Ah, bonita costumbre mexicana de sentarse los domingos durante horas a comer y convivir con la familia. Pero hay una delgada línea entre las costumbres y las neurosis. Puede suceder que ya estés sometido a una inercia que pone en riesgo la relación con tu pareja (ya ni piensas qué platicar con ella, total el domingo es para los papás o los suegros), la vida social de tus hijos (que todavía como adolescentes siguen escuchando los mismos chistes de sus tíos alcoholizados que oían de niños) y tu dinero, porque lo estás gastando en algo que no está mejorando tu bienestar general.
La comida del domingo puede ser mala para la salud financiera de tus papás, porque están pagando la despensa de un montón de… ¿cómo decirles? bueno, parientes y sus agregados. Ellos se ahorran el tiempo de preparar la comida o la cuenta del restaurante, y tú te quedas tan tranquilo porque acompañaste a los viejitos y les ayudaste a gastar su dinero.
También puede afectar tus finanzas. Esa costumbre de ir al restaurante cada fin de semana no sólo te cierra la posibilidad de encontrar otras cosas más divertidas que hacer (acampar, conocer nuevos lugares, subirte a la bicicleta) sino que te hace pagar cuentas que se van convirtiendo en absurdas. Porque como se ha vuelto tan aburrida la visita al restaurante, tienes que consumir algo más con la ilusión de que con eso ya será divertida.
Los domingos, con su dosis de sol, de tiempo libre, son limitados, igual que el dinero en tu cartera. Así que ¿por qué no buscar otra manera de emplearlos?
¿Recuerdas cuando uno navegaba en internet sólo para entretenerse y chatear con los amigos? Qué tiempos. Ahora desde internet me persiguen montones de páginas que prometen volverme super sabio en mis finanzas personales.
Los bancos y el gobierno ya se obsesionaron con eso de educar en finanzas al “pueblo mexicano”, así que me dicen que pague mis deudas, no gaste de más, cocine churros en mi casa para ahorrar, haga mi presupuesto y entienda la magia del interés compuesto.
Y ¿en verdad alguien está tan dispuesto a meterse horas y horas a preguntarse cómo le va a hacer para financiar su retiro? ¿O cómo protegerse ante los riesgos?
El más reciente en esta ola de ñoños en internet es Bansefi, que acaba de sacar www.finanzasparatodos.com. Las animaciones están buenas, pero la información es tan básica que va a vacunar a todos y al final no servirán ni para el ciudadano de a pie ni para el egresado del ITAM. Por ejemplo, para explicar la necesidad de que te asegures contra ciertos problemas que se pueden presentar en tu vida, ponen un video superñoño de una pareja que se pierde en el bosque, porque al empezar su aventura no tomó en cuenta el riesgo de despistarse.
En la página de Condusef, una imagen de un búho te da lecciones de economía, con las que podrías echarte un sueñecito. Ojalá que tantos datos no nos hagan olvidarnos de lo esencial: que el dinero sirve para alcanzar nuestros propósitos, que sería bueno que registráramos lo que gastamos y que hay que guardar algo, porque lo vas a necesitar después.
Lo rescatable: la página de Profeco puede llegar a ser adictiva. Las calculadoras de Condusef (que no están en el micrositio de educación financiera) y las calculadoras de Visa, Mastercard, Bancomer y Banamex.
Mira un ejemplo de la Profeco: una receta para hacer churros. Gastas menos, te diviertes y no tienes que aprender miles de conceptos financieros. Eso, puedes navegar en internet sin temor a que vengan a hacerte un examen.
Ay, ¡qué bonito juguetito número 50 le llegó a mi hijito! Que me perdone la industria juguetera de México, digna de mejor suerte (mira sus cifras lastimeras) pero algunos niños recibieron demasiados juguetes este fin de año. ¿Y si mejor tus papás le hubieran regalado algo útil a tus hijos? ¿dinero, por ejemplo?
El caso es que tú no quieres ser un tacaño, que se fija en que su hijo recibió un juguetito de 350 pesos, otro de 400, otro más de 250 y sólo juega con un pizarrón de la era preNintendo (el Magic Board, que sale como en 250 pesos). Así que tiene arrinconados juguetes por el equivalente a 1,000 pesos. No quieres ser tacaño, pero… ¿qué pasaría si metieras ese dinero a una cuenta de inversión?
