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El arquetipo de Superman tiene un largo y antiguo historial de referencias religiosas más que conocidas, pero esta vez parece haber logrado, en su propio protagonista, un “milagro” totalmente palpable.

Enviado de otro mundo por su padre para guiar a la humanidad, este personaje llamado Kal-El o Clark Kent descubre su misión a los 33 años y, en la nueva versión cinematográfica, toma vuelo en posición de cruz con la dirección de Zac Snyder mientras se escucha un coro casi gregoriano cortesía de Hans Zimmer y resplandece en medio de la luz digna de una verdadera transfiguración mesiánica que le prodiga
Amir Mokri antes de liberar al mundo de la maldad del villano General Zod.

Pero el personaje ha logrado esta vez expulsar también a otros demonios: los del nuevo protagonista de la saga, el actor Henry Cavill. Los del ser humano, más allá de la ficción.

Este inglés de 30 años y 1.80 metros de estatura, cuyo sex appeal ayudó sin duda a la película a facturar 125 millones de dólares en su primer fin de semana, estuvo algún día del otro lado de la acera. En su infancia, era un hijo sandwich introvertido y nerd, víctima del bullying debido al sobrepeso debido a que su condición enfermiza le impedía hacer ejercicio. Sus compañeros le decían “El gordo Cavill” y él no tenía más poder para defenderse que llamarle 3 o 4 veces al día de la escuela a su mamá para llorar con ella.

Pasaron los años y la adolescencia de Cavill se parecía a la de Clark Kent: solo, inadaptado, incomprendido. Pero un día, sin que él lo supiera, el destino le haría un guiño. El actor neozelandés Russell Crowe iría junto con Meg Ryan a grabar algunas escenas de la película “Prueba de Vida” a su escuela. Era el 2000. Tenía 17 años.

Cavill, quien estuvo a un paso de terminar en la milicia como muchos de sus familiares, quiso participar como extra en la escena para estar cerca de su ídolo (era fan de Gladiador). Y cuando estuvo ahí, en lugar de pedirle un autógrafo, se presentó con él, le dijo que estaba pensando en ser actor y le pidió su opinión sobre lo difícil que era. Russell le contestó que su profesión era a veces genial y otras, terrible. Todo parecía terminar ahí, pero en realidad todo empezaba.

Dos días después recibió un regalo. Era una foto del Gladiador, un jersey de rugby, algunos dulces y un mensaje que le cambió la vida. Decía: “querido Henry, un viaje de mil millas comienza con un simple paso”. Firmaba “Russell”.

Henry no se sentía digno de que entraran a su vida, pero las palabras de Crowe le bastaron para sanarlo. Por decirlo de algún modo, le dieron súper poderes. Un año después debutó en la película “Laguna”. El siguiente hizo “El conde de Montecristo” y perdió unos 10 kilos. Nunca más “Gordo Cavill”. En 2007 hizo “Stardust”. De ese año a 2010, encarnó a “Charles Brandon” en la serie “Los Tudor”. En 2009 protagonizó “Whatever Works”, de Woody Allen.

Y vino el exorcismo: 13 años después se reencontró con Russell Crowe, que bien podría no haberlo reconocido. “El Gordo Cavill” se había vuelto “El hombre de acero”, metafórica y literalmente. Pero mil millas después Crowe sí lo reconoció, y cómo no: ahora, azares del destino, iba a ser su padre en la película de Warner Bros.
“El Gordo Cavill”, el que estaba preparado para que no le dieran el papel de Superman -como a los 22 años, cuando perdió frente a Daniel Creig el de James Bond-; el que admira más a los héroes que no salen en la televisión, pero que ayudan a sus vecinos y cuidan a sus familiares; el que dijo a The New York Post que le gustaría que su personaje pudiera abrazar a alguien con todas sus fuerzas sin riesgo de matarlo; exorcizó sus demonios.

Hoy, Cavill está en la primera cúspide de su carrera con su interpretación del solitario superhéroe de pasado atormentado que asume su destino. Por verse está si termina encasillado en este papel o algún día muta al de Christian Grey, James Bond o algún otro. Más difícil será que vuelva al de “El Gordo Cavill”.

Pero ¿cómo exorcizar nuestros propios demonios? La propia cinta, como si quisiera redondear este aspecto de la historia de su actor principal, recalca durante su trama cinco consejos dichos al protagonista en distintos momentos y por diferentes personajes. Las reproduzco aquí sin contexto (lo que, lo sé, les da un tufo de mensajes de autoayuda, pero con el objetivo de no arruinar el factor sorpresa de quienes prefieren ir al cine sin conocer los detalles de lo que verán), porque pueden servirle a alguien que esté en su proceso de exorcismo personal.

1. “Los cambios por los que estas pasando algún día serán una bendición”

2. “Aunque te lleve toda la vida, te debes a ti mismo encontrar la razón por la que viniste al mundo”

3. “¿Qué tal si un niño deseaba convertirse en algo distinto a lo que la sociedad dictaba? Qué tal si soñaba algo mejor?

4. “Haz crecido más de lo que creí, la única forma de probar cuánto es probando tus límites”

5. “Tendrás que decidir en qué clase de hombre te convertirás, porque bueno o malo ese hombre cambiará al mundo”

Cavill se volvió superhéroe. También podía haber sido menos valiente y dejarse vencer por los villanos.

¿Qué opinas? ¿Suerte, destino o decisión? Quiero conocer qué opinas, por favor déjame aquí tus comentarios y sigamos la conversación en Twitter, donde soy @MariodelaRosa


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94 años y 49 días vivió Leonora Carrington Moorhead. La mayoría de ellos aterrada, escapando.

Sus últimos días, años, estaba débil, pero ágil. No se detenía, no quería detenerse. Seguía huyendo. Huía de la muerte. Le temía. Mucho. “Muchísimo”, repetía.

Leonora CarringtonSiempre escapando. Viajó de Chorley, Lancashire, en el norte de la Gran Bretaña, donde nació, a Westwood, Crookhey Hall, Hazel Wood, donde creció, y luego a Irlanda, con la abuela.

De ahí a Florencia y Londres, donde se hizo artista con ayuda de Ozenfant; luego a París, donde halló el amor en Max Ernst, la vida en la Rue Jacob y Saint-Martin L’Ardeche, el estilo en el grupo surrealista de André Bretón, Lee Millar, Man Ray y Remedios Varo,  y el horror de la guerra entre Francia y la Alemania nazi.

Más tarde huyó, aterrada, a España, a donde llegó por los Pirineos. Ahí cayó en la más profunda depresión. Escapó, otra vez, a Lisboa, donde halló consuelo y matrimonio en 1941 con el poeta mexicano Renato Leduc. Él la llevó a Nueva York, antes de atravesar en auto por Nuevo Laredo, a México. Aquí vivió sus últimos 69 años, salvo temporadas en que volvía a Nueva York o Chicago.

