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94 años y 49 días vivió Leonora Carrington Moorhead. La mayoría de ellos aterrada, escapando.

Sus últimos días, años, estaba débil, pero ágil. No se detenía, no quería detenerse. Seguía huyendo. Huía de la muerte. Le temía. Mucho. “Muchísimo”, repetía.

Leonora CarringtonSiempre escapando. Viajó de Chorley, Lancashire, en el norte de la Gran Bretaña, donde nació, a Westwood, Crookhey Hall, Hazel Wood, donde creció, y luego a Irlanda, con la abuela.

De ahí a Florencia y Londres, donde se hizo artista con ayuda de Ozenfant; luego a París, donde halló el amor en Max Ernst, la vida en la Rue Jacob y Saint-Martin L’Ardeche, el estilo en el grupo surrealista de André Bretón, Lee Millar, Man Ray y Remedios Varo,  y el horror de la guerra entre Francia y la Alemania nazi.

Más tarde huyó, aterrada, a España, a donde llegó por los Pirineos. Ahí cayó en la más profunda depresión. Escapó, otra vez, a Lisboa, donde halló consuelo y matrimonio en 1941 con el poeta mexicano Renato Leduc. Él la llevó a Nueva York, antes de atravesar en auto por Nuevo Laredo, a México. Aquí vivió sus últimos 69 años, salvo temporadas en que volvía a Nueva York o Chicago.

Ya se había escapado de la rigidez que en su país le exigía convertirse en una dama de la sociedad inglesa; del abismo de la depresión, que la mandó a un hospital siquiátrico en Santander, de las armas de Hitler.

Pero no quería detenerse.

Siempre prefirió el ferrocarril al avión, pero su tren de vida en la vejez sólo le permitía distancias cortas, lentas. De Jalapa a Tonalá, y acaso a Oaxaca, que así se llaman las calles de la Ciudad de México que rodean Chihuahua, donde vivió sus últimos años. Una cuadra para tomar dos minutos de sol, dos para comprar el periódico, otras -en taxi- para ir al supermercado. No conducía porque su maestro de manejo en Chicago le advirtió a tiempo, decía ella carcajeando, que era un peligro público: ser ambidiestra la confundía.

Leonora Carrington Moorhead, símbolo del surrealismo, pintora, escultora, grabadora y litógrafa con obra expuesta lo mismo en The Edwards James Foundation, en Chinchester, Inglaterra; que en The Metropolitan Museum of Art, en Nueva York; el Museo de Arte Moderno, en la Ciudad de México; el National Museum of Women in Arts, en Washington, D.C.; el Museo Nacional de Arte, en la Ciudad de México, y otros recintos de París, Munich o Tokio.

Escritora traducida, al menos, a seis idiomas; generosa, gruñona, aventurera y rebelde, de belleza misteriosa, ojos azules, tambaleante agilidad, memoria en extinción, incierta y solitaria, maga de Alejandro Jodorowsky, austera y vegetariana, hija de padres de ascendencia irlandesa y raigambre católica, madre de dos hijos, David y Pablo, y abuela de varios nietos a los que nunca les enseñó a pintar.

Ella, le temía a la muerte.

Salía poco de su casa, austera y fría, en la Colonia Roma. Nunca sola de noche.

Sus vecinos -los que no sabían que era Ciudadana Distinguida nombrada así por el Gobierno del Distrito Federal; portadora de la Order of the British Empire, otorgada por la Reina Isabel II de Inglaterra, y Medalla de Oro de Bellas Artes en México- la veían con sospecha, gabardina negra larga, piel casi transparente.

Platicar con ella, en los tiempos en los que era una leyenda viva, era un honor. Aceptaba preguntas de malas, las contestaba de buenas. Pocas palabras, muchas ideas.

Una mañana de enero de 2008 tuve el privilegio de hablar con ella, de la vida primero y de la muerte después.

Aquí algunos extractos.

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I. LA VIDA

¿Cómo es el lugar donde nació?

Chorley es una ciudad más bien de negocios, de textiles, en el norte de Inglaterra, una pequeña ciudad. No vivimos adentro del pueblo, vivimos en una casa afuera, Westood se llama, es como campo en Inglaterra, árboles, hierba, ¿qué más le puedo decir?, no sé.

