Los gobiernos latinoamericanos están multiplicando esfuerzos para incentivar la generación de energías limpias. Perú prevé cubrir 5% de su suministro energético con tecnologías limpias en 2013 y Chile el 20% para 2020.

Algunos países han implementado políticas de subsidios o sistemas de castigos para incentivar la inversión en energías alternativas pues se tiene la creencia de que dichas inversiones no son competitivas desde el punto de vista financiero.

En este sentido, la experiencia mexicana y la investigación (aún en curso) del IMCO apuntan en otra dirección. El parque eólico Eurus, ubicado en La Ventosa (Oaxaca), tiene un potencial de 250 megavatios y abastece de energía al 25% de las plantas de Cemex en el país. En este proyecto conjunto entre la cementera mexicana y la empresa Acciona, de origen español, no operaron políticas de subsidio, sino la perspectiva de mercado.

¿Por qué invertir 500 millones de dólares en este proyecto? La respuesta es simple. Este parque duplicará la capacidad eólica del país y, más importante aún, tiene retornos de inversión positivos. Como este, muchos proyectos tienen tasas de retorno por encima del costo de capital, razón por la cual se vuelven atractivos para el sector privado por sí mismos.

Por mencionar un par de ejemplos, la sustitución de motores industriales arroja una TIR de 43%, mientras que la cogeneración industrial, el biogás y la inversión en energía eólica presentan tasas de 8 y 14%.

Igualmente, el sector público tiene grandes incentivos para invertir en energías limpias pues tan sólo mejorar la eficiencia de CFE e invertir en la cogeneración en PEMEX le reportarían una rentabilidad de 89 y 81% respectivamente.

¿Qué es lo que inhibe estas inversiones? La primera respuesta que salta a la mente es el marco regulatorio: falta de competencia en el sector energético y subsidios a la electricidad y gasolinas, por ejemplo. Es cierto que el riesgo de estos proyectos es alto pero los beneficios de dichas inversiones son evidentes: abatimiento de emisiones y retornos de inversión por encima del costo de capital.

El cambio climático debe ser el pretexto perfecto para empujar la competencia en el sector energético mexicano. Una reforma fiscal con un correcto esquema impositivo sobre las emisiones y que elimine los subsidios permitirá hablar de CAP´s e incentivos fiscales.

Contrario a la creencia, no se requieren incentivos muy grandes o un fuerte impulso por parte del gobierno para que el sector privado participe en proyectos de energías limpias pues son altamente rentables.

Bimbo es otro caso exitoso: recupera las inversiones que realiza en un periodo promedio de 3 años y tienen TIR´s de entre 30 y 40%. Como lo dijo el presidente hace un par de días: “El dilema entre desarrollo económico o preservación del medio ambiente no existe, sí es posible un crecimiento económico sustentable



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