Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


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1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Mi hermano tiene 50 años. Dicen que ya no debería invertir mucho en la Bolsa de Valores.

Se supone que hay una regla para saber qué porcentaje de tus ahorros debes invertir en acciones: Réstale tu edad a 100. O sea que si tienes 50 años, el máximo en la Bolsa debería ser 50%.
Pero su hijo mayor tiene 3 años. Si el dinero fuera de él, entonces podría invertir 97% de sus ahorros en la Bolsa. Pero mi sobrino tiene otras necesidades, que hacen que se distraiga (como se ve aquí en su cumpleaños 2) y no piense en multiplicar su dinero. Todavía no tiene una alcancía.
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¿Cuál será la fórmula para invertir en la Bolsa? A mi hermano le gustaría que si invierte 100,000 pesos hoy y hace una aportación mensual durante 20 años, alcance a juntar 3 millones de pesos, para que se los repartan sus dos hijos y la hermana de estos (que tiene 17 años. Una complicación más: ¿y ahora cuál será el porcentaje adecuado para poner en la Bolsa?). Pícale aquí para saber cuánto dinero debes ahorrar al mes para alcanzar tu meta de ahorro.
La cuestión es que ahora la Bolsa de Valores está en alturas de vértigo, si se compara con el nivel en el que estaba en 2008. A todas luces, ya no es tan barato comprar acciones mexicanas como hace dos años y ya no habrá que esperar el rendimiento que tuvieron los afortunados optimistas que compraron el 6 de octubre de 2008. ¿Sabes cuánto ganaron hasta el 6 de octubre de 2010? ¡70%!
Sí, claro, pero esos afortunados optimistas tuvieron un gran susto, con una pérdida de 14% entre el 6 de octubre de 2008 y el 2 de marzo de 2009. Pícale aquí para ver cómo le ha ido a la Bolsa.
¿Estarán dispuestos mi hermano, mi cuñada y mis tres queridos sobrinos a resistir las bajas de la Bolsa?


Para estas alturas, tú ya deberías saber que lo que estás ahorrando en la afore no te va a alcanzar para cuando te retires. Claro, cuando te jubiles no vas a gastar tanto dinero como ahora, porque ya no “necesitarás” comprar camisas en Pink y cenar en el Nobu. Pero siempre salen los aguafiestas con que tendrás más gastos médicos y mucho, pero mucho tiempo libre, que te vendría bien gastar en un paseo por Venecia y no frente a la televisión, poniéndote al día con los capítulos de Bob Esponja que te habías perdido por tener que trabajar.

Total que si ahora tienes 30 años, y te confías en tu afore, ésta te va a alcanzar para que cuando te jubiles tu ingreso caiga a la mitad del que tienes ahora (bueno, si ganas un ingreso más o menos decente. Si tu ingreso es cercano al salario mínimo, el gobierno te completará para que lo sigas recibiendo).

Lo ideal sería que, a los 30 años, ahorraras 10% de tu ingreso, para que tu pensión te alcance para un poquito más. No es tan grave, porque si tienes afore, ya estás aportando como 6.5%, así que sólo te falta un poquito más. Mira esta calculadora para que estimes cuánto tienes que ahorrar, según lo que te falta para jubilarte y lo que quieres recibir.

Y mira esta película para que te asustes de lo que te podría pasar si no ahorraste lo suficiente al llegar a la vejez. Se llama Make Way for Tomorrow. Es una joya del cine clásico hollywoodense, filmada en la Gran Depresión, y que cuenta la historia de dos viejitos que pierden su casa (por no poder pagar la hipoteca), se dan cuenta de que no tienen ahorros y de que no caben en la casa de sus hijos. Desgarrador. Si la ves completa, ármate de unos dos litros de agua, para que te rehidrates, porque vas a llorar mucho. Y después de llorar, te vas a poner a ahorrar.


Ésta debe ser la última compra por impulso que alguien haga: el nuevo libro de Karla Bayly, “Toma el control de tu dinero”. Eso dijo Karla, supongo que en broma, pero estoy de acuerdo (es lo malo de bromear frente a un periodista). Es un pequeño librito que te va a ayudar a conocerte, algo que tienes que hacer si lo que quieres es alcanzar la salud financiera. Karla es una muy buena bloggera de finanzas personales que si no has leído es hora de que lo hagas, picándole aquí.

Nada de recetas para volverte rico. Total, como dice Ramit Sethi, ya hay muchos libros con esas recetas, que consisten en: gasta menos de lo que tienes, no te compres el Latte (el peor de los males) e invierte (quién sabe en qué).