No es tan difícil empezar. Necesitas 10,000 pesos para abrir una cuenta en Fóndika, Actinver, MasFondos o Skandia. En Fóndika o en MasFondos puedes poner la cuenta a nombre del niño. Los padres firman un contrato y ya hay formatos especiales para el caso en que no existan los dos padres, o que la potestad la tenga sólo uno y el otro quiera abrir la cuenta.
Una vez que el niño cumple 18 años, puede hacer lo que quiera con el dinero acumulado. ¿Tú crees que el niño sacará el dinero para malgastarlo? Yo no lo creo, porque tú le habrás dado, con este esfuerzo, un ejemplo de que se puede ser disciplinado para alcanzar una meta.
En Fóndika, podrías poner los 10,000 pesos en un portafolio superagresivo, en el caso de que tu hijo tenga 1, 2 o hasta 5 años. Es decir que el dinero podría multiplicarse con alegría en inversiones con grandes altibajos, porque tendrá un buen tiempo de maduración. Una ventaja adicional. Si se lo pides, ellos te descuentan directo de la nómina para que cada quincena o cada mes le aportes una cantidad extra. Si los padrinos del muchacho quieren regalarle otro teléfono, otro carrito de supermercado u otro Elmo bailador, tú mejor diles que le pueden depositar el equivalente a su precio en el ahorrito, para que se vaya poniendo más y más interesante. También para ellos será fácil, porque pueden hacer el depósito por Internet.
Algo similar sucede en MasFondos. También puedes abrir la cuenta a nombre del niño y él puede usar el dinero en cuanto cumpla la mayoría de edad. Sólo que ahí no puedes entrar a inversiones agresivas sino hasta que tengas un mínimo de 100,000 pesos. Se supone que lo hacen para tu protección, porque no se trata de que arriesgues tu dinero. Su razonamiento es que con 100,000 pesos ya puedes diversificar y protegerte. En MasFondos también te ofrecen paquetes de inversión similares a los seguros de educación, que dan material para discutir alguna otra vez. Por lo pronto concéntrate en este fondo.
Si te quedaras sólo con los 10,000 pesos iniciales, en 17 años tu hijo ya habrá acumulado 32,700 pesos (con un rendimiento anual de 7%, que no es tan descabellado esperar). Si quieres alcanzar 100,000 pesos en esos 17 años sólo necesitas depositar 172 pesos con 36 centavos al mes, que se sumarán a los 10,000 pesos iniciales. Mira cuánto tendrías que ahorrar al mes para la cantidad que quieres, usando esta calculadora.
¿Cómo? ¿Te dejé sin pretextos para ahorrar? Verás que es muy fácil. Y los padrinos, tíos y abuelos de tus hijos también te lo van a agradecer.
Llevo gastados 80 pesos. ¡Y son las 8 y 10 de la mañana! Lo peor es que todos esos gastos son innecesarios.
Mira: Ya sé que tengo que pagar a la señora que trabaja en casa, en efectivo, todos los viernes. Aunque ya sabía, no pasé al Banamex desde el jueves, así que voy al Sanborns en la mañana (porque supongo que es más seguro que ir a un cajero en la calle). El olvido me costó 25 pesos, 5 para Inbursa y 20 para Banamex.
Como invertí ese tiempo en ir al cajero, no preparé nada para comer a mediodía. Está bien, compro un sándwich de Starbucks en 49 pesos.
No llega mi aventón. Le envío un mensaje (1 peso), me contesta (1 peso), le contesto (1 peso), y otras tres veces. Una sola llamada habría salido más barata… o gratis si lo incluyera entre mis números frecuentes.
Llego al trabajo y me doy cuenta que ahora me descontarán más por el impuesto sobre la renta. Podría abrir un plan de ahorro para el retiro y depositar 10% de mi sueldo y no pagar impuestos sobre ese dinero. Pero lo haré algún día.
A la mejor el dinero se te va porque gastas en tus caprichos. Pero… ¿No era para eso el dinero? Lo malo es cuando ni siquiera lo disfrutas. ¿Por qué privarte de un cafecito en la mañana y sí pagar 25 pesos por uso del cajero?
