
No es ningún secreto que la administración de Enrique Peña Nieto llega con la percepción de ser cercana al principal conglomerado de medios del país, y del mundo hispanoparlante, Televisa. Cuestionado al respecto de sus expectativas de colaboración, Mony de Swaan, Presidente de la COFETEL, evitó referirse al nuevo Presidente, dirigiendo su llamado al nuevo Secretario de Comunicaciónes, cualquiera que éste sea, ofreciendo colaboración y pidiendo atenerse a lo ya acordado.
Gherrera: ¿Cuál será el trato con la administración del nuevo Presidente?
Mony de Swaan: El mismo trato que se la ha dado al actual Secretario, colaboración, interlocución constante. Sin hacer mías las críticas, principalmente de algunos movimientos sociales, hay tranquilidad plasmada en un documento firmado por el Secretario de Hacienda, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, el Presiente de COFECO y un servidor, de que avanzaremos a pasos rápidos en la licitación de televisión.
GHerrera: El sector se ha visto convulsionado por el enfrentamiento público entre las televisoras por un lado, Televisa y TvAzteca, y América Móvil por el otro ¿Cuál debe ser la respuesta de política? ¿Conciliar, favorecer radiodifusión o telecomunicación?
Mony de Swaan: Con respecto a las críticas que se han hecho unos a otros en aquella “Guerra de las Telecomunicaciones” , lo más fácil y lo más razonable es aceptar ambas propuestas. La agenda que hay que conjuntar es la demanda de ambos: se necesita mayor competencia tanto en radio y televisión, como en telecomunicaciones.
Gherrera: Un tema pendiente que se hereda es la digitalización de la televisión terrestre, fijada como política nacional en 2004 por Decreto Presidencial. No pocos la han calificado de un fracaso, que nos pone al nivel de países africanos, en cuanto a la adopción del estándar.¿Qué va a pasar? ¿Tienen las televisoras un interés en que haya avances?
Mony de Swaan: No diría que la política de 2004 es un fracaso, se han aprendido muchas cosas en estos años, que no se habían plasmado en la política. Es preocupante el atraso que existe; lo que no es preocupante es el empuje de algunas televisoras: hemos otorgado cerca de 250 canales espejo digitales. Lo que menos les conviene es mantenerse en operación analógica pues los costos de la operación digital son una décima parte de la analógica. Poco a poco las televisoras empiezan a tomar interés en ello. Por otro lado, demandan certidumbre en la política, y tienen razón.
La digitalización no es sólo tener una mejor imagen, sino un uso eficiente del espectro: el día de hoy el 75% se desperdicia. Con la digitalización se liberaría espacio para , por ejemplo, banda ancha de Internet.
Entonces, lo que hemos decidido hacer, es seguir un esquema escalonado en vez de un apagón nacional, con Tijuana en abril 2013 como el primer paso, que es realizable. Tijuana será el piloto para el resto del país.
GHerrera: ¿Qué más se necesita?
Mony de Swaan: Siempre hemos dicho: no nos dejen solos. En ningún país la digitalización es un esfuerzo sólo del órgano regulador. Tiene que haber un esfuerzo interinstitucional. Secretaría de Economía, Hacienda, el INEGI en mediciones, e incluso instancias como el INAPAM para educar a los adultos mayores sobre la transición digital, de igual manera los jóvenes, zonas marginadas, etc., SEDESOL debería ser también parte del esfuerzo.
GHerrera: Con base en la experiencia internacional ¿Se requieren subsidios para lograrlo?
Mony de Swaan: No hay país en el mundo que haya completado la transición digital sin algún tipo de subsidios. Éstos no tienen que ser necesariamente monetarios. Lo que necesitamos hacer es platicar con el Congreso para hacerlo en forma transparente y determinar que segmentos necesitan realmente el apoyo.
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En meses pasados, tuve oportunidad de entrevistar a Mony de Swaan, Presidente Comisionado de COFETEL, a poco más de dos años de haber asumido el puesto. Hablamos de diversos temas: la digitalización de la televisión, licitación 21, los logros obtenidos hasta ahora, la agenda pendiente y, por supuesto, sus expectativas ante una nueva administración que es percibida como cercana a uno de los principales grupos de medios.
Concreto y directo, el Presidente Comisionado respondió con el estilo y franqueza que lo han caracterizado en sus intervenciones públicas. Por su extensión, publicaremos la primera parte a continuación, en la cual habló del balance hasta ahora, las divergencias al interior, y las facultades del organismo. La segunda parte – el próximo jueves 29 – sobre sus expectativas de colaboración con la administración de Enrique Peña Nieto, y los retos de política que le esperan, p. ej. la digitalización y el aprovechamiento del espectro.

Mony de Swaan, Pte. de la COFETEL, durante la entrevista con el autor.
“Vamos muy bien” y falta mucho por hacer
GHerrera: Fue un julio de 2010 cuando Ud. fue ratificado como Presidente Comisionado de la COFETEL. Los dos últimos años han visto no poca controversia en el sector, culminando en lo que los medios han denominado incluso “la guerra de las telecomunicaciones” entre grupos corporativos. ¿Cuál es el balance del Presidente Comisionado?
