(Colaboración de Adina Chelminsky en Dinero Inteligente)
Diversos estudios serios en el área de economía y psicología/neurología han confirmado que, muchas veces, cuando compramos, el cerebro experimenta una sensación muy similar a la de las drogas o el alcohol. Éxtasis inicial por el placer de la compra, seguido de dudas sobre si hicimos bien o mal, seguido de la cruda y culpa al estilo “juro es la última vez” (como cuando llega el estado de cuenta)…seguido de más compras para volver a tener esa sensación de placer. No en balde el dicho “todo con el poder de mi firma”. Gastar nos hace sentir poderosos…aunque sea por un ratito.
Las consecuencias de esta “adicción” son diversas. La más evidente es el terrible efecto sobre la vida financiera. No hay cartera que aguante esta droga, el golpe a los ahorros y el incremento en las deudas es enorme y se puede llegar a salir de control fácilmente. Pero, más allá del efecto financiero existe el efecto emocional y los problemas que puede ocasionar con la pareja, con la familia y, sobre todo, el hecho de que el no atender un problema de consumo deja desatendida, si la hay, la verdadera razón del descontrol.
¿Qué hacer?
1.-Adquiere conciencia de tu situación financiera. Siéntate a hacer una lista de tus deudas y del costo de ellas. Para que cada vez que tengas la necesidad inminente de firmar te des cuenta que quizá ya no deberías
2.-Adquiere conciencia de lo que tienes. Haz un inventario de tu ropa, de tus enseres de cocina o de cualquier otra cosa que sea tu debilidad particular para que cuando veas algo que “necesitas comprar” recuerdes que tienes tres similares en casa
3.- Huye de la palabra barata
4.-Huye doblemente de cualquier ofrecimiento nuevo de crédito
5.-Haz un presupuesto en donde asignes una cantidad fija y limitada a “gastos sin control”. El pretender que jamás vas a gastar en alguna compra “adictiva” es irreal, mejor trata de limitar el daño limitando la cantidad que puedes gastar.
6.-Evita actividades que tengan el consumo como algo implícito. El pasear por el centro comercial “sin comprar” es peligroso y cruel.
7.-Paga y rompe todas tus tarjetas de crédito menos una. No necesitas de ellas.
8.-Si crees que tus problemas de consumo sean causados por algún otro tipo de problemas (personales, de pareja….) consulta a un especialista en resolución de adicciones lo antes posible.


La Bolsa se puso sexy de nuevo. Está en las noticias, porque quien invirtió en septiembre de 2010, en un mes ya había tenido una ganancia de 5%. Sus niveles están muy pero muy por arriba de lo que estuvieron en la crisis de 2008. Así que otra vez se nos aparece el famoso discurso de Gordon Gekko (Michael Douglas) en la primera Wall Sreet.

Vuelven a surgir las preguntas: ¿Debo invertir en la Bolsa? ¿Seguirá la carrera alcista? Es lo que se cuestionaba Karen, quien lanzó la pregunta a quienes se presentan como expertos financieros en el twitter.
Hay una respuesta rápida a esas preguntas: Sí, te conviene invertir en la Bolsa si piensas quedarte para el largo plazo. Parece que ésa es la intención de Karen: guardar la mitad de su inversión para comprar un departamento dentro de tres años y la otra dejarla para el retiro. Claro que habría sido mejor entrar cuando la Bolsa estaba más abajo, pero supongamos que apenas ahora tuvimos el dinero.
Le hicimos esas preguntas a Ricardo Peón Escalante, director de ING Investment Management México, y él nos da estas tres recomendaciones:
1.    Define para qué quieres invertir. Si el objetivo es a largo plazo, tal vez te convenga. Pero toma en cuenta que es probable que dentro de tres años la Bolsa esté a la baja y no se haya cumplido el objetivo de ganancia que tenías.
2.    Encuentra de qué estás hecho, si podrás aguantar bajas de la Bolsa. Si eres un chavo que quiere jugar a Gordon Gekko (el de Wall Street), tal vez querrás sacar tu dinero cuando te de miedo y eso te puede generar pérdidas. Peón dice que él ha llegado a un método que le sirve para sus inversiones personales: cuando tiene ganas de comprar piensa que tal vez es momento de vender.
3.    Recuerda que la Bolsa es, como el tenis, un juego de perdedores: gana el que menos errores comete, como explica Charles Ellis en el libro Winning the Loser’s Game.



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