Sé cómo le puedes hacer para gastar 30% menos en ropa el año próximo. Y 10% menos en útiles escolares. ¿Ah, verdad? Ya no le demos más vueltas. Aquí está el calendario de lo que debes tomar en cuenta para hacer tu presupuesto.

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Muchas gracias a Gianco Abundiz, porque su nuevo libro (Saber gastar) me dio la idea del calendario.


Lo siento, no fui yo, fueron ellos. Pero en la sala de espera del consultorio me enteré que una pareja –ambos mayores de 60 años- estaba a punto de comprar un auto, y el proceso para tomar la decisión amenazaba con terminar con su largo matrimonio.
En pocas palabras, a él le parecía un gasto excesivo comprar un auto con bolsas de aire para la hija adolescente. A ella le parecía que sí él se daba a cada rato sus caprichitos, tenía que ceder y estar dispuesto a pagar el costo extra. Además ella le iba a pasar la camioneta y él, por supuesto, la iba a convertir en un almacén, como suele hacerlo con todos los autos.
La telenovela iba a escalando. Adivino que eran un matrimonio de mucho tiempo, por la forma tan contenida y como cansada de tantas batallas previas en que discutían. Él creía hablar de dinero. Ella creía hablar de seguridad.
El caso es que, aún cuando tienes una hija en edad de manejar un auto es probable que todavía no aprendas a hablar de dinero con tu pareja. Que los consejos para la comunicación los de un psicólogo. (Sonia Sánchez, Karla Bayly y Adina Chelminsky te pueden hablar de eso). Pero aquí hay algunos aprendizajes.
1.    Las bolsas de aire sí le añaden unos 15,000 o 20,000 pesos al precio del auto. Pero… Le pregunté a Eduardo Aragón, un reportero de autos, y me cuenta que, por experiencia propia, él no recomendaría ahorrar en eso. Si no te alcanza para las bolsas, mejor recorta en el aire acondicionado (alrededor de 10,000 pesos), en el MP3 (otros 3,000) o en los rines de aluminio.
2.    Pregúntate: ¿por qué tienes que ahorrar? Cuando conoces a tu pareja, ambos están felices de gastar 70 u 80 pesos en cada martini que se toman en un lugar de moda. Cuando se casan, una visita a la tienda departamental desata una batalla campal porque ella (o él) quiere “tirar” 13,000 pesos en un sillón nuevo para la sala, que podrían usarse para comprar 185 o 162 martinis, para seguir divirtiéndonos como antes. Suena obvio, pero a la hora de pensar en qué gastas, también necesitas pensar en qué etapa de la vida vas. Y sí, es probable que ya sea hora de que olvides los martinis, porque para tu pareja ya dejaron de ser prioritarios y divertidos. ¿Están alineados los objetivos de los dos? Para planear según tu momento de vida, tal vez te interese ver este sitio.
3.    Define cuánto riesgo estás dispuesto a asumir. El caso de las bolsas de aire es sólo uno de los muchos en los que tienes que decidir entre gastar un montón ahora o gastar después en pagar las consecuencias que tal vez se presenten o tal vez no.


¿Te acuerdas de mi cuñada, la emprendedora? Sí, la que vende vitaminas, seguros, tiempo aire del celular, lo que encuentre que le ayude a completar el gasto de la casa. Hace poco se enteró de que podía invertir también en la Bolsa de Valores y obtener buenas ganancias. Pero algunos familiares cercanos le dijeron que mejor no, que ni lo intentara, porque en la Bolsa se han perdido muchas fortunas. Es que para muchos de nosotros, la Bolsa es como una ruleta rusa, o ganas mucho, o pierdes mucho, y nunca entendiste por qué.

El caso es que la Bolsa es mucho más inocente de lo que crees. Es un lugar en el que tú compras partes de empresas que pueden tener buenos planes de negocio y que gracias a ello te pueden dar ganancias. No es la representación maldita del imperialismo yanqui (aunque la mayoría de los que aprovechan las oportunidades ahí son extranjeros).

