se embarace. Sin embargo, estoy convencida de que el patrón puede tomar algunas medidas para ayudar a sus empleados a manejar mejor el estrés. Te comparto un listado de algunas propuestas a bote pronto:

- establecer el teletrabajo para quienes vivan lejos de la oficina y cuya actividad lo permita
- crear un plan de paternidad que dé licencia a los colaboradores que se conviertan en padres
- implementar un plan de maternidad con ventajas adicionales a las legales para madres trabajadoras (una medida tan sencilla como lugares para lactar, será muy agradecida por tus colaboradoras)
canalizar los casos de  trabajadores que tengan evidentes problemas emocionales al servicio de psicología prestado por la institución de seguridad social que les corresponda

Por último, tener canales de comunicación efectivos con tus empleados es básico para el buen funcionamiento de la empresa. De esta manera, podrás identificar qué es lo que los tensa. Una vez identificada la causa, la empresa podrá evaluar la posibilidad de tomar cartas en el asunto.

Algunas medidas implican cierta inversión, pero otras no tanto. En todo caso, es peor no intentarlo, ya que está comprobado que los trabajadores estresados rinden menos y causan serias problemáticas a la empresa como accidentes de trabajo.

¿Y si yo no tomo decisiones?

En este caso, seguramente habrá muchos factores que no puedas controlar. Mi consejo es allegarte de elementos que te permitan el manejo de tu estrés, se me ocurre:

comunicarle a tu superior de aquellas situaciones internas que te afecten y proponerle alguna solución. Si esto no es posible, aún hay otras alternativas:
buscar alguna actividad que te resulte placentera y tómalo como terapia, además de relajarte puede aprender algo nuevo
compartir tiempo con tu familia, estar con los que amas también es una forma de desconectarse de las presiones
expresa tu sentir. Busca un buen amigo y coméntale como te sientes, no te quedes con el estrés porque puedes generarte incluso alguna enfermedad
respira. Es increíble, pero a veces se nos olvida algo tan esencial como hacer llegar oxígeno a todo nuestro cuerpo. Cuando estés a punto de explotar haz una pausa y respira profunda y pausadamente, estoy segura que eso te hará sentir mejor

¿Qué otras medidas se te ocurren para controlar el estrés en el empleo?, ¿qué estás haciendo para ayudarle a tu gente en este sentido?, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de la empresa en el tema?

¡Gracias a la comunidad twittera por sus aportaciones para este post!


 
 
 
El buen desempeño de  un líder, debiera apreciarse desde cualquier ángulo, pero ¿cómo llegar a ese punto? 
 
  
 
 
 ¿Cómo se expresaría tu jefe acerca de tu desempeño?, ¿crees que esa opinión coincidiría con la de tus colaboradores? y más aún, ¿piensas que deberían coincidir?

 Matices del buen desempeño 

Para poder calificar tu desempeño, habría que determinar las cualidades del buen líder. En una nota publicada por CNNExpansión el año pasado (6 consejos para no ser jefe, sino líder), encontré un buen resumen de esas particularidades. 

Un buen líder, debe tener habilidad para: 

tratar a las personas, lo que implica la formación de equipos de trabajo exitosos a todos los niveles
el manejo de recursos y procesos, de manera que los trabajadores puedan ocuparlos para obtener los mejores resultados
comunicarse efectivamente, lo que se traduce en saber expresarse con claridad y oportunidad, además de escuchar a su gente
autodireccionarse, esto es, predicar con ejemplo, ser una persona responsable, capaz y efectiva
asumir responsabilidades, lo que equivale a admitir errores y tomar medidas para aprender de la experiencia. Esto compromete a tomar decisiones acertadas y asertivas
ejercer el don de mando, esto no quiere decir que sea un dictador, sino que tenga el suficiente carisma para imponer acciones fundamentadas 

Ahora sí… ¿qué andan diciendo por ahí? 

Un punto importante sobre la calificación del desempeño es la coincidencia de opiniones entre los que te evalúan.
Si sólo tu superior dice que eres buen elemento, podría pensarse que es simplemente el reflejo de una buena relación con él.
Por otro lado, si sólo tus empleados tienen esa opinión… habría que revisar tu relación con los directivos.
El mejor escenario es aquel en el que el líder es calificado bien en 360°, pero siendo honesta, no creo en la existencia del líder ideal. 

¿Qué otra cualidad agregarías al buen líder?, ¿qué importancia tiene para ti la evaluación de tu desempeño?, ¿consideras que existe el líder ideal?


Las relaciones laborales suelen iniciar bien, pero ¿en qué momento y por qué se llega a romper el encanto?

¡Llegó el día! Tu nuevo candidato aparece por la puerta para ocupar esa vacante que te quitaba el sueño.
Su presentación es impecable, ni un pelito fuera de su lugar. Además de arribar a tiempo, trae una inmejorable actitud para iniciar la jornada.
Le encargas la primera tarea y sin mayor pausa, se concentra en el trabajo.
Por la tarde, te entrega la asignación terminada y dice que está encantado de trabajar con alguien tan talentoso como tú.
¡Bendito! ¿Qué más le puedes pedir a la vida laboral?