Ya se había escapado de la rigidez que en su país le exigía convertirse en una dama de la sociedad inglesa; del abismo de la depresión, que la mandó a un hospital siquiátrico en Santander, de las armas de Hitler.

Pero no quería detenerse.

Siempre prefirió el ferrocarril al avión, pero su tren de vida en la vejez sólo le permitía distancias cortas, lentas. De Jalapa a Tonalá, y acaso a Oaxaca, que así se llaman las calles de la Ciudad de México que rodean Chihuahua, donde vivió sus últimos años. Una cuadra para tomar dos minutos de sol, dos para comprar el periódico, otras -en taxi- para ir al supermercado. No conducía porque su maestro de manejo en Chicago le advirtió a tiempo, decía ella carcajeando, que era un peligro público: ser ambidiestra la confundía.

Leonora Carrington Moorhead, símbolo del surrealismo, pintora, escultora, grabadora y litógrafa con obra expuesta lo mismo en The Edwards James Foundation, en Chinchester, Inglaterra; que en The Metropolitan Museum of Art, en Nueva York; el Museo de Arte Moderno, en la Ciudad de México; el National Museum of Women in Arts, en Washington, D.C.; el Museo Nacional de Arte, en la Ciudad de México, y otros recintos de París, Munich o Tokio.

Escritora traducida, al menos, a seis idiomas; generosa, gruñona, aventurera y rebelde, de belleza misteriosa, ojos azules, tambaleante agilidad, memoria en extinción, incierta y solitaria, maga de Alejandro Jodorowsky, austera y vegetariana, hija de padres de ascendencia irlandesa y raigambre católica, madre de dos hijos, David y Pablo, y abuela de varios nietos a los que nunca les enseñó a pintar.

Ella, le temía a la muerte.

Salía poco de su casa, austera y fría, en la Colonia Roma. Nunca sola de noche.

Sus vecinos -los que no sabían que era Ciudadana Distinguida nombrada así por el Gobierno del Distrito Federal; portadora de la Order of the British Empire, otorgada por la Reina Isabel II de Inglaterra, y Medalla de Oro de Bellas Artes en México- la veían con sospecha, gabardina negra larga, piel casi transparente.

Platicar con ella, en los tiempos en los que era una leyenda viva, era un honor. Aceptaba preguntas de malas, las contestaba de buenas. Pocas palabras, muchas ideas.

Una mañana de enero de 2008 tuve el privilegio de hablar con ella, de la vida primero y de la muerte después.

Aquí algunos extractos.

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I. LA VIDA

¿Cómo es el lugar donde nació?

Chorley es una ciudad más bien de negocios, de textiles, en el norte de Inglaterra, una pequeña ciudad. No vivimos adentro del pueblo, vivimos en una casa afuera, Westood se llama, es como campo en Inglaterra, árboles, hierba, ¿qué más le puedo decir?, no sé.

No viví mucho ahí, después mi f amilia se movió a otro lugar más al norte, cerca de Lancashire, que es otra pequeña ciudad muy antigua, que tiene un castillo muy grande al que iban turistas… ¡pero yo no vivía en el castillo!

Leonora CarringtonHablando de castillos, hay una casa en Xilitla, San Luis Potosí, a la que ahora llaman así. Fue propiedad de Edward James, amigo suyo que creó en Las Pozas un paraíso surrealista, ¿no?

Yo fui sólo una vez.

¿Sólo una vez? Porque ahí todo el mundo presume que usted estuvo y que pintó y no sé cuántas cosas más…

No es cierto. Edward James era un buen amigo y él vivía ahí a veces, viajó mucho. Yo lo visité ahí una vez, él vino mucho a la Ciudad de México.

Ha vivido en casi una decena de países. ¿Cuál considera el mejor lugar para vivir?

Yo creo que uno tarda en acostumbrarse a un lugar y uno vive mucho con las costumbres de uno, hay una persona a la que le gusta mucho comer chile, a otro que no le gusta, otro al que le hace daño al estómago, así es todo.

Para mí, mientras las cosas van bien, donde esté, estoy bien.

¿Qué aprendió en la academia Ozenfant, de Londres?

Estudiar el dibujo era lo más importante, con el maestro Ozenfant y otros estudiantes. Yo creo que hay que tener habilidad en todo, hay que estudiar, hay que practicar, tener técnica y una habilidad por lo que uno está haciendo, si yo fuera por ejemplo fotógrafa, necesitaría la habilidad de tomar fotos, también es una técnica.

¿Cómo fue su vida en París?

Pues bien. Bien es estar con buena salud, tener un lugar donde vivir y hacer mi trabajo, el que me gusta.

¿Le gustan las playas europeas?

El sol me quemó aquí (dijo mostrando una protuberancia en el rostro), me lo tienen que quitar con láser, pero de joven era la moda estar un poco bronceado por el sol, hace mucho daño cuando uno tiene la piel blanca, eso fue hace mucho.

Yo me iba a la playa de joven, ¡pero en lugar de ponerme bronceada me puso roja como un camarón!

Usted llegó a la Ciudad de México en los años 50. ¿Qué recuerdo guarda del primer lugar en que vivió aquí, Mixcoac?

Era muy bonito, con muchos árboles. Con el tranvía era muy bonito el viaje al Zócalo, luego hubo mucho tráfico. Era muy bonito el viaje, me encantó.

Y ahora, que vive en la Colonia Roma, ¿qué calles le gustan?

Cualquier calle me gusta. A mí me gusta caminar por (la avenida) Álvaro Obregón, porque hay árboles

¿Sigue yendo al Zócalo?

Muy poco, hace meses que no he ido por el tráfico.

¿Se queda para siempre en la Colonia Roma?

Yo no soy profeta. No soy dueña de todo lo que hago.

¿En cuál de los lugares que conoció encontró la libertad?

Nadie está libre, primeramente, porque nacimos y con suerte vivimos más o menos bien o más o menos mal y morimos. Eso es igual tanto para las hormigas como para nosotros.

¿La falta de libertad qué es? El miedo. Entonces todos tenemos miedo a la muerte y no conozco a nadie que no muere.

¿Algún día usted creyó que la libertad existía?

No sé, yo tengo 90 años, ¿cómo voy a saber hace 90 años lo que sentía yo? A veces bien y a veces mal.

¿No cree que es la misma persona que cuando tenía 20 años o 40?

No sé cómo yo era a esos años, soy distinta en muchas cosas distintas, y no le puedo enumerar. El tiempo es el cambio, y el cambio sí existe.

¿El tiempo sólo se mide en cambios?

No sé si sólo, pero probablemente, todo cambia.

Usted cambió de lugar muchas veces. ¿Pero no estamos siempre en el mismo lugar, en nuestros zapatos?

Eso no lo sé.

Fernando Pessoa decía que la majestuosidad de China no le podía ofrecer cosas más grandes que lo que tenía dentro. ¿Está usted de acuerdo?

A veces sí hay cosas más importantes que uno, como los hijos. Así es que tampoco no es muy cierto eso.

¿Siempre supo que tenía poderes sobrenaturales?

¿Quién? ¿Yo? No tengo ningún poder sobrenatural.

Ya, acéptelo…

No tengo, lo siento, lo voy a decepcionar, pero no tengo poderes.

¿Profesa alguna religión?

No.

¿Cree en un dios?

¿Uno?

¡O una diosa!

Quizá hay de todo. Yo personalmente creo que hay muchos poderes mucho más fuertes que nosotros, pero no sé qué son. Sabemos poco y somos relativamente débiles.

Yo creo que sabemos muy poquito y entre toda esa gente que no sabe o que sabe muy poquito estoy yo, soy de esas personas.

Usted va por el mundo y le gritan la “gran maestra”, la “gran pintora”, la “diosa celta”, la “gran escultora”, la “gran escritora”. ¿Alguna vez se lo ha creído?

No, yo me siento como en el momento me siento, a veces bien, a veces mal, a veces nada.

¿No sale a la calle pensando “yo soy Leonora Carrington” y va viendo a los demás por encima del hombro?

No, ¡ahora veo sólo si alguien me va a atacar!

Es usted más guapa de lo que se ve en las fotografías…

¡Qué bueno que tiene mál gusto! Muchas gracias, pero no lo creo.

¿Por qué rechaza todos los halagos?

Porque yo creo que si uno empieza a querer, por ejemplo si yo quisiera tener 60 años menos de lo que tengo, sentir eso sería muy bueno, pero ahora me falta energía, me faltan fuerzas, uno empieza a perder la fuerza.

¿Qué es el dinero?

La abstracción que domina. El poder.

¿Le gustaría pintar un graffiti?

No, a mí me gusta ver el espacio y el graffiti me parece una cosa muy gratuita de estropear las paredes.

¿No cree que dentro de algunos años vamos a ver el graffiti en los museos?

Probablemente sí, ¿por qué no?

¿Usted navega en internet?

Tengo un computador, que me trajo mi hijo y un poco aprendí a mandar un e-mail, hasta ahí, pero casi nunca la uso.

¿Le gustaría incursionar en el net-art?

No, ya me parece todo tan difícil que para qué voy a dificultarlo más.

¿Qué tal darle voz a la hiena? (de su cuento La Debutante)

Ja, ¡eso sí!

¿Usted es de izquierda o de derecha?

Alguna vez tuvieron ustedes un presidente llamado (Luis) Echeverría, y dijo “ni a la derecha ni a la izquierda, sino todo lo contrario”.

Pero sí es muy enojona…

¿Y quién no está enojado? Todos nos enojamos.

¡Pero es muy temprano!

¿En el día o en la vida? Yo creo que uno tiene que controlar el enojo, porque creo que es muy peligroso, uno puede hacer mucho daño enojándose. Yo no me he enojado hoy, tengo un poco de frío, la casa está fría y no me puedo enojar por eso.

Yo no soy santa, a veces me enojo, a veces sí y a veces no.

II. LA MUERTE

Y qué tal si un día, tras su muerte, la canonizan, Leonora… ¡y dicen que fue una santa!

(Risas) Bueno, eso sería ya en otra parte y cuando esté yo desaparecida, a mi qué. O pueden decir que fue una idiota, una tonta, una criminal o nada, a mí me da lo mismo qué van a decir de mí cuando esté muerta.

Si pudiera hacer un último viaje largo en su vida, ¿a dónde iría?

No sé, hay muchos lugares que me gustan… iría a Nueva York, a París o a Londres.

Leonora Carrington¿Tiene sentido el viaje de la vida?

Nadie me preguntó si yo quería nacer o no, pero nací y yo estoy feliz de que nací porque es muy interesante. No hacer daño a los demás yo creo que es lo más importante.

La guerra me parece terrible, el odio también, y el odio racial me parece terrible y estúpido. Yo vi cómo sufrió la gente con la guerra y con criminales como Hitler, que era el súper criminal, yo vi todo eso, si uno pasa por eso uno ya no puede presumir, yo creo, de nada.

Hay un dicho en Inglaterra: “todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Si pudiera elegir su muerte, ¿cómo sería?

Me vendrá sin que yo elija cualquier cosa, solita. ¿Cómo puedo saber? No sé, lo dejo abierto, quizá regrese, quizá no regrese, quizá es el final, quizá no lo es, no sé, me voy sin saber.

Usted no sabe cuándo va a morir, yo tampoco, entonces es algo que nos domina. Uno quiere a otras personas, también uno no es dueño o dueña de lo que pasa a las personas que queremos o a uno mismo.

¿Tiene usted algo que deba perdonarse?

Sí, muchísimas cosas, alguna cosa en la que uno hace daño a algo, a un animal o a una persona, bueno, somos animales, ¡pero si yo pidiera perdón por todas las tonterías o maldades que he hecho en mi vida, estraríamos aquí hasta la otra semana!

Todos tenemos. Usted debería ser sacerdote, por las preguntas que hace.

¿Colecciona algo?

Yo no tengo colección, todo estos libros (en su casa) son de mi hijo médico, viejos libros de Medicina, ni son míos, muchos de los otros también son suyos.

Yo tengo mi propia biblioteca aquí mismo, pero con libros que no tienen valor para otra gente, o que sea para gente que yo leo para aprender, para pasar el tiempo.

¿A quién se la va a heredar?

A mis hijos. No tienen valor, son libros que compro nuevos, no son libros antiguos. Para mí sí, claro, en ese sentido hay unos que ya no me interesan y hay unos que todavía me interesan.

¿Le tiene miedo a la muerte?

¡Muchísimo! ¿por qué? ¿Usted no le tiene miedo a la muerte?

No

Usted quizá tiene razón.

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Pero la muerte, que es una astuta, se montó una noche, 25 de mayo, en el carro de una neumonía. Pasó por ella y se la llevó al último viaje de su vida, un viaje cuyo fin le aterrorizaba.

¿Qué opinas de la trayectoria y el pensamiento de Leonora Carrington? Déjame tu comentario aquí abajo por favor y sigamos la conversación en Twitter, donde soy @MariodelaRosa


María Félix murió hace 9 años, el 8 de abril: 9 y 8 como el año en que, por un momento, a mi lado, esa mujer a la que llamaban La Doña, bajó del pedestal.

Ésta es la conversación atropellada que sostuve con ella una mañana de 1998 en el antiguo Palacio de Lecumberri, el edificio guardián de lo que hoy es el Archivo General de la Nación. Inauguraba una exposición de fotografías de divas de todos los tiempos.

La suerte, el tumulto y la vorágine de los asistentes al lugar, que deseaban ser copartícipes del aroma de una diva, acercarse un poco a ella, y hablarle, me situó circunstancialmente, sin pretenderlo -yo no sabía de su presencia- a su costado.

