
México ya tiene Reforma de Telecomunicaciones.
La euforia con la cual se anuncio la iniciativa, y el consenso partidista que la acompañó, han levantado amplias expectativas sobre el impacto que ésta tendrá, en un sector clave para cualquier sociedad que se precie de ser moderna.
Una de las “`promesas” que más expectativas ha despertado, ha sido la licitación de dos nuevas cadenas de televisión. La posibilidad de mayor competencia en un sector dominado por dos corporativos desde hace décadas, se anuncia como uno de los grandes logros de la Reforma.
Es en dichos momento de euforia que la historia ayuda a encuadrar esperanzas. Hace justamente 20 años desde la última licitación de una cadena de televisión, cuando el Presidente Carlos Salinas de Gortari desincorporó IMEVISION, la cadena nacional gubernamental con 152 repetidoras.
La decisión entonces fue saludada también con amplio optimismo, pues la historia de la cadena pública había estado plagada de ineficiencias administrativas, acusaciones de corrupción, y hasta tragicómicas anécdotas, como cuando el caricaturista Abel Quezada asumió la dirección del canal 13 un primero de diciembre, y renunciara horas después, antes de que terminara el día.
El 4 de marzo de 1993 se definió la convocatoria de la licitación, y el 1 de abril de ese año quedaron alineados los finalistas:
1) Geo Multimedia, encabezada por Raymundo Gómez Flores y con inversionistas como el banquero Carlos Cabal Peniche.
2) Radio y Televisión del Centro, de Ricardo Salinas Pliego y Francisco Aguirre.
3) Corporación de Medios de Comunicación o Grupo MEDCOM, sociedad conformada por Adrián Sada, Joaquín Vargas y Clemente Serna que planteó la posibilidad de alianzas con televisoras internacionales como la BBC, la RAI de Italia y Antena 2 de Francia.
4) Cosmovisión de los empresarios radiofónicos Javier Sánchez Campuzano y Javier Pérez de Anda.
Cada uno de ellos realizó un deposito de cinco millones dólares. Durante el proceso que siguió, los candidatos se realinearon, destácando la separación de Francisco Aguirre y Ricardo Salinas Pliego, quedando éste ultimo como postor sin ninguna experiencia previa en medios. La mayoría de los analistas consideraban a MEDCOM como el favorito, dada la experiencia de Clemente Serna y Joaquín Vargas.
El 18 de Julio del 93 se anunció que la propuesta ganadora había sido la de Ricardo Salinas Pliego, quien había ofrecido 645 millones de dólares , frente a los 495 de Cosmovisión , y los 454 de MEDCOM. Así nació la moderna TVAzteca, ante la sorpresa generalizada de los analistas, quienes consideraron que la capacidad de crear calidad en television, no había sido prioridad.
El investigador británico Paxman, en su libro sobre Emilio Azcárraga, llega a afirmar que lejos de lamentar el surgimiento de un competidor, el “Tigre” de hecho prefería a Ricardo Salinas Pliego como ganador, dada su nula experiencia en medios. En contraste, veía con preocupación la posibilidad de que MEDCOM – considerado el postor favorito – pudiera ganar.
A 20 años de la última licitación de televisión que México ha conocido, se puede plantear ¿Generó diversidad y competencia? ¿Enriqueció la calidad de los contenidos de television? ¿Ha marcado el duopolio una diferencia, o ha sido simplemente una unanimidad de dos? Le toca a cada lector evaluar la respuesta.
Como “anécdota” final, tres años después del proceso, en Julio del 96, salió a la luz pública que Raúl Salinas de Gortari, hermano del Presidente bajo cuya administración se realizó la licitación, prestó a Ricardo Salinas 29 millones de dólares, para la adquisición de la cadena. La noticia originó un prolongado escándalo, mayormente en los medios impresos, pero la licitación no fue ni revisada, ni su resultado cuestionado.
Las leyes, como la Reforma recientemente aprobada, son cartas de intención, que se convertirán en realidades que harán avanzar al país, o lo dejarán estancado.
Dependerá ya no sólo de las leyes secundarias, todavía por emitirse, sino sobre todo del organismo y las personas encargadas de ejecutar la Reforma – el IFETEL, hoy por hoy sin rostro – que sea lo primero en vez de lo segundo.
