Hace unos días se discutió en el Senado la Ley de Inversiones Públicas y Privadas, y uno de los acuerdos logrados por los legisladores fue el blindaje para que la iniciativa privada no pueda participar en el sector petrolero, por considerarse estratégico para el país.
No me es difícil imaginar la escena, con nuestros representantes populares poniéndose en el papel de verdaderos héroes nacionales.
Para que quede claro, yo no estoy a favor de abrir el sector petrolero indiscriminadamente al capital privado, pero tampoco estoy de acuerdo en que sigamos validando prácticas y esquemas que ya no funcionan.
Con todos los impuestos que paga y su elevado endeudamiento, Petróleos Mexicanos (Pemex) es una empresa que técnicamente está en quiebra. Y mientras tanto, la producción de crudo del país va en picada desde que alcanzó su récord histórico en 2004, y hasta ahora no hay descubrimientos relevantes como para pensar en un repunte a mediano plazo.
Se sabe que en las aguas profundas del Golfo de México hay reservas importantes de hidrocarburos, pero nuestra empresa petrolera no cuenta con los recursos tecnológicos ni económicos para trabajar en esas condiciones.
Entonces, ¿por qué resistirnos a entender que la práctica común en la industria petrolera mundial para encontrar y extraer crudo en aguas profundas es a través de alianzas entre empresas petroleras y prestadoras de servicios?
Por eso a mi me parece absurdo que sigamos rasgándonos las vestiduras cuando apenas se dialoga sobre nuevas ideas o estrategias para aprovechar mejor nuestro sector petrolero.
¿Nuestros ‘héroes’ también estarán para dar la cara cuando nos enfrentemos a una crisis energética?
Y si hablamos de actividades o industrias estratégicas, qué mejor ejemplo que el del sector minero mexicano.
Peñasquito, en Zacatecas, que comenzó operaciones oficiales hace algunas semanas, es la mina de oro más grande del país. Y su desarrollo está en manos de extranjeros.
Goldcorp México, filial de la canadiense Goldcorp, es la encargada de explotar ese yacimiento, y para ello ha invertido más de 1,700 millones de dólares y generará 2,500 empleos directos y hasta 12,000 indirectos en la región.
De acuerdo con la Cámara Minera de México, México ya está cerca de colocarse entre los 5 principales productores de oro en el mundo. En el caso de la producción de plata, el país ocupa el segundo lugar mundial.
Si la industria minera está en manos del sector privado, generando miles de millones de pesos en ganancias bajo un esquema de concesiones que autoriza el Gobierno, ¿por qué seguir con la tradición de negarnos a analizar opciones para el sector petrolero?
Se ha repetido hasta el cansancio, pero ahí están los ejemplos de Noruega y Brasil, en donde las empresas petroleras son estatales con participación de capital privado, y además cotizan en Bolsa y son líderes internacionales en tecnología.
A fin de cuentas, ¿qué en México no sabemos legislar? ¿Qué nos impide definir reglas del juego claras y justas para todos? Si en todo el mundo el sector petrolero es una fuente de riqueza y desarrollo, ¿por qué no darle al nuestro las herramientas y condiciones que beneficien más a los mexicanos?

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Es cierto, las comparaciones son odiosas, pero no deja de llamar la atención la manera en que Brasil y su empresa Petrobras se han convertido en una referencia en el negocio mundial de la energía.
La seguridad energética, la defensa de la soberanía nacional, las tecnologías renovables, el recibo de la luz y el precio de la gasolina nos afectan a todos. Aquí, un espacio para debatir sobre los sectores petrolero y eléctrico del país.