Mira lo que podría haber ahorrado con un poco de planeación.
En inglés se llama Chicken Little. Es el pollito que grita que el cielo se va a caer, se va a caer, porque una bellota lo golpeó en la cabeza. Ahora hay mucha gente asustada por el sorprendente crecimiento de la Bolsa Mexicana de Valores. ¿Te imaginas? Mientras que todos hablaban de crisis, en la Bolsa hubo fabulosas ganancias. Alguien que hubiera invertido 10,000 pesos en enero de 2009 en el índice de la Bolsa ahora tendría 14,000 pesos, prácticamente sin mover un dedo.
Y eso no es nada, porque en Brasil habría tenido una ganancia de 83% y en Argentina de 115%, según reporta la agencia Bloomberg.
Ya te veo tentado a aplicar el dicho popular de que todo lo que sube tiene que bajar y que por eso nunca de los nuncas entrarás a la Bolsa. Pero los dichos no bastan para explicar la realidad. Y recuerda que en una de las versiones del cuento, el maldito Foxy Loxy se come a los histéricos seguidores de Chicken Little, terrible lección para los miedosos.
Definitivamente cuando ya se está en estas alturas, no es el mejor momento para invertir en la Bolsa, así que tampoco salgas corriendo a meter el dinero para la colegiatura de los niños. Pero hay quien le ve perspectivas de que suba un poco más.
Tú no te angusties. Ni tú ni yo nos la pasamos viendo cómo se comportan las empresas mexicanas ni podríamos predecir cuál tendrá un buen crecimiento de ventas y por tanto un aumento en el valor de las acciones. Pero sí podríamos invertir un poquito de nuestro dinero en la Bolsa, en algún fondo que incluya a varias empresas (últimamente está de moda recomendar fondos que no sigan al índice, porque en éste tienen demasiado peso empresas como Telmex y América Móvil).
¿Que te asegure que vas a ganar tanto como los que ganaron en 2009? No te lo aseguro. Pero puede ser una buena idea si quieres tener un guardadito que no vas a tocar en los próximos tres años. Recuerda que debes diversificar, así que invierte en algo más. Lo que me dicen los expertos es que pregunte por fondos de deuda y me asegure de que no sean a demasiado largo plazo para aprovechar las alzas en tasas de interés que podrían venir este año.
Hace tanto tiempo que leíste el Cuento de Navidad que crees que lo malo de Scrooge es que es demasiado tacaño como para dar regalos en esta temporada del año.
En realidad, el problema con Scrooge, además de lo feo de su nombre de pila (Ebenezer), es que no invirtió lo suficiente para tener una buena vida.
Como le dice el alma en pena de su socio, tardó en entender que su negocio en realidad era apenas una gota en el océano de otras actividades que podía haber tenido en su vida… y de las cuales habría sacado más bienestar y más dnero.
Y tú puedes tener mucho de Scrooge si le dedicas cada vez más horas al trabajo, tantas que ya no tienes amigos fuera de él, lo cual te pone en una situación peligrosa. ¿Dónde conseguirás empleo si no conoces a nadie fuera de tu empresa? ¿Qué otra cosa sabes hacer?
Y esa es la pregunta que debemos hacernos ahora en plena crisis. ¿Qué pasará si lo que yo hago no está contribuyendo a las ganancias de la empresa en la que trabajo (así sea mía)? Y si tú eres el jefe y eres demasiado Scrooge, en realidad no estás logrando que tus empleados se vuelvan productivos, pero ese ya es otro cuento de Navidad.
Qué terror, que de pronto empiece una balacera y tu casa quede como coladera porque se te ocurrió vivir en el mismo barrio que un famoso narcotraficante. ¿Hay seguros que te protejan contra eso? La respuesta rápida es que no.
Busqué en un folleto de Polifam, el seguro de vivienda de GNP, y ahí especifica que los actos de guerra, declarada o no, están excluidos de la cobertura. El experto Eloy López (a quien puedes consultar si le picas aquí) me dice que tampoco hay cobertura en Mapfre y otras aseguradoras.
Pero el caso es que ¿por qué de repente te dio por asegurar tu casa si no la tienes asegurada ante situaciones más probables?