Es muy sencillo. Imagínate que tu amiga Silvia quiere abrir un café y te invita a invertir en su empresa. Te vende una participación de 10% en una compañía que vale 100 pesos. En cuanto su café empieza a tener clientes, a conocer mejor a sus proveedores, a manejar bien a sus empleados y sus costos, entonces vale más. Ya no vale 100 pesos, sino, tal vez, 300. Entonces tu participación vale 30 pesos, ya no 10 pesos. Puedes ganar si encuentras a alguien que te compre tu participación porque cree que el negocio seguirá creciendo y aumentando de valor. Tan tan.

Eso es todo lo que pasa en la Bolsa y aún así, hay quien le teme, porque cree que vendrá el señor del costal y se llevará su dinero. Lo único que tienes que hacer es analizar bien qué es lo que estás comprando, u obtener una buena asesoría. Pero como te da flojera hacerlo, mejor te vas a gastar 10,000 pesos este año en bares y restaurantes caros. ¿Qué buen negocio, verdad?

Para que le entiendas un poco más a la Bolsa, Carlos Ponce, director de Análisis y Estrategia de Ixe Grupo Financiero, acaba de publicar el libro “el riesgo es no invertir en Bolsa”.

El nuevo libro de Carlos Ponce

El nuevo libro de Carlos Ponce

Ahí te hace un pequeño cuestionario, no para que te asustes, sino para que veas lo que tienes que conocer antes de meterte a invertir en Bolsa. Es algo que tú puedes aprender y es mucho más sencillo que leer a Tolkien, por ejemplo. Mira estas preguntas tomadas del libro de Ponce. Verás que no es tan difícil obtener esa información si no la tienes. O puedes encontrar a un buen asesor que pueda contestar preguntas como estas. Y entonces sí, ponerte a invertir, pero ya.

Contesta sí o no:

¿Sabes cómo han sido los rendimientos de nuestra Bolsa vs. otras alternativas a mayor plazo?

¿Sabes qué es el IPyC y cómo se conforma?

¿Sabes qué es el Ebitda?

¿Sabes cómo se determina un precio objetivo de una empresa y/o la estimación de IPyC?

¿Tienes una metodología clara para invertir en Bolsa?

¿Sabes cómo medir el rendimiento probable de tu portafolio?

¿Sabes cómo medir el nivel de riesgo de tu portafolio?


Dale con el rescate del plan de ahorro escolar. Josefina Vázquez Mota, cuando era secretaria de Educación Pública, lo anunciaba cada vez que se reunía con los banqueros y ahora ya agarró la costumbre también Alonso Lujambio, su sucesor en la SEP.

Y los dos salen con la misma referencia nostálgica a aquellas estampitas que les daban en la escuela. ¿De qué se trata? ¿De revivir nuestros recuerdos o de generarles cultura financiera a los niños? Porque cada vez que se acuerdan de que existía aquel programa dicen que no funcionó porque la inflación erosionó el precio del dinero ahorrado.

¿Y ahora por qué no habrían de erosionarse los ahorros? Porque en aquellos entonces había inflaciones altísimas, como de 100% y ahora la inflación es baja. Mmmh. OK, si la inflación altísima era de 100% y el rendimiento del dinero guardado en el banco era de 90%, claro que estaban perdiendo. Y si ahora la inflación es de 5% y el rendimiento del banco es de 4%… ¿qué pasa? ¡Ah! También la inflación erosiona el valor del ahorro.

Parece que la gran novedad de este plan es que  en lugar de estampitas habrá hologramas o una tarjetita muy bonita. Ya lo había escrito antes, el plan me recuerda aquella escena de Mary Poppins en que los banqueros persiguen a los niños para quedarse con el dinero que ellos quieren darle a la señora de las palomas.

