Hace unos instantes la presidenta argentina Cristina Fernández dijo “Dimos un paso grande en la democratización de la sociedad argentina”. ¿Se trataba de un discurso sobre derechos humanos, la pobreza, la educación o la seguridad nacional? No, se trata de futbol.
Desde hace unos instantes el gobierno de uno de los países más pamboleros de América Latina firmó un acuerdo con la Asociación de Futbol Argentino –AFA- (una entidad que agrupa a empresas privadas como son los clubes de futbol) para disponer de todos los derechos de televisión del futbol local.
“Cuando las corporaciones se quieren agarrar del honor de los argentinos, vivimos en una sociedad menos democrática”. ¿Habla la presidenta de la soberanía nacional? No, habla de futbol.
“Te secuestran los goles hasta el domingo, como te secuestran las imágenes y las palabras. Como secuestraron a 30,000 argentinos”. “No quiero más una sociedad de secuestros, quiero una sociedad cada día más libre” ¿Se refiere Fernández a la ola de inseguridad que asola a su (mi) país o de la reciente dictadura? No, habla de futbol.
“La democracia aún está incompleta”…”Faltan muchas cosas. Mientras a un solo argentino le falten cosas básicas, estaremos en deuda”. ¿Habla la presidenta argentina de los recientes datos que revelan que 40% de su población es pobre? No, habla de futbol.
Hoy se firmó la estatización de la transmisión por TV de las ligas de futbol argentinas.
Detrás de esta decisión ‘democratizadora’ hay un tema de negocios y de política: el gobierno nacional pidió a cambio de un cheque anual de 158 millones de dólares que la AFA rompiera el contrato con la empresa TSC (sociedad conformada por el Grupo Clarín y TyC Sports). Grupo Clarín, que edita entre otras cosas el influyente periódico Clarín, ha sido uno de los medios que más ha criticado a las gestiones presidenciales del matrimonio Kirchner.
Lo que hizo hoy la presidencia fue pasar la transmisión del futbol de un monopolio privado a uno estatal.
Si hasta el momento el gobierno ha demostrado poca habilidad para administrar la justicia, la educación, los ingresos del campo y recientemente la salud (gripe A) no se si tiene las credenciales suficientes para ahora administrar un negocio complejo como es el del futbol.
A cambio de millones de ojos puestos en la televisión varias horas a la semana, el gobierno ha prometido por 10 años (aunque la presidencia deje su cargo en 4 años) subsidiar con dinero nacional los malos manejos de los clubes que, reitero, son empresas privadas que exportan piernas de oro a precios astronómicos (como es el caso de Lionel Messi).
Tanto que no es tantito
La promesa de la transmisión gratuita del futbol por los canales de aire a todo el país es una falacia: el canal oficial (Canal 7) y los abiertos 13,11,9 y América no llegan gratis al interior de la Argentina. Las repetidoras, las empresas que retransmiten las señales abiertas en el resto de las provincias más allá de Buenos Aires, no lo hacen gratis.
Hay muchos pueblos y ciudades en la vasta geografía del país que solo acceden a la televisión por señales satelitales o cable. A ellos se les prohíbe desde hoy el fútbol.
Una ‘democratización centralista’ es lo que todo tirano desea, sin dudas.
Hace unos meses la presidenta y su marido (que no pocos llaman ‘el matrimonio presidencial’) recibieron un revés en las elecciones intermedias.
Sin dudas en un país futbolero genera mejor imagen que un político ofrezca gratis el futbol a que se tomen medidas a tiempo para frenar una epidemia como la de la gripe A.
Tocar las fibras íntimas de las pasiones de los argentinos puede ser la receta que han decidido en la Casa Rosada para secarse tras las lluvia que les cayó tras las elecciones legislativas.
Hace unos días regresé de la Argentina y me quedé con una imagen en la cabeza: la resignación. La gente siente, se mueve, decide y sobrevive con resignación.
“Hoy es un día histórico para los argentinos y para la posibilidad de vivir en una sociedad más justa y democrática”, dijo Cristina Fernández mientras la cámara de CNN en Español enfocaba a un adolescente que escuchaba el anuncio disfrazado de conquista social con una mirada opaca… una mirada de resignación.