El día de ayer se dio a conocer el Reporte sobre el Índice de Prosperidad de The Legatum Institute. México ocupó la posición 53 de 110 países evaluados. El reporte señala que las principales deficiencias están en materia de seguridad (79), libertad personal (69) y en gobierno (69).
La explicación de los primeros factores es simple. El país atraviesa una crisis de violencia e inseguridad que afecta a todos los ciudadanos y los mecanismos que ha introducido el Estado para intentar controlarla frecuentemente son producto de decisiones coyunturales y aparecen como esfuerzos aislados carentes de coordinación.
El estado mexicano se ha caracterizado por utilizar un enfoque reactivo-represivo basado en el uso de la fuerza. Estas acciones poco han contribuido a resolver las causas de fondo del aumento en la violencia y, por el contrario, han propiciado la comisión de violaciones graves de los derechos humanos y que van en contra de las libertades personales.
Es cierto que ante situaciones como las que atraviesa el país se requiere la intervención de las fuerzas armadas. No obstante, México carece de un marco institucional que garantice que el despliegue de estas se realice bajo estándares democráticos y de respeto a los derechos humanos.
Además, dado que la estrategia contra la delincuencia se ha centrado en el llamado “despliegue territorial” de la fuerza pública encontramos algunas sutilezas en el proyecto de presupuesto para 2011. Se presupuestan 537 plazas para Generales en la SEDENA mientras que Colombia, en sus peores tiempos sólo tenía 40. Este número sólo es comparable con naciones como China, Rusia y Estados Unidos pero, a diferencia de estas, México cuenta sólo con poco más de 200 mil efectivos mientras estos países superan los 2 millones.
Entre las reformas necesarias se debe incrementar la capacidad de la policía de investigación e invertir en capacitación y equipamiento. Sin embargo, en los últimos años, las partidas destinadas a estos conceptos han presentado subejercicios, los mismos que han ido en aumento.
En materia de seguridad y de respeto a las libertades, existen algunos indicadores que ofrecen un panorama de la situación pero su alcance es meramente descriptivo pues la gran mayoría son inconexos y no son desarrollados posteriormente, es decir, no se vinculan con la aprobación del presupuesto o con la instrumentación de políticas públicas. No puede haber una correcta evaluación porque no hay una rendición de cuentas como tal.
Es imprescindible que se regule en la ley de transparencia los supuestos bajo los cuales se puede clasificar la información como de “Seguridad Nacional” pues bajo ese pretexto se restringe el flujo de información que podría ser útil para diversos asuntos como la asignación presupuestal, por ejemplo.
Por último, debe quedar claro que una reforma en materia de seguridad por sí sola no resolverá el problema de la delincuencia pero es condición necesaria para lograr un avance importante. Si queremos que los resultados sean los esperados, se debe complementar con políticas en todas la materias, principalmente en temas de educación y de mercado laboral.

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Luis César Castañeda es ingeniero en negocios del Instituto Tecnológico Autónomo de México, ITAM. Ha asesorado a gobiernos estatales y municipales en temas de transparencia y colaboró con el Foro Económico Mundial junto con la Secretaría de Economía para la elaboración del Reporte de Competitividad Global. Actualmente es investigador del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO).