derrameEl accidente que protagoniza desde hace unas semanas la empresa BP en las aguas estadounidenses del Golfo de México ya es sin duda una de las tragedias ecológicas más graves de las que se tenga memoria.

Y lo peor del asunto es que, hasta este momento, la petrolera británica no ha logrado contener la fuga de crudo al mar, ya que este fin de semana fracasó su estrategia de colocar una caja de acero y cemento como ‘tapón’.

Además, algunas estimaciones arrojan que el pozo ha vertido al mar más de 31 millones de litros de petróleo desde que se hundió la plataforma Deepwater Horizon, el pasado 22 de abril, dos días después de estallar.

El Presidente Felipe Calderón ya declaró que México le cobrará a la empresa británica los daños que se generen en las aguas territoriales mexicanas como consecuencia del derrame petrolero.

Me parece correcto que BP pague por las afectaciones que provoque su infraestructura, pero por qué no hablamos de la contaminación que genera la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la responsabilidad que debería asumir sobre ese asunto el Gobierno del país.

Un ejemplo es el venteo de gas en la sonda de Campeche, una práctica común por parte de la petrolera nacional desde finales de la década de 1970.

Según el glosario petrolero, ventear consiste en no aprovechar el gas que surge de un pozo de producción de petróleo, y quemarlo por motivos de seguridad.

En el caso de México, los factores que obligan a recurrir al venteo son la falta de mantenimiento y fallas en los equipos de compresión, falta de capacidad de transporte, paros de emergencia y alto porcentaje de nitrógeno en gas combustible, entre otros.

Lo alarmante es que de acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), Pemex ha quemado y enviado a la atmósfera gas con un valor superior a los 14 mil millones de dólares entre el año 2000 y abril de 2010.

Únicamente el año pasado, la práctica mencionada se tradujo en la emisión al medio ambiente de 18.5 millones de toneladas de bióxido de carbono, según reconoció la Subsecretaría de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía (Sener) en febrero anterior.

La propia Georgina Kessel, titular de la dependencia, admitió que si en 2009 se hubiera aprovechado el gas enviado a la atmósfera, se habría podido surtir un 9% más de la demanda nacional o reducir las importaciones del combustible en más de 56%.

Otro ejemplo es la emisión de óxidos de azufre al medio ambiente. De acuerdo con su último Informe de Responsabilidad Social, correspondiente a 2008, Pemex emitió a la atmósfera un 68.8% más de óxidos de azufre contra el año previo.

Además, en ese momento únicamente 33% de las instalaciones de la petrolera nacional contaba con certificados vigentes de industria limpia.

A lo que me refiero con todo esto es que afortunadamente para todos nosotros, la Presidencia de la República está al pendiente de lo que ocurre en la parte estadounidense del Golfo de México, pero está por verse qué tanto se ocupa en atender los pasivos ambientales en el territorio y aguas nacionales.

¿A los ciudadanos quién nos va a pagar por los graves efectos que genera la industria petrolera del país en el medio ambiente?


PemexHace unos días se discutió en el Senado la Ley de Inversiones Públicas y Privadas, y uno de los acuerdos logrados por los legisladores fue el blindaje para que la iniciativa privada no pueda participar en el sector petrolero, por considerarse estratégico para el país.

No me es difícil imaginar la escena, con nuestros representantes populares poniéndose en el papel de verdaderos héroes nacionales.

Para que quede claro, yo no estoy a favor de abrir el sector petrolero indiscriminadamente al capital privado, pero tampoco estoy de acuerdo en que sigamos validando prácticas y esquemas que ya no funcionan.

Con todos los impuestos que paga y su elevado endeudamiento, Petróleos Mexicanos (Pemex) es una empresa que técnicamente está en quiebra. Y mientras tanto, la producción de crudo del país va en picada desde que alcanzó su récord histórico en 2004, y hasta ahora no hay descubrimientos relevantes como para pensar en un repunte a mediano plazo.

Se sabe que en las aguas profundas del Golfo de México hay reservas importantes de hidrocarburos, pero nuestra empresa petrolera no cuenta con los recursos tecnológicos ni económicos para trabajar en esas condiciones.