Mony de Swaan: Tienen que verse varios aspectos: dónde estábamos, dónde estamos, y dónde quisiéramos estar. Al principio hicimos públicos 24 puntos, a fin de transparentar los objetivos y las acciones que nos propusimos. De ellos, 21 están terminados al día de hoy, aunque no todo se refiere a proyectos culminados sino procesos que pueden plantear, a su vez, nuevos procesos en el futuro:
- primeras licitaciones de televisión y radio en tres sexenios.
- primera vez en la historia que no tenemos refrendos pendientes; certidumbre es muy importante en este sector.
- pasos importantes en el tema de calidad, limitado sólo por las facultades del organismo.
- la nueva política de televisión digital terrestre, de importancia histórica.
- las primeras obligaciones específicas para un actor dominante, en dos sexenios.
- el convenio-marco de Interconexión, etc.
No estamos hablando de sólo pequeños pasos, pero es tan sólo una forma de ver las cosas; otra es hablar de dónde quisiéramos estar y ahí nos falta mucho para lograr mercados competitivos que ofrezcan precios más asequibles. En cuanto a lo que falta, es necesario recordar que no somos los responsables únicos de dichos procesos. Compartimos facultades con otras instancias, como el poder legislativo.
“Divergencias enriquecen”
GHerrera: En ocasiones se ha transparentado a los medios la diversidad de opiniones que existen en el seno del organismo, entre los miembros del Pleno; éstas han parecido a veces confrontaciones. En otra instancia, un ex -miembro del Consejo Consultivo acusó al Presidente Comisionado de ser la causa de los diferendos….
Mony de Swaan: La idea de tener un órgano colegiado es tener diversidad de opiniones; a veces más, a veces menos, pero el proceso fortalece las decisiones del regulador. Esperar que haya un órgano que unánimemente apruebe todo sería de levantar las cejas: las diferencias enriquecen y son bienvenidas, no hablan como tal del ambiente que prevalece. Me preocuparía en cambio que impidieran el avance. Mientras la agenda siga avanzando, las divergencias sólo fortalecen el trabajo.
Tenemos un Consejo Consultivo plural, no se escogió “a modo” u homogéneo, y la misma renuncia ( arriba mencionada) es una prueba fehaciente de ello.
“Concepciones obsoletas de soberanía”
GHerrera: Ud. ha hablado sobre las facultades que la ley le otorga al Organismo. En el último año la Suprema Corte de Justicia (SCJN) ha ratificado algunas ¿Deberían éstas ampliarse y dar más “músculo” regulatorio a la COFETEL?
Mony de Swaan:En la última Legislatura se movió poco o nada el marco normativo, a pesar de muchas solicitudes, por ejemplo, para poder imponer sanciones. Ante esa ausencia, tuvimos la ventaja de una SCJN muy activa, lo que no ha habido en el Legislativo. Aprovecho el espacio para hacer un reconocimiento a la SCJN por ello. Han hecho un trabajo muy fino de identificar las facultades y a quien corresponden.
Temas faltantes: las decisiones del órgano regulador deben poder ser recurridas pero no suspendidas, durante el proceso de queja; la doble ventanilla con la Secretaría de Comunicaciones; revisión de la ley de inversión extranjera, todavía basada en concepciones obsoletas de soberanía, etc.
El informe de la OCDE (Telecomunicaciones en México) señala, por ejemplo, que mientras el regulador británico tiene definidas 38 facultades, la COFETEL tiene sólo 8.
La próxima semana, lo que espera Mony de Swaan de la nueva administración y los retos en telecomunicaciones.
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En un artículo anterior de este blog (Televisión y COFETEL, un llamado a la transparencia, 25 de enero) recordabamos la promesa de una tercera cadena que se había hecho al inicio de la presente administración, en 2006. A unos meses de su término, no parece que vaya a pasar de promesa, convirtiéndose en una de las grandes “deudas” en política pública del sexenio que termina.
El 25 de enero pasado, el Pleno del órgano regulador, la COFETEL, discutió y votó por el aplazamiento de la decisión, tanto sobre la transición de la televisión digital terrestre (TDT) como sobre la licitación de nuevas licencias de televisión abierta. Se dio a conocer en días recientes la versión estenográfica de la reunión de ese día, donde se tomaron tan importantes decisiones, y a la cual nos referiremos en lo que resta de esta columna. Estuvieron presentes, Mony de Swaan, Presidente comisionado del organismo, y los cuatro Comisionados que conforman el pleno, Ernesto Gil, Gonzalo Martínez Pous, Alexis Milo y José Luis Peralta.
La primera discusión versó sobre la transición digital, la cual giró alrededor de qué criterio –nivel de penetración o fechas meta – se debía adoptar ante lo que el Presidente del Pleno no dudó en llamar el fracaso de la política de 2004, fecha original del Decreto sobre la transición. Lo que no deja de llamar la atención es la duda todavía existente en alguno de los comisionados sobre si la COFETEL cuenta o no con facultades para regular dicho proceso. Al final todos los comisionados, con excepción de Mony, votaron por aplazar la discusión. Afortunadamente, el pasado cuatro de mayo se desatoró el proyecto, al publicarse las adiciones y modificaciones al Decreto sobre la TDT de 2004.
