Gerard Depardieu está por cumplir 64 años y no sé cuántos kilos más que cuando era un galán en películas de los 80. En la película “Mis tardes con Margueritte” representa a Germain, un dulce campesino, obeso y semianalfabeta, que se la pasa recordando su infancia difícil: Creció a manos de una madre inexperta que se encargaba, junto con profesores ineptos, de convertirlo en un bueno para nada.
Habrá quien crea que todo lo malo de este dulce personaje –que es gordo, que no sabe leer, que no se anima a tener hijos, que esto y que lo otro– se debe al maltrato y los regaños de su madre. Y en cambio que todo lo bueno se lo forjó el mismo: que es buen amigo, que es inocente, que es curioso y trabajador. ¿Ya mencioné que es dulce?

Atención: te voy a contar la película. Es tan lacrimógena que de todos modos llorarás cuando la veas, pero tengo que decirte un poco de qué se trata para relacionarla con el cuidado del dinero.
El caso es que Germain ahora se encarga de su madre regañona. Y en las tardes sale a pasear al parque, donde ya les puso nombre a todas las palomas. ¡Ay, qué dulce! Y entonces conoce a una dulce ancianita, que no tuvo hijos, médica heroica que trabajó en la maravillosa Organización Mundial de la Salud y que es culta y encantadora. Margueritte lo interesa por Camus y otros grandes escritores y le roba el corazón.
Esta acomodada mujer vive en una residencia para ancianos, pagada en parte por su sobrino. Por lo visto, trabajar en organizaciones altruistas no da una pensión suficiente para pagar esa residencia, porque cuando el sobrino deja de aportar, ella tiene que mudarse a un triste asilo casi tan feo como uno que vi en la Colonia Moderna de Guadalajara, donde los ancianos están ya no atendidos sino archivados.
Con un gran sentido de la oportunidad, la madre deja vacía la casa y Germain puede invitar a la hermosa ancianita a vivir con él. Tan tan. Todos felices.
En la vida real, las madres regañonas también pueden ser dulces ancianitas y viceversa. Es cuestión de aprender a entender a la gente. Y más vale, porque no hay un gran mercado para intercambiarlas.
Si andas por los 40 o los 50 años, de alguna manera tendrás que atender a parientes más grandes que tú.
La Cepal acaba de publicar un estudio sobre la atención a personas dependientes. Se considera que en América Latina, la carga cae demasiado sobre las mujeres –en general, no son hombres los que se encargan de los viejos, de los niños o de los incapacitados- y que al estado le falta esforzarse más por ayudar.
Dice el documento de la Cepal que, en general, en los países latinoamericanos, hay políticas para cuidar a los recién nacidos y, en menor medida, a los infantes, pero “nada se establece acerca del cuidado de los adultos y adultas mayores”. Casi siempre se asume que el cuidado de niños, ancianos y enfermos le toca a las mujeres, porque los modelos consideraban que los hogares estaban formados por “hombres proveedores” y mujeres “amas de casa” (como que si eso hubiera existido alguna vez, fuera de la serie Mad Men). Si quieres leer más de ese estudio pícale aquí.
Eso se asume, pero las cosas van cambiando. El estado tendrá que hacer algo, pero nosotros también. Habrá que incluir en los cálculos del destino de tu dinero –y de tu tiempo– la atención a los adultos mayores cercanos a tu corazón. ¿Tú ya lo consideraste?


Mira qué “suave”, por usar una expresión de mi abuela juarense. De pronto te quedas sin trabajo o necesitas pagar algo de urgencia y tú muy confiado vas y le pides dinero a tu compadre o a tus papás.

Hasta el momento, así más o menos han servido las redes de seguridad en México: la familia y los amigos te sirven de fondo de emergencia. En realidad, sería mejor que tú tuvieras un fondo para enfrentar los imprevistos, porque no siempre habrá algún incauto que esté dispuesto a pagar tus gastos de hospital o a servirte de seguro de desempleo.
¿De cuánto debería ser tu fondo de emergencia?