De lo que se trata es de alcanzar la salud financiera, que es algo así como la salud mental. Difícil de definir, pero buena para tener. Tú sabes que tienes salud financiera cuando reconoces lo que está a tu alcance, te pones metas realistas y encuentras cuáles son tus responsabilidades y cómo cumplirlas.

#yoconfieso, como dicen en el Twitter, que el libro de pronto me recordó a Jorge Bucay (uno de mis placeres culposos, porque es un autor de autoayuda) que te da sencillas fórmulas para que encuentres el camino y busques la ayuda necesaria para volverte alguien responsable y que deja de azotarse.

Entre los muchos tips bien empacados en escasas 109 páginas, Karla Bayly sugiere que hagas a mediados de año tu lista de regalos de Navidad. Que pongas en un lado la gente muy importante, a la que sí tienes que darle algo, y de otro a los No VIP, para que tengas seis meses para planear algo barato pero significativo que darle a tu sobrino/cuñado/jefe, a los que no estás obligado por afectos a darles cosas, pero que apreciarían algún pequeño (subraya pequeño) detalle.

Al final de cuentas, la salud financiera tiene que ver con tu capacidad de planeación. Si puedes planear hoy tus regalos navideños, ya habrás avanzado para después planear metas más significativas y trazar los caminos realistas para alcanzarlas.


Y vuelve la esperanza. De que escojan a un buen entrenador, de que se integre un buen equipo, de que México le gane a El Salvador y a Estados Unidos, de que dentro de unos tres años y medio se pueda festejar que “nos vamos al Mundial”. ¿Nos vamos?
Con los precios tal como están ahora, siete días y seis noches en Río de Janeiro te salen en 1,626 dólares por persona, vuelo y hotel incluidos, que serían como 1,900 dólares en 2010, considerando la inflación (e ignorando que en el Mundial todo saldrá más caro).
¿Qué podrías hacer para ahorrar? Vamos a suponer que no puedes prescindir de esta meta, que la quieres lograr a cualquier precio. Y para considerar gastos, viaje, estancia y algunos boletos, pensemos en que hay que juntar 100,000 pesos.
¿Cómo juntarlos?
Las aseguradoras en México empiezan a ofrecer planes de inversión para que cumplas las metas. Grandes ventajas: te garantizan que lograrás cierta cantidad, siempre que cumplas con depositar un monto mensual; te obligan a ahorrar y te incluyen pólizas de seguro. La desventaja: la seguridad puede costar cara. Para llegar a la meta de 100,000 pesos, tal vez tengas que depositar más de 95,000, en esos cuatro años. En GNP tienen una calculadora para que sepas cuánto tendrías que invertir al mes en los planes de inversión. En Axa te ofrecen planes de inversión, como Vida Inteligente, que además te incluye otras metas.
En cambio, si consigues una inversión que te de un rendimiento de 8% anual, tendrías que depositar unos 2,500 pesos mensuales para aspirar a pagar tu viajecito al Mundial. Es tal vez un esfuerzo menor que ahorrar con un seguro, pero no tienes garantizado el rendimiento. Tú haz el esfuerzo, si no alcanzas la cantidad para ir al Mundial, puedes dejar el dinero un poco más de tiempo y sacarlo cuando haya dado buenos rendimientos.
Es probable que así vayas al Mundial. ¿Irá México? Bueno… cuando menos tú habrás hecho tu parte.