El segundo tema discutido fue la licitación de televisión abierta, donde hay varias partes reservadas en la versión estenográfica. Después de describir los antecedentes, entre los cuales se señala que “no existe impedimento técnico alguno para su licitación” (p.15), se pasa a la discusión de argumentos, siendo éstos “temas de forma, no de fondo” en juicio del Presidente Comisionado, quien hace también referencia a la concentración de “infraestructura, publicidad y audiencia”. En algún momento, parece haber acuerdo que sólo son dichas correcciones de forma lo que es necesario para votarlo, y así lo pide el Presidente comisionado: “seguir avanzando con este proyecto independientemente de otras variables externas” (p.21), aunque el documento no deja en claro cuales son éstas. Y es ahí, cuando parecía que el proyecto podría ser votado sujeto a ajustes de formato, cuando el consenso de los comisionados es por aplazar el tema, con el único voto en contra, una vez más, de Mony de Swaan, quien termina invitando a los demás comisionados a informarle cuando las condiciones que impiden el voto estén resueltas para proceder a la discusión del tema de nuevo en el Pleno.
Lo que pasó ese día levanta varias interrogantes. Si la licitación de nuevas señales de televisión es técnicamente posible, ¿cuál es el impedimento para hacerlo? Si es una cuestión de puntos y comas ¿por qué han pasado ya cuatro meses sin que se haya votado al respecto?; es más ¿por qué no se fijó un termino para dicha corrección y agendar fecha para su discusión? Sea cual fuese el resultado de ésta, no habría razón para postergarlo más. Es indicativa la respuesta del comisionado Martínez Pous, respondiendo a la posibilidad de votarlo -una vez que las correciones de formato estuvieran hechas-indicando que una cosa será tenerlo listo con ”puntos y comas. Y la otra situación cuándo decidimos votarlo”. (p.21)
¿Qué puede explicar la dilación? ¿Sería acaso el temor aun mayor de llevar a cabo el voto, y que éste fuera un NO al otorgamiento de nuevas licencias? En tal caso, la opinión pública demandaría una convincente explicación de la decisión. Y no es que no sea válido y posible presentar argumentos en contra de una tercera cadena, sin más. Gabriel Zaid así lo hizo, por ejemplo, el 26 de febrero en su artículo en Reforma, La tercera cadena, donde argumentaba en contra de permitir que un tercer competidor fuera tan abusivo como los dos ya existentes y demandando una finalidad cultural en el proyecto. Sin embargo, no hay viso de argumentos sustantivos similares en contra de la apertura, en la estenográfica del 25 de enero. Se pasa simplemente de discutir cuestiones de formato a aplazar el tema de fondo; y sin fecha para ello.
Posterior a la decisión, y a la decepción que causó, los comisionados que votaron por el aplazamiento han afirmado que hay externalidades por resolver, antes de proceder al voto. En días recientes, el comisionado Alexis Milo expresó en entrevista que había que tomar en cuenta los requerimientos del mercado.
Todo lo anterior es válido y necesario, pero ¿por qué nada de ello se trasluce en la discusión del Pleno convenido justo para tal propósito, hace cuatro meses? Seguramente habrá una explicación lógica, pero con la información disponible al público, no se puede evitar una sensación de “arrastrar los pies” al interior del organismo. No sorprende la reacción de Irene Levy de Observatel, quien después de leer la estenográfica del 25 de enero, ha demandado ya la publicación del procedimiento para la licitación de nuevas señales de televisión, durante un programa de CNNMéxico; al no encontrar nada sustancial que explique el retraso.
Los acontecimientos de las últimas semanas han mostrado que la demanda por una televisión abierta más plural no es exclusiva de académicos y políticos, sino una exigencia de sectores amplios de la población. Es de desear que la COFETEL actúe -como ya lo hizo en el caso de la transición digital- y evite alimentar la impresión de no estar a la altura de lo que la sociedad espera de ella.
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En diciembre de 2006, Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes planteó licitar nuevas frecuencias de radio y televisión, conforme a los compromisos de campaña del Presidente Felipe Calderón. Casi seis años han pasado y nada se concretó. Sorprendentemente, en un momento en que se asumía que las campañas políticas crearían una situación de “standby” legislativo y regulatorio, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), bajo la dirección de Mony de Swaan, siguió adelante con la elaboración de un programa de licitaciones para nuevas concesiones de televisión abierta. El resultado de las encuestas realizada por el organismo en diciembre había indicado un abrumador consenso a favor, como indicábamos en la última entrada de este blog ( El futuro de la televisión abierta ¿Hay para más?, 30 de enero 2011).
Aunque inicialmente se preveía la discusión para el miércoles 11 (La Cofetel discutirá sobre TV abierta, CNNExpansion.com, 8 de enero 2012), la discusión fue pospuesta por la petición de clarificación del proyecto por parte de algunos comisionados del organismo (Postergan decisión de más canales de TV, CNNExpansion.com, 10 de enero 2012). Se espera que en los próximos días o semanas, se tome una decisión al respecto.
Muchas partes han expresado sus puntos de vista, ejerciendo su derecho: académicos, organismos civiles, y corporativos de la industria. El punto de vista de las televisoras debe ser también tomado en cuenta en la discusión, sin trato preferencial, pero también sin prejuicios ideológicos. Tanta razón tienen los intelectuales y organismos en demandar una decisión objetiva y transparente, como lo tienen las televisoras en expresar sus argumentos.