Unos meses después…

El candidato, al que ahora llamas familiarmente “Paco”, pasó el período de prueba.
Ha llegado tarde en algunas ocasiones. A veces se toma más tiempo de comida por estar platicando con la chica de finanzas, pero sigue siendo un buen colaborador.
Nota al margen: pedirle las tareas con varios días de anticipación, para que no se ponga de malas.

Un año después…

Paco está desactualizado, no conoce las nuevas reglas de su materia y al parecer, poco le interesa lo que suceda fuera de la oficina.
Ya tiene novia, por lo que si no lo encuentras en su lugar, seguramente está en finanzas.
Llega a tiempo en algunas ocasiones, pero es muy respetuoso con la hora de salida.
Aún no te entrega el reporte que le solicitaste la semana pasada…

Un año y un día después…

Paco llama por teléfono para avisarte que se tomará tres días por “problemas personales”. Te dice que busques entre sus papeles del escritorio el reporte, que por ahí debe de estar.
No encuentras el documento, pero sí tu taza favorita con asientos de café. Seguramente te estarás preguntando ¿cuándo se rompió el encanto?

Para ti, ¿de qué se trata realmente esta historia?, ¿una mala selección de personal o el desencanto de un buen colaborador?


 
 

El otorgamiento de beneficios a ciertos colaboradores y su excesivo buen trato, ¿podría calificarse de acoso?

Todos tenemos nuestros preferidos. Es absurdo decir quieres igual a todos tus hijos o hermanos. Siempre hay uno por el que tenemos mayor aprecio y lo demostramos, a veces, inconcientemente.

En el trabajo, este fenómeno también se presenta. Los líderes, tienen claras preferencias y en ocasiones, lo demuestran abiertamente.

Hasta aquí nada de qué escandalizarse. Sin embargo, la preferencia podría traducirse en acoso. Analicemos esta escena:

Tu jefe te recibe con una amplia sonrisa y comprende perfectamente bien que hayas llegado tarde. Hay mucho tráfico y llueve. Te asigna una tarea sencilla y una más compleja a tu compañero de área.
Cuando entregas la asignación, se muestra complacido y te agradece efusivamente el esfuerzo.
Al final del día recibes un correo en el que te pide que vayas con lo acompañes a la próxima junta de directores.  La reunión se llevará a cabo el siguiente fin de semana en un destino de playa y honestamente, no te parece que se justifique tu presencia.

¡Felicidades! ¡eres el favorito!

Es un hecho, tienes al patrón de tu lado y eso te da ciertas ventajas. Aún así, una actitud demasiado favorecedora podría llegar a incomodarte.
El punto aquí es ¿dónde está el límite entre el buen trato (quizá ganado a pulso por ser un buen empleado) y el acoso?, ¿cómo marcar esos límites?
Un escenario como el descrito ¿es realmente un acoso?
Sobre el tema, te sugiero revisar ¡Ojos bien cerrados!, post que escribí en el 2008 en este mismo espacio.


El retorno a la oficina después de las vacaciones decembrinas puede ser todo un reto. ¿Cómo enfrentar mejor ese trance?

 

Te despiertas a las 10 de la mañana. No hay remordimientos, preocupaciones ni culpas. Con el pelo enredado y vistiendo tu pijama favorita, te preparas un café sólo para regresar a la cama a leer el periódico.

 

Lo mejor de las vacaciones es, sin duda, saber que te pagan por utilizar el tiempo como te dé la gana. 

¡Demasiado bueno para ser verdad!

Cuando lo recuerdas es el último día de vacaciones y la lista de pendientes no se redujo ni a la mitad.

En algunos casos, quizá aprovechaste la última jornada para limpiar un poco la casa, comprar víveres, revisar el coche o hacer algunos pagos.

En otros, probablemente decidiste quedarte a disfrutar el frío en casa con una tasa de chocolate caliente… mmm…los últimos minutos de hedonismo.

El año terminó y eso también te recuerda que la oficina te espera.

No puede ser tan malo… ¿o sí?

El 2010 nos dio la bienvenida a la jornada laboral con una mañana especialmente fría. ¿Lo bueno? El tráfico es bastante tolerable (todavía). ¿Lo malo? Llegarás al mismo sitio que el año pasado, para trabajar con la misma gente y por el mismo salario.

Es cierto que romper la dinámica vacacional (si así puede llamársele) puede causar insomnio en muchos. Sin embargo, el sentido de responsabilidad (o las deudas) nos llaman a ocupar los puestos.

Seguramente te enfrentarás a factores adversos como un mal clima laboral o un jefe grosero, pero debe haber algo en tu empleo, más allá de la remuneración, que te anime a iniciar la jornada.

