Mucho se ha discutido en el año que termina sobre la televisión abierta y sus perspectivas de crecimiento. Según una encuesta realizada recientemente por la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), más del 80% de la muestra encuestada estaría a favor de una tercera cadena de televisión (Los ciudadanos piden más cadenas de TV, CNNExpansion, 21 de diciembre 2011)
La transición digital contribuyó a acrecentar las expectativas al respecto (Cambio a TV digital ¿entrada 3ra cadena?, CNNExpansion, 2 de septiembre 2010 ). En abril de este año, Mony de Swaan, Comisionado Presidente de la COFETEL señaló que habría posibilidad incluso de dos cadenas de televisión digital terrestre. Sin embargo, la transición digital se ha visto empantanada por cuestiones “más de forma que de fondo”, como bien señaló el mismo de Swaan.

¿Hay alguna forma que permita evaluar cuántas cadenas de televisión son óptimas; dos, tres, o cuatro? ¿Tiene el mercado mexicano la capacidad de alimentar el crecimiento de la oferta?

Se puede comenzar con un comparación con nuestro principal socio comercial, E.U. La población hispana en dicho país, calculada en cerca de 50 millones de personas por el U.S. Census Bureau – poco menos que la mitad de la de México -es atendida por tres cadenas nacionales, Univision, Telemundo y Telefutura; además de otras televisoras con cobertura amplia, aunque no nacional como es el caso de la misma Azteca América, filial de TVAzteca. Es común objetar las diferencias en nivel de vida entre los dos países, cuando se utiliza el mercado norteamericano como referencia. Sin negar tales diferencias, es también necesario resaltar que la población hispana de E.U. tiene un nivel de ingreso 30-35% menor al promedio nacional de los E.U., disminuyendo así la disparidad comparativa. En otras palabras, la población hispana en el vecino país es clase trabajadora en su absoluta mayoría, como es bien sabido, y alimentan una diversa y vibrante industria televisiva.

Si el tamaño de las audiencias no parece ser un factor limitante y éstas parecen estar a favor de más oferta que de menos ¿qué lo impide? Dos son fundamentalmente los desafíos:

1) Publicidad. La transmisión de televisión la pagan no las audiencias, sino indirectamente los anunciantes que buscan llegar a ellas. De hecho, el público es realmente el “producto” que las televisoras venden. El rating y la publicidad que la sigue son las variables que mueven a ésta industria; sería ingenuo hablar de una crecimiento de la televisión sin plantearse si la industria publicitaria puede alimentarlo. En este sentido apuntaron las objeciones a una tercera cadena expresadas por Alejandro Quintero, VP de Televisa en septiembre pasado (“No cabe otra cadena”, advierte Televisa, CNNExpansion, 8 de septiembre de 2011 ).

2) Internet y contenido digital. Mucho se ha dicho sobre el desplazamiento de la televisión por parte de los “nuevos” medios, que además proporcionan la capacidad “on demand”: a la hora, lugar y dispositivo que uno desee. Ciertamente no parece que haya un problema en cuanto al apetito por contenidos televisivos; nunca tanta gente ha visto tanta televisión como en los últimos años. La cuestión es si el aparato televisivo seguirá siendo el medio principal de satisfacción de dicho deseo, pues compite con una creciente gama de “gadgets”, desde la tradicional PC hasta la última tablet o smartphone. Bien ha señalado Kevin Roberts , de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, que el siglo XXI será el siglo de las pantallas, pero el televisor será tan sólo una de muchas. Si así fuera el caso, el futuro parece favorecer más a compañías como Netflix que a una nueva versión de Televisa o TVAzteca.

En vista de lo anterior ¿Hay realmente espacio para más cadenas de televisión? Analizar cada tema es extenso y los discutiremos por separado en las siguientes entradas de este blog, en enero.