¿Por qué es tan importante? De una u otra manera, la televisión abierta es la principal generadora de opinión y discusión de nuestra sociedad, por delante de la prensa escrita y los libros. Su narrativa audiovisual define la agenda nacional gracias a que sus mensajes alcanzan a más del 90% de la población. No es sorpresa que el principal receptor del gasto publicitario sea la televisión abierta. Si en cualquier ámbito económico más competencia es mejor que menos, ésta es fundamental en el ámbito de lo audiovisual, pues de ello dependerá en gran parte la diversidad de ideas en la sociedad. La pluralidad en el ámbito televisivo no es sólo una cuestión de quién se queda con qué (en este caso el espectro); es una decisión que impactará que tipo de sociedad seremos en el futuro. La nuestra es una sociedad mediatizada donde la televisión abierta tiene tanta importancia en la formación de la conciencia ciudadana como lo tiene el Estado y la educación. ¿Quién puede negar que la televisión que hemos tenido es una variable esencial para explicar el tipo de sociedad que hoy somos? Ella ha aportado tanto de lo bueno (que si lo hay, aunque poco se le reconozca) como de lo malo (casi lo único que muchos intelectuales optan por ver). Cada vez más, nuestra “memoria colectiva” pasa por lo audiovisual, sobrepasando a lo escrito.
No hay por qué pensar que México no está listo para una tercera cadena de televisión abierta; hay quienes piensan que hay incluso espacio para una cuarta. La sociedad ha madurado lo suficiente como para poder asumir más contenidos y opciones. El televidente ha sido largamente educado – precisamente por las televisoras – a discriminar y filtrar lo que le gusta. Incluso Emilio Azcarraga indicó en octubre pasado que Televisa no temía enfrentar competencia, en un encuentro organizado por las agencias de publicidad.
Seguramente los comisionados de la COFETEL son conscientes de que su decisión es más que la simple asignación de un bien público, como si de uso de suelo se tratara. Es por ello deseable que, cualquiera que sea el sentido de la decisión, se den a conocer las razones del voto de los comisionados, a fin de evitar acusaciones de ligereza o alineación con los intereses de una u otra parte. Más allá de la obligación legal que pueda tener, la COFETEL tiene hoy un imperativo de transparencia, consecuencia de la importancia de la decisión que tome. Si la decisión fuera en contra de la ampliación de la oferta televisiva, ésta debería explicarse con profundidad; y los primeros en beneficiarse de ello serían las televisoras. Lo último que necesitan Televisa y TvAzteca es la percepción de que fueron mecanismos de presión empresariales los que llevaron a una decisión que les beneficia. Si hubiera consistentes argumentos técnicos y económicos en contra, deberían darse a conocer. Decisiones opacas perjudican a todos los interesados. La posición de Mony de Swaan, a favor de la apertura, ha sido clara, fundamentándola en varios foros; la de los demás comisionados debería ser igualmente transparente.
La COFETEL, -cuyo estatus fue objeto de considerable debate y tuvo que ser refrendada por la Suprema Corte en 2007– tiene la oportunidad de mostrar que está a la altura del poder y facultades que con tanta discusión pública se le otorgaron. Casualidad o no, esta semana también se discutió en la Comisión Federal de Competencia (COFECO) la resolución sobre el trato Televisa-Iusacell, la cual ha calentado los ánimos en los medios, levantando acusaciones de presión sobre el organismo. Fue justamente hace un año, el 23 de enero de 2011, que el periodista Miguel Angel Granados Chapa había “balconeado” la operación, seguido por la apasionada negación de las partes, como también lo señalamos en este blog en su momento (Televisa-Iusacell ¿reivindicación de un periodista?, 7 de abril 2011).
El “sospechosismo” que ya rodea la decisión que tome la COFECO, sea cual sea, debería servir de advertencia a los comisionados de la COFETEL que la transparencia no es ya una opción, sino una demanda de legitimidad.
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Mucho se ha discutido en el año que termina sobre la televisión abierta y sus perspectivas de crecimiento. Según una encuesta realizada recientemente por la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), más del 80% de la muestra encuestada estaría a favor de una tercera cadena de televisión (Los ciudadanos piden más cadenas de TV, CNNExpansion, 21 de diciembre 2011)
La transición digital contribuyó a acrecentar las expectativas al respecto (Cambio a TV digital ¿entrada 3ra cadena?, CNNExpansion, 2 de septiembre 2010 ). En abril de este año, Mony de Swaan, Comisionado Presidente de la COFETEL señaló que habría posibilidad incluso de dos cadenas de televisión digital terrestre. Sin embargo, la transición digital se ha visto empantanada por cuestiones “más de forma que de fondo”, como bien señaló el mismo de Swaan.
¿Hay alguna forma que permita evaluar cuántas cadenas de televisión son óptimas; dos, tres, o cuatro? ¿Tiene el mercado mexicano la capacidad de alimentar el crecimiento de la oferta?