Entonces, ¿por qué resistirnos a entender que la práctica común en la industria petrolera mundial para encontrar y extraer crudo en aguas profundas es a través de alianzas entre empresas petroleras y prestadoras de servicios?

Por eso a mi me parece absurdo que sigamos rasgándonos las vestiduras cuando apenas se dialoga sobre nuevas ideas o estrategias para aprovechar mejor nuestro sector petrolero.

¿Nuestros ‘héroes’ también estarán para dar la cara cuando nos enfrentemos a una crisis energética?

Y si hablamos de actividades o industrias estratégicas, qué mejor ejemplo que el del sector minero mexicano.

Peñasquito, en Zacatecas, que comenzó operaciones oficiales hace algunas semanas, es la mina de oro más grande del país. Y su desarrollo está en manos de extranjeros.

Goldcorp México, filial de la canadiense Goldcorp, es la encargada de explotar ese yacimiento, y para ello ha invertido más de 1,700 millones de dólares y generará 2,500 empleos directos y hasta 12,000 indirectos en la región.

De acuerdo con la Cámara Minera de México, México ya está cerca de colocarse entre los 5 principales productores de oro en el mundo. En el caso de la producción de plata, el país ocupa el segundo lugar mundial.

Si la industria minera está en manos del sector privado, generando miles de millones de pesos en ganancias bajo un esquema de concesiones que autoriza el Gobierno, ¿por qué seguir con la tradición de negarnos a analizar opciones para el sector petrolero?

Se ha repetido hasta el cansancio, pero ahí están los ejemplos de Noruega y Brasil, en donde las empresas petroleras son estatales con participación de capital privado, y además cotizan en Bolsa y son líderes internacionales en tecnología.

A fin de cuentas, ¿qué en México no sabemos legislar? ¿Qué nos impide definir reglas del juego claras y justas para todos? Si en todo el mundo el sector petrolero es una fuente de riqueza y desarrollo, ¿por qué no darle al nuestro las herramientas y condiciones que beneficien más a los mexicanos?


Pemex

Hace unos días trascendió que la Comisión Nacional de Hidrocarburos cuestionó los resultados que han arrojado las actividades de Petróleos Mexicanos (Pemex) en Chicontepec.

Los comentarios no dejan de llamar la atención, sobre todo si se considera que se trata del brazo técnico de la Secretaría de Energía (Sener) para definir e implementar la política pública en materia de exploración y producción de hidrocarburos.

Sin embargo, una primera duda que salta a la vista es saber qué tanto influirán los comentarios del órgano en cuestión en la estrategia de la paraestatal.

Cuando se decretó la creación de la CNH, como resultado de la reforma energética aprobada a finales de 2008, mucho se habló la injerencia que tendría sobre las decisiones y actividades de Pemex.

El Paleocanal de Chicontepec se descubrió en 1926, pero debido a su complejidad comenzó a ser explotado hasta 1952 y a la fecha al proyecto se le conoce como Aceite Terciario del Golfo. Aquí el tema importante es que hasta ahora extraer las reservas de crudo de ese lugar sigue representando un grandísimo reto técnico.

Pemex ha invertido ya más de 4,500 millones de dólares para el desarrollo de Chicontepec y, de acuerdo con la CNH, es poco probable que empiece a generar flujos de efectivo antes de 2015.

Y si nadie invierte para perder, ¿qué camino debemos seguir en el afán de volver a producir más de 3 millones de barriles diarios de crudo?

Pemex ha dicho desde hace algún tiempo que tiene el reto de convertir a Chicontepec en una cuenca que alcance una producción promedio de entre 600,000 a 700,000 barriles diarios hacia el año 2017.

Pero de acuerdo con los datos que emitió la CNH, al cierre del año pasado sólo produjo 29,000 barriles por día de crudo (bpd), menos de la mitad de lo que había proyectado Pemex. Además, la empresa recortó su proyección para 2010 a 48,000 bpd, desde su meta previa de 176,000 bpd.

La importancia del proyecto es obvia, ya que en esa región, ubicada entre Veracruz y Puebla, se estima que está el 39% de la reserva total de hidrocarburos del país, y en volumen representa 17,700 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Pero algo no está funcionando.

