“Sueñan las pulgas con comprarse un perro. Y sueñan ‘los nadies’ con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni mañana ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que ‘los nadies’ la llamen, ni aunque les pique la mano izquierda o se levanten con el pie derecho… o empiecen el año cambiando de escoba”
Eduardo Galeano
A “los nadies” no les llueve la suerte, pero les llueven aludes que sepultan sus casas ya de por sí “jodidas, re jodidas“, como diría el escritor uruguayo. En Tlahuitoltepec, Oaxaca, por ejemplo, la madrugada de este martes el desgajamiento de un cerro en la región Mixe dejó a personas desaparecidas cuyas casas, si se les podía llamar casas, quedaron sepultadas mientras dormían: http://cnn.mx/n000A7N
En Oaxaca ya había desde ayer 4 ríos desbordados, 20,000 damnificados y más de 5,000 casas con daños severos por las lluvias. En Veracruz, por efectos de la tormenta “Matthew”, 7 mil personas duermen hoy mismo fuera de sus casas.
Casas de los nadies “que no son, aunque sean; que no hablan idiomas, sino dialectos; que no profesan religiones, sino supersticiones; que no hacen arte, sino artesanía; que no practican cultura, sino folklore; que no son seres humanos, sino recursos humanos“, como escribió Galeano con ironía, con rabia.
¿Cuántas veces hemos escuchado esta noticia? ¿Por qué siempre “los nadies”? ¿Cuándo les lloverá la buena suerte? ¿Qué hacemos, más allá de dar donativos que ayudan, pero no resuelven, y condolencias que consuelan, pero no reviven a los muertos? ¿Cómo ayudamos a “los nadies” a ser “alguien”? ¿Cómo hacemos que su suerte deje de depender de “la buena” o “la mala suerte“? ¿Cómo logramos que un alud de justicia sepulte la “mala suerte” a la que sus gobernantes, no el destino, sus gobernantes, los han condenado?
Los desastres naturales son muchas veces inevitables, cierto, pero en este siglo 21 evitar ser víctima de ellos es casi siempre, creo, muy posible, al menos, muy previsible. El alud cayó sobre los oaxaqueños mientras dormían… ¿cuantos aludes tienen que caerle a este país, a este mundo, antes de hacerlo despertar? ¿Pueden ustedes hacer algo que resuelva el problema de raíz, señores poderosos, señores millonarios? ¿O será que nuestras esperanzas, como las casas de “los nadies”, ya quedaron sepultadas?
¿Fue la mala suerte otra vez? Déjame aquí tus comentarios y ayúdame a contestar la pregunta en Twitter, mi cuenta es @MariodelaRosa

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