No me gusta cómo escribe Kiyosaki. Y como él sabe que tiene ese defecto, cada vez que tiene la oportunidad se cura en salud y recuerda que él escribe best Sellers, no gran literatura y que su intención es ayudarte a hacerte rico y no a cultivarte.
Se respira algo de desprecio de Robert Kiyosaki por el excesivo estudio. Aunque de vez en cuando concede que está bien hacer lo que te gusta, y realizar un trabajo excelente, se nota que algo (tal vez en su historia personal) lo impulsa a mirar desde arriba a los ñoños clavados en el estudio o en ser buenos empleados, porque están perdiendo su tiempo y no están haciendo dinero.
Se ve que es un autor de best sellers y ahora acaba de publicar un nuevo libro, La conspiración de los ricos (editorial Aguilar, 2010), en la que vuelve a presentar las mismas ideas que el primero, el de Padre rico, padre pobre. Si tú quieres gastar 219 pesos en el librito, adelante, porque vas a aprender algunas cosas esenciales, que ya ha dicho varias veces. No digas que no te advertí que está mal escrito y que le sobran 345 de sus 351 páginas.
¿Qué hay en esas seis páginas esenciales que sí te podrían servir?
1.    No te claves en ser un empleado. Si piensas enriquecerte con el próximo aumento de sueldo, estás equivocado.
2.    Arriesga. Tienes que invertir en algo, comprar activos que te generarán rendimientos, como una casa por la que cobras renta o una acción que podrás vender más cara después.
3.    No te endeudes para comprar una gran casa y una enorme pantalla de televisión.
4.    Aprende de finanzas.
5.    Haz que otros trabajen para ti. Vende el permiso para usar tu obra o la receta para hacer tu pollo (para ilustrar esto, Kiyosaki habla de la vieja historia del coronel Sanders, que vendió franquicias en lugar de pollos fritos).
¿Quieres saber cómo los ricos conspiran contra ti? Kiyosaki incluye una serie de lugares comunes, entre ellas que la escuela te prepara para ser empleado obediente, que pagas impuestos para mantener a algunos inútiles y que los planes de pensiones te quitan tu dinero para que financies las grandes empresas.
Y al final del sombrero del mago está el mejor truco: los ricos nos han engañado desde 1971, cuando Estados Unidos quitó el respaldo del oro sobre los dólares. Ahora los dólares son papel y no oro. Como que si ese metal tuviera un valor intrínseco (no, no lo tiene, aparte de que brilla bien chido).
En realidad, el dato de que el dólar no está respaldado por el oro no sirve de mucho en el plan para enriquecerse (aparte de que debes saber que la inflación amenaza tu patrimonio). Tampoco queda muy claro cómo podría beneficiar a la población en general si regresáramos al patrón oro, o a usar vacas o semillas de cacao en lugar de billetes y monedas, pero hay que reconocer que siempre tiene su gancho eso de ilusionar a la gente con que podría tener lingotes de oro en su cartera, si no fuera por la ambición desmedida de algún rico ya fallecido.
Descuida: no hay conspiración de los ricos, o por lo menos Kiyosaki no la descubre en su libro. Pero de que ayuda a vender, lo hace. ¿Comprar este libro? Quédate con los cinco puntos, y por favor, no creas en algunas recetas para toda ocasión, como esa de que hay que comprar oro, en cualquier momento.


1.    Cuánto se gasta en las comidas del domingo. ¡Qué gran favor le haces a tu pobre madre todos los fines de semana! Le llevas a los nietecitos para que los vea y tú te ahorras la comida dominical. Saca las cuentas: por cada niño en un Fast food gastarías unos 30 pesos, súmale las hamburguesotas que se comerían tu pareja y tú, total, unos 200 pesos, más estacionamiento, más refrescos, más postres. Saber los costos de pasar el domingo podría ser una buena manera de empezar a hablar de dinero en familia.

2.    Cuánto tiene guardado para su retiro. Tu cabecita blanca fue siempre tan buena que se sacrificó para que estudiaras en las mejores escuelas y compró (caros) seguros de educación. Pero a esa hormiguita se le olvidó ahorrar para mantenerse a ella misma cuando dejara de trabajar o de percibir ingresos. ¿Tendrás que ayudarle?

3.    Quién pagará sus medicinas. Si ya pasó de los 65 años, tendrá más gastos médicos. ¿En qué plan de seguridad social está tu mamá?

4.    A dónde quiere ir a comer este día de las madres. Si ya van a hacer la larga fila para entrar a un restaurante, cuando menos que sea el que a ella le gusta.

5.    Qué compra está planeando. Tal vez tú creas que ella quiere ese hermoso portarretratos de 300 pesos, pero es probable que en realidad tenga planes para comprar algo más. ¿Por qué no aportar para que llegue antes a la meta?

6.    Qué le falta a su casa. ¿Una mano de pintura, una reparación del baño?

7.    Qué le gustaría tener. Una bruja le dio un año al Rey Arturo (en algunas versiones de la leyenda) para que encontrara qué quieren las mujeres. La respuesta que le salvó la vida: lo que quieren es que las dejen escoger.

8.    A quién le gustaría ver. Para que le ayudes a planear el viaje para reencontrarse con alguien muy querido.

9.    Dónde planea vivir dentro de 10 años. Muchos de nuestros padres gastaron gran parte de su patrimonio en comprarse un bien raíz que supuestamente les serviría como seguro para su retiro. Eso quiere decir que tendrán que venderla en algún momento e ir a un lugar más fácil de mantener. ¿Cuándo será ese momento?

