La estrategia ahora no sólo es bajar los precios de productos de bajo consumo, sino también cortar algunas hortalizas en mitades y venderlas a precio de pieza completa.

Ya nos han advertido que la crisis alimentaria ocasionará escasez y encarecimiento de algunos productos.

Pero nadie nos dijo que algunos alimentos iban a llegar a nuestras mesas partidos a la mitad. El fin de semana, mientras cotejaba la lista de los productos con precios congelados me quedé en pausa cuando en una tienda de autoservicio de la capita del país me encontré con que la lechuga sangría, que suelo comprar cada semana, ahora estaba partida a la mitad y al precio de una completa.

Cuando pregunté al dependiente su respuesta fue que “no era cierto” que era la lechuga completa.

La trampa está en que a esta hortaliza se le corta el tallo que une a la pieza y así no se nota que es la mitad porque quedan unidas muchas pequeñas piezas, o lo que es lo mismo: gato por liebre.

Como buen reportero me puse inmediatamente a investigar si teníamos problemas en la producción de lechuga o si había alguna prohibición en las importaciones, pero, todo estaba en orden.

Durante años, los minoristas y las autoridades de distintos niveles se han pronunciado a favor de que los vendedores de tianguis le den al usuario “kilos de a kilo”, ahora, creo que hay que pedir que sean estos minoritas quienes den lechugas completas.

Ya sé que son tiempos de crisis y que hay que hacer todo lo posible para que la comida alcance para todos, pero si los minoritas realmente quieren ayudar, sería mejor que en lugar de congelar precios de productos que casi nadie consume, nos vendieran los alimentos “completos”.


En lo que va del año, el precio del fertilizante aumentó seis veces en relación a 2006. Es el último golpe para los productores mexicanos.

A estas alturas ya sabemos de los saldos que en el corto plazo arrojará la crisis alimentaria a nivel mundial. Pero existe un elemento que puede agravar esta situación: los fertilizantes.

Las alzas en el barril de petróleo han llevado a este insumo agrícola a precios que lo hacen incosteable para los productores, principalmente de México, donde el gobierno desapareció la industria petroquímica con el argumento de que resultaba más barato importar que producir.

Desde hace meses, los productores están en una eterna demanda para que se instrumente un programa integral para rescatar a la industria que hace años está muerta ante el poco mantenimiento en las plantas de Pemex que en el pasado producían amoniaco.

El 50% del fertilizante que necesita el país se importa y a precios hasta 30% por encima del de producción nacional.

La situación se agravó en 2001 cuando el IEPS al gas natural para la elaboración de amoniaco, urea y demás fertilizantes nitrogenados quebró a la industria.

Hasta hora, la única respuesta de la administración calderonista fue quitar los aranceles a todos los abonos y apoyar con créditos para la compra del insumo.

No estoy en contra de las políticas que ayuden a paliar la crisis del campo, sino de que todavía no se entienda que nuestro país necesita producir.

La crisis alimentaria llegó para quedarse y en este contexto, las naciones verán la forma de garantizar su demanda y después vender lo que sobre.

¿A qué me refiero? Si en el mercado mundial no hay fertilizante disponible, para México será imposible sembrar.

Este es un buen momento para reactivar las plantas de Salamanca y Cozoleacaque y garantizar a los productores agrícolas el abasto de fertilizantes en cantidad tiempo y precio, sólo falta inversión y disposición del gobierno federal.


Hace casi un año, Estados Unidos trató de vender a México arroz contaminado. Ahora que habrá más importaciones, ¿quién cuidará la calidad de los productos?

Con bombo y platillo, el gobierno federal anunció un programa para apoyar la producción de arroz, al tiempo que eliminó aranceles a las importaciones del grano, como una forma de garantizar que llegue a las familias mexicanas en cantidad y precio justos.

Si bien es cierto que aún no logramos la autosuficiencia en arroz (el país produce apenas 85% de la demanda), ambas acciones no solucionarán el problema ni del sector ni de los consumidores por una sencilla razón: la administración calderonista olvidó solucionar primero el problema del arroz que entra de contrabando a México, ya sea de Centroamérica o de Asia; y en segundo, qué control sanitario habrá sobre las importaciones.

¿Le gustan los hechos concretos? Tengo un dato que revelarle: el año pasado, La Confederación Nacional Campesina denunció la intención de Estados Unidos de vender a México 750 toneladas de arroz que rechazó la Unión Europea por contener agentes cancerígenos.

En agosto de 2007, el gobierno estadounidense avisó que los contenedores comerciales de arroz de ese país se encontraban inexplicablemente contaminados con el arroz experimental transgénico LL601, de la empresa Bayer, lo que provocó la cancelación de las importaciones de arroz que Japón compraba a Estados Unidos. Este hecho derrumbó hasta en un 65% los precios del arroz y causó una alarma generalizada en el mundo y también, por supuesto, en México pues nuestro país es el principal comprador de arroz estadounidense.

Hace apenas 17 Años, cuando éramos autosuficientes, aproximadamente 25 mil productores sembraban en México un poco más de 250 mil hectáreas. Hoy apenas se siembran con ese grano, 65 mil hectáreas, y sólo quedan alrededor de 5,400 productores. De los 70 molinos que existían hace apenas diez años, sólo quedan en operación 36.

La moraleja es que no sólo hay que garantizar el abasto sino solucionar el problema de raíz, porque, aprovechando la escasez, el producto ilegal seguirá desplazando al nacional, ¿de qué nos sirve producir más si la ilegalidad no dejará al productor mexicano vender más ni obtener mejores precios?

O ¿de qué nos sirve traer importaciones si se corre el riesgo de que generen un problema aún mayor que el desabasto?



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