Dice Jason Zweig, a quien me la paso citando por su buenísimo libro Your Money and Your Brain, que se ha encontrado que tendemos a asustarnos más con lo espectacular que con lo probable. Es decir, que vemos películas que recrean un accidente de avión o leemos sobre la gran caída de la Bolsa y eso nos asusta más que chocar en el auto o perder dinero por no protegerlo contra la inflación, dos cosas con más probabilidad de sucederenos. Y la conclusión de Zweig es que deberíamos protegernos más de lo más probable que de lo más espantoso.
Antes de pagar por un seguro contra vandalismo (por si te queman el coche) y otro contra ataques antinarco (por si descubren que tu vecino es un capo), deberías determinar qué tan probable es que eso te ocurra y preguntarte si te estás cubriendo para otras eventualidades que están más cerca de ti (sí, ya sé que lees que México está lleno de violencia, pero no te azotes).
Generosas, lo que se llama generosas, no son. Pero de todos modos las tarjetas de crédito te dan tus premios. Para sacar ventaja tienes que saber qué quieres.
1. Que te regresen dinero. HSBC ya eliminó el premio de 5% sobre tus compras con su tarjeta de crédito. Pero todavía hay algunas tarjetas con el puro y duro cash back, como le llaman. Están las de American Express y la de Banamex-Costco, que prometen regresarte 2% de algunas de tus compras.
2. Que te permitan hacer compras. Después de duros y sesudos cálculos, puedes ver que la mayoría de las tarjetas te regalan 1 centavo por cada peso que gastas. Para eso tienes que ver cuánto cuestan los regalos de catálogos que incluyen aburridas aspiradoras o teléfonos que medio se ven como el iPhone. Bancomer y Banamex están entre las que te permiten cambiar tus puntos por más cosas. Para sólo pagar la comisión de una tarjeta como la Oro de Banamex con tus puntos, necesitas realizar compras por 7,800 pesos mensuales.
3. Que te den viajes. American Express tiene convenios con seis líneas aéreas, que de vez en cuando hacen ofertas para que tus millas acumuladas compren más. Para ganarte un vuelo necesitas haber hecho compras como por 320,000 pesos.
4. Complementos a viajes. Como es tan complicado canjear las millas en muchas líneas aéreas, los de Scotiabank hicieron un convenio con Fiesta Americana y te dan noches de hotel. Puedes ganar una noche en un Fiesta Inn con 32,500 pesos de compra, o en el Acqua de Cancún con 121,300 pesos.
Perdón por el chiste local. Pero es que ahora que el sindicato de electricistas amenazó desde un día antes con estrangular el tráfico en la ciudad de México, todos los capitalinos nos organizamos para mejorar la forma en que nos trasladamos al trabajo. Yo, por ejemplo, por primera vez en tres años, compartí el auto con un compañero de oficina que vive a tres cuadras de mi casa y que todos los días hace los mismos recorridos que yo casi a las mismas horas.
Entre mi ahora amigo y yo tenemos como 10 cilindros, que consumen alrededor de 250 pesos de gasolina en cinco días laborales. Con un día a la semana que compartamos auto, vamos a ahorrar 25 pesos, una bicoca que nos sirve para detenernos a tomar un cafecito en el camino, porque ahora el recorrido no es lo suficientemente largo para terminar de platicar. Si sumamos a los otros dos compañeros que viven en la misma colonia, se multiplican los ahorros.
El premio es más importante: No se trata de andar de cuentachiles, para ver cuántos pesos nos ahorramos con compartir el coche -que no está mal-. Tendríamos que replantearnos el uso de nuestro tiempo. Bájate del coche, ya. Y eso significa planear menos citas, organizar menos cenas de trabajo (sí, tengo algunos jefes que necesitan hacer cenas de trabajo) y empezar también a organizar tu tiempo como peatón con un día de 24 horas y no como automovilista que cree que por sus cuatro ruedas podrá llegar a todos lados.
Si inviertes todo tu dinero en una misma cosa, te estás metiendo en terrenos pantanosos. Si inviertes todo tu tiempo en algo, y generalmente es el trabajo (la única adicción promovida por ciertas empresas), también corres el riesgo de perder cosas valiosas, entre ellas experiencias, que por cierto te ayudarán a hacer mejor tu trabajo.
