En diciembre de 2006, Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes planteó licitar nuevas frecuencias de radio y televisión, conforme a los compromisos de campaña del Presidente Felipe Calderón. Casi seis años han pasado y nada se concretó. Sorprendentemente, en un momento en que se asumía que las campañas políticas crearían una situación de “standby” legislativo y regulatorio, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), bajo la dirección de Mony de Swaan, siguió adelante con la elaboración de un programa de licitaciones para nuevas concesiones de televisión abierta. El resultado de las encuestas realizada por el organismo en diciembre había indicado un abrumador consenso a favor, como indicábamos en la última entrada de este blog ( El futuro de la televisión abierta ¿Hay para más?, 30 de enero 2011).
Aunque inicialmente se preveía la discusión para el miércoles 11 (La Cofetel discutirá sobre TV abierta, CNNExpansion.com, 8 de enero 2012), la discusión fue pospuesta por la petición de clarificación del proyecto por parte de algunos comisionados del organismo (Postergan decisión de más canales de TV, CNNExpansion.com, 10 de enero 2012). Se espera que en los próximos días o semanas, se tome una decisión al respecto.
Muchas partes han expresado sus puntos de vista, ejerciendo su derecho: académicos, organismos civiles, y corporativos de la industria. El punto de vista de las televisoras debe ser también tomado en cuenta en la discusión, sin trato preferencial, pero también sin prejuicios ideológicos. Tanta razón tienen los intelectuales y organismos en demandar una decisión objetiva y transparente, como lo tienen las televisoras en expresar sus argumentos.
¿Por qué es tan importante? De una u otra manera, la televisión abierta es la principal generadora de opinión y discusión de nuestra sociedad, por delante de la prensa escrita y los libros. Su narrativa audiovisual define la agenda nacional gracias a que sus mensajes alcanzan a más del 90% de la población. No es sorpresa que el principal receptor del gasto publicitario sea la televisión abierta. Si en cualquier ámbito económico más competencia es mejor que menos, ésta es fundamental en el ámbito de lo audiovisual, pues de ello dependerá en gran parte la diversidad de ideas en la sociedad. La pluralidad en el ámbito televisivo no es sólo una cuestión de quién se queda con qué (en este caso el espectro); es una decisión que impactará que tipo de sociedad seremos en el futuro. La nuestra es una sociedad mediatizada donde la televisión abierta tiene tanta importancia en la formación de la conciencia ciudadana como lo tiene el Estado y la educación. ¿Quién puede negar que la televisión que hemos tenido es una variable esencial para explicar el tipo de sociedad que hoy somos? Ella ha aportado tanto de lo bueno (que si lo hay, aunque poco se le reconozca) como de lo malo (casi lo único que muchos intelectuales optan por ver). Cada vez más, nuestra “memoria colectiva” pasa por lo audiovisual, sobrepasando a lo escrito.
No hay por qué pensar que México no está listo para una tercera cadena de televisión abierta; hay quienes piensan que hay incluso espacio para una cuarta. La sociedad ha madurado lo suficiente como para poder asumir más contenidos y opciones. El televidente ha sido largamente educado – precisamente por las televisoras – a discriminar y filtrar lo que le gusta. Incluso Emilio Azcarraga indicó en octubre pasado que Televisa no temía enfrentar competencia, en un encuentro organizado por las agencias de publicidad.
Seguramente los comisionados de la COFETEL son conscientes de que su decisión es más que la simple asignación de un bien público, como si de uso de suelo se tratara. Es por ello deseable que, cualquiera que sea el sentido de la decisión, se den a conocer las razones del voto de los comisionados, a fin de evitar acusaciones de ligereza o alineación con los intereses de una u otra parte. Más allá de la obligación legal que pueda tener, la COFETEL tiene hoy un imperativo de transparencia, consecuencia de la importancia de la decisión que tome. Si la decisión fuera en contra de la ampliación de la oferta televisiva, ésta debería explicarse con profundidad; y los primeros en beneficiarse de ello serían las televisoras. Lo último que necesitan Televisa y TvAzteca es la percepción de que fueron mecanismos de presión empresariales los que llevaron a una decisión que les beneficia. Si hubiera consistentes argumentos técnicos y económicos en contra, deberían darse a conocer. Decisiones opacas perjudican a todos los interesados. La posición de Mony de Swaan, a favor de la apertura, ha sido clara, fundamentándola en varios foros; la de los demás comisionados debería ser igualmente transparente.
La COFETEL, -cuyo estatus fue objeto de considerable debate y tuvo que ser refrendada por la Suprema Corte en 2007– tiene la oportunidad de mostrar que está a la altura del poder y facultades que con tanta discusión pública se le otorgaron. Casualidad o no, esta semana también se discutió en la Comisión Federal de Competencia (COFECO) la resolución sobre el trato Televisa-Iusacell, la cual ha calentado los ánimos en los medios, levantando acusaciones de presión sobre el organismo. Fue justamente hace un año, el 23 de enero de 2011, que el periodista Miguel Angel Granados Chapa había “balconeado” la operación, seguido por la apasionada negación de las partes, como también lo señalamos en este blog en su momento (Televisa-Iusacell ¿reivindicación de un periodista?, 7 de abril 2011).
El “sospechosismo” que ya rodea la decisión que tome la COFECO, sea cual sea, debería servir de advertencia a los comisionados de la COFETEL que la transparencia no es ya una opción, sino una demanda de legitimidad.
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La publicidad y la televisión, los medios de comunicación, así como diversos sectores productivos, son sus temas de estudio. Catedrático de la Universidad Iberoamericana, fue Director de Posgrados de Comunicación de la Universidad Panamericana, y profesor en el ITESM. Candidato a Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, Master in Business Administration y Business Informatics por la Rotterdam School of Management, Holanda; es Licenciado en Economía por la Universidad Panamericana. Consultor para empresas nacionales y extranjeras, trabajó para el Departamento de Comercio de los EU, y para Citibank Europa