Qué malos son los ricos: viajan en un auto ostentoso seguidos de un convoy de enormes camionetas, explotan a los demás, cierran las oportunidades a la mayoría de la población, son amigos de los políticos y mastican chicle con la boca abierta. Como esos ricos son tan malos y como la mayoría de la población es pobre, yo por eso no voy a ahorrar ni un centavo. ¿Qué no ven que los ricos no me dejan?
Más o menos ése es el machote de los comentarios de algunos amigos enojados que se indignan cuando he propuesto empezar un plan de ahorro. Sí, ese plan debería buscar que te volvieras lo suficientemente rico como para pagar tus necesidades básicas y alguna actividad divertida cuando seas viejo y llegue el momento de tu retiro.
Porque todo depende de qué entiendas por rico. Si tu fantasía es ser uno de esos ricos de convoy, por el bien del planeta olvídate de ella. Pero tú puedes (y debes) ser rico, con sólo cumplir estas características:
1.    Tener tu guardadito de tres meses para una emergencia.
2.    Tener seguros de gastos médicos, para que no te enfrentes a gastos que te dejen en la ruina. Fíjate: en México, la mitad del gasto en salud corre a cargo de las familias. Y de eso, la mayor parte es dinero que sale directamente del bolsillo de los ciudadanos y no de un seguro o del gobierno. Según el informe “rendición de cuentas de salud” de la Secretaría de Salud, cada año cerca de 3% de los hogares de México se empobrece aún más por culpa de una enfermedad que los obliga a incurrir en gastos catastróficos. O sea que los ataca una enfermedad y pierden su patrimonio y se endeudan para poder pagar la atención médica.
3.    Confiar en que tendrás un nivel de vida digno en el retiro. Para eso necesitas ahorrar, aunque sea poquito. Cada vez surgen más planes. Principal acaba de presentar un producto nuevo, Planea, que puedes abrir con 5,000 pesos y después hacer aportaciones tan bajas como 500 pesos mensuales. También hay planes de Skandia, de Allianz, de ING, tú di con quién. Además son deducibles de impuestos. (Nosotros cumplimos con decirte y tú escoges, no son recomendaciones de inversión).


No me gusta cómo escribe Kiyosaki. Y como él sabe que tiene ese defecto, cada vez que tiene la oportunidad se cura en salud y recuerda que él escribe best Sellers, no gran literatura y que su intención es ayudarte a hacerte rico y no a cultivarte.
Se respira algo de desprecio de Robert Kiyosaki por el excesivo estudio. Aunque de vez en cuando concede que está bien hacer lo que te gusta, y realizar un trabajo excelente, se nota que algo (tal vez en su historia personal) lo impulsa a mirar desde arriba a los ñoños clavados en el estudio o en ser buenos empleados, porque están perdiendo su tiempo y no están haciendo dinero.
Se ve que es un autor de best sellers y ahora acaba de publicar un nuevo libro, La conspiración de los ricos (editorial Aguilar, 2010), en la que vuelve a presentar las mismas ideas que el primero, el de Padre rico, padre pobre. Si tú quieres gastar 219 pesos en el librito, adelante, porque vas a aprender algunas cosas esenciales, que ya ha dicho varias veces. No digas que no te advertí que está mal escrito y que le sobran 345 de sus 351 páginas.
¿Qué hay en esas seis páginas esenciales que sí te podrían servir?
1.    No te claves en ser un empleado. Si piensas enriquecerte con el próximo aumento de sueldo, estás equivocado.
2.    Arriesga. Tienes que invertir en algo, comprar activos que te generarán rendimientos, como una casa por la que cobras renta o una acción que podrás vender más cara después.
3.    No te endeudes para comprar una gran casa y una enorme pantalla de televisión.
4.    Aprende de finanzas.
5.    Haz que otros trabajen para ti. Vende el permiso para usar tu obra o la receta para hacer tu pollo (para ilustrar esto, Kiyosaki habla de la vieja historia del coronel Sanders, que vendió franquicias en lugar de pollos fritos).
¿Quieres saber cómo los ricos conspiran contra ti? Kiyosaki incluye una serie de lugares comunes, entre ellas que la escuela te prepara para ser empleado obediente, que pagas impuestos para mantener a algunos inútiles y que los planes de pensiones te quitan tu dinero para que financies las grandes empresas.
Y al final del sombrero del mago está el mejor truco: los ricos nos han engañado desde 1971, cuando Estados Unidos quitó el respaldo del oro sobre los dólares. Ahora los dólares son papel y no oro. Como que si ese metal tuviera un valor intrínseco (no, no lo tiene, aparte de que brilla bien chido).
En realidad, el dato de que el dólar no está respaldado por el oro no sirve de mucho en el plan para enriquecerse (aparte de que debes saber que la inflación amenaza tu patrimonio). Tampoco queda muy claro cómo podría beneficiar a la población en general si regresáramos al patrón oro, o a usar vacas o semillas de cacao en lugar de billetes y monedas, pero hay que reconocer que siempre tiene su gancho eso de ilusionar a la gente con que podría tener lingotes de oro en su cartera, si no fuera por la ambición desmedida de algún rico ya fallecido.
Descuida: no hay conspiración de los ricos, o por lo menos Kiyosaki no la descubre en su libro. Pero de que ayuda a vender, lo hace. ¿Comprar este libro? Quédate con los cinco puntos, y por favor, no creas en algunas recetas para toda ocasión, como esa de que hay que comprar oro, en cualquier momento.



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