Se puede comenzar con un comparación con nuestro principal socio comercial, E.U. La población hispana en dicho país, calculada en cerca de 50 millones de personas por el U.S. Census Bureau – poco menos que la mitad de la de México -es atendida por tres cadenas nacionales, Univision, Telemundo y Telefutura; además de otras televisoras con cobertura amplia, aunque no nacional como es el caso de la misma Azteca América, filial de TVAzteca. Es común objetar las diferencias en nivel de vida entre los dos países, cuando se utiliza el mercado norteamericano como referencia. Sin negar tales diferencias, es también necesario resaltar que la población hispana de E.U. tiene un nivel de ingreso 30-35% menor al promedio nacional de los E.U., disminuyendo así la disparidad comparativa. En otras palabras, la población hispana en el vecino país es clase trabajadora en su absoluta mayoría, como es bien sabido, y alimentan una diversa y vibrante industria televisiva.
Si el tamaño de las audiencias no parece ser un factor limitante y éstas parecen estar a favor de más oferta que de menos ¿qué lo impide? Dos son fundamentalmente los desafíos:
1) Publicidad. La transmisión de televisión la pagan no las audiencias, sino indirectamente los anunciantes que buscan llegar a ellas. De hecho, el público es realmente el “producto” que las televisoras venden. El rating y la publicidad que la sigue son las variables que mueven a ésta industria; sería ingenuo hablar de una crecimiento de la televisión sin plantearse si la industria publicitaria puede alimentarlo. En este sentido apuntaron las objeciones a una tercera cadena expresadas por Alejandro Quintero, VP de Televisa en septiembre pasado (“No cabe otra cadena”, advierte Televisa, CNNExpansion, 8 de septiembre de 2011 ).
2) Internet y contenido digital. Mucho se ha dicho sobre el desplazamiento de la televisión por parte de los “nuevos” medios, que además proporcionan la capacidad “on demand”: a la hora, lugar y dispositivo que uno desee. Ciertamente no parece que haya un problema en cuanto al apetito por contenidos televisivos; nunca tanta gente ha visto tanta televisión como en los últimos años. La cuestión es si el aparato televisivo seguirá siendo el medio principal de satisfacción de dicho deseo, pues compite con una creciente gama de “gadgets”, desde la tradicional PC hasta la última tablet o smartphone. Bien ha señalado Kevin Roberts , de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, que el siglo XXI será el siglo de las pantallas, pero el televisor será tan sólo una de muchas. Si así fuera el caso, el futuro parece favorecer más a compañías como Netflix que a una nueva versión de Televisa o TVAzteca.
En vista de lo anterior ¿Hay realmente espacio para más cadenas de televisión? Analizar cada tema es extenso y los discutiremos por separado en las siguientes entradas de este blog, en enero.
¡Feliz Año Nuevo!
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El 1 de agosto se anunció la intención de América Móvil, la empresa más grande de servicios celulares en Latinoamérica y considerada la joya de la corona de Carlos Slim, de comprar el 40.5% de las acciones de Telmex que no posee todavía. El 8 de agosto el Consejo de Telmex aceptó el inicio de la oferta. Ambas compañías pertenecen a Carso Global Telecom.
América Móvil sigue creciendo en ganancias (14% en el segundo trimestre de 2011) y tiene una presencia internacional, por ejemplo en el lucrativo mercado brasileño. En contraste, Telmex vio una caída del 12% en sus ganancias en el mismo período, su alcance es nacional, y el entorno le es cada vez más adverso: multas (aun cuando suspendidas), acusaciones de monopolio, y una creciente tensión con los órganos reguladores.
¿Por qué incrementar la presencia en una compañía en declive, particularmente cuando America Móvil bien podría usar los recursos para su expansión en Latinoamérica? ¿No se le está metiendo “dinero bueno al malo”?
La opinión de los analistas sobre la medida ha sido dividida (CNNExpansion, “Amóvil tendrá más deuda por Telmex”, 2 de agosto). Algunos, como el banco UBS, vieron ventajas en la adquisición de Telmex, lo cual le ahorrará a la empresa flujos de efectivo destinados al pago de dividendos a accionistas minoritarios. Otros , como Casa de Bolsa Vector, consideraron que invertir más en un sector que pierde relevancia no parece muy conveniente, y más aún cuando es posible que América Móvil tenga que emitir deuda para poder completar la operación.
La diversidad de opiniones muestra que los móviles de la operación no son evidentes por sí mismos. A diferencia de otras operaciones – como por ejemplo la recién anunciada compra de Motorola Mobility por Google — ésta no ha sido acompañada de elaboradas explicaciones o conferencias de prensa que alimenten el ansía de los analistas. Sin embargo, algo que ha caracterizado al liderazgo de Carso es su habilidad para establecer estrategias de largo plazo, las cuales por definición pueden no ser obvias ¿Habrá alguna intención estratégica, que explique la operación? De los muchos escenarios que se pueden plantear, vale la pena considerar dos.
El primero es la tan deseada entrada de Telmex a televisión, la cual se le ha negado injustificadamente en las dos últimas administraciones. Hacer realidad el “quadruple play” ha sido por años la aspiración no realizada de Carso. Tal vez sea el prospecto de una nueva administración, menos adversa a los intereses de la compañía, lo que este detrás de la consolidación. La integración completa con America Móvil podría ser una preparación para un relanzamiento de Telmex como distribuidor de contenidos audiovisuales para todo medio que implique una “pantalla”; sea televisión, celulares, o cualquier dispositivo móvil.
