Lo siento, no fui yo, fueron ellos. Pero en la sala de espera del consultorio me enteré que una pareja –ambos mayores de 60 años- estaba a punto de comprar un auto, y el proceso para tomar la decisión amenazaba con terminar con su largo matrimonio.
En pocas palabras, a él le parecía un gasto excesivo comprar un auto con bolsas de aire para la hija adolescente. A ella le parecía que sí él se daba a cada rato sus caprichitos, tenía que ceder y estar dispuesto a pagar el costo extra. Además ella le iba a pasar la camioneta y él, por supuesto, la iba a convertir en un almacén, como suele hacerlo con todos los autos.
La telenovela iba a escalando. Adivino que eran un matrimonio de mucho tiempo, por la forma tan contenida y como cansada de tantas batallas previas en que discutían. Él creía hablar de dinero. Ella creía hablar de seguridad.
El caso es que, aún cuando tienes una hija en edad de manejar un auto es probable que todavía no aprendas a hablar de dinero con tu pareja. Que los consejos para la comunicación los de un psicólogo. (Sonia Sánchez, Karla Bayly y Adina Chelminsky te pueden hablar de eso). Pero aquí hay algunos aprendizajes.
1.    Las bolsas de aire sí le añaden unos 15,000 o 20,000 pesos al precio del auto. Pero… Le pregunté a Eduardo Aragón, un reportero de autos, y me cuenta que, por experiencia propia, él no recomendaría ahorrar en eso. Si no te alcanza para las bolsas, mejor recorta en el aire acondicionado (alrededor de 10,000 pesos), en el MP3 (otros 3,000) o en los rines de aluminio.
2.    Pregúntate: ¿por qué tienes que ahorrar? Cuando conoces a tu pareja, ambos están felices de gastar 70 u 80 pesos en cada martini que se toman en un lugar de moda. Cuando se casan, una visita a la tienda departamental desata una batalla campal porque ella (o él) quiere “tirar” 13,000 pesos en un sillón nuevo para la sala, que podrían usarse para comprar 185 o 162 martinis, para seguir divirtiéndonos como antes. Suena obvio, pero a la hora de pensar en qué gastas, también necesitas pensar en qué etapa de la vida vas. Y sí, es probable que ya sea hora de que olvides los martinis, porque para tu pareja ya dejaron de ser prioritarios y divertidos. ¿Están alineados los objetivos de los dos? Para planear según tu momento de vida, tal vez te interese ver este sitio.
3.    Define cuánto riesgo estás dispuesto a asumir. El caso de las bolsas de aire es sólo uno de los muchos en los que tienes que decidir entre gastar un montón ahora o gastar después en pagar las consecuencias que tal vez se presenten o tal vez no.


Ni siquiera las chicas bien portadas (financieramente) van al cielo de los ricos. Resulta que una de las mujeres más disciplinadas que conozco decidió meter una buena parte de sus ahorros en un fondo de inversión a finales de 2007 y ahora jura que nunca más volverá a meterse en estas cochinadas financieras, que dan muchísimo menos que una inversión en bienes raíces, o que en un mugroso pagaré bancario (así dice ella).

Tiene algo de razón. Su inversión se ha hecho casi polvo en lo que lleva metida en ella. En 2007 metió 100,000 pesos (por decir una cantidad) y ahora ese dinero está en 62,700, una pérdida de ¡37%! Así, ¿quién va a querer meterse a inversiones financieras alguna vez? Que yo sepa, ninguna casa (fuera de Valle Dorado) pierde tan súbitamente su valor. La inversión fue en un fondo de Santander que compra acciones de empresas mexicanas, y el encargado de ese fondo salía siempre en las fotos como uno de los mejores manejadores de inversión del país y, si se apuraban, de América Latina. Mejor ni le digo a esta chica que ese señor ha sido tan premiado, porque querrá correr a golpearlo.

Ella también está muy enojada con la distribuidora de fondos que le vendió esa inversión. El asesor que la atendió al principio ya se fue. El que le siguió, también. Total que no hubo nadie en todo 2008 y 2009 para decirle que hiciera algo más que adoptar la defensa del conejo, o sea quedarse paralizado a la mitad de la carretera o frente a la serpiente.

Sí, cuando vienen las bajas en la Bolsa de Valores siempre te dicen que mejor te quedes ahí y que recuerdes que la inversión es de largo plazo. Pero si ves que las cosas empeoran y empeoran. ¿No deberían los asesores darle permiso a sus clientes de que saquen un poquito de dinero? Por cierto, si esta chica hubiera hecho esto, podría haberse recuperado un poco. Mira cómo podía haberle hecho: Cuando ella entró al fondo, cada título del mismo valía 51 pesos. Ahora vale 32. Ahí está la pérdida de 37%. Pero en abril de este año llegó a valer 22 y en septiembre llegó a 32. Si ella hubiera vuelto a entrar a ese fondo, con unos 10,000 pesos más, para ahora, esos 10,000 pesos se habrían convertido en 14,500. Una ganancia de ¡45%! En cinco meses. Que yo sepa, ninguna casa (ni siquiera en Londres) se aprecia tan rápidamente.

Pero decía mi psicoanalista que el “hubiera” es el futuro pluscuamperfecto del verbo “me equivoqué” (bueno, él lo decía con una expresión más escatológica). Es culpa del asesor por no haberla buscado para decirle que los mercados habían bajado muchísimo y que era mejor volver a entrar –en lugar de quedarse simplemente congelada- para cosechar algo del rebote. Es culpa del asesor, porque esta chica no querrá volver a hacer negocios con esa distribuidora de fondos (ni siquiera después de leer este blog). Pero ¿cuánta es nuestra culpa, como inversionistas, por no estar preguntando?

Ya sabemos que no todo está perdido, que la inversión de mi amiga algún día recuperará el nivel, pero la moraleja es que no debemos esperar sentados. No podemos estar demasiado ocupados en cosas más importantes que nuestro dinero como para no atenderlo. Porque ¿qué es más importante que nuestro dinero, aparte del amor?


Tú crees que entre tu pareja y tú no hay secretos, pero ella/él está en este momento comiendo en un restaurante, con una cuenta de 700 pesos y tú crees que ya sólo tenían 100 pesos para completar la quincena.

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente


O, y ojalá que sea el caso, tú crees que no tendrán para pagar la colegiatura de los niños el próximo mes y ella te sale con que tiene guardado el dinero necesario.

Te propongo un juego para que la conozcas mejor. Imprime dos copias del siguiente cuestionario. Váyase cada uno a un cuarto diferente y llénenla. Después comparen respuestas. Tal vez te sirva saber cómo se está comportando tu pareja con el dinero, a la mejor pueden juntar sus ahorros y encontrar buenas inversiones, con menores comisiones y mayores rendimientos y, como premio adicional, tal vez puedan recortar gastos y ahorrar entre los dos para llegar a metas interesantes.
Va el cuestionario.

1. ¿Cuánto gastaron en las últimas vacaciones?
2. ¿Cuánto pagan por la vivienda al mes?
3. ¿Cuánto ahorran entre los dos al mes?
4. ¿Para qué ahorran?
5. ¿Cuánto están ahorrando para la escuela de los hijos?
6. ¿Cuál será el próximo gasto importante que deberán enfrentar?
7. ¿En qué inviertes?
8. A tu pareja ¿le gustaría invertir en Bolsa?
9. ¿Te gustaría invertir en Bolsa?
10. ¿Qué coche quiere tu pareja?
11. ¿Qué coche quieres?
12. ¿Cuánto gasta tu pareja en restaurantes al mes?
13. ¿Cuánto gastas en restaurantes al mes?
14. ¿Qué capricho te gustaría comprar este mes?
15. ¿Qué capricho le gustaría comprar a tu pareja este mes?

Si ya llenaste el cuestionario, y una vez que se calme la tormenta (si la hay), a la mejor aprendista algo de tu pareja… y de ti mismo. ¿Te gustaría compartir tu experiencia? ¿por qué no me la platicas?


Había una vez una princesa que vivía muy feliz en casa de sus padres, por lo que no pagaba renta por el castillo, y que además tenía un ingreso que le daba cierta independencia. Hasta que se topó con su príncipe azul. Desde entonces ya no sabe cuánto dinero le corresponde al mes, ni cuánto puede gastar, ya no digamos en zapatos, sino para el colegio del hijo.

La princesa puso sus finanzas en manos de su príncipe. Bueno, dice ella, es que así debe ser, porque ella dejó de trabajar y aunque ganaba bien, creía que su empleo sólo le daba para comprarse sus caprichitos (se autodevaluaba, pues). Dejó de trabajar para atender a los niños (lo cual es una opción, no una condena por ser mujer) y ahora depende por completo de la tarjeta de crédito del marido, que podría ponerse como Barba Roja si descubre que la princesa se gastó algo que él crea que es indebido.
¿Y Barba Roja da cuentas de sus gastos? No, claro que no, responde la princesa, mientras va en su Mummytroca a recoger al creciente imperio de tres niños a su escuela, para llevarlos a las actividades de la tarde. Es que él es el proveedor, por qué habría de informar.

Total que la princesa no ha hecho bien las cuentas: el dinero lo maneja el príncipe, y ella no considera que dejó de trabajar, pero no de aportar valor a la familia. Parece una historia del siglo XIX, o del XX, pero todavía pasa.

Me recuerda una película de suspenso, viejísima, de Alfred Hitchcock, Sospecha. La linda señorita se va de bruces con el galán, que resulta un apostador y un bueno para nada. La princesita pone todo su futuro en manos del vividor, que ya ni cuentas le da del dinero de ambos (que es sobre todo de ella). La primera clave para que el espectador –y la esposa enamorada- sospeche que el marido podría planear el asesinato es que él mueve las finanzas a escondidas. ¿Sospechas algo de tu pareja? Sigue el dinero.

Pero antes que vivir entre sospechas, vuelve al siglo 21, y comparte: es mejor vivir con un presupuesto acordado entre los dos que vivir engañado, haciéndose la víctima y esperando que tu príncipe te de dinero para cambiar los sillones de la sala, en lugar de gastarlo en la parranda con sus amigos (es que son relaciones públicas).



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