De pronto, estuve codo con codo -literalmente- de la diva. Tardé un tiempo, quizá un minuto, en reaccionar, primero al alboroto que causaba el monstruo de las mil cabezas que nos acechaba, y luego en ver tal cual era a la frágil mujer que a partir de ese momento me usaría como su escudo: sí, era ella, María Félix, La Doña, la diva, pero disminuida, de una estatura menor a la que lucía en las películas. El mismo garbo, pero sin altanería.

Calzaba zapatos de piso y vestía pantalones negros y una blusa que apenas se asomaba por la también oscura chalina que la cubría. Lo único refulgente eran sus prendedores, sus aretes, sus enormes anillos, su cabello limpio, sus piedras preciosas, no más que ella.

Recordé en la barahúnda, inconsciente pero no tonto, que en la bolsa del pantalón guardaba una grabadora portátil que había comprado recién. Con la grabadora en la mano y la imprudencia en la actitud, caminé a su lado, con la misma cercanía de los amantes que la acompañaron por las calles de París o Cuernavaca… sólo que entre los pasillos oscuros de una exposición en el decimonónico edificio de la ex penitenciaría porfirista de la Ciudad de México.

Le susurré algunas, muchas, malas preguntas. Y ella gritó varias, muchas, buenas respuestas. Algunos reporteros registraron nuestra conversación y luego me la arrebataron para hacerle unas preguntas más. Aquí las reproduzco todas.

Es la única vez que la vi. Al final, cuando todos se habían ido, me dejó como recuerdo su firma temblorosa en una fotografía, que obtuve con alguna frase adulatoria, de ésas que a ella le encantaba escuchar y yo detesto decir.

Le di un beso en la mano llena de suaves arrugas. Cruzamos nuestras miradas y, en eso, sorpresivamente para mí -quizá sin saber, o sin importarle ya, que yo aún grababa- se bajó del pedestal en el que siempre estuvo, y me hizo, muy de cerca, casi al oído, la última, la verdadera confesión, la que a nadie:

“Nunca creí que algún día provocaría lo que hoy provoco. Ser la Doña es como un sueño”.

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“Ayer te vi rodeada por la tarde. Ibas como un cuchillo: desafiando al aire”. Son palabras que, según me dijo María Félix, Pita Amor le dedicó.

¿Basta ser bonita o hace falta saberse bella?, le pregunté.

“Bonita, bonitilla nada más, no, no, no basta, necesita uno saber caminar, estar siempre limpia, creo yo que es lo más importante, ir con el dentista, hacer gimnasia para ponerse siempre en forma, hay muchas cosas para ser bonita, no nada más la nariz”.

¿Y para ser actriz como María Felix?

“Estudiar, estudiar y aprender un oficio”.

¿Las joyas le dan realce a la belleza?

“La afición por las joyas se debe primero a que tienes con qué comprarlas, porque si no es un complejo. Son joyas de amor. Pero ya no se puede salir como antes con unos diamantes porque no sabes qué te puede pasar; pero siempre una mujer necesita un poco de cosas de éstas, el oro da luz”.

Se ha dicho que usted admiraba mucho las joyas de Dolores del Río, ¿es así?

“Dolores del Río no tenía joyas: eran joyitas. No es que la esté criticando, cada quien tiene lo que tiene y yo he tenido por privilegio joyas muy, pero muy buenas, pues también mi talacha me daba mucho dinero y las compraba”.

¿Hay alguna mujer que haya pretendido situarse a la estatura de diva que usted ostenta?

“Yo no la conozco. Mi trabajo no tenía rivales, no sé, a mí me ha ido siempre tan bien en todo. El cine antes era muy chiquito, no era muy importante. Ahora el cine en México no existe; pero yo creo que nunca tuve competencia real”.

¿Se quedó con ganas de sostener un romance con algún actor?

“No, todos se me dieron muy bien”.

¿Qué le hace falta como mujer?

“¿Qué me hace falta a mí?, ¿a mí como mujer? ¡Nada! ¡Qué me va a hacer falta! un hombre siempre he tenido cerca… uno o dos. ¿Y cuál es el defecto de andar con tres o cuatro? Estar acompañada por alguien inteligente, bien, guapo, te levanta el ánimo enormemente, tener a una persona cerca siempre, ¡por supuesto que macho! Pero no maltratada de golpes y empujones, no, a mí no me gusta eso.

“Hay algunos que no me convenían realmente, unos por feos, otros porque estaban muy pobres y no, a mí no me gusta andar pidiendo medias, a mí me gusta tener una gente que trabaje, que se gane su vida, como yo…

“Siempre he sido independiente, rechacé casarme con algunos para poder ser independiente y hacer lo que yo quisiera. Yo soy liberal porque siempre hago lo que quiero. Soy alguien amable, alguien que está programada para pasarla bien.

“La vanidad puede ser buena y puede ser mala, según como la manejes, te motiva, te ambiciona (sic)”.

¿Agustín Lara fue su mejor amante?

“Yo creo que eso lo inventaron, porque he tenido gente con las mismas cualidades. No lo sé, esas cosas no se pueden hablar así nada más, esas cosas son más bonitas porque son más secretas”.

¿Qué veía usted en los hombres que escogía para quererlos?

“¡Debían de tener algo para que me fijara yo en ellos!”

¿Qué era?

“¿Puedo decir la palabra ‘pendejo’ que es tan bonita? Bueno, pues ese tipo de cosas no divierte, he procurado tener siempre gente inteligente cerca de mí, mis amigos han sido muy inteligentes, desgraciadamente la mayor parte se han ido de este mundo, ya no están.

“Tuve a un Renato Leduc como amigo, un Diego Rivera, una Frida Kahlo, un Xavier Villaurrutia, Pepe Alvarado, tuve muchos amigos inteligentes que ya se fueron.

“A mí el amor se me dio muy bien, para que voy a negarlo, siempre estoy acompañada por alguien que me ama y eso es bastante bonito porque te hace la vida, ¿no?”

¿Alguna vez ha disputado un hombre con otra mujer?

“Yo pelearme por un señor, no. Ellos sí por mí; pero yo por ellos no”.

¿Algún hombre la ha hecho llorar?

“En el cine sí”.

¿Y en la realidad?

“No, he tenido mucha suerte porque me han querido mucho, he tenido mucho amor, me lo han dado mucho y la verdad es que yo nunca he llorado por un hombre porque desde el momento en que no me quiere él ya no lo quiero yo”.

Diosa, ¿se ha usted arrodillado ante algún hombre?

“Me he arrodillado en la iglesia; pero ante un señor todavía no”.

¿Es usted feminista?

“Hay una cosa muy mala en las mujeres de hoy: que quieren parecerse a los hombres y no podrán nunca parecerse a los hombres. El hombre está constituido de una manera que no podremos nosotras, jamás, por mucho que queramos tratar de parecernos, somos diferentes, ser como un hombre no se puede.

“Soy feminista en el sentido de que quiero que la mujer progrese, no lo soy en el sentido de que la mujer se quiera parecer al hombre, soy feminista de los 90.