No viví mucho ahí, después mi f amilia se movió a otro lugar más al norte, cerca de Lancashire, que es otra pequeña ciudad muy antigua, que tiene un castillo muy grande al que iban turistas… ¡pero yo no vivía en el castillo!

Leonora CarringtonHablando de castillos, hay una casa en Xilitla, San Luis Potosí, a la que ahora llaman así. Fue propiedad de Edward James, amigo suyo que creó en Las Pozas un paraíso surrealista, ¿no?

Yo fui sólo una vez.

¿Sólo una vez? Porque ahí todo el mundo presume que usted estuvo y que pintó y no sé cuántas cosas más…

No es cierto. Edward James era un buen amigo y él vivía ahí a veces, viajó mucho. Yo lo visité ahí una vez, él vino mucho a la Ciudad de México.

Ha vivido en casi una decena de países. ¿Cuál considera el mejor lugar para vivir?

Yo creo que uno tarda en acostumbrarse a un lugar y uno vive mucho con las costumbres de uno, hay una persona a la que le gusta mucho comer chile, a otro que no le gusta, otro al que le hace daño al estómago, así es todo.

Para mí, mientras las cosas van bien, donde esté, estoy bien.

¿Qué aprendió en la academia Ozenfant, de Londres?

Estudiar el dibujo era lo más importante, con el maestro Ozenfant y otros estudiantes. Yo creo que hay que tener habilidad en todo, hay que estudiar, hay que practicar, tener técnica y una habilidad por lo que uno está haciendo, si yo fuera por ejemplo fotógrafa, necesitaría la habilidad de tomar fotos, también es una técnica.

¿Cómo fue su vida en París?

Pues bien. Bien es estar con buena salud, tener un lugar donde vivir y hacer mi trabajo, el que me gusta.

¿Le gustan las playas europeas?

El sol me quemó aquí (dijo mostrando una protuberancia en el rostro), me lo tienen que quitar con láser, pero de joven era la moda estar un poco bronceado por el sol, hace mucho daño cuando uno tiene la piel blanca, eso fue hace mucho.

Yo me iba a la playa de joven, ¡pero en lugar de ponerme bronceada me puso roja como un camarón!

Usted llegó a la Ciudad de México en los años 50. ¿Qué recuerdo guarda del primer lugar en que vivió aquí, Mixcoac?

Era muy bonito, con muchos árboles. Con el tranvía era muy bonito el viaje al Zócalo, luego hubo mucho tráfico. Era muy bonito el viaje, me encantó.

Y ahora, que vive en la Colonia Roma, ¿qué calles le gustan?

Cualquier calle me gusta. A mí me gusta caminar por (la avenida) Álvaro Obregón, porque hay árboles

¿Sigue yendo al Zócalo?

Muy poco, hace meses que no he ido por el tráfico.

¿Se queda para siempre en la Colonia Roma?

Yo no soy profeta. No soy dueña de todo lo que hago.

¿En cuál de los lugares que conoció encontró la libertad?

Nadie está libre, primeramente, porque nacimos y con suerte vivimos más o menos bien o más o menos mal y morimos. Eso es igual tanto para las hormigas como para nosotros.

¿La falta de libertad qué es? El miedo. Entonces todos tenemos miedo a la muerte y no conozco a nadie que no muere.

¿Algún día usted creyó que la libertad existía?

No sé, yo tengo 90 años, ¿cómo voy a saber hace 90 años lo que sentía yo? A veces bien y a veces mal.

¿No cree que es la misma persona que cuando tenía 20 años o 40?

No sé cómo yo era a esos años, soy distinta en muchas cosas distintas, y no le puedo enumerar. El tiempo es el cambio, y el cambio sí existe.

¿El tiempo sólo se mide en cambios?

No sé si sólo, pero probablemente, todo cambia.

Usted cambió de lugar muchas veces. ¿Pero no estamos siempre en el mismo lugar, en nuestros zapatos?

Eso no lo sé.

Fernando Pessoa decía que la majestuosidad de China no le podía ofrecer cosas más grandes que lo que tenía dentro. ¿Está usted de acuerdo?

A veces sí hay cosas más importantes que uno, como los hijos. Así es que tampoco no es muy cierto eso.

¿Siempre supo que tenía poderes sobrenaturales?

¿Quién? ¿Yo? No tengo ningún poder sobrenatural.