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No es ningún secreto que la administración de Enrique Peña Nieto llega con la percepción de ser cercana al principal conglomerado de medios del país, y del mundo hispanoparlante, Televisa. Cuestionado al respecto de sus expectativas de colaboración, Mony de Swaan, Presidente de la COFETEL, evitó referirse al nuevo Presidente, dirigiendo su llamado al nuevo Secretario de Comunicaciónes, cualquiera que éste sea, ofreciendo colaboración y pidiendo atenerse a lo ya acordado.
Gherrera: ¿Cuál será el trato con la administración del nuevo Presidente?
Mony de Swaan: El mismo trato que se la ha dado al actual Secretario, colaboración, interlocución constante. Sin hacer mías las críticas, principalmente de algunos movimientos sociales, hay tranquilidad plasmada en un documento firmado por el Secretario de Hacienda, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, el Presiente de COFECO y un servidor, de que avanzaremos a pasos rápidos en la licitación de televisión.
GHerrera: El sector se ha visto convulsionado por el enfrentamiento público entre las televisoras por un lado, Televisa y TvAzteca, y América Móvil por el otro ¿Cuál debe ser la respuesta de política? ¿Conciliar, favorecer radiodifusión o telecomunicación?
Mony de Swaan: Con respecto a las críticas que se han hecho unos a otros en aquella “Guerra de las Telecomunicaciones” , lo más fácil y lo más razonable es aceptar ambas propuestas. La agenda que hay que conjuntar es la demanda de ambos: se necesita mayor competencia tanto en radio y televisión, como en telecomunicaciones.
Gherrera: Un tema pendiente que se hereda es la digitalización de la televisión terrestre, fijada como política nacional en 2004 por Decreto Presidencial. No pocos la han calificado de un fracaso, que nos pone al nivel de países africanos, en cuanto a la adopción del estándar.¿Qué va a pasar? ¿Tienen las televisoras un interés en que haya avances?
Mony de Swaan: No diría que la política de 2004 es un fracaso, se han aprendido muchas cosas en estos años, que no se habían plasmado en la política. Es preocupante el atraso que existe; lo que no es preocupante es el empuje de algunas televisoras: hemos otorgado cerca de 250 canales espejo digitales. Lo que menos les conviene es mantenerse en operación analógica pues los costos de la operación digital son una décima parte de la analógica. Poco a poco las televisoras empiezan a tomar interés en ello. Por otro lado, demandan certidumbre en la política, y tienen razón.
La digitalización no es sólo tener una mejor imagen, sino un uso eficiente del espectro: el día de hoy el 75% se desperdicia. Con la digitalización se liberaría espacio para , por ejemplo, banda ancha de Internet.
Entonces, lo que hemos decidido hacer, es seguir un esquema escalonado en vez de un apagón nacional, con Tijuana en abril 2013 como el primer paso, que es realizable. Tijuana será el piloto para el resto del país.
GHerrera: ¿Qué más se necesita?
Mony de Swaan: Siempre hemos dicho: no nos dejen solos. En ningún país la digitalización es un esfuerzo sólo del órgano regulador. Tiene que haber un esfuerzo interinstitucional. Secretaría de Economía, Hacienda, el INEGI en mediciones, e incluso instancias como el INAPAM para educar a los adultos mayores sobre la transición digital, de igual manera los jóvenes, zonas marginadas, etc., SEDESOL debería ser también parte del esfuerzo.
GHerrera: Con base en la experiencia internacional ¿Se requieren subsidios para lograrlo?
Mony de Swaan: No hay país en el mundo que haya completado la transición digital sin algún tipo de subsidios. Éstos no tienen que ser necesariamente monetarios. Lo que necesitamos hacer es platicar con el Congreso para hacerlo en forma transparente y determinar que segmentos necesitan realmente el apoyo.
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En diciembre de 2006, Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes planteó licitar nuevas frecuencias de radio y televisión, conforme a los compromisos de campaña del Presidente Felipe Calderón. Casi seis años han pasado y nada se concretó. Sorprendentemente, en un momento en que se asumía que las campañas políticas crearían una situación de “standby” legislativo y regulatorio, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), bajo la dirección de Mony de Swaan, siguió adelante con la elaboración de un programa de licitaciones para nuevas concesiones de televisión abierta. El resultado de las encuestas realizada por el organismo en diciembre había indicado un abrumador consenso a favor, como indicábamos en la última entrada de este blog ( El futuro de la televisión abierta ¿Hay para más?, 30 de enero 2011).