“A las mujeres no les va a gustar esto que voy a decir; pero creo que ya lo he dicho alguna vez: para que un hombre pueda saber cómo es la mujer de su casa necesita probar otras. También la mujer, no nada más el hombre, la cosa debe ser pareja”.

¿De qué está usted en contra?

“Yo estoy en contra de muchas cosas, estoy en contra de que en la explanada del Centro Histórico (de la ciudad de México, cuando Cuauhtémoc Cárdenas era jefe de gobierno) se pongan árboles porque se va a volver un excusado público. No volveré al Centro Histórico si lo convierten en plaza con árboles y con flores. Yo creo que esta plaza le pertenece al pueblo, que es el que tiene que decidir, y es una tribuna en la que el pueblo se puede manifestar.

“Estoy a favor de manifestarse en contra de la inseguridad que hoy tenemos: no podemos salir a la calle porque no sabemos qué nos van a dar, si nos van a dar un machetazo, si nos van a pegar, si nos van a secuestrar, si nos van a robar.

“Pero no es con un listoncito blanco que vamos a manifestarnos. Bueno, eso creo yo, es mi opinión y como no soy ejemplo para nada… Pero añoro Reforma, tan bonito paseo que lo han hecho horrible, añoro cuando la ciudad estaba más limpia; ahora está muy sucia y muy fea. He tratado de limpiar un poquito la Catedral (Metropolitana) que estaba en ruinas, que no sea un excusado público como lo es porque yo, con el ojo de mi cara, he visto muchas cosas ahí. Ésta es una ciudad muy difícil que no debería tener uno sino cuatro o cinco regentes.

“Creo que estamos mal; pero no sólo los mexicanos, creo que es una cosa mundial, en todos lados está mal. La economía va mal, no hay líderes realmente. Pero yo sí creo en la buena suerte: debe haber buena suerte para México; pero debemos ayudarle mucho para que no tengamos tantas dificultades para encontrar un trabajo, el trabajo es una cosa que le falta a muchos mexicanos”.

¿Qué opina del “Mochaorejas” (un famoso secuestrador recién aprehendido en esos días)?

“Si yo hubiera tenido algún poder para hacer algo para (Daniel) Arizmendi, lo hubiera colgado en el zócalo y le habría cortado las orejas y sus partes nobles. Él hizo sufrir a tanta gente que lo menos que podía haber recibido es el mismo castigo de cortarle las orejas”.

¿Qué piensa de la pena de muerte?

“Yo estoy con la pena de muerte para que tengan un poco de miedo todos estos rateros y asesinos”.

¿Le interesa la política?

“Yo no me puedo hacer diputada, pero ustedes sí pueden hacerme diputada o senadora, lo que sea, ¡échenle y a ver cómo nos va! Pero a los políticos los defienden, a ellos no les hacen nada, hay uno de ellos que no sé su nombre, que está gastándose el dinero de nosotros, de nuestros impuestos.

“Yo no soy representante de los mexicanos, nunca he dicho eso, yo tengo mi voz propia”.

¿Sabía que Gloria Trevi quiere lanzarse como candidata a la Presidencia de la República?

“¿Quién es Gloria Trevi?”

¿Hay algún personaje que hubiera deseado interpretar?

“Yo no me acuerdo. Me gustó mucho hacer prostitutas, porque hacer prostitutas, que es un oficio muy difícil… pues hacerlo así de mentiritas es muy interesante”.

¿Es fácil la vida de una estrella?

“Es muy duro estar frente al público, a veces estás consentida pero es parte de todo.

“En cada película mía yo quería aprender, ser mejor, porque soy una improvisada. Entré a trabajar así pero me apuré a aprender porque vi que tenía mucho éxito. Yo nunca estuve en escuelas de arte dramático ni nada, aprendí al paso de la vida, lo que me ensañaban mis papeles, mis roles, la gente buena que trabajó conmigo, porque yo trabajé con gente sumamente extraordinaria.

“Por ejemplo, yo no sabía hablar francés, pero aprendí para trabajar. He aprendido lo que mis directores me han enseñado, lo que he podido aprender al paso del trabajo”.

¿Recibió propuestas indecorosas de algún director?

“Yo nunca tuve que estar con las patas pa’ arriba para trabajar, nunca me dediqué a eso, nunca me tuve que ir con un hombre para tener trabajo, jamás, ni por dinero ni por trabajo”.

¿Juzga usted que nuestro cine sigue produciendo estrellas comparables a las de antaño?

“No… pero… bueno… ¡yo valgo por 50!”

¿Por qué se retiró del cine?

“Me retiré porque tenía 87 caballos pura sangre que dirigir y que poner en valor, por eso me quité de hacer películas”.

¿Tiene planes para volver a actuar?

“Benjamín Cann, que es un buen amigo mío, es además un gran director, y está haciendo algo para Verónica (Castro) y para mí. Quiero mucho a Verónica, es una muchacha inteligente, guapa, muy talachadora como yo, que le gusta mucho el trabajo y me cae bien. Yo siempre he estado en Televisa desde que estaba quien la fundó, el señor Emilio Azcárraga Vidaurreta”.

En una película ideal de su vida, donde usted fuese la estelar, ¿quienes serían sus coprotagonistas más importantes?

“Digamos que el ‘Músico Poeta’ (Agustín Lara) fue muy importante en mi vida, muy importante. En el lugar donde yo esté, me pongo de pie cuando alguien pronuncia el nombre de Agustín Lara porque yo le he tenido un respeto y una admiración sin límites.

“También me pongo de pie, por ejemplo, con Carlos Gardel…  en fin, me pongo de pie con la gente que yo reconozco… ¡claro que no todo el tiempo porque estaría yo de pie todo el día!”

¿Le gustaría actuar en una película biográfica?

“Yo no… ¡volver a pasar todo lo que he pasado, ya no!”

¿Se considera usted una leyenda?

“Leyenda es la que ya se murió, yo todavía sigo aquí. Tal vez (decir que es una leyenda) es un homenaje a las tantas veces que se pronunció el nombre de México fuera de aquí, gracias a mí”.

¿Qué es ser “La Doña”?

“Algo fregona tiene una que ser para que le digan así. Estoy acostumbrada a serlo, mi lorito en mi casa me dice ‘La Doña’”.

¿Qué le ha dado la vida?

“El privilegio de estar al frente del público, haber tenido el privilegio de tratar con tanta gente inteligente. He tenido un privilegio muy grande que me ha dejado mi carrera: haber conocido a tanta gente importante y haberme dado cuenta de la importancia de cómo está México, mi país, de tener una voz, creo que en este país tengo una voz y puedo decir lo que pienso porque nunca les he metido y siempre he querido hacer lo mejor, cosas chiquitas porque no puedo hacer cosas grandes, como quitar la Diana de donde la tenían arrumbada.

“Yo he tenido siempre mucho valor para las cosas, no he sido una timorata ni una tímida. Para muchas cosas sí, pero no en el trabajo, no en mis amores”.

¿Le gustaría ser recordada después de su muerte con una exposición como ésta, de fotografías o de pinturas?

