Pemex reporteEste miércoles, Petróleos Mexicanos (Pemex) publicó su reporte trimestral correspondiente al periodo abril-junio de 2010, documento en el que dio a conocer que perdió 20,100 millones de pesos.

La cantidad equivale al costo de liquidar a Luz y Fuerza del Centro, de acuerdo con las estimaciones que hizo en octubre pasado el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens.

Y lo increíble es que Pemex reporta un resultado negativo de esa magnitud cuando entre abril y junio crecieron 20.1% sus ingresos por exportación de crudo, se mantuvo una moderada estabilidad en el precio del barril de petróleo y logró ventas totales por poco más de 336,000 millones de pesos.

En el primer semestre del año, la tasa de impuestos y derechos sobre el rendimiento de operación fue de 117.4%, lo que significa que la petrolera nacional pagó al fisco el equivalente a toda su utilidad antes de impuestos, y un 17.4% más.

Imaginemos que esa condición se aplicara a cualquier persona o empresa, que además de entregar a Hacienda todos sus ingresos, tendría que endeudarse o disponer de sus ahorros para poder cumplir sus obligaciones fiscales.

Es algo, en verdad, absurdo. Y si a eso le sumamos los ocasionales escándalos por corrupción y el robo de combustibles en tomas clandestinas, el panorama es negro azabache para nuestra paraestatal.

Con la excepción de BP, que perdió 17,000 millones de dólares en el segundo trimestre a causa del derrame de crudo de su pozo Macondo en el Golfo de México, las perspectivas para las petroleras trasnacionales son bastante positivas.

De acuerdo con los analistas de The Wall Street Journal, tanto Exxon Mobil como Chevron se beneficiarán de los mejores márgenes de refinación y el repunte en las exportaciones de crudo y gas, y reportarán ganancias importantes en esta semana.

Por eso insisto: con tantos hidrocarburos en el subsuelo mexicano ¿por qué no podemos tener una empresa petrolera que cada trimestre reporte en el mismo tono que los grandes jugadores del sector?

Además, en octubre se van a cumplir dos años de que se aprobó la reforma energética en el Congreso de la Unión, misma que algunos legisladores calificaron como el ajuste necesario para que Pemex pudiera operar en los siguientes 30 años.

A la fecha, yo sigo viendo los mismos resultados negativos que Pemex entregaba antes de ese esfuerzo legislativo del que se dijo que no tuvo precedentes y, lo que es peor, me parece que no hay indicios de que los reportes vayan a mejorar.

No hace falta privatizar para tener una empresa petrolera ganadora, pero es urgente ponernos de acuerdo para lograr que Pemex trabaje de manera diferente y genere las ganancias que se esperan de un sector tan próspero como el de los hidrocarburos.

Eso nos conviene a todos los mexicanos.


pemex refinacionLa construcción de una refinería adicional en el país tiene implicaciones económicas, sociales y ambientales, pero en ocasiones no es tan evidente la razón por la que es necesaria una obra de esas características.

Lo que me interesa destacar es que la refinación es una actividad de alta complejidad dentro de la industria mundial de hidrocarburos, y ofrece varias alternativas tanto para los países como para las empresas del sector.

En nuestro país, la producción de petrolíferos tiene características interesantes que vale la pena recordar luego del compromiso del Gobierno federal para contar con una séptima refinería en el territorio nacional.

Un primer dato a considerar, de acuerdo con Pemex, es que entre enero y mayo de este año se tuvo que adquirir a otros países el 43% de la gasolina que se consume en México.

Esa proporción casi no ha variado desde 2005, y se tradujo en que la petrolera gastó 13,309 millones de dólares durante todo el año pasado para importar al país los petrolíferos que demandan los mexicanos.

De acuerdo con la paraestatal, se estima que construir la refinería Bicentenario en Tula, Hidalgo, tendrá un costo aproximado de 10,000 millones de dólares y el plazo para tenerla en operación podría ser de hasta 6 años.

El inicio de las obras ya acumula un retraso, pues se había estimado su arranque en los primeros meses de 2011 pero hace unas semanas la Secretaría de Energía lo aplazó hasta febrero de 2012.

Aquí un apunte interesante es que, según algunos conocedores del sector de refinación, para cuando se termine de construir la nueva refinería el déficit de petrolíferos será equivalente al actual, por lo que debió considerarse la necesidad de construir no una, sino dos nuevas plantas.

De cualquier manera, un proyecto de esta naturaleza generará empleos y una inyección de recursos antes, durante y después de su construcción, por lo que la economía de Hidalgo se verá beneficiada.

Pero tampoco hay que olvidar que, en el caso de Pemex, la producción de petrolíferos es una de las actividades que más pérdidas le genera anualmente: la subsidiaria Pemex Refinación tuvo mermas por 119,500 y 48,500 millones de pesos en 2008 y 2009, respectivamente.

Una de las propuestas de Felipe Calderón en su iniciativa de reforma energética de 2008 fue permitir un esquema similar a la maquila para la refinación.

Con ello se buscaba que empresas privadas pudieran construir refinerías en el territorio nacional para producir gasolinas y otros derivados con el crudo que Pemex les proveería, pero el punto no prosperó durante el debate en el Senado.