1. Tener mucho dinero guardado en el banco te puede salir caro. Imagina que logras ahorrar 10 meses de tu sueldo. Si ganas 20,000 pesos tendría 200,000 guardados. Como los tienes disponibles, el banco te paga una tasa de cerca de 2% anual. La mala noticia es que, en realidad estás perdiendo, porque una parte de ese dinero podría obtener rendimientos de 7, 10 o 20% si lo arriesgaras un poco (lo que dejas de ganar es el costo de oportunidad, en lenguaje de los economistas). Entonces debes limitar el dinero que tengas en una cuenta a la vista.

2. Tener poco te puede salir caro. Si tienes guardado sólo el equivalente a un mes de tu sueldo, y tienes que enfrentar el desempleo o alguna enfermedad grave, también te puede salir caro porque es probable que no tengas crédito suficiente. Por ejemplo, si te enfermas y te hospitalizan, tal vez tengas que pagar unos 50,000 pesos de deducible del seguro de gastos médicos (porque tienes seguro, ¿verdad?).

3. ¿Cuánto tener, entonces? Lo que te recomiendan es tener entre tres y seis meses de tu sueldo en ese fondo de emergencia. Aquí hay una calculadora de Practical Money Skills, que te ayuda a estimar lo que vas a necesitar y cuánto tiempo requerirás para acumularlo.

//


¡6,500 dólares por un check-up médico en Atlanta! Y se supone que lo debes hacer cada dos años, si de verdad quieres tener calidad de vida. Anota en el presupuesto para esa revisión, 2,500 dólares para pagarte a ti y a tu acompañante una suite por tres días en un hotel de esa ciudad, la capital de la Coca-Cola.

Ni modo, se supone que es el precio de tu tranquilidad, porque así ya sabes que no tienes presión arterial alta (llamada la asesina silenciosa porque no te das cuenta de que la padeces) o de que no te van a cortar una pierna por la diabetes. ¿Y si no te alcanza el dinero para pagar eso? Antes de que te de un infarto por angustiarte, más te vale saber que eso de los check ups es un invento de la medicina industrializada, que tiene más que ver con la salud económica de Estados Unidos, que necesita tu dinero, que con tu salud.

Esos precios me los presentó un amable médico de Atlanta, que además no dejaba mucha alternativa. Le pregunté que si no sería mejor hacerse esos estudios en México, donde salen más baratos, y sin necesidad de pagar viaje y hospedaje. Y ya tenía preparado el argumento perfecto, que tan bien responde a nuestro sempiterno malinchismo: que los médicos aquí no tienen certificaciones como los de allá.

Total que si yo quería pagar sólo los 18,500 pesos que cuesta el check up ejecutivo en la clínica Médica Sur, no debía hacerlo porque no debería confiar en que los galenos mexicanos, que estudiaron en una universidad similar a la mía, son buenos. No entiendo cómo ese argumento sigue funcionando entre algunos mexicanos: que venga un extranjero a decirte: “mejor no confíes en tus paisanos, no vayan a ser tan poco profesionales como tú” y que le creas.

La buena noticia es que no necesitas hacerte esas revisiones tan costosas, ni la de 18,500 pesos ni la de 6,500 dólares. Resulta que los cuatro grandes azotes a la salud de los mexicanos –sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares y alta presión– son evitables, con sólo tener una buena alimentación y hacer algo de ejercicio, como dice Héctor Gallardo, un buen epidemiólogo y director de Soluciones del Instituto Carlos Slim de la Salud.

Los 6,5000 dólares te sirven para hacerte todos los exámenes, como que si tú fueras igualito que el vecino. Pero como dice un nuevo libro de Lisa Sanders, columnista del New York Times (Every Patient Tells a Story), cada paciente cuenta una historia, cada quien es diferente. Por lo que si de veras te quieres asegurar de que vivirás sano y mucho tiempo, lo que necesitas es un médico general, que te vaya observando y que te pida los exámenes cuando se requieran, como me sugiere Rodolfo Morán, otro buen epidemiólogo (y además mi padre).

O sea que te trate como si fueras un humano y no como la máquina número 385743 a la que hay que hacerle la misma revisión periódica que a la máquina 385744. Pagarle a ese médico los 1,000 pesos anuales por dos o tres consultas será mucho más provechoso que irte de Shopping a Atlanta, con el carísimo pretexto del check up.



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Términos y condiciones