“En primera pienso que para eso falta mucho tiempo. Pero creo que donde esté, a su tiempo, me dará mucho gusto que hagan una exposición de fotos así y que se me recuerde, ni modo.

“En muchas partes se ha anunciado mi muerte y todavía no, estoy muy viva, muy enérgica, muy entusiasmada, todavía con el privilegio de hacer muchas cosas y le doy gracias a la vida que ha sido tan buena conmigo.

“Yo no me voy a despedir nunca, siempre estoy con ustedes y eso es lo que me mantiene con esta energía”.

¿Creyó en su juventud que algún día iba usted a provocar todo esto, ser La Doña?

“No, nunca. Nunca creí que algún día provocaría lo que hoy provoco. Ser la Doña es como un sueño”.

Y María murió en el sueño hace 9 años, el 8 de abril de 2002, exactamente 88 años después de haber nacido.

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El que wikilikee al fundador de WikiLeaks buen wikilikeador será. Y a Julian Assange ya le llegó la hora.

Lo grabaron bailando, sacudiendo su rubia melena y su cuerpo espigado cual verdadero rey de la pista. El autor de la “filtración” es el cantante Seth Sharp, quien subió a YouTube 50 segundos de un video que grabó cuando era DJ en un club nocturno de Reikiavik, Islandia.

Al ritmo de “Blessed”, sin más preámbulos, con ustedes, Julian Assange baila… ¡aaasí!

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En 2010 este australiano de 39 años  puso en jaque a la diplomacia estadounidense con la revelación de miles de cables diplomáticos que, junto con un par de acusaciones por presuntos abusos sexuales, aún lo tienen en la mira de sus detractores.

¿Para qué es mejor Julian Assange, para bailar o para “llevarse al baile” a la diplomacia? Deja aquí tu comentario y sígueme en tiempo real a través de Twitter, donde soy @MariodelaRosa


Voy a presentarte aquí, íntegra y en video, la última entrevista que me dio Rita Guerrero, la emblemática voz del grupo de rock Santa Sabina, quien murió este viernes 11 de marzo de 2011.

Platiqué con ella en su casa de la Colonia Roma en la Ciudad de México la mañana del 23 de octubre de 2010, y días después publiqué en este espacio un fragmento de 5 minutos y 40 segundos que puedes ver si das clic en Rita Guerrero enfrenta al cáncer… y a la muerte.

Hoy, como un homenaje a la memoria de esa voz que es parte del soundtrack de la vida de miles de mexicanos, publico aquí la entrevista completa, llena de buenas respuestas suyas a malas preguntas mías, dividida en tres segmentos.

En el primero, de 15 minutos, habla sobre cuánto cambió con la edad después de ser un ícono de la música para miles de jóvenes en los años 90, y les manda un mensaje a todos ellos. En el segundo, también de 15 minutos, encara la conciencia de la posibilidad de su propia muerte y con ello nos da una lección de vida. La última, de apenas 3 minutos, es un regalo para ti: tras abrir su corazón para evaluarse en la recta final de su vida, se echa su último “palomazo” ante nuestra cámara con una canción de cuna en griego que se quedará en nuestra memoria.

Te invito a tomarte el tiempo de ver estos videos y te ofrezco disculpas anticipadas por la mala calidad de algunas tomas, pero valga esta incomodidad a cambio de conocer el testimonio del vigor y la filosofía con los que enfrentó sus últimos días esa guerrera, Rita Guerrero.

PRIMERA PARTE:  LA BÚSQUEDA DE LA BELLEZA

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SEGUNDA PARTE: EL TEATRO DEL MUNDO, LA MUERTE, LA VIDA

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TERCERA PARTE: EL ÚLTIMO “PALOMAZO”

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¿La voz de Rita Guerrero forma parte del soundtrack de tu vida? Déjame tus comentarios y sigamos platicando en tiempo real vía Twitter, donde puedes encontrarme como @MariodelaRosa


Al parecer, al “Chicharito” le subieron el sueldo. El futbolista Javier Hernández acaba de recibir su primer aumento salarial, de 30,000 a 50,000 libras esterlinas a la semana, según el diario The Sun.

La razón que da el diario: ganaba muy poco comparado con el desempeño laboral que ha demostrado en los 8 meses que ha trabajado en el equipo inglés Manchester United.

“En el Manchester United no discutimos los salarios de nuestros jugadores”, dijo a CNNMéxico Karen Shotbolt, gerente de medios de futbol de la institución.

¡Qué suerte la del Chicharito! Sí, aunque en su caso la suerte consistió en dos cosas muy sencillas:

1. De su lado, estar preparado cuando la oportunidad llegó (y aprovecharla).

2. Del lado laboral, si esta versión es cierta, le favoreció trabajar en una empresa que sabe reconocer el desempeño de sus elementos destacados.

Pero independientemente de si al Chicharito le pagan más o no… a ti, ¿cuándo te subieron el sueldo por primera vez? ¿Por qué fue? Si eres el jefe, ¿ya le subiste el sueldo a los “Chicharitos” de tu empresa? Dejame aquí tu comentario y sigamos en tiempo real en Twitter, donde soy @MariodelaRosa


Alejandro Ramírez Magaña, el hombre que en 2010 apostó por la distribución del documental Presunto culpable a través de su cadena Cinépolis, y ahora defiende su exhibición ante una orden judicial de suspenderla, se ha caracterizado en su carrera profesional por ser un agente de cambio.

A los 26 años parecía tener un destino de corte académico tras hacer una licenciatura en Economía en la Universidad de Harvard, una maestría en Oxford y estudios para el Banco Mundial acerca de cómo llevar recursos a países pobres.

Pero cuando estaba a punto de firmar un contrato con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano en Nueva York, su abuelo Enrique Ramírez Miguel le pidió volver a México para ayudarle a sacar a flote a la empresa familiar ante el embate de la competencia, con un mensaje que decía “Alex, te necesitamos. Un abrazo. Tu abuelito”.

“Era 1996 cuando recibí un sobre de mi abuelito con muchos recortes de revistas, miles de estados financieros que hablaban de que la compañía familiar, Cinépolis, pasaba por una crisis debido a la fuerte competencia que había. Obviamente no lo dudé y volví”, declaró a la revista Quién en una entrevista publicada en octubre de 2004.

Y cumplió con la misión. Tras diagnosticar la situación de la industria cinematográfica mexicana renovó el concepto de la firma, replanteó su modelo de negocio, introdujo nuevas tecnologías y, sobre todo, hizo cambios profundos al interior de la organización fundada en 1971, cuando él tenía un año de edad.

Lanzó un plan de capacitación para inculcar a los empleados la cultura del servicio, abolió prácticas enraizadas que disgustaban al cliente como las interrupciones de las películas o “intermedios”, e implementó un esquema de remuneración por objetivos para motivar a su personal.

