La Bolsa se puso sexy de nuevo. Está en las noticias, porque quien invirtió en septiembre de 2010, en un mes ya había tenido una ganancia de 5%. Sus niveles están muy pero muy por arriba de lo que estuvieron en la crisis de 2008. Así que otra vez se nos aparece el famoso discurso de Gordon Gekko (Michael Douglas) en la primera Wall Sreet.

Vuelven a surgir las preguntas: ¿Debo invertir en la Bolsa? ¿Seguirá la carrera alcista? Es lo que se cuestionaba Karen, quien lanzó la pregunta a quienes se presentan como expertos financieros en el twitter.
Hay una respuesta rápida a esas preguntas: Sí, te conviene invertir en la Bolsa si piensas quedarte para el largo plazo. Parece que ésa es la intención de Karen: guardar la mitad de su inversión para comprar un departamento dentro de tres años y la otra dejarla para el retiro. Claro que habría sido mejor entrar cuando la Bolsa estaba más abajo, pero supongamos que apenas ahora tuvimos el dinero.
Le hicimos esas preguntas a Ricardo Peón Escalante, director de ING Investment Management México, y él nos da estas tres recomendaciones:
1.    Define para qué quieres invertir. Si el objetivo es a largo plazo, tal vez te convenga. Pero toma en cuenta que es probable que dentro de tres años la Bolsa esté a la baja y no se haya cumplido el objetivo de ganancia que tenías.
2.    Encuentra de qué estás hecho, si podrás aguantar bajas de la Bolsa. Si eres un chavo que quiere jugar a Gordon Gekko (el de Wall Street), tal vez querrás sacar tu dinero cuando te de miedo y eso te puede generar pérdidas. Peón dice que él ha llegado a un método que le sirve para sus inversiones personales: cuando tiene ganas de comprar piensa que tal vez es momento de vender.
3.    Recuerda que la Bolsa es, como el tenis, un juego de perdedores: gana el que menos errores comete, como explica Charles Ellis en el libro Winning the Loser’s Game.


Ya es un lugar común decir que la primera Wall Street supuestamente era una crítica a los excesos del capitalismo, pero en realidad se convirtió en un canto a la ambición y a todo lo que ésta traía.

Como dice una crítica de The New York Times, una vez más Oliver Stone presenta al peor de los villanos de Wall Street, pero parece estar de su lado. Se supone que quiere denunciar los lujos, pero es como si alguien ilustrara un artículo sobre el sobrepeso con hermosas imágenes de chocolates y alta repostería francesa.

Sí, tal vez Stone está en contra de esos financieros y sus vidas ostentosas, pero tal como presenta las cosas, no queda más que salivar al ver los anillos Bvlgari, las motos Ducati, los brillantes edificios neoyorquinos (con la deslumbrante fotografía del mexicano Rodrigo Prieto), el hotel Bowery, la alta relojería, las galas en el Metropolitan y los trajes hechos a la medida en Saville Road en Londres.

Si la frase en la primera Wall Street fue “la codicia es buena”, en ésta la lección podría ser que todos estamos locos, aunque no todos al mismo tiempo. En la película no se entiende muy bien qué es lo que hacen los personajes, pero sí se insinúa que han de andar en algo malo. El yerno de Gekko hace todo tipo de maniobras (algunas ilegales, muchas desleales) para ganar dinero pero se supone que todo es para un bien mayor: invertir en fuentes alternativas de energía (y de paso multiplicar el dinero). O sea que el fin debería justificar a los medios.

¿Cuáles podrían ser las lecciones que Stone quiere comunicar con Wall Street 2? (por alguna razón, el subtítulo de la película es similar al eslogan de Citigroup). Van algunas:

1.    Tú no le entres. Si los grandes tiburones no saben lo que hacen, alguien vendrá a rescatarlos. Pero sí tú quieres enriquecerte especulando con bienes raíces, por ejemplo, vas a terminar sin dinero para el retiro y deberás regresar a tu antiguo trabajo de enfermera mal pagada.
2.    Habla con tu pareja de dinero. Descubrir una cuenta de 100 millones de dólares puede generar conflictos.
3.    Prefiere a la familia. Es mejor un anillo de caja de cereal que uno de miles de dólares, si para ganarlos requieres romper la mitad de las leyes.

4. Resiste, resiste. Todas esas joyas, motos y autos sirvieron para financiar la película (vía el product placement), pero no es necesario que tú las compres.



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