El segundo es más especulativo pero no irreal ¿Existe alguna razón por la cual sea conveniente para Carso que América Móvil posea el 100% de las acciones en vez del 60%? Después de todo, se puede decir, tiene ya la mayoría ¿no significa que pueda hacer lo que quiera?
De hecho no. Las leyes de México y de EU — donde cotizan tanto América Móvil como Telmex – protegen derechos de minorías accionarias, es decir, la mayoría no puede votar decisiones que pudieran afectar a aquellos que tienen participaciones minoritarias. Tales operaciones pueden incluir fusiones, adquisiciones o incursionar en nuevos negocios. ¿Hay algún caso en la historia reciente donde se haya dado un conflicto entre accionistas minoritarios y mayoritarios de una empresa por decisiones de este tipo?
En el año 2004 un grupo de accionistas minoritarios de TVAzteca protestaron por lo que alegaron fue la incursión no informada de ésta en Unefon a principios de la década; dicha inversión no dio los resultados esperados de permitir a la televisora disfrutar del creciente mercado de telefonía celular. Un mal negocio – como muchos puede haberlos – se convirtió en una conflicto entre accionistas , el cual posiblemente no hubiera surgido de haber resultado rentable Unefon.
Pero no quedó ahí, llegó más allá. Los accionistas minoritarios lograron atraer una investigación de las autoridades bursátiles norteamericanas y, a pesar de las protestas de inocencia de TVAzteca, llevó a sanciones y a la salida de ésta de la bolsa de Nueva York. Aún cuando la televisora no parece haber incurrido en prácticas contrastantes con la cultura corporativa nacional al asumir el riego que tomó, la creciente regulación norteamericana se inclinó a dar un gran peso — posiblemente desproporcionado– al perjuicio alegado por accionistas minoritarios.
Dicho caso mandó un mensaje claro: es de importancia capital tener control accionario completo de una empresa, si se desea hacer cambios de estrategia corporativa . Si se toma en cuenta que el principal accionista minoritario de Telmex es la gigante norteamericana de telefonía, AT&T, con 8.5% del total, la experiencia de la televisora es una señal de advertencia. El anuncio de América Móvil de tener la intención de sacar las acciones de Telmex de todos los mercados bursátiles en los que la compañía esta listada, una vez que posea el 100% , parece prestar credibilidad a la hipótesis de consolidar para emprender y ganar margen de maniobra en un entorno cada vez más complicado.
En todo caso, éstos escenarios son hipotéticos, hasta no tener más información de los siguientes movimientos planeados de Carso en la “guerra de las telecomunicaciones”.
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La “guerra” de las telecomunicaciones lleva en curso ya seis meses , lo suficiente para empezar a manifestar los costos para las partes. En los últimos días, el efecto sobre el flujo de caja de Televisa ha sido lo más destacado en los medios, al darse a conocer sus resultados para el segundo trimestre del año.
La compañía trató de disimular que hubiera cualquier efecto sobre sus finanzas en dicho periodo, señalando que sus utilidades en dicho trimestre son iguales a las del año pasado, lo cual es cierto, pero no por ello refleja toda la realidad. Y no es sólo el hecho de que siempre se puede argumentar que de cualquier compañía sana se espera que sus ganancias crezcan establemente, a fin de ofrecer un saludable retorno de inversión a sus inversionistas. Va más alla.
El panorama se revela problemático cuando se analizan de cerca los resultados del grupo: las ventas de Televisa se incrementaron de hecho en 4.7% , pero sus utilidades se mantuvieron sin cambio. En términos corrientes, vendieron más, para ganar lo mismo.
Por confesión propia, la retirada de publicidad de las empresas de Carlos Slim es la principal causa del hecho. Conciliadoramente, Pepe Bastón, encargado de los contenidos audiovisuales de la compañía, declaró a Bloomberg que les “daría la bienvenida de vuelta como clientes en cualquier momento”.
Cuando el retiro de publicidad de las empresas de Slim fue anunciado en meses pasados, Televisa trató de minimizar su efecto y buscó maneras de diversificar la generación de ingresos, tales como adquirir nuevos anunciantes; p. ej., empresas del grupo Salinas. Al parecer no ha sido suficiente.
Las consecuencias en los medios financieros no se han hecho esperar. El precio de su acción en Nueva York ha caído a su nivel más bajo en tres meses y, en consecuencia, los analistas y las firmas de inversión han comenzado a reconsiderar sus calificaciones de inversión con respecto a Televisa.
Establecido lo anterior, los resultados corresponden a un trimestre y tampoco deben ser sobredimensionados. Adicionalmente, los años electorales son particularmente buenos para la televisión abierta, aún cuando las restricciones legales tendrán su efecto.
Después de todo, si algo ha demostrado la administración de Azcárraga Jean es una gran capacidad de adaptación estratégica y de diversificación de modelos de negocio. Los recientes resultados muestran efectivamente un costo del conflicto, pero difícilmente son algo inesperado; mucho menos señalan una tendencia irreversible. De hecho, es posible que lo mejor de la capacidad estratégica de Televisa para responder este todavía por verse.