Y otro aspecto curioso es que, mientras Pemex tiene limitaciones para asociarse con otras empresas dentro del territorio nacional, en el extranjero puede realizar inversiones conjuntas, como es el caso de la refinería Deer Park, ubicada en Texas.

En 1993, Royal Dutch Shell vendió a nuestra petrolera el 50% de esa planta en alrededor de 1,000 millones de dólares, con un compromiso a 30 años de suministro de crudo tipo maya extraído del subsuelo mexicano.

Para algunos expertos, debió considerarse la opción de que, al igual que en Deer Park, México adquiriera capacidad de refinación subutilizada en otras latitudes del mundo.

Me parece que es importante reflexionar sobre las alternativas para que México encuentre la mejor combinación entre oferta y demanda de petrolíferos.

Ese análisis también deberá tomar en cuenta que, desde el punto de vista ecológico, en el mundo hay que avanzar hacia un menor consumo de hidrocarburos y una mayor participación de las fuentes renovables de energía, sobre todo en el transporte.

¿Qué opciones consideras que nos convienen más a los mexicanos?


Petróleos MexicanosPetróleos Mexicanos (Pemex) informó este martes que entregó a la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC por su sigla en inglés) la Forma 20-F correspondiente al año 2009, es decir su reporte financiero anual.

Aunque la mayoría de las cifras y tendencias se dieron a conocer cuando la petrolera entregó a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) su reporte correspondiente al cierre del año pasado, hace casi cuatro meses, la información para las autoridades financieras del vecino país incluye algunas consideraciones adicionales.

Entre ellas, Pemex advierte que la continuación o empeoramiento de la crisis económica internacional puede afectar su desempeño a causa de la fluctuación en los precios del petróleo y a una menor disponibilidad del crédito para financiar sus operaciones.

Una consecuencia de las condiciones descritas también sería la incapacidad de la paraestatal para cumplir con sus proyectos de inversión presupuestados.

De acuerdo con los datos entregados a la SEC, la petrolera nacional acumula tres años consecutivos con pérdidas netas anuales, que en el caso de 2009 ascendieron a 94,662 millones de pesos, una cantidad menor al resultado adverso de 2008, por 112,076 millones de pesos.

Me parece absurdo que se presenten números rojos cuando las ventas netas de Pemex ascendieron a un billón 89,921 millones de pesos el año pasado, y a un billón 328,950 millones de pesos un año antes.

Por si fuera poco, el endeudamiento de Pemex al cierre de 2009 totalizaba 47.9 mil millones de dólares, algo así como 600,000 millones de pesos.

Sobra recordar que la causa fundamental de la paradoja financiera de la paraestatal es la elevadísima cantidad que debe pagar por concepto de impuestos al Gobierno mexicano, quien depende excesivamente de los recursos que genera el sector de hidrocarburos.

El problema es que, pese a que el precio del barril de petróleo ha repuntado luego de la drástica caída que registró a causa de la crisis financiera de finales de 2008, la producción de crudo de Pemex mantiene una tendencia a la baja desde que alcanzó su récord en 2004.

Ello se traduce en un menor volumen de exportación y en un mayor desembolso para adquirir petrolíferos en los que México tiene una producción deficitaria, como es el caso de las gasolinas.

Con todo y las reformas para el sector energético aprobadas por el Congreso de la Unión en octubre de 2008, para mí no hay ninguna duda de que la manera de hacer las cosas en Pemex ya no corresponde a nuestra realidad económica.

Por ejemplo, y de una vez por todas, el Gobierno tiene que empezar a recaudar impuestos de esa gran cantidad de personas que no los paga hasta ahora. Pemex no puede seguir dando la cara para tapar los hoyos que provocan tanto la evasión como nuestro defectuoso marco fiscal.

¿No es absurdo que durante los mismos años en que la paraestatal ha acumulado pérdidas, las principales petroleras del mundo han reportado ganancias históricas?

Me queda claro que nuestra petrolera debe cumplir con los mandatos que le impone la Constitución mexicana, mismos que difieren bastante del enfoque de negocio de otras firmas trasnacionales.

Y aunque la comparación puede no aplicar por los diferentes objetivos de cada empresa, en el 2009, un año de grandes dificultades para la industria mundial de hidrocarburos, ExxonMobil logró una utilidad neta por 19,280 millones de dólares, que se traducen en alrededor de 241,000 millones de pesos.

Si nos decidimos, estoy seguro que podemos tener una paraestatal cada vez más fuerte. ¿Qué papel consideras que deberá jugar Pemex en los próximos 10 años?


PemexHace unos días se discutió en el Senado la Ley de Inversiones Públicas y Privadas, y uno de los acuerdos logrados por los legisladores fue el blindaje para que la iniciativa privada no pueda participar en el sector petrolero, por considerarse estratégico para el país.

No me es difícil imaginar la escena, con nuestros representantes populares poniéndose en el papel de verdaderos héroes nacionales.