10. En qué está invirtiendo. No se trata de que tu sufrida madre de más de 70 años tenga inversiones en la Bolsa de valores (no, por favor), pero sí de que busque los instrumentos a los que le pueda sacar más dinero. No veas con voracidad su centenario (si lo tiene, no se va a despegar de él), pero piensa en buscarle una cuenta con mejores rendimientos que su pagaré bancario. No estaría mal que le recomendaras algún fondo de inversión de deuda.


Ni modo, también hay asesores de algunas casas de Bolsa que se han portado mal con sus clientes durante esta crisis financiera. Los hicieron perder dinero por invertir en cosas que no les convenían.
Esas cosas que uno suele ver en las películas también suceden en la realidad. Que compren acciones que tú no les pediste, que actúan a tus espaldas, que te vendan cosas que no tal vez a ti no te convienen pero a ellos sí (por ejemplo, la casa de Bolsa te vende acciones de una empresa que les paga por colocarlas). Esas prácticas son delitos y más vale que sepas que te puedes proteger.
Esta semana vino a Expansión una de las autoridades que regulan el mercado de valores y reconoció que durante la crisis se descubrieron algunos casos de malas prácticas. Claro, si se ponen a jugar con tu dinero en épocas de prosperidad es más difícil que los descubras. Todo esto no es para que te asustes y ya no inviertas en la Bolsa. Lejos de mí tales intenciones, porque sí debes invertir ahí. Pero antes…
1.    Pide que te hagan bien el perfil del cliente. Es como cuando llegas con el médico: tiene que conocer tu historia, qué te duele. Casi siempre te salen con un machote aburrido, que te ayuda a saber si eres agresivo, moderado o conservador. Sería bueno que te conocieran mejor (y que te ayudaran a conocerte mejor), pero por algo se empieza. Es una obligación de las casas de Bolsa, de acuerdo con la ley del mercado de valores, pero ni siquiera eso hacen a veces (según esta autoridad que vino) y entonces te dejan desprotegido.
2.    Exige que sean congruentes. Si encontraron que tú eres moderado, entonces no pueden meter tu dinero a inversiones con alta volatilidad. Si en la entrevista inicial les dijiste que quieres tus recursos en un año, no se vale que se pongan a probar suerte con acciones de empresa a las que tal vez les vaya muy bien… o tal vez no.
3.    Revisa tus estados de cuenta. Fíjate qué está pasando con tu dinero. No se trata de que te preocupes porque en la radio dijeron que cayó la Bolsa (eso lo dicen sobre todo para llamar tu atención y que no le cambies), pero sí de que veas si tus inversiones van en el camino que tú esperabas que tomaran.
4.    Mantén el contacto con el asesor. Pregúntale qué está haciendo con tu dinero, pídele que entre los dos encuentren mejores estrategias… cuando menos dos veces al año. Si lo dejas solito, hará lo que se le ocurra. Y qué tal que se le ocurra venderte acciones que le den más beneficios a él que a ti.


No, no creas que te voy a hacer la misma promesa que muchos sitios de Internet. Eso no se puede, no se vale, no es correcto. Me refiero a una nueva oferta que está llegando a México: ya puedes invertir en fondos que prometen hacer la tarea por ti.
O sea que no tienes que preocuparte por cómo cerró la Bolsa Mexicana o la de Tailandia, tú sólo vas con un asesor, le das algo de dinero y le dices que lo necesitas para dentro de un año, dos o cinco, o los que sean. Son los fondos que tienen un determinado tiempo de maduración. Los de ING son los más claros, porque cada uno de esos fondos se llama como el año en que se supone que debes sacarlo. Normalmente sirven para el retiro, pero también te pueden servir para que metas ahí el dinero que vas a juntar para cuando tu hija cumpla 15 años, dentro de 10, o  para inscribir a tu hijo en la universidad dentro de 8 años.

Con estos fondos ya no tienes que andar buscando lo que se pone de moda o “el sabor del mes”, como le dice Roberto Cano, el director de Principal Financial. Por cierto que en Principal ofrecen fondos pero no por el tiempo de duración, sino por el riesgo. Así tú escoges entre un fondo conservador o uno muy arriesgado, según los rendimientos que quieras obtener en un plazo determinado.

Se supone que todo esto es para ahorrarte trabajo. Tú no eres corredor de Bolsa, así que no tienes por qué saber en qué acción invertir para conseguir buenos rendimientos. Según Kiyosaki, los ricos quieren ocultarte las oportunidades de ganar. Si le crees al autor de Padre rico, padre pobre, te vas a lanzar a especular con acciones. Pero lo que te dicen los más cautelosos es que tal vez sepas algo de inversiones pero no puedes saber mucho sobre una empresa en particular. “No podