En México no se ha perdido la mala costumbre de que el campo es noticia sólo cuando tiene malas noticias. Y si en estos días nos acordamos que en el país existe un sector agropecuario es porque la  sequía que afecta a 80% de la producción de frijol y 50% de maíz blanco está poniendo en riesgo nuestra alimentación.

Todavía recuerdo que a finales de 2006 cuando el uso de maíz para la elaboración de biocombustibles disparó los precios internacionales del grano y elevó el kilo de tortilla a casi 20 pesos, se hicieron cientos de promesas y apoyos, pero como el trago amargo ya pasó, otra vez no hicimos nada y una nueva criris alimentaria amenaza al país.

Las autoridades de agricultura descartaron un aumento en los precios del maíz a raíz de la sequía, pero, ¿qué se está haciendo para evitar que especuladores acaparen las cosechas y las vendan al mejor postor como pasó en 2007?

Otra de las respuestas es que las perdidas se compensarán con importaciones, afortunadamente en este momento existe una sobreoferta de maíz en el mercado mundial pero, ¿qué vamos a hacer el día que en el mercado nacional e internacional no haya excedentes disponibles?

Hasta ahora, desde la óptica de las autoridades, parece que todo está bajo control. Yo sólo digo ua cosa: durante la semana del 24 al 28 de agosto, los precios del grano en la Bolsa de Futuros de Chicago mostraron bajas para lo que resta del año, pero hacía 2010 los precios muestran un incremento de entre 20 y 60 centavos de dólar por bushel (saco de 25.4 kilos del grano). 

Será el próximo año cuando realmente se sienta el impacto de la sequía en el maíz, y seguramente a mediados de 2010 estaremos reviviendo aquellas largas reuniones de 2007 con todos los actores de la cadema maíz-tortilla y anuncios espectaculares para que ningún mexicano se quede sin “comerse un taco”, y nada de soluciones a largo plazo, como la vieja ilusión de la reserva estratégica de alimentos.


Que nadie se ofenda, pero hoy en día, si Jesucristo tuviera que multiplicar los panes tendría un gran dilema: ¿Cómo hacerlo en tiempos en los que el azúcar está en su precio más alto en 28 años y en una época en la que la sequía amenaza la cosecha mundial de trigo?

La situación no es fácil. Desde hace un par de semanas el endulzante logró escalar a precios que rebasan los 22 centavos la libra, lo que representa un alza de 72% en comparación con el precio que tenía a principios de año.

Una menor producción en India y Brasil, los dos gigantes azucareros del mundo, llevaron los precios al cielo. Aunque México tiene reservas para enfrentar una posible escasez del endulzante, los movimientos en el precio ya afectaron al consumidor.

Los panificadores ya aumentaron en 50 centavos el precio de la pieza de pan de dulce y se esperan nuevos incrementos en el bolillo como  consecuencia de la sequía que afecta a importantes productores de trigo, también se prevé un desabasto a nivel mundial que repercuta en el precio de la tonelada.

México es deficitario en trigo. De las 7 millones de toneladas de trigo panificable que consume anualmente el país apenas producimos 3.7 millones, principalmente en Sonora y Baja California, dos de las entidades más  golpeadas por la falta de lluvia.

Multiplicar los panes, ya no es tan fácil, porque aún para hacer milagros hay que tomar en cuenta los efectos del cambio climático y los movimientos en el mercado.


Antes de que se dijera cualquier cosa sobre la Cumbre de América del Norte, en Guadalajara, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama ya traía bajo el brazo la consigna de no renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (con México y Canadá), simple y sencillamente porque sabe que si al menos en materia agropecuaria hay un ganador, ése es su país.

En materia del campo, México no ha sido el único raspado desde la entrada en vigor del TLCAN, los pequeños productores canadienses también ha sufrido las consecuencias. De 1994 a la fecha, no sólo ha disminuido su población en el campo, sino también sus ingresos han caído a niveles de 1929, según han denunciado organizaciones no gubernamentales de ese país, como Fronteras Comunes.

De acuerdo con las organizaciones, el 5% de la población del país de la hoja de maple se dedicaba a las actividades agropecuarias, ahora sólo lo hace el 3%.  

Sectores protegidos como el maíz y la leche, no tienen mejores resultados.

Según Fronteras Comunes, en los últimos siete años la reserva de granos canadiense bajó 42%. Desde que se firmó el TLCAN su vecino del sur envía maíz a precios de dumping. Se busca desaparecer el esquema de leche por contrato que desde hace años ha funcionado en esa nación, ante presiones de Estados Unidos para que se dé libre acceso a su leche en polvo.

 Y actualmente, 25% de los habitantes vive en situación de pobreza, la cifra más alta en su historia, esos son los saldos del TLCAN para Canadá.

Al igual que los productores mexicanos, en Canadá se han dado manifestaciones en Ontario, Quebec y Toronto para que se renegocie el capítulo agropecuario, con resultados en la mano, Canadá y México podrían hacer un frente común para pedir la renegociación y proteger a su sector agropecuario, pero la “minicumbre” de mandatarios en Guadalajara servirá sólo para llegar a una conclusión que sabemos de sobra: que el TLCAN no se va a renegociar, aunque el campo quede pulverizado.


Si alguien preguntara qué relación tienen Michelle Salas, la hasta hace poco no reconocida hija del cantante Luis Miguel, con el Procampo seguramente diría que nada.

No se preocupe, tiene toda la razón. Nada tiene que ver lo uno con lo otro. Pero esta joven vino a mi mente hace unos días cuando ser armó un revuelo mediático por la aparición de familiares de funcionarios públicos y narcotraficantes en el padrón de beneficiados de este programa de apoyo al campo.

No menosprecio el esfuerzo de los medios para hacer que las dependencias sean cada vez más transparentes, pero desde que apareció el programa, hace 15 años, es la nota de todos los años, a la que se añade el que se use el Procampo para fines electorales.

Siempre es la misma cosa, todo mundo se rasga las vestiduras y dice que se va a investigar y a depurar el padrón, pero la cuestión es que seguimos viendo lo mismo y ni qué decir del retraso en la entrega de los apoyos, pero, el problema de fondo no se ha atacado. Lo único que nos queda por decir es que el próximo año nos encontraremos con la misma nota.

Ante este problema, lo óptimo sería decir: “qué bueno que cambiaron las cosas y que ya se depuró el padrón y los apoyos llegan con tiempo y a quien deben de llegar”.

Pero como las cosas en México no se mueven precisamente en la dirección correcta y mucho menos en lo que se refiere a políticas agropecuarias, lo más probable es que optemos por la filosofía a lo Michelle Salas y digamos: “Es Procampo, no se traumen”.  



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