Ya, acéptelo…

No tengo, lo siento, lo voy a decepcionar, pero no tengo poderes.

¿Profesa alguna religión?

No.

¿Cree en un dios?

¿Uno?

¡O una diosa!

Quizá hay de todo. Yo personalmente creo que hay muchos poderes mucho más fuertes que nosotros, pero no sé qué son. Sabemos poco y somos relativamente débiles.

Yo creo que sabemos muy poquito y entre toda esa gente que no sabe o que sabe muy poquito estoy yo, soy de esas personas.

Usted va por el mundo y le gritan la “gran maestra”, la “gran pintora”, la “diosa celta”, la “gran escultora”, la “gran escritora”. ¿Alguna vez se lo ha creído?

No, yo me siento como en el momento me siento, a veces bien, a veces mal, a veces nada.

¿No sale a la calle pensando “yo soy Leonora Carrington” y va viendo a los demás por encima del hombro?

No, ¡ahora veo sólo si alguien me va a atacar!

Es usted más guapa de lo que se ve en las fotografías…

¡Qué bueno que tiene mál gusto! Muchas gracias, pero no lo creo.

¿Por qué rechaza todos los halagos?

Porque yo creo que si uno empieza a querer, por ejemplo si yo quisiera tener 60 años menos de lo que tengo, sentir eso sería muy bueno, pero ahora me falta energía, me faltan fuerzas, uno empieza a perder la fuerza.

¿Qué es el dinero?

La abstracción que domina. El poder.

¿Le gustaría pintar un graffiti?

No, a mí me gusta ver el espacio y el graffiti me parece una cosa muy gratuita de estropear las paredes.

¿No cree que dentro de algunos años vamos a ver el graffiti en los museos?

Probablemente sí, ¿por qué no?

¿Usted navega en internet?

Tengo un computador, que me trajo mi hijo y un poco aprendí a mandar un e-mail, hasta ahí, pero casi nunca la uso.

¿Le gustaría incursionar en el net-art?

No, ya me parece todo tan difícil que para qué voy a dificultarlo más.

¿Qué tal darle voz a la hiena? (de su cuento La Debutante)

Ja, ¡eso sí!

¿Usted es de izquierda o de derecha?

Alguna vez tuvieron ustedes un presidente llamado (Luis) Echeverría, y dijo “ni a la derecha ni a la izquierda, sino todo lo contrario”.

Pero sí es muy enojona…

¿Y quién no está enojado? Todos nos enojamos.

¡Pero es muy temprano!

¿En el día o en la vida? Yo creo que uno tiene que controlar el enojo, porque creo que es muy peligroso, uno puede hacer mucho daño enojándose. Yo no me he enojado hoy, tengo un poco de frío, la casa está fría y no me puedo enojar por eso.

Yo no soy santa, a veces me enojo, a veces sí y a veces no.

II. LA MUERTE

Y qué tal si un día, tras su muerte, la canonizan, Leonora… ¡y dicen que fue una santa!

(Risas) Bueno, eso sería ya en otra parte y cuando esté yo desaparecida, a mi qué. O pueden decir que fue una idiota, una tonta, una criminal o nada, a mí me da lo mismo qué van a decir de mí cuando esté muerta.

Si pudiera hacer un último viaje largo en su vida, ¿a dónde iría?

No sé, hay muchos lugares que me gustan… iría a Nueva York, a París o a Londres.

Leonora Carrington¿Tiene sentido el viaje de la vida?

Nadie me preguntó si yo quería nacer o no, pero nací y yo estoy feliz de que nací porque es muy interesante. No hacer daño a los demás yo creo que es lo más importante.

La guerra me parece terrible, el odio también, y el odio racial me parece terrible y estúpido. Yo vi cómo sufrió la gente con la guerra y con criminales como Hitler, que era el súper criminal, yo vi todo eso, si uno pasa por eso uno ya no puede presumir, yo creo, de nada.

Hay un dicho en Inglaterra: “todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Si pudiera elegir su muerte, ¿cómo sería?

Me vendrá sin que yo elija cualquier cosa, solita. ¿Cómo puedo saber? No sé, lo dejo abierto, quizá regrese, quizá no regrese, quizá es el final, quizá no lo es, no sé, me voy sin saber.