Claro, ese romántico mensaje viene de Disney, que no tenía que perseguir a los niños para quedarse con su dinero (en aquel entonces, nuestro dinero). La cosa es que deberíamos encontrar otra fórmula para la educación financiera, que sí, haga a los niños entender que los bancos son necesarios, pero que nos dé a todos (los niños y los grandes) el mensaje de que el buen manejo del dinero no se trata de sacrificarse para que la banca cobre comisiones y nos regrese ahorros devaluados, sino de juntar dinero para cosas más útiles que la satisfacción instantánea. Que el ahorro y la inversión implican también que sepamos planear para el futuro y entender en dónde guardamos nuestro dinero.

Nos urge que seamos un país que entienda de mejores maneras de guardar el dinero que la libretita de ahorro, ya sea con estampitas o con hologramas.


Los seguros sirven para proteger algo. Así que antes de comprar un seguro tienes que saber qué es lo que quieres proteger. No definirlo es un error común que cometemos.
Por eso hay quien cree que con un seguro va a dejar una gran herencia para que su familia viva muy bien después de que muere. No, no. Si tú nunca fuiste millonario, no habrá seguro que vuelva millonarios a tus deudos. El seguro sirve para que, aún cuando no estés, algunas cosas sigan igual. De manera que tienes que definir qué cosas quieres que sigan igual y cuánto estás dispuesto a pagar por mantener esa seguridad.

Defínelo bien, porque puede ser que por el terror a que te ocurra algo, destines todo tu dinero y entonces te quedes paralizado, sin recursos para gastar hoy.

El ejemplo viene de una entrevista Expansión con Leonor Villalobos (autora del libro Finanzas para niños), y es apenas una ilustración de que no nos preparamos para comprar los seguros. Por eso algunos papás insisten en comprar el seguro para la educación de sus hijos. Se supone que lo que deben proteger es la capacidad de la familia de mandar a los hijos a una buena escuela. De acuerdo. Eso es lo que quieres, y debes pagar una prima acorde con esa necesidad. Lo recomendable sería conseguir un seguro de vida, para que si no estás, cuando menos que tus hijos alcancen a llegar a una buena escuela.
Lo complicado empieza cuando quieres que el seguro haga otras cosas, como multiplicar tu capacidad de compra para cuando llegue el momento de pagar la escuela de los hijos. Entonces, las aseguradoras te cobran también por ese servicio. Lo ideal sería que compraras un seguro de vida y te pusieras a ahorrar por tu cuenta, y buscaras un lugar en donde tu dinero creciera más que en un seguro para la educación o en una cuenta bancaria.
Para hacerte las cosas más fáciles, acaban de salir los seguros básicos. Sin muchas complicaciones, tú compras un seguro de vida, de auto,  gastos médicos, accidentes personales, salud o dental, sin que tenga más servicios pegados. Así sólo pagas por proteger lo que quieres proteger. En la página de la Condusef podrás comparar los diferentes seguros básicos. Pícale aquí.
Si, por ejemplo, eres un hombre de 30 años, puedes saber que un seguro de vida, con una cantidad asegurada de 200,000 pesos, te cuesta desde 158 pesos (en Banamex) hasta 1,268 (en MetLife) anuales. Un seguro dental puede costar 3,300 pesos anuales para una familia de tres miembros (ojo: la prima depende de las edades).


Había una vez una princesa que vivía muy feliz en casa de sus padres, por lo que no pagaba renta por el castillo, y que además tenía un ingreso que le daba cierta independencia. Hasta que se topó con su príncipe azul. Desde entonces ya no sabe cuánto dinero le corresponde al mes, ni cuánto puede gastar, ya no digamos en zapatos, sino para el colegio del hijo.

La princesa puso sus finanzas en manos de su príncipe. Bueno, dice ella, es que así debe ser, porque ella dejó de trabajar y aunque ganaba bien, creía que su empleo sólo le daba para comprarse sus caprichitos (se autodevaluaba, pues). Dejó de trabajar para atender a los niños (lo cual es una opción, no una condena por ser mujer) y ahora depende por completo de la tarjeta de crédito del marido, que podría ponerse como Barba Roja si descubre que la princesa se gastó algo que él crea que es indebido.
¿Y Barba Roja da cuentas de sus gastos? No, claro que no, responde la princesa, mientras va en su Mummytroca a recoger al creciente imperio de tres niños a su escuela, para llevarlos a las actividades de la tarde. Es que él es el proveedor, por qué habría de informar.

Total que la princesa no ha hecho bien las cuentas: el dinero lo maneja el príncipe, y ella no considera que dejó de trabajar, pero no de aportar valor a la familia. Parece una historia del siglo XIX, o del XX, pero todavía pasa.

Me recuerda una película de suspenso, viejísima, de Alfred Hitchcock, Sospecha. La linda señorita se va de bruces con el galán, que resulta un apostador y un bueno para nada. La princesita pone todo su futuro en manos del vividor, que ya ni cuentas le da del dinero de ambos (que es sobre todo de ella). La primera clave para que el espectador –y la esposa enamorada- sospeche que el marido podría planear el asesinato es que él mueve las finanzas a escondidas. ¿Sospechas algo de tu pareja? Sigue el dinero.

Pero antes que vivir entre sospechas, vuelve al siglo 21, y comparte: es mejor vivir con un presupuesto acordado entre los dos que vivir engañado, haciéndose la víctima y esperando que tu príncipe te de dinero para cambiar los sillones de la sala, en lugar de gastarlo en la parranda con sus amigos (es que son relaciones públicas).


A falta de buenas noticias, ya hay quien busca otros indicadores que nos digan cuándo terminará esta recesión. Lo último que me he encontrado: que según Alan Greenspan, el ex presidente de la Fed estadounidense (al que ahora muchos acusan de haber papado moscas mientras se cocinaba la crisis actual), la cifra de ventas de ropa interior masculina es un buen dato para predecir cuándo terminará esta recesión.

Como es algo que a la mayoría de los hombres les da flojera comprar y como ni siquiera se ve, en cuanto hay estrechez económica dejan de adquirirla. El día que el consumidor esté más confiado en el futuro de la economía, entonces empezará a comprar de nuevo.
Antes de que vayas a hacer una encuesta sobre el estado de la ropa interior de tus compañeros de gimnasio –que no es una imagen muy feliz-, tienes que ver cómo andas tú, pero en cuestión de dinero. Encontrar señales de lo que pasará en el futuro en lo que vemos a simple vista es algo que tenemos muy arraigado los humanos y tal vez nos ha servido para sobrevivir. Pero no siempre es bueno para guiar nuestras decisiones de consumo e inversión, como explica Jason Zweig en su libro Your Money and Your Brain (puedes ver un pequeño resumen aquí).

Mejor analiza cuánto dinero podrías ahorrar al mes para tus necesidades futuras. Y cuánto podrías obtener si ese dinero lo destinas a una buena inversión. Ahora en México hay una creciente competencia por ofrecerte planes de retiro. No creerás que es el mejor momento para preocuparte por lo que te sucederá dentro de 20 años, porque ahorita mismo las cosas están muy mal. Pero si puedes prever un poco, recorta las cervecitas del fin de semana y piensa en un nuevo plan.
En Allianz Fóndika me acaban de presentar una calculadora para que estimes cuánto podrías acumular para tu retiro si le entras a uno de los nuevos planes, que además tienen beneficios fiscales. Ya sabes, de esos en los que tú ahorras y el gobierno te premia por ello. Mira, pícale aquí para que la veas. Consúltala, dedícale un rato (porque está algo complicada, pero no imposible) y después búscate un buen plan. Tú también podrías hacer aportaciones voluntarias en tu afore, o contratar un plan con alguna asguradora, y obtener beneficios similares a los de ese ejercicio, no necesariamente en esa compañía.

Si empiezas con tu plan, verás que es más provechoso que hacer encuestas sobre ropa.


¿Te acuerdas de los tres cochinitos? El más pequeño de los tres, el cochinito lindo y cortés, ahorraba y ahorraba para ayudar a su familia. Cuando crecieron todos, los dos primeros se dedicaron a llevar la buena vida y el más pequeño –tan sacrificado- juntó un buen fondo de emergencia para que él y su esposa pudieran mantener su nivel de vida aunque perdieran el empleo. También ha ahorrado para tener un buen fondo para su retiro.
Pero resulta que a la cochinita madre le dio una enfermedad que requiere atención en terapia intensiva, días de a 50,000 pesos cada uno en el hospital privado. Los dos cochinitos mayores no tienen dinero, porque han estado aprovechando las ofertas de viajes por Nueva York y Washington y comprando, en las irresistibles rebajas de 70%, cosas que no sabían que necesitaban. Total que su tarjeta está hasta el tope, al igual que sus pancitas, porque cuando fueron a Estados Unidos comieron 500 pancakes nomás para ellos tan sólo en el desayuno.
Ellos tienen la obligación de pagar sus tarjetas, que les sirvieron para pasársela bomba, y los gastos del hospital correrán a cargo del cochinito que desde pequeño trabajaba para ayudar a su mamá. Así que tendrá que echar mano de los ahorros que él esperaba disfrutar en su retiro, y tendrá que sacarlos justo ahora, cuando las acciones de su portafolio están super vapuleadas, porque vino una jauría de lobos feroces a soplarle a todo el sistema financiero. Por supuesto que no es justo.

Y por eso los tres cochinitos deben sentarse a platicar, ahora que su mamá está sana, a definir cuáles serían sus responsabilidades en caso de que enfermara. No se vale que los cochinitos conchudos le pasen toda la cuenta al trabajador, pero que no nos venga el trabajador a hacerse la víctima. Él tiene que dejar claro que él se está partiendo el lomito para conseguir sus objetivos, y determinar hasta dónde llega su responsabilidad. Es hora de que los dos flojos reduzcan sus gastos y, junto con el pesado del presumido pequeño, vayan a buscar un buen seguro de gastos médicos y, entre todos, hagan sus previsiones para cuidar la salud de toda la familia. (Y para proteger las inversiones del pequeño cerdo capitalista, si se vale tomar el nombre del blog de Sofía Macías)


1.    El secretario de Hacienda dice que ya pasó lo peor. Y a falta de mejores análisis, ya me imagino a toda una ola de opinadores que dirán que eso no es cierto, que el secretario exagera o que es demasiado optimista. Es que el buen Carstens se pone de pechito para que lo critiquemos. Pero mientras le tiran dardos, yo preguntaría ¿Ya estás haciendo algo para enfrentar lo peor, independientemente de si ya pasó o todavía está por venir? Si no le crees a Carstens, entonces ponte a armar tu fondo de emergencia, que se supone que debe cubrir tres meses de tus gastos. Ese fondo debe estar casi a la vista y al mismo tiempo dar rendimientos como para cubrirte de la inflación (así que debes buscar algo que dé 6% anual, cuando menos). Olvida los pagarés bancarios, que te piden miles de pesos de inversión mínima y que dejes ahí el dinero casi un año a cambio de un pequeño rendimiento. Y tú ¿qué haces para tener un ahorrito? ¿Dónde lo estás guardando? Pregunta por un fondo de renta fija. Recuerda que mientras menos dinero pones, más comisión te cobran.
2.    Los peores efectos de la crisis van a venir en tres años. Eso se podría deducir de los estudios de un investigador estadounidense, que ha visto que los malos momentos económicos se traducen en más enfermedades poco tiempo después. El Telegraph de Londres ya habla de la influenza de la recesión. Si no tienes ganas de levantarte de la cama en las mañanas, si tienes frecuentes dolores de cabeza y malestares estomacales, esos pueden ser algunos de los síntomas, porque has estado angustiado por las noticias de crisis económica, agravada por la influenza en México. De acuerdo con Harvey Brenner, del centro de ciencias de la Salud de la Universidad del Norte de Texas, citado por el Telegraph, cuando hay problemas económicos, a los tres años aumentan las enfermedades cardiovasculares. O sea que si quieres empezar a morderte las uñas y a angustiarte mucho, piensa antes que después te va a salir carísimo atenderte de alguna enfermedad. Una alternativa más barata: deja de obsesionarte, termina de leer cnnexpansion.com y sal un ratito al parque.
3.    Esta semana, BBVA Bancomer ya lanzó su propia página de educación financiera. Pícale aquí y ve sus calculadoras y algunos de sus consejos. También Banamex tiene una página, un poco más escondida. No me canso de recomendar su calculadora para hacer tu presupuesto. Éntrale picándole aquí, ya no pongas pretextos para empezar a organizarte.
También tienen una muy buena para registrar gastos.

