¿Quieres ver cómo trabaja Carlos Slim Helú día a día, minuto a minuto, segundo a segundo? Date un “break” y hazlo.

A sus 70 años, el hombre más rico del mundo está más activo que nunca, como empresario desde luego, pero también en su profesión de ingeniero civil.

Egresado en 1961 de la UNAM, donde fue alumno y maestro de Álgebra y Programación Lineal, dirige hoy la construcción del nuevo Museo Soumaya en Plaza Carso, desarrollo inmobiliario y comercial en la colonia Ampliación Granada, al poniente del DF, en el que se invierten alrededor de 800 millones de dólares.

En la pantalla de arriba puedes ver en tiempo real, como todo un “Big Brother”, los avances  en este edificio -que será uno de los trabajos más emblemáticos de Carlos Slim Helú- gracias a una cámara que muestra en vivo una vista de la zona de construcción tomada del sitio de internet de la propia Plaza Carso.

Eso sí, tendrás que ser paciente porque, de acuerdo con el plan, el edificio completo no estará terminado sino hasta el último trimestre de 2010.

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Michel DomitLa muerte es mi más fiel amiga”, me confesó Michel Domit. Sentí miedo al escucharlo.

¿De qué hablaba el presidente y director general de Grupo Domit, clavándome su mirada azul, profunda, misteriosa?

Date un “break” y entérate.

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Michel está acostumbrado a que piensen que está loco.

Quiso ser cineasta, pero a los 20 años se vio obligado a trabajar duro para rescatar de la bancarrota a la empresa que su padre inició en 1927.

Por años soñó tener en todo el mundo marquesinas con su nombre, que es el de su marca de ropa, zapatos y accesorios, y disfrutó poco abrir nuevas tiendas, preocupado por las que le seguirían.

En la crisis económica nacional de 1994 (que también fue personal para él) contrajo una deuda millonaria para comprar una montaña de cuarzo y grafito de clima excepcional en Valle de Bravo, Estado de México, con la premisa de seguir lo que su padre fallecido le dictaba a través de sus meditaciones.

Dieciséis años después tiene ahí El Santuario, un fraccionamiento de primer nivel con hotel de 64 suites, el spa más lujoso de Latinoamérica, clubes de golf, marina, náutico e hípico, un centro de convenciones, un temascal y planes de replicar su modelo en otros sitios.

Pero atrás quedaron los días de ambición desmedida.  A sus 56 años, la conciencia de la muerte lo equilibra.

“¿Le temes a la muerte?”, le pregunté mientras hablábamos de sus viajes a Líbano, la tierra de sus padres, sin prever una respuesta como la que iba a recibir.

¡Al contrario!”, me dijo.

¿La deseas?”, le reviré asustado.

“Uno de los grandes maestros de mi vida me enseñó a platicar con la muerte, a cada mañana darle la bienvenida, a reconocer que está aquí, encima de mi hombro, y a decirle ‘por favor hazme consciente de que me voy a morir, de que cada día me queda un día menos de vida, para que disfrute mis días, para que los viva más intensamente’.

“Yo no veo a la muerte como un enemigo, la veo como mi más fiel amiga, ¡y no quiere decir que me quiera morir pronto! ¡me encanta la vida! Pero en la medida en que me dé  cuenta de que la muerte viene, tengo que gozar más la vida. Si de verdad vivimos como si fuera el último día de nuestra vida… bueno… ¡wow…! ¿cómo sería nuestra vida? Yo pienso que de eso se trata: de tratar de vivir cada día como si fuera el último de tu vida.

¿No le temes ni a la muerte de tus seres queridos?”, le pregunté al hermano de quien fuera esposa de Carlos Slim Helú, Soumaya Domit Gemayel, fallecida en 1999.

“En una ocasión le decía yo a un lama del Tíbet: ‘no pensé que se fuera a morir mi hermano ni mi hermana tan rápido...’ ‘ ¡Pero qué poca imaginación!’, me dijo, ‘¡si sabes perfectamente que todos nos vamos a morir! Pero hay un mecanismo inconsciente que te impide pensar que tu gente querida se va a morir, el apego de no querer dejarlos ir.

“La verdad de las cosas es que yo siento que si fuera al revés, si tú dijeras ‘éste es el último beso tal vez que le doy a uno de mis hijos‘, tal vez vivirías más intensamente el momento con ellos.

“Yo pienso que no hay que apegarnos, creo que hay que entender que algunos nos iremos antes, otros se irán después, que tal vez alguien querido se vaya antes que nosotros y que tal vez no nos lo vamos a esperar.

Por eso los últimos años ha combinado su labor empresarial con la difusión discreta, en seminarios, cursos y libros, de una metodología creada por él mismo que busca ayudar a los demás a definir su misión en la vida, anteponiendo el “ser” al “tener”.

“He recibido tantas bendiciones de tantos maestros, tantas enseñanzas, que no me puedo quedar con ellas, tengo que difundirlas, tengo que transmitirlas.

“Quizá esta entrevista la lean algunos mañana, quizá otros la vean dentro de muchos años y, sin embargo, estamos conectados con ellos hoy, el tiempo no va a pasar para ellos.

Michel, ¿qué le dices a quien nos está leyendo y que, a diferencia de ti, sí tiene miedo a la muerte?

“Yo quisiera pedirte a ti lector, lectora, independientemente de dónde vivas, de cuánto dinero tengas, de a qué nivel social pertenezcas y en qué momento nos estés leyendo, que en este momento detengas el curso de tu vida y que te preguntes ¿qué quieres que diga tu tumba al morir? ‘Aquí vivió fulano de tal, quien hizo… ¿qué?’ Porque, hoy en día, estás a tiempo.

¿Qué quieres que diga tu epitafio? ¿Qué opinas de lo que dice Michel Domit?

Date un “break”, déjanos tu comentario y sígueme en Twitter @MariodelaRosa.



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