Según ha dicho la petrolera nacional, su plan de exploración y producción de hidrocarburos contempla a Chicontepec, aguas someras y profundas del Golfo de México, así como también regresar a yacimientos ya explotados con nuevas tecnologías.

El inconveniente es que el tiempo sigue corriendo, y cada vez parece menos alarmista la posibilidad de que en algún momento México deje de formar parte del selecto grupo de los países exportadores de crudo.

Si Chicontepec no es una opción comercialmente viable, ¿cuál debe ser la estrategia que debe seguir Pemex para revertir la caída sostenida en la producción de crudo de México?

Como responsable de definir e implementar la política pública en materia de exploración y producción de hidrocarburos, espero que la CNH pueda mostrar el camino adecuado.


Foto: Archivo CNNExpansión.comEs cierto, las comparaciones son odiosas, pero no deja de llamar la atención la manera en que Brasil y su empresa Petrobras se han convertido en una referencia en el negocio mundial de la energía.

La especialización en exploración y producción en aguas profundas, así como la internacionalización, son sólo un par de ejemplos del desarrollo que la compañía estatal brasileña ha logrado en las últimas décadas.

En el mismo lapso, Pemex ha sido prácticamente un espectador del éxito de la compañía que vino a aprender de los especialistas mexicanos.

Y es que no hay que olvidar que en 1953, cuando apenas iba a ser fundada Petrobras, uno de los principales referentes para su constitución fue el caso de Pemex, que había iniciado operaciones quince años antes y que brindó orientación a los primeros directivos de la estatal brasileña.

Mientras estos aprendices se dedicaron a especializarse en desarrollo de tecnología y en la preparación de su personal, en México nos ‘echamos a la hamaca’ cuando en 1972 se descubrió frente a la costa de Ciudad del Carmen el yacimiento súper gigante llamado Cantarell, considerado entre los tres más grandes del mundo.

Ahora, a finales de 2007 Petrobras anunció hallazgos en los mantos sub salinos de las aguas territoriales de Brasil, en los yacimientos denominados Tupi y Carioca, así como varios más que han sido identificados desde entonces.

Eso cambió el panorama económico, político y social de la nación sudamericana, pues podrá jugar un papel cada vez más protagónico dentro del selecto grupo de los grandes exportadores de petróleo.

Y en México, a partir de 2005 comenzó la declinación de Cantarell, que se ha traducido en una caída constante en el volumen de producción de crudo.

Las cifras son claras: Petrobras cerró febrero con una extracción de 1.987 millones de barriles diarios, es decir un alza de 2.4% contra el mismo mes de 2009.

A su vez, Pemex reportó que en febrero produjo 2.610 millones de barriles diarios de petróleo crudo, pero en este caso significó una reducción de 1.9% en el mismo lapso de referencia. Sí: ellos suben, nosotros no dejamos de bajar.

Esta semana dijo la secretaria de Energía, Georgina Kessel, que si el objetivo es sostener a futuro la producción nacional de crudo, no hay más opción que entrar de lleno a las aguas profundas del Golfo de México.

Eso a pesar de que en los últimos dos años se descubrieron los yacimientos Ayatzil-Tekel y Tzimin-Xux en la Sonda de Campeche, e incluso considerando los mejores panoramas en Chicontepec.

El problema es que en aguas profundas vamos tarde, sobre todo porque el tiempo promedio en la industria para extraer un barril de crudo bajo esas características conlleva un proceso de desarrollo de casi 10 años.

En 1975, en medio del shock petrolero, Brasil no tenía petróleo y se vio obligado a prepararse y desarrollar una estrategia de largo plazo para su sector energético, que incluyó como factor determinante a los biocombustibles, actividad en la que también ocupa puestos de liderazgo internacional.

¿En México tenemos que llegar a una situación de crisis o de emergencia para entonces tomar las decisiones?

Ya sea en aguas profundas o someras, en Chicontepec o en campos marginales, es urgente que cambie la industria petrolera mexicana. ¿Qué nos impide tener una empresa mejor que Petrobras?



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