Una amiga me comentó que extrañaba mucho el café de su oficina y la plática con su compañera de trabajo mientras lo compraban. Otro más, me aseguró que la rutina laboral le da orden a su vida y eso lo pone de buenas. Para mí regresar al trabajo, significa retomar retos profesionales y eso es suficiente motivo para estar aquí.

Coméntanos, ¿qué es lo que te anima a regresar al trabajo este 2010?, ¿de qué manera enfrentas la primera jornada de trabajo del año?, ¿qué nos sugerirías para hacer que este regreso a la oficina sea más grato?


 

 

Las estructuras empresariales pueden facilitar o entorpecer el trabajo, ¿qué efecto causa la tuya en la organización y sus resultados?

En el inmenso mar de las relaciones laborales, ¿qué lugar ocupas? ¿Eres un sabio lobo marino?, ¿un feroz tiburón? o ¿simplemente un tímido charalito?

Las tres reglas del océano laboral

  • la primera regla de este ecosistema es que, nos guste o no, todos tenemos un sitio en la cadena alimenticia industrial,
  • una segunda consiste en el hecho de que el más fuerte o el más hábil, siempre tendrán mayores posibilidades de subsistir, y
  • la tercera, desde mi punto de vista la más interesante, es que en todos los niveles pueden encontrarse opciones de supervivencia y desarrollo

Estructuras y profundidades

En esta metáfora, cada empresa constituye un mar único. Lo cierto es que todos coinciden en tener estructuras para su funcionamiento.

La tendencia, dicen los especialistas, apunta a que la organización interna de las corporaciones se plantee horizontalmente. Es decir, tener sólo algunos directivos que coordinen la labor del grueso del personal. De esta manera, se fomenta el trabajo en equipos de alto rendimiento.

Conozco varias corporaciones que, desconociendo este criterio, abusan de la figura del gerente y entonces nos encontramos ante una estructura compleja que burocratiza la actividad laboral.

Hasta este punto no podría decir cuál es la mejor organización para tu empresa. Pienso que depende del giro, tamaño del capital humano, situación financiera y capacidad de adaptación.

De lo que sí estoy segura, es que las estructuras debieran revisarse con frecuencia para ajustarlas a las necesidades reales de la empresa y del mercado.

Personajes marinos

Echarle un vistazo a las profundidades de tu océano corporativo, permite ubicar los especímenes que tienes por colaboradores.

Por ejemplo, tener tiburones en la dirección puede ser adecuado si se buscan decisiones firmes y arriesgadas. Sin embargo, se corre el riesgo de provocar una fuga de pececillos ante la agresividad de estos mortales seres.

Otro caso particular es el de las mantarrayas, que aprovechando el camuflaje del fondo marino, podrían atacar a las especies más vulnerables. Yo recomendaría tener a estos increíbles ejemplares en las filas de ventas, así  despistarás a la competencia.

Finalmente, y no por ello menos importante, la clase de los charalitos. Son la fuerza de trabajo que mantiene viva a la cadena alimenticia. Es por ello, que no debieran sentirse despreciados, ya que su labor –tal como la de los tiburones y mantarrayas- es igual de trascendente.

Cuéntanos, ¿cómo es la estructura de tu océano empresarial?, ¿qué lugar te gustaría ocupar? y ¿qué otra especie me faltó por mencionar?


Los reclutadores están dando trabajo a los candidatos que muestran la mejor actitud. En este momento, ¿serías un buen prospecto?

¿Recuerdas cuando estuviste laborando como becario? Te levantabas temprano todos los días para llegar a la oficina con una energía bárbara.

La mayoría de las tareas te entusiasmaban, no te daba miedo preguntar ni equivocarte. ¡Eras el becario! Por lo tanto, eras el más propositivo de tu área.

Tu mente no paraba. Todo el tiempo estabas haciendo propuestas y salías satisfecho, esperando hacerlo mejor al día siguiente.

 Pero… ¿qué te pasó?

El paso del tiempo, experiencias, desilusiones, errores y éxitos nos van transformando. A veces este proceso se traduce en maduración y crecimiento; otras, en un carácter amargado y deshumanizado.

Cualquiera que sea el caso, mi pregunta es ¿dónde quedó tu actitud de becario? Aquí algunas teorías:

  • la guardé en mi cajón después de descubrir las enormes diferencias salariales en mi empresa
  • se transformó en resentimiento cuando me despidieron
  • la puse en el archivo muerto al darme cuenta de que no soy valorado ni escuchado en la organización
  • decidí ponerla en el baúl de los recuerdos, como soy jefe, ¡ya no la necesito!

Lo cierto es que tu empresa, cualquiera que sea su giro y tamaño, requiere de tu actitud de becario. Eso la mantendrá productiva y bien posicionada, ello sin contar el efecto positivo en el ambiente laboral.

Si bien las experiencias negativas podrían hacernos dudar de retomar ese espíritu, pienso que el intento por sí mismo vale la pena.

Al final del día, sólo de esa forma se puede seguir aprendiendo y de eso se trata la vida.



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