Usted no sabe cuándo va a morir, yo tampoco, entonces es algo que nos domina. Uno quiere a otras personas, también uno no es dueño o dueña de lo que pasa a las personas que queremos o a uno mismo.

¿Tiene usted algo que deba perdonarse?

Sí, muchísimas cosas, alguna cosa en la que uno hace daño a algo, a un animal o a una persona, bueno, somos animales, ¡pero si yo pidiera perdón por todas las tonterías o maldades que he hecho en mi vida, estraríamos aquí hasta la otra semana!

Todos tenemos. Usted debería ser sacerdote, por las preguntas que hace.

¿Colecciona algo?

Yo no tengo colección, todo estos libros (en su casa) son de mi hijo médico, viejos libros de Medicina, ni son míos, muchos de los otros también son suyos.

Yo tengo mi propia biblioteca aquí mismo, pero con libros que no tienen valor para otra gente, o que sea para gente que yo leo para aprender, para pasar el tiempo.

¿A quién se la va a heredar?

A mis hijos. No tienen valor, son libros que compro nuevos, no son libros antiguos. Para mí sí, claro, en ese sentido hay unos que ya no me interesan y hay unos que todavía me interesan.

¿Le tiene miedo a la muerte?

¡Muchísimo! ¿por qué? ¿Usted no le tiene miedo a la muerte?

No

Usted quizá tiene razón.

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Pero la muerte, que es una astuta, se montó una noche, 25 de mayo, en el carro de una neumonía. Pasó por ella y se la llevó al último viaje de su vida, un viaje cuyo fin le aterrorizaba.

¿Qué opinas de la trayectoria y el pensamiento de Leonora Carrington? Déjame tu comentario aquí abajo por favor y sigamos la conversación en Twitter, donde soy @MariodelaRosa

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7 Comentarios para “ENTREVISTA: Leonora Carrington, 94 años huyendo”

  1. 1 | Lo dijo: Janusz Franco

    Con Maria Felix hizo Usted un trabajo excepcional, con Leonora Carrington la calidad no fue menor. Ahora me pregunto, que tanto mas nos ira a compartir?… Y ya la ansiedad me comienza a consumir.
    Fue esta una visita muy interesante a la cabeza de la Maestra Carrington.
    Gracias.

  2. 2 | Lo dijo: Angélica Ruiz

    Tengo un dolor en el pecho, como si alguien muy cercano a mi se hubiera ido. Leonora era como pocas personas. Realmente auténtica, inteligente y aventurada. Hasta siempre, Leonora!!

  3. 3 | Lo dijo: Ulises León

    q barbaro q entrevista, felicidades…

    Fotógrafo Ulises León

  4. 4 | Lo dijo: Daniel Compeán P.

    Les felicito por publicar esta entrevista tan “sabrosa” y tan llena de “calidez”. La refleja perfecto gracias a las preguntas inteligentes. Tuve el honor de conocer a Leonora Carrington en dos ocasiones, en un supermercado donde la saludé y felicité y también caminando en la Av. Alvaro Obregón.
    Era como uno de sus seres honíricos, como un fantasma, indiferente pero accesible. Era maravillosa como su obra.
    Estoy seguro de que se fue satisfecha y plena.
    Ahora seguirá recorriendo la Colonia Roma, como fantasma, como uno de los que pintó y esculpió. Ahora sí, por fin, descansará y dejará de sentirse perseguida.
    Hasta siempre Leonora Carrington y gracias.

    Daniel Compeán P.

  5. 5 | Lo dijo: Angie de la Vega

    Mario, excelente entrevista. Me encantó cuando le preguntas el sentido del viaje de la vida! Un abrazo y gracias :)

  6. 6 | Lo dijo: Una entrevista a Leonora Carrington | Labrys

    [...] via cnnexpansion.com This entry was posted in Cultura and tagged arte, pintura, surrealismo by admin. Bookmark the permalink. [...]

  7. 7 | Lo dijo: Leonora Peñaloza

    Estoy atónita con la biografía de esta brillante Mujer.. Mujer intrigante y extravagante, fuera de serie, original y única en sus comportamientos desde la más temprana niñez.. estoy leyendo su biografía y siendo otra Leonora no puedo dejar de identificarme con ella en ciertos aspectos… Gracias por este reportaje.

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