Aunque inicialmente se preveía la discusión para el miércoles 11 (La Cofetel discutirá sobre TV abierta, CNNExpansion.com, 8 de enero 2012), la discusión fue pospuesta por la petición de clarificación del proyecto por parte de algunos comisionados del organismo (Postergan decisión de más canales de TV, CNNExpansion.com, 10 de enero 2012). Se espera que en los próximos días o semanas, se tome una decisión al respecto.
Muchas partes han expresado sus puntos de vista, ejerciendo su derecho: académicos, organismos civiles, y corporativos de la industria. El punto de vista de las televisoras debe ser también tomado en cuenta en la discusión, sin trato preferencial, pero también sin prejuicios ideológicos. Tanta razón tienen los intelectuales y organismos en demandar una decisión objetiva y transparente, como lo tienen las televisoras en expresar sus argumentos.
¿Por qué es tan importante? De una u otra manera, la televisión abierta es la principal generadora de opinión y discusión de nuestra sociedad, por delante de la prensa escrita y los libros. Su narrativa audiovisual define la agenda nacional gracias a que sus mensajes alcanzan a más del 90% de la población. No es sorpresa que el principal receptor del gasto publicitario sea la televisión abierta. Si en cualquier ámbito económico más competencia es mejor que menos, ésta es fundamental en el ámbito de lo audiovisual, pues de ello dependerá en gran parte la diversidad de ideas en la sociedad. La pluralidad en el ámbito televisivo no es sólo una cuestión de quién se queda con qué (en este caso el espectro); es una decisión que impactará que tipo de sociedad seremos en el futuro. La nuestra es una sociedad mediatizada donde la televisión abierta tiene tanta importancia en la formación de la conciencia ciudadana como lo tiene el Estado y la educación. ¿Quién puede negar que la televisión que hemos tenido es una variable esencial para explicar el tipo de sociedad que hoy somos? Ella ha aportado tanto de lo bueno (que si lo hay, aunque poco se le reconozca) como de lo malo (casi lo único que muchos intelectuales optan por ver). Cada vez más, nuestra “memoria colectiva” pasa por lo audiovisual, sobrepasando a lo escrito.
No hay por qué pensar que México no está listo para una tercera cadena de televisión abierta; hay quienes piensan que hay incluso espacio para una cuarta. La sociedad ha madurado lo suficiente como para poder asumir más contenidos y opciones. El televidente ha sido largamente educado – precisamente por las televisoras – a discriminar y filtrar lo que le gusta. Incluso Emilio Azcarraga indicó en octubre pasado que Televisa no temía enfrentar competencia, en un encuentro organizado por las agencias de publicidad.
Seguramente los comisionados de la COFETEL son conscientes de que su decisión es más que la simple asignación de un bien público, como si de uso de suelo se tratara. Es por ello deseable que, cualquiera que sea el sentido de la decisión, se den a conocer las razones del voto de los comisionados, a fin de evitar acusaciones de ligereza o alineación con los intereses de una u otra parte. Más allá de la obligación legal que pueda tener, la COFETEL tiene hoy un imperativo de transparencia, consecuencia de la importancia de la decisión que tome. Si la decisión fuera en contra de la ampliación de la oferta televisiva, ésta debería explicarse con profundidad; y los primeros en beneficiarse de ello serían las televisoras. Lo último que necesitan Televisa y TvAzteca es la percepción de que fueron mecanismos de presión empresariales los que llevaron a una decisión que les beneficia. Si hubiera consistentes argumentos técnicos y económicos en contra, deberían darse a conocer. Decisiones opacas perjudican a todos los interesados. La posición de Mony de Swaan, a favor de la apertura, ha sido clara, fundamentándola en varios foros; la de los demás comisionados debería ser igualmente transparente.
La COFETEL, -cuyo estatus fue objeto de considerable debate y tuvo que ser refrendada por la Suprema Corte en 2007– tiene la oportunidad de mostrar que está a la altura del poder y facultades que con tanta discusión pública se le otorgaron. Casualidad o no, esta semana también se discutió en la Comisión Federal de Competencia (COFECO) la resolución sobre el trato Televisa-Iusacell, la cual ha calentado los ánimos en los medios, levantando acusaciones de presión sobre el organismo. Fue justamente hace un año, el 23 de enero de 2011, que el periodista Miguel Angel Granados Chapa había “balconeado” la operación, seguido por la apasionada negación de las partes, como también lo señalamos en este blog en su momento (Televisa-Iusacell ¿reivindicación de un periodista?, 7 de abril 2011).