Y para volver a esto de compartir el auto. Dicen que es más fácil que la felicidad te llegue cuando estás acompañado que cuando estás solo, así que no tengas muchas esperanzas de encontrarla si vas tú solito en tu coche, encerrado, escuchando a uno de esos locutores de noticias que azotan la mesa y molesto porque el automovilista de al lado no te dejó pasar.
Aquí hay un buenísimo artículo de la revista New Yorker sobre la felicidad que se pierde por estar encerrado, solo, en un auto. Pícale aquí.
Lo confieso: esperaba que me recibieran con una alfombra roja y un cafecito (sin azúcar, por favor). Era mi cita con American Express, para abrir una cuenta donde meter mis fabulosos ahorros de 500,000 pesos. Sí, me dijeron desde el teléfono, “con esa cantidad, ya puede tener el servicio de Banca Patrimonial”.
No, las oficinas no son tan bonitas como las imaginaría. Un amable ejecutivo me llevó a una pequeña sala sin ventanas y una mesita y yo dije que eso no podía ser. ¿Cómo? ¿con 500,000 pesos ni una vista a Polanco? ¿y mi café?. Entonces llamé a otro lugar, Compass, donde me dieron una cita. Ahora sí, esto sí es ser rico. Fui a sus oficinas en Arcos Bosques Corporativo, un edificio espectacular, que tiene en el lobby más restaurantes de lujo que todo Guadalajara. Me ofrecieron café, un lugar frente a una ventana con vista a Bosques de las Lomas, una colonia que por los árboles podría estar en Seattle. Ya la hice.
Entonces me abrieron los ojos: aquí pedimos un monto mínimo de un millón… de dólares, pero podríamos hacer una excepción, dado que escribes de finanzas personales. Ajá. Era como que si hicieran una excepción y me dejaran bañarme al lado del equipo de los Patriotas de Nueva Inglaterra, y así me podría comparar con Tom Brady. Gracias.
Así que adiós Arcos Bosques, me quedo con esta foto:
En banca patrimonial de Banamex o en Bancomer, piden un mínimo de 1 millón de pesos. ¿O sea que 500,000 pesos son nada? No es que sean nada, alcanzan para un coche así, que cuesta 487,175 pesos (con el tipo de cambio de hoy).
Pero si te gastas ese dinero, no vas a tener nada, nada para lo que después necesites. ¿Crees que 500,000 pesos son poco para tenerlos ahorrados? Depende de cuánto ganes y de qué edad tengas. Definitivamente son mucho dinero si tienes 20 años. Déjalos así como están, y en 10 años se convertirán en más de un millón de pesos, si los metes a una inversión que te de 8%.
Necesitas ahorrar 2,700 pesos mensuales durante 10 años para conseguirlos, con esa tasa de 8%. Pícale a esta calculadora para ver cuánto tienes que ahorrar según el tiempo que tienes
Y son alarmantemente pocos si ganas 20,000 pesos y quieres jubilarte en forma decente. Revisa esta otra calculadora para saber cuánto debes ahorrar para tener para tu retiro.
El caso es que con 500,000 pesos puedes aspirar a un cuartito, sin grandes lujos, y a que un ejecutivo te lea la cartilla y amenace con aplicarte un cuestionario para definir tu perfil como inversionista. Ese perfil, por cierto, sirve más para que después no te enojes con ellos que para definir cómo debes ahorrar para alcanzar tus metas. Pero ese ya es otro cuento. ¿Por qué a los banqueros les parecen tan poco 500,000 pesos y no te ayudan a invertirlos mejor?
Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Roberto Morán
Roberto Morán es editor de la revista Dinero Inteligente y de la sección de finanzas personales de Expansión. Economista de formación, empezó en el periodismo de economía y negocios cuando las negociaciones del tratado de libre comercio hicieron que todo el país reflexionara sobre esos dos temas. Ha sido editor de las secciones de negocios de El Economista y El
Financiero. Trabajó también para TV Azteca y para la revista Neo, de mercadotecnia y publicidad. Desde 2006, cuando regresó a trabajar a Expansión después de una ausencia de tres años, se ha especializado en las finanzas personales.