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“Las historias son la moneda corriente del contacto humano”
Robert McKee
La frase anterior, del padre de la narrativa audiovisual contemporánea, apunta a la evidente necesidad de toda sociedad de proveerse de historias que nutran la imaginación, alimenten las aspiraciones y expresen en suma, los deseos y temores colectivos. Cuando las familias, las parejas o los amigos se reúnen para distraerse de la rutina y olvidar las preocupaciones cotidianas, son las historias las que permiten despejar la mente y cambiar el ánimo.
Se podría decir que no poco se puede entender de una sociedad al entender las historias que la apasionan. Tal vez la manera más conspicua de palpar cuáles son dichas historias es poner atención a los medios. Después de todo, son éstos los grandes canales de ese flujo continuo de narraciones que captan nuestra atención. ¿Cuántas conversaciones no comienzan con referencias a lo que la televisión, el radio o la prensa están contando?
En los últimos días ha habido un amplio repertorio de opciones: alcaldes muertos, balaceras, muerte de activistas sociales, colapso político en Túnez, tiroteos en Tucson, etc. Sin embargo, una historia ha destacado por encima de todas ellas: el caso Kalimba.
Lejos de estar confinada a noticieros de espectáculos o a programas de notas sensacionalistas, la historia se ha convertido en noticia principal de uno de los más importantes noticieros matutinos y nota obligada del principal periódico en línea, por citar tan solo dos medios.
¿Es una noticia más, cuya cobertura es proporcional a su importancia?
Baste citar algunos hechos:
1. La semana pasada el tiempo asignado a la cobertura del caso y la entrevista con Kalimba en el mencionado noticiero fue semejante al que recibirían notas como la inflación, la inseguridad , el combate a la pobreza, etc. Los analistas del propio noticiero ya quisieran tanto tiempo aire para expresar sus opiniones.
2. Cuando el jefe de la Cofetel, Mony de Swaan, hizó un imprudente comentario en Twitter, en la víspera de su comparecencia en el Congreso, los medios hicieron mención de ello y lo criticaron. Ahora hemos tenido la lista completa de mensajes entre Kalimba y una de las chicas involucradas en su historia recitada al aire y publicada.
3. Por si eso no bastara, el día 17 de enero la acusadora de Kalimba apareció en el mencionado noticiero matutino nacional, teniendo la atención ininterrumpida del conductor por treinta minutos. Ni un secretario de estado tiene tanto tiempo aire; si acaso, el Presidente.
Nadie esta minimizando la importancia de una acusación de violación, ni pasando juicio sobre quién dice la verdad; eso le corresponde a las autoridades. Si se trata en cambio, de dimensionar el peso específico de un crimen del fuero común, en contraste con noticias que siguen poniendo a prueba nuestra capacidad de asombro social, como lo son decapitaciones o asesinatos de activistas sociales.
Particularmente entre el fin de semana y hoy, académicos y periodistas se han hecho eco de la sorpresa ante la fascinación pública por seguir el último episodio de una celebridad acusada de un delito. Sin embargo, no solo es el público el culpable de tan improductiva obsesión.
A diferencia del caso de Paulette, esta no es una historia que haya surgido de las redes sociales y de ahí recogida por los medios. En contraste, esta es una historia que al ser inicialmente conocida parecía ser una nota de espectáculos más; para convertirse en unos días en noticia de discusión nacional por una decisión editorial de ciertos medios de darle tanta o más importancia que la economía, la violencia en Guerrero, o problemas internacionales en Brasil o Túnez.
Pareciera que el país y el mundo no tienen suficientes acontecimientos desarrollándose como para que uno de los más conocidos y respetados conductores de noticieros dedique a esta historia tiempo aire que ya quisiera el bloque de noticias económicas tener.
En un país en que es pasatiempo nacional criticar a la televisión y a la prensa, y éstas defenderse, sería deseable verlas ejercer un juicio editorial más balanceado. Hacer de una noticia rosa entretenimiento y “agenda” nacional es un pobre servicio de los medios a la sociedad.
Con la última decisión de la Suprema Corte, la transición a televisión digital en 2015 queda suspendida, aunque la fecha inicial del 2021 sigue en pie. Probablemente dicha decisión no será el último episodio de esta saga, pero sin lugar a duda cualquier resolución que confirme o altere lo anterior tardará meses.
¿Por qué es tan importante la transición digital?
Fundamentalmente porque la transición haría posible la diversificación de los contenidos televisivos, en virtud de la capacidad técnica de transmitir varios canales donde ahora se transmite uno. ¿Qué es lo que hace que este hecho sea tan relevante? Afortunadamente o no, amplios estratos de la sociedad configuran su visión del país, la sociedad y la familia a partir de las ideas y valores que la televisión transmite. Es deporte nacional criticar a las televisoras por la calidad de sus contenidos. Dicha crítica atestigua la conciencia del impacto que dichos contenidos tienen, igual o mayor que el de casi cualquier otra institución social. No se le prestaría tanta atención si no fuera por el peso que tiene en la conformación de la opinión pública y la agenda nacional.
Desde ese punto de vista, la ampliación de opciones de transmisión ofrece la gran oportunidad de renovar la forma en que la televisión contribuye a la construcción de los paradigmas sociales; haciendo que el mayor aprovechamiento técnico del espectro radioeléctrico sea la base del surgimiento de un universo de mensajes muchos más amplio y variado que el actual.
