33 trabajadores de la mina de oro y cobre San José, cerca de Copiapó, al norte de Chile, fueron ubicados vivos este domingo tras pasar 17 días atrapados 700 metros bajo tierra con alimentos sólo para 48 horas.
Aún deberán pasar tres meses antes de que salgan de ahí, según los cálculos del presidente Sebastián Piñera y sus expertos, pero mientras les proveerán comida, agua y medicinas que aseguren su salud.
Muchos llaman “milagro” a la conjunción de factores que permitió hallarlos: planeación certera, alta tecnología y un empeño que rindió mejores frutos que en casos como el de Pasta de Conchos, en Coahuila, México, donde en 2006 murieron 65 mineros en circunstancias distintas aunque condiciones similares.
Pero para uno de los sobrevivientes chilenos, el rescate podría significar no sólo la gran posibilidad de sobrevivir, sino la oportunidad de revivir una vocación que parecía enterrada.
Se llama Franklin Lobos. La vida lo llevó de futbolista profesional a chofer en una mina, de chofer a víctima del derrumbe y ahora de víctima a sobreviviente.

Pero el imaginario colectivo lo está invitando a dar un paso más: de sobreviviente a auxiliar del técnico de la Selección chilena de futbol, Marcelo Bielsa.
¿Cómo llegó ahí? Ésta es la historia de un hombre que tocó fondo cuando creía que ya no podía caer más y que podría usar ese fondo de resorte para volver a su vocación.
En los años 80 Lobos fue seleccionado nacional y mediocampista de los equipos Deportes La Serena, Santiago Wanderers, Regional Atacama, y Cobresal, donde fue contemporáneo de Iván Zamorano, antes de que el llamado “Bam Bam” fuera estrella del Real Madrid. Jugó 144 partidos en Primera División.
Tras su retiro como profesional, el llamado “Mortero Mágico de los Tiros Libres” jugó un tiempo en un equipo amateur pero acabó como muchos ex futbolistas chilenos cuyos equipos son propiedad de compañías mineras: trabajando en ellas como obreros.
Chofer de los que meten y sacan trabajadores de la mina en una camioneta para llevarlos al almuerzo, trabajaba así 7 días por 7 de descanso, que ocupaba en ser taxista en esa ciudad, cuyo nombre significa “Copa de Oro”.
Era un eterno aficionado al futbol, pero resignado a cubrir al crack con la máscara del hincha.
Siempre humilde, había enterrado la faceta profesional de su vocación. ¿O acaso alguien creería que aquel hombre de 55 años, que hace tres meses había conseguido empleo como chofer de una mina, podría soñar con volver al futbol profesional?
Soñar sí. De hecho cuentan que aún se paraba frente al balón para anotar goles espectaculares y seguía haciendo bromas como en sus mejores tardes de juventud. Pero realizarlo, difícilmente.
Sin embargo, el otrora volante nacional chileno enfrentó una jugada inesperada: quedarse atrapado en la mina, con el riesgo de morir si no hubieran podido enviar un mensaje pegando un letrero en una sonda, con la que se les buscaba desde la superficie.
Hoy el riesgo es mínimo. Si todo va como se planea, en semanas lo veremos salir al llamado “Campamento Esperanza” donde le esperan sus familiares y amigos, quizá un poco desmejorado, pero vivo. Eso ya es una gran noticia para su familia, su país y todos quienes tengan una pizca de humanidad.
Pero como si la vida quisiera retribuirle la alegría que le dio a tantos aficionados, pronto se enterará de que a raíz de la noticia de que sigue con vida, en la televisión chilena y Twitter tomó fuerza una campaña que propone que se le dé empleo como ayudante del director técnico de la Selección Chilena, Marcelo Bielsa, para que su talento no vuelva a caer en el olvido.

Imposible saber ahora si se trata de una propuesta pasajera, producto de la euforia, que acabará diluyéndose (tampoco le han preguntado a Bielsa si aceptaría). Imposible saber si, de concretarse, Lobo querría saltar sobre el complicado aunque sorteable trampolín que la vida le puso.
Quizá lo más importante sea recordarle a él, y de paso a nosotros, que en la vocación de cada quien se esconde una misión, que se resistirá a ser enterrada por más que el tiempo, las circunstancias o nosotros mismos queramos ignorarlas. Que a pesar de que nos escondamos de ella en lo más profundo de una mina, o que las circunstancias adversas nos lleven a olvidarla, la vocación y el talento seguirán ahí con su dósis de obligación intrínseca de desarrollarlas y compartirlas.
“Tras la experiencia que está viviendo, ¿quién mejor que Franklin Lobos para motivar a los jugadores?”, se preguntan quienes promueven su nuevo puesto.
Quizá ahí esté la clave de su nueva misión en la vida. Aquella para la que, sin saberlo, se ha venido preparando, por si quiere adoptarla.
¿Qué opinas de la historia de supervivencia de los 33 mineros en Chile? ¿Qué podemos aprender a nivel individual, colectivo y como país? ¿Alguna vez has sentido que te alejas de tu vocación o te has resistido a cumplirla? ¿Qué opinas de la historia de Franklin Lobos? ¿Crees que quien sobrevive a una experiencia fuerte está obligado a compartir sus enseñanzas? ¿Será que cuando menos lo pensamos, cuando todo parece perdido, se puede encontrar una segunda oportunidad? ¿Será?
Cuéntame por favor qué opinas aquí abajo, en nuestra zona de comentarios, y sigamos la conversación en Twitter, soy @MariodelaRosa.

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