Son consejos generales que se agradecen pero… Mientras que los bancos te enseñan cosas, no olvides revisar cuánto les estás pagando. Recuerda que los bancos están ahí para hacer dinero, y te van a cobrar hasta la risa si tú los dejas. Tienes la tarea de ver tu estado de cuenta y analizar cuánto pagas de comisión. El siguiente paso será disminuir ese pago, buscando una cuenta o un banco mejor.


1. El gobierno está ansioso de regresarte dinero de tus impuestos. Ansioso, lo que se dice ansioso, tal vez no, pero tú puedes conseguir que te regresen un dinerito si todavía no presentas tu declaración anual.
Te tengo el truco: Guardas un dinero durante cinco o más años y sólo pagas los impuestos cuando lo saques. Es como esconderle a Hacienda esos recursos durante ese periodo. Tienes que abrir una cuenta en una aseguradora o en una distribuidora de fondos, mediante el esquema del artículo 218 de la ley del impuesto sobre la renta. Así que si necesitas un respiro este año, ésa es una buena oportunidad. Corre a abrir la cuenta porque hay que hacerlo antes de presentar la declaración anual. La ventaja es que este año se amplió el plazo para presentarla hasta fines de este mes
Como me explica Maru Castillo, encargada de este tipo de productos en Skandia, esta medida es “una tabla de salvación”, porque si esperabas pagar muchos impuestos este año, le puedes bajar un poco y sacar el dinero cuando no estés tan presionado por el fisco.
2. ¿Ya viste cuánto dejaste de gastar por quedarte en casa la semana pasada, por la alerta sanitaria? Gasolina o transporte público: 80 pesos, comida en la fonda de la esquina: 120 pesos (30 pesos diarios por 4 días), comida de viernes con los cuates: 200 pesos, cafecito: 50 pesos. No te digo que te vuelvas un ermitaño. Hasta eso que no es tan malo ver a los compañeros de trabajo todos los días y salir a comer a un restaurantito de vez en cuando. Lo que es importante es que te vuelvas conciente de esos gastos, que los registres y veas si de verdad todos los pesos desembolsados han sido bien empleados. O si tal vez puedes encontrar otros buenos usos para tu dinero.
3. ¿Quieres aprender a llevarte mejor con tu dinero? Hay unos cursos en la Universidad Iberoamericana, la Unam y el Tecnológico de Monterrey, que imparte Juan José Salas, un profesor joven y ameno. Yo ya fui a uno y se me hizo divertido pasar algunas horas del fin de semana en un campus universitario, conocer gente nueva que además te ayuda a entender cómo te llevas con tu dinero y cómo mejorar esa relación. El más próximo es el 29 de mayo en Unam Acatlán. Luego sigue en la Ibero, el 19 de junio. Pícale aquí para ver datos. En julio, agosto y octubre en el Tec.



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