¡Feliz Año Nuevo!
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“Las historias son la moneda corriente del contacto humano”
Robert McKee

La frase anterior, del padre de la narrativa audiovisual contemporánea, apunta a la evidente necesidad de toda sociedad de proveerse de historias que nutran la imaginación, alimenten las aspiraciones y expresen en suma, los deseos y temores colectivos. Cuando las familias, las parejas o los amigos se reúnen para distraerse de la rutina y olvidar las preocupaciones cotidianas, son las historias las que permiten despejar la mente y cambiar el ánimo.
Se podría decir que no poco se puede entender de una sociedad al entender las historias que la apasionan. Tal vez la manera más conspicua de palpar cuáles son dichas historias es poner atención a los medios. Después de todo, son éstos los grandes canales de ese flujo continuo de narraciones que captan nuestra atención. ¿Cuántas conversaciones no comienzan con referencias a lo que la televisión, el radio o la prensa están contando?
En los últimos días ha habido un amplio repertorio de opciones: alcaldes muertos, balaceras, muerte de activistas sociales,  colapso político en Túnez, tiroteos en Tucson, etc. Sin embargo, una historia ha destacado por encima de todas ellas: el caso Kalimba.
Lejos de estar confinada a noticieros de espectáculos o a programas de notas sensacionalistas, la historia se ha convertido en noticia principal de uno de los más importantes noticieros matutinos y nota obligada del principal periódico en línea, por citar tan solo dos medios.
¿Es una noticia más, cuya cobertura es proporcional a su importancia?

Baste citar algunos hechos:
1.    La semana pasada el tiempo asignado a la cobertura del caso y la entrevista con Kalimba  en el mencionado noticiero  fue semejante al que recibirían notas como la inflación,  la inseguridad , el combate a la pobreza, etc. Los analistas del propio noticiero ya quisieran tanto tiempo aire para expresar sus opiniones.
2.    Cuando el jefe de la Cofetel,  Mony de Swaan, hizó un imprudente comentario en Twitter, en la víspera de su comparecencia en el Congreso, los medios hicieron mención de ello y lo criticaron. Ahora hemos tenido la lista completa de mensajes entre Kalimba y una de las chicas involucradas en su historia recitada al aire y publicada.
3.    Por si eso no bastara, el día 17 de enero la acusadora de Kalimba apareció en el mencionado noticiero matutino nacional, teniendo la atención ininterrumpida del conductor por treinta minutos. Ni un secretario de estado tiene tanto tiempo aire; si acaso, el Presidente.
Nadie esta minimizando la importancia de una acusación de violación, ni pasando juicio sobre quién dice la verdad; eso le corresponde a las autoridades. Si se trata en cambio, de dimensionar el peso específico de un crimen del fuero común, en contraste con noticias que siguen poniendo a prueba nuestra capacidad de asombro social, como lo son decapitaciones o asesinatos de activistas sociales.
Particularmente entre el fin de semana y hoy, académicos y periodistas se han hecho eco de la sorpresa ante la fascinación pública por seguir el último episodio de una celebridad acusada de un delito. Sin embargo, no solo es el público el culpable de tan improductiva obsesión.
A diferencia del caso de Paulette,  esta no es una historia que haya surgido de las redes sociales y de ahí recogida por los medios. En contraste, esta es una historia que al ser inicialmente conocida parecía ser una nota de espectáculos más; para convertirse en unos días en noticia de discusión nacional por una decisión editorial de ciertos medios de darle tanta o más importancia que la economía, la violencia en Guerrero, o problemas internacionales en Brasil o Túnez.
Pareciera que el país y el mundo no tienen suficientes acontecimientos desarrollándose como para que uno de los más conocidos y respetados conductores de noticieros dedique a esta historia tiempo aire que ya quisiera el bloque de noticias económicas tener.
En un país en que es pasatiempo nacional criticar a la televisión y a la prensa, y éstas defenderse, sería deseable verlas ejercer un juicio editorial más balanceado. Hacer de una noticia rosa entretenimiento y “agenda” nacional es un pobre servicio de los medios a la sociedad.



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