El “sospechosismo” que ya rodea la decisión que tome la COFECO, sea cual sea, debería servir de advertencia a los comisionados de la COFETEL que la transparencia no es ya una opción, sino una demanda de legitimidad.
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Mucho se ha discutido en el año que termina sobre la televisión abierta y sus perspectivas de crecimiento. Según una encuesta realizada recientemente por la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), más del 80% de la muestra encuestada estaría a favor de una tercera cadena de televisión (Los ciudadanos piden más cadenas de TV, CNNExpansion, 21 de diciembre 2011)
La transición digital contribuyó a acrecentar las expectativas al respecto (Cambio a TV digital ¿entrada 3ra cadena?, CNNExpansion, 2 de septiembre 2010 ). En abril de este año, Mony de Swaan, Comisionado Presidente de la COFETEL señaló que habría posibilidad incluso de dos cadenas de televisión digital terrestre. Sin embargo, la transición digital se ha visto empantanada por cuestiones “más de forma que de fondo”, como bien señaló el mismo de Swaan.
¿Hay alguna forma que permita evaluar cuántas cadenas de televisión son óptimas; dos, tres, o cuatro? ¿Tiene el mercado mexicano la capacidad de alimentar el crecimiento de la oferta?
Se puede comenzar con un comparación con nuestro principal socio comercial, E.U. La población hispana en dicho país, calculada en cerca de 50 millones de personas por el U.S. Census Bureau – poco menos que la mitad de la de México -es atendida por tres cadenas nacionales, Univision, Telemundo y Telefutura; además de otras televisoras con cobertura amplia, aunque no nacional como es el caso de la misma Azteca América, filial de TVAzteca. Es común objetar las diferencias en nivel de vida entre los dos países, cuando se utiliza el mercado norteamericano como referencia. Sin negar tales diferencias, es también necesario resaltar que la población hispana de E.U. tiene un nivel de ingreso 30-35% menor al promedio nacional de los E.U., disminuyendo así la disparidad comparativa. En otras palabras, la población hispana en el vecino país es clase trabajadora en su absoluta mayoría, como es bien sabido, y alimentan una diversa y vibrante industria televisiva.
Si el tamaño de las audiencias no parece ser un factor limitante y éstas parecen estar a favor de más oferta que de menos ¿qué lo impide? Dos son fundamentalmente los desafíos:
1) Publicidad. La transmisión de televisión la pagan no las audiencias, sino indirectamente los anunciantes que buscan llegar a ellas. De hecho, el público es realmente el “producto” que las televisoras venden. El rating y la publicidad que la sigue son las variables que mueven a ésta industria; sería ingenuo hablar de una crecimiento de la televisión sin plantearse si la industria publicitaria puede alimentarlo. En este sentido apuntaron las objeciones a una tercera cadena expresadas por Alejandro Quintero, VP de Televisa en septiembre pasado (“No cabe otra cadena”, advierte Televisa, CNNExpansion, 8 de septiembre de 2011 ).
2) Internet y contenido digital. Mucho se ha dicho sobre el desplazamiento de la televisión por parte de los “nuevos” medios, que además proporcionan la capacidad “on demand”: a la hora, lugar y dispositivo que uno desee. Ciertamente no parece que haya un problema en cuanto al apetito por contenidos televisivos; nunca tanta gente ha visto tanta televisión como en los últimos años. La cuestión es si el aparato televisivo seguirá siendo el medio principal de satisfacción de dicho deseo, pues compite con una creciente gama de “gadgets”, desde la tradicional PC hasta la última tablet o smartphone. Bien ha señalado Kevin Roberts , de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, que el siglo XXI será el siglo de las pantallas, pero el televisor será tan sólo una de muchas. Si así fuera el caso, el futuro parece favorecer más a compañías como Netflix que a una nueva versión de Televisa o TVAzteca.
En vista de lo anterior ¿Hay realmente espacio para más cadenas de televisión? Analizar cada tema es extenso y los discutiremos por separado en las siguientes entradas de este blog, en enero.
¡Feliz Año Nuevo!