“Estuve de 1996 a 2000 como director general de operaciones. Desarrollé y pulí el concepto (…) Llegué a revolucionar la forma de hacer las cosas”, dijo en aquella entrevista a Quién.

Pero su trabajo no se restringe a su empresa. Sus inquietudes también lo han llevado a ser representante de México ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y a estudiar un doctorado asesorado por el Premio Nobel de Economía 1998 Amartya Sen.

Alejandro Ramírez nació hace 40 años en Morelia, Michoacán, y es el segundo de los cuatro hijos de Enrique Ramírez Villalón y Rosalía Magaña.

“Mis papás supieron despertar en nosotros desde chiquitos la curiosidad intelectual, las ganas de aprender y superarnos. Nos inculcaron la cultura del esfuerzo y que teníamos que luchar para ganarnos un lugar”, declaró en 2004.

Hoy, ya como presidente y director general de Cinépolis, ocupa el lugar 61 entre Los 100 Empresarios Más Importantes de México, la lista anual que publica la revista Expansión.

Al 31 de enero de 2011, los 16 mil 800 colaboradores de Cinépolis operaban 2,466 salas en 265 conjuntos cinematográficos, lo que equivale a unas 464 mil butacas en 72 ciudades de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Brasil y la India.

Esta cadena, la primera en incorporar el concepto de salas VIP, también tiene estrategias para edificar salas enfocadas a sectores de la población con menores ingresos en el sureste de Mexico e invitar al cine de forma gratuita a miles de niños de escasos recursos para que vivan la misma experiencia que él recuerda de cuando era pequeño.

Mi película predilecta es Cinema Paradiso. Me identifico mucho con ella porque yo crecí al lado de un cine, uno de los primeros que levantaron mi abuelo y mi papá en Morelia”, declaró en 2006 a la revista Expansión.

“Yo iba casi todos los días y mi abuelo me regalaba pedazos de películas de Disney y de Cantinflas -no eran precisamente la parte de los besos, como en Cinema-, y me los llevaba al colegio, donde era la envidia de todos”, dijo.

También creó una fundación que tiene programas de salud visual, educación en el arte del cine y acción comunitaria.

“(Me hace feliz) estar con mi familia, con mis sobrinos; pero también de alguna forma las cosas que podemos hacer a través de Cinépolis en materia de responsabilidad social”, dijo a Expansión.

Alejandro Ramírez ama el cine. Por eso se ha comprometido también con causas como la de exhibir películas de calidad, aunque no sean comerciales, en foros abiertos a jóvenes talentos, como el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Ahora se comprometió con Presunto culpable, la primera cinta que su empresa distribuye con dos premisas fundamentales: intentar cambiar los vicios del sistema de justicia mexicano, y donar las utilidades a Renace, una organización no gubernamental que ayuda a personas sin recursos para pagar un abogado.

La mañana del viernes 4 de marzo, Ramírez escribió en su cuenta de Twitter: “Ayer #PresuntoCulpable se convirtió en la película documental más vista en la historia de México, con 557,397 asistentes. Gracias x su apoyo”.

Y la tarde de este lunes 7, por la misma vía, escribió: “Acabamos de recibir una notificación de RTC, de SEGOB, para retirar la exhibición de #presuntoculpable de inmediato, lo cual acataremos.

Es una pena que una juez federal bloquee la posibilidad de que miles de mexicanos conozcan la verdad de nuestro sistema de justicia”, agregó.

Durante el fin de semana, había advertido que esperaba esta notificación y que en caso de recibirla “consideraría las alternativas disponibles”.

“Cinépolis cumple y cumplirá con la normatividad vigente, sin dejar de lado el legítimo ejercicio de la libertad de expresión. Cinépolis reafirma su compromiso en apoyar causas que promuevan un cambio social a través del séptimo arte”, dijo luego en un comunicado.

Alejandro Ramírez, quien ha declarado que sospecha que existe una campaña en contra de la difusión de esta película, parece querer seguir siendo un agente de cambio.

¿Qué opinas de Alejandro Ramírez y el caso Presunto culpable? ¿Cómo podemos ser agentes de cambio y revolucionar nuestro mundo? Déjame por favor tus comentarios en este blog y platiquemos en tiempo real a través de mi cuenta de Twitter, @MariodelaRosa


Pocas cosas más falsas que contestar “¡sí, claro!” a la pregunta que da título a este comentario.

Muchos mexicanos aplauden que el carismático futbolista Javier Hernández encabece una campaña publicitaria que ensalza el haber nacido en este país, un orgullo frecuentemente apaleado, la última vez tras ciertos comentarios peyorativos dichos en un programa humorístico de la televisión inglesa que causaron revuelo.

Otros tantos apoyan el discurso que la periodista Carmen Aristegui ha adoptado tras ser despedida de un noticiario radiofónico, luego de presuntamente haber transgredido el código de ética de la empresa MVS.

Sí, pero ¿cuántos mexicanos respaldan éstas u otras causas con la autoridad moral que sólo dan las verdaderas y arraigadas convicciones que llevan a la acción?

No muchos, de acuerdo con mi lectura del estudio “Sueños y aspiraciones de l@s mexican@s”, realizado en otoño de 2010 por las firmas de estudios de opinión Gaussc y Lexia, encargado y recién publicado por la revista Nexos, que dirige el escritor Héctor Aguilar Camín.

Según este sondeo nacional, patrocinado por Walmart, BBVA Bancomer, la Bolsa Mexicana de Valores y Grupo Nacional Provincial, 86% de los mexicanos es, sobre todo, individualista: cree mucho en sí mismo, en su esfuerzo, pero muy poco en sus connacionales, en su país.

Un sentido antinacionalista muy lejano, pues, del emotivo eslogan “imagínate despertar y recordar que eres mexicano. Menos prejuicios, más ejercicio” que Powerade promueve con el “Chicharito”, por lo demás el mexicano con mayores triunfos hoy en día en el futbol profesional internacional.

Por otra parte, según el mismo estudio y por diversas circunstancias, 64% de los mexicanos no tiene un amplio acceso a la información, propuesta que abandera Aristegui, y sólo 9% tiene como principal aspiración en la vida que México sea mejor, premisa del discurso de la periodista a favor de la transparencia gubernamental.

Ni todos somos “Chicharito” ni todos somos Aristegui. ¡Cuánto mejor! dirá algún despistado y superficial defensor de la multiculturalidad. Y tendría razón, mucha razón, si, y solo si, estos arquetipos no habitaran, en el tan despoblado país de nuestro imaginario colectivo, el callejón casi fantasma de los mexicanos con alguna convicción, aunque de tan mediáticos opaquen a vecinos más discretos.

Siempre habrá, claro, quien desde su sofá llame a la insurgencia contra uno que otro faraón, quien achaque a “la clase política” los demonios de este país y quien repita, desde su smartphone vía Twitter, que ya basta de que todo, pero todo todo, se haga siempre, pero siempre siempre, tan mal.

Siempre habrá de ésos, pues, que creen que los sueños se pueden hacer realidad, 76% de los encuestados por Nexos.