Se podría objetar que el avance de internet acota lo anterior. Aunque los nuevos medios electrónicos son cada vez más importantes, sobre todo en la clase medias urbana, no más del 30% de los mexicanos son usuarios regulares de internet, según la AMIPCI; en contraste, la televisión abierta llega a más del 95% de la población. La COFETEL señala que hay 26.5 millones de hogares con televisión, y tan sólo 1.3 millones sin una.
Es tan sólo de esperar que la pausa que se le ha puesto a la transición sirva no sólo para definir qué le toca a quién, – el gobierno federal tenía ya presupuestado varios cientos de millones de pesos en 2011 – sino para crear también las condiciones de una televisión plural que contribuya a un proyecto de país moderno.
La decisión de la ministra Olga Sánchez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual efectivamente pone en pause la transición a televisión digital planeada para el año 2015, ha alimentado todavía más la discusión sobre si el apagón analógico es oportuno o incluso necesario para el desarrollo del país, con opiniones respetables de un lado y otro de la discusión.
La experiencia norteamericana del apagón analógico -descrita en las dos entradas anteriores de este blog – permite delinear algunos principios generales del cómo, cuánto y quién de un proyecto tecnológico de esta magnitud; aportando ideas para llegar a un juicio al respecto.
1.- Educación. No se trata solo de repartir convertidores o de realizar una campaña de difusión o concientización sino de auténticamente guiar al público objetivo – cerca del 100% de los hogares – sobre el modo y consecuencias de la digitalización, especialmente en lo que se refiere a sus bolsillos.
Experiencias internacionales han mostrado que lo más importante es lograr que el público entienda que digitalizar no implica: a)comprar televisiones HD, y/o b) adquirir un sistema de televisión por cable o satelital.
En cuanto a lo primero, cualquier televisión analógica – y en México estas siguen siendo todavía una proporción considerable, sobre todo en áreas rurales – puede captar la señal digital si tiene conectado el debido convertidor de señal. Sin embargo, es necesario señalar que es posible que dichos usuarios tengan que cambiar sus antenas por nuevas con mayor potencia de recepción; la improvisada antena de gancho de colgar no será suficiente para captar las nuevas señales de televisión abierta digitalizada.
En cuanto a lo segundo, el adquirir televisión por cable o satelital implica realizar la digitalización sin mayor problema, pero ésta no debe verse como necesaria o indispensable. Ciertamente es una gran oportunidad para éstas compañías de hacer crecer su mercado en las zonas donde tienen cobertura y en los estratos económicos con la capacidad de pagar mensualmente sus servicios. El problema es que la mayoría de los mexicano no caen todavía bajo ninguna de ambas categorías. Mientras que en EU cerca del 60% de la población tiene televisión por cable, en México es el 37%.
¿Cómo se esta planeando la curva de aprendizaje que el público televidente tendrá recorrer para transitar a tv digital?
2. Costo. Aún descartando los mexicanos que ya están digitalizados por cable o satélite, quedan todavía cerca de 60 millones de personas que son potencialmente susceptibles de quedar fuera del aire si no adquieren televisión de paga o conectan un convertidor a sus televisores analógicos. Siguiendo la misma medida, la cantidad de norteamericanos que necesitó ser digitalizada fue un poco más del doble de población que la que necesitará realizar la transición en México.
A EU le costo la transición más de 1.5 billones de dólares en subsidios, durante cuatro años. En nuestro caso, claro, habrá que hacer todavía una estimación adecuada a nuestra diferente composición económica e infraestructura tecnológica, pero si algo se puede saber con certeza es que no será barato llevar a decenas de millones a la nueva era de la televisión digital.
¿Cuánto nos va a costar y en qué período de tiempo?
3. Esfuerzo interinstitucional. Tal vez la principal clave del éxito norteamericano en realizar la transición es que no fue un esfuerzo unilateral del gobierno federal sino un auténtico proyecto nacional que involucró a múltiples niveles de gobierno (desde el organismo regulador de las telecomunicaciones hasta los bomberos), organizaciones civiles y de consumidores, cadenas comerciales y , sobre todo, a los principales interesados de que el público no se quedara fuera del aire: las televisoras.
¿No deberían Televisa y TVAzteca estar involucradas en el proceso de digitalización en su origen, siendo los principales interesados en que la televisión abierta llegue a su público objetivo ininterrumpidamente? Habrá también que entender qué agenda puedan tener ambas en dicho proceso.
Lo descrito hasta aquí parecería fortalecer la posición de que una mejor planeación de la transición digital sería deseable, dando respaldo a la visión de que la reciente decisión en la Suprema Corte puede ser oportuna, aún cuando las razones que llevaron a la decisión fueran diferentes: la cuestión de si el Ejecutivo tiene o no la atribución para decretar sobre la transición digital.
Sin embargo, aquellos que consideran la decisión un error lo hacen basados en un aspecto no analizado en los comentarios anteriores. Habiendo repasado el cómo, cuánto y quién de la transición digital, falta analizar el por qué de esta.
Sobre ello, se hablará en la siguiente entrada de este blog.
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