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La decisión de la ministra Olga Sánchez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual efectivamente pone en pause la transición a televisión digital planeada para el año 2015, ha alimentado todavía más la discusión sobre si el apagón analógico es oportuno o incluso necesario para el desarrollo del país, con opiniones respetables de un lado y otro de la discusión.
La experiencia norteamericana del apagón analógico -descrita en las dos entradas anteriores de este blog – permite delinear algunos principios generales del cómo, cuánto y quién de un proyecto tecnológico de esta magnitud; aportando ideas para llegar a un juicio al respecto.
1.- Educación. No se trata solo de repartir convertidores o de realizar una campaña de difusión o concientización sino de auténticamente guiar al público objetivo – cerca del 100% de los hogares – sobre el modo y consecuencias de la digitalización, especialmente en lo que se refiere a sus bolsillos.
Experiencias internacionales han mostrado que lo más importante es lograr que el público entienda que digitalizar no implica: a)comprar televisiones HD, y/o b) adquirir un sistema de televisión por cable o satelital.
En cuanto a lo primero, cualquier televisión analógica – y en México estas siguen siendo todavía una proporción considerable, sobre todo en áreas rurales – puede captar la señal digital si tiene conectado el debido convertidor de señal. Sin embargo, es necesario señalar que es posible que dichos usuarios tengan que cambiar sus antenas por nuevas con mayor potencia de recepción; la improvisada antena de gancho de colgar no será suficiente para captar las nuevas señales de televisión abierta digitalizada.
En cuanto a lo segundo, el adquirir televisión por cable o satelital implica realizar la digitalización sin mayor problema, pero ésta no debe verse como necesaria o indispensable. Ciertamente es una gran oportunidad para éstas compañías de hacer crecer su mercado en las zonas donde tienen cobertura y en los estratos económicos con la capacidad de pagar mensualmente sus servicios. El problema es que la mayoría de los mexicano no caen todavía bajo ninguna de ambas categorías. Mientras que en EU cerca del 60% de la población tiene televisión por cable, en México es el 37%.
¿Cómo se esta planeando la curva de aprendizaje que el público televidente tendrá recorrer para transitar a tv digital?
2. Costo. Aún descartando los mexicanos que ya están digitalizados por cable o satélite, quedan todavía cerca de 60 millones de personas que son potencialmente susceptibles de quedar fuera del aire si no adquieren televisión de paga o conectan un convertidor a sus televisores analógicos. Siguiendo la misma medida, la cantidad de norteamericanos que necesitó ser digitalizada fue un poco más del doble de población que la que necesitará realizar la transición en México.
A EU le costo la transición más de 1.5 billones de dólares en subsidios, durante cuatro años. En nuestro caso, claro, habrá que hacer todavía una estimación adecuada a nuestra diferente composición económica e infraestructura tecnológica, pero si algo se puede saber con certeza es que no será barato llevar a decenas de millones a la nueva era de la televisión digital.
¿Cuánto nos va a costar y en qué período de tiempo?
3. Esfuerzo interinstitucional. Tal vez la principal clave del éxito norteamericano en realizar la transición es que no fue un esfuerzo unilateral del gobierno federal sino un auténtico proyecto nacional que involucró a múltiples niveles de gobierno (desde el organismo regulador de las telecomunicaciones hasta los bomberos), organizaciones civiles y de consumidores, cadenas comerciales y , sobre todo, a los principales interesados de que el público no se quedara fuera del aire: las televisoras.
¿No deberían Televisa y TVAzteca estar involucradas en el proceso de digitalización en su origen, siendo los principales interesados en que la televisión abierta llegue a su público objetivo ininterrumpidamente? Habrá también que entender qué agenda puedan tener ambas en dicho proceso.
Lo descrito hasta aquí parecería fortalecer la posición de que una mejor planeación de la transición digital sería deseable, dando respaldo a la visión de que la reciente decisión en la Suprema Corte puede ser oportuna, aún cuando las razones que llevaron a la decisión fueran diferentes: la cuestión de si el Ejecutivo tiene o no la atribución para decretar sobre la transición digital.
Sin embargo, aquellos que consideran la decisión un error lo hacen basados en un aspecto no analizado en los comentarios anteriores. Habiendo repasado el cómo, cuánto y quién de la transición digital, falta analizar el por qué de esta.
Sobre ello, se hablará en la siguiente entrada de este blog.
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