Para que quede claro, yo no estoy a favor de abrir el sector petrolero indiscriminadamente al capital privado, pero tampoco estoy de acuerdo en que sigamos validando prácticas y esquemas que ya no funcionan.

Con todos los impuestos que paga y su elevado endeudamiento, Petróleos Mexicanos (Pemex) es una empresa que técnicamente está en quiebra. Y mientras tanto, la producción de crudo del país va en picada desde que alcanzó su récord histórico en 2004, y hasta ahora no hay descubrimientos relevantes como para pensar en un repunte a mediano plazo.

Se sabe que en las aguas profundas del Golfo de México hay reservas importantes de hidrocarburos, pero nuestra empresa petrolera no cuenta con los recursos tecnológicos ni económicos para trabajar en esas condiciones.

Entonces, ¿por qué resistirnos a entender que la práctica común en la industria petrolera mundial para encontrar y extraer crudo en aguas profundas es a través de alianzas entre empresas petroleras y prestadoras de servicios?

Por eso a mi me parece absurdo que sigamos rasgándonos las vestiduras cuando apenas se dialoga sobre nuevas ideas o estrategias para aprovechar mejor nuestro sector petrolero.

¿Nuestros ‘héroes’ también estarán para dar la cara cuando nos enfrentemos a una crisis energética?

Y si hablamos de actividades o industrias estratégicas, qué mejor ejemplo que el del sector minero mexicano.

Peñasquito, en Zacatecas, que comenzó operaciones oficiales hace algunas semanas, es la mina de oro más grande del país. Y su desarrollo está en manos de extranjeros.

Goldcorp México, filial de la canadiense Goldcorp, es la encargada de explotar ese yacimiento, y para ello ha invertido más de 1,700 millones de dólares y generará 2,500 empleos directos y hasta 12,000 indirectos en la región.

De acuerdo con la Cámara Minera de México, México ya está cerca de colocarse entre los 5 principales productores de oro en el mundo. En el caso de la producción de plata, el país ocupa el segundo lugar mundial.

Si la industria minera está en manos del sector privado, generando miles de millones de pesos en ganancias bajo un esquema de concesiones que autoriza el Gobierno, ¿por qué seguir con la tradición de negarnos a analizar opciones para el sector petrolero?

Se ha repetido hasta el cansancio, pero ahí están los ejemplos de Noruega y Brasil, en donde las empresas petroleras son estatales con participación de capital privado, y además cotizan en Bolsa y son líderes internacionales en tecnología.

A fin de cuentas, ¿qué en México no sabemos legislar? ¿Qué nos impide definir reglas del juego claras y justas para todos? Si en todo el mundo el sector petrolero es una fuente de riqueza y desarrollo, ¿por qué no darle al nuestro las herramientas y condiciones que beneficien más a los mexicanos?


En enero de 2010 las exportaciones de crudo de Pemex sumaron 2,754 millones de dólares.

Los contratos de desempeño con la iniciativa privada, no tienen para cuándo y mientras tanto los volúmenes de extracción de hidrocarburos de Pemex mantienen su tendencia bajista.

La reforma energética aprobada por el Congreso de la Unión en octubre de 2008 incluyó una modificación a la manera en que Petróleos Mexicanos (Pemex) contrata a terceros, que por lo general son compañías prestadoras de servicios.

Según los ajustes autorizados por el Poder Legislativo, la petrolera nacional podrá ofrecer incentivos a esas empresas dependiendo de los resultados que obtengan en sus labores, hecho que parece adecuado sobre todo en las labores de exploración y producción de hidrocarburos.

Sin embargo, esos contratos de desempeño no tienen para cuando, y mientras tanto los volúmenes de extracción de hidrocarburos de Pemex mantienen su tendencia bajista.

Tan sólo durante 2009, la producción total de crudo del país cayó 6.8%, de 2.79 a 2.60 millones de barriles diarios, muy lejos ya del récord de 3.38 millones de barriles por día de 2004.

Ello quiere decir que en cinco años la extracción de crudo de México acumula una disminución del 23%, y de ahí la necesidad de contar con nuevos esquemas o maneras de pensar que nos permitan aprovechar adecuadamente nuestro potencial petrolero.

Existen versiones de que los contratos incentivados estarán listos hasta abril, aunque se había dicho previamente por la Secretaría de Energía y la propia paraestatal que su fecha de aplicación no pasaría del primer trimestre de 2010.

Además del retraso, no hay que olvidar el elemento emocional que en este país está íntimamente ligado a la industria petrolera, y que podría complicar todavía la aplicación de los nuevos esquemas de contratación, como ya se reflejó hace algunas semanas con una toma de la tribuna de la Cámara de Diputados.

En esa ocasión, un grupo de legisladores del PT y del PRD consideró que era necesaria una controversia constitucional porque las nuevas reglas de los contratos no definían con exactitud que las empresas trasnacionales no podrán participar de la renta petrolera.

Días después, la Cámara desechó la opción de presentar la controversia luego de que Pemex modificó la redacción del reglamento que reavivó el debate.

A primera vista, no cabe duda que los contratos incentivados son un asunto que va para largo, y al que todavía le faltan algunos obstáculos por superar.



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