Pero quien salga a hacerlos realidad, quien salga a dar su lucha, cualquiera que ésta sea, se esté a su favor o en su contra, y se arriesgue a equivocarse y fracasar, vive en México en el pírrico 1% de quienes, según el estudio, tienen por objetivo vital algo tan poco sexy -y tan poco explorado por aquí- de ser un buen ciudadano (y que conste que yo no meto las manos al fuego por nadie; ni al agua, pues).

¿Qué opinas de esto? ¿A favor o en contra? Te agradeceré que me lo digas aquí mismo, abajo, en  la zona de comentarios de este blog, y que sigamos la conversación en tiempo real vía Twitter, a través de mi cuenta @MariodelaRosa.


Sí, sí, leíste bien, y no, no, no es una broma.

Chris Hughes, quien fundó Facebook junto con Mark Zuckerberg, Dustin Moskovitz y Eduardo Saverin, acaba de comprometerse con el hombre que ha sido su novio 5 años.

Hughes, de 27 años, es hoy director de la red de causas sociales Jumo.com y lleva la fama de haber sido “el chico que hizo a Obama presidente”, como lo llamó la revista Fast Company por haber coordinado en redes sociales la exitosa campaña del hoy presidente de Estados Unidos.

¿Y quién es el novio? Se llama Sean Eldridge, tiene 24 años y es uno de los directores de Freedom to Marry, una organización que promueve los derechos de los matrimonios del mismo sexo.

Aquí puedes verlos en un video anunciando una obra de caridad.

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En el sitio de la organización de Elridge, un texto firmado por nypost.com informa que la pareja se comprometió en año nuevo y planea casarse tan pronto como sea posible.

¿Qué tanta prisa tienen? Mucha. ¿Y de qué depende la fecha de la boda? De que se apruebe la legalización del matrimonio gay en Nueva York, donde los novios –al fin activistas- viven y quieren casarse.

¿Qué opinas? Dímelo en la zona de comentarios más abajo en este blog y también conversemos en twitter.com/mariodelarosa


“No sólo no estoy acabado, sino que soy inagotable; mi llama es como la que devora a los soberbios en el infierno católico: inextinguible. Y me parece que mi juventud ha de ser eterna, como la de los dioses de Grecia”

Giovanni Papini

“El niño nace a los nueve meses, pero el hombre comienza a los treinta años…” ¿Será?

Así lo escribió el poeta florentino Giovanni Papini (1881-1956), primero ateo y luego teólogo, a quien el escritor argentino Jorge Luis Borges equiparó con la mítica figura del egipcio Proteo, conocedor de las honduras del mar.

Lo hizo en Un hombre acabado, para algunos la obra maestra del también autor de La historia de Cristo, El Diablo y El libro negro, en la que expone una suerte de autodefensa lírica, biográfica y excéntrica, ante la intención de mirarlo en decandencia a esa edad.

¿Así que se anda diciendo por Italia que yo soy un hombre vaciado, exhausto, acabado? ¿De veras se dice que yo fui fuego y paja y que el viento de primavera se ha llevado hasta el último ápice de ceniza?”, se pregunta.

“¡Despacio, muchachos! Esperen un poco, por favor. ¡Nada de acabado! ¡Pero si todavía no he empezado! Todo lo que hice -¡cuánto!- era un prefacio, un proemio, un índice anticipado, un anuncio, una proclama y hasta, si quieren, un desbordamiento de mosto y de espuma, como para poder madurar mejor interiormente. Lo mejor viene ahora: ¡recién hoy nazco!”, alardea.

Papini cree que a los 30 años llega la madurez de esa flor que es la juventud, y que esta edad es apenas el inicio de lo que algún día, muy lejano aún, habrá de pudrirse.

Su acicate es la nueva generación: los jóvenes impetuosos que quieren desplazarlo a él y a sus contemporáneos (la generación Y contra la X, para nosotros, digamos).

Es decir, jóvenes tan impetuosos como lo eran hace apenas (¡apenas!) una década los ahora treintañeros (la generación X contra los “baby boomers”, hablando de nosotros).

Cuando llegan los nuevos, los frescos, los primeros en puesto, los muchachos que tenían 10 años e iban a la escuela cuando nosotros teníamos veinte y disparábamos los primeros golpes, entonces empieza el día de la prueba y del peso”, admite.

“Ahora es el momento del cambio y de la mayoría de edad. Sienten la necesidad de rebelarse contra los más próximos, y están preparándose a asaltarnos, como nosotros asaltamos a nuestros mayores.

“Se sienten superiores a nosotros, están seguros de habernos superado y de poder sobrepujarnos en el primer asalto que den”, reconoce.

No tengo miedo a los nuevos como no tuve miedo de los viejos. Estoy dispuesto a poner en la plaza todos mis papeles y a defenderme con los dientes y con las uñas, con las palabras y con las ideas, como un salvaje y como un civilizado. No me echo atrás. No me doy por vencido. Ya lo dije: no estoy acabado”, sentencia.

Y pone las cartas, todas las cartas, sobre la mesa, para desafiar -sí, para desafiar- a los más jóvenes:

“¡Adelante muchachos! Estos 30 años de mi vida, estos 20 años de vida cerebral, estos 10 años de literatura, podía quizás haberlos empleado mejor. Pero, sin embargo, algo he hecho. He tomado parte en movimientos de ideas y los he iniciado; he fundado revistas, he publicado una media docena de libros, he sembrado ideas, locas o estúpidas o profundas, lo que sean, a diestra y siniestra. Soy alguien, represento algo, tengo un pasado, y tendré, a toda costa, un porvenir…

¿Y ustedes? ¿Qué han hecho? ¿Qué hacen? Veamos: artículos, reseñas. Tienen ingenio, claro está, y cultura, pero por ahora, si no me equivoco, están agarrados a lo ajeno, viven a cuestas del que hace algo, se hacen grandes poniendo bajo los tacos de su calzado los volúmenes de los demás. Hay entre ustedes quien ha hecho y hará arte: muy bien. El juzgar es difícil, pero el hacer es más difícil todavía. Veremos”, los reta.

¿Qué opinas? ¿Lo que no se logró antes de los 30 años ya no puede lograrse después? ¿La generación de los veinteañeros es realmente una amenaza (laboral, social, cultural, incluso económica) para los que ya pasan (pasamos) de los 30? ¿La vida productiva realmente empieza a esta edad o de lo contrario se estanca? ¿Crees, como Papini, que a los 30 aún hay tiempo por delante? Si tuviste crisis de los 30, ¿cómo la superaste?

Déjame tu opinión en la zona de comentarios de este blog y conversemos en tiempo real vía Twitter en @MariodelaRosa.

PD. Si estás en los 30 y quieres presumir tus logros (o los de alguien más, a esa edad), postúlate o postúlalo en la convocatoria 2011 “30 promesas en los 30” de la revista Expansión y CNNExpansión.com. Para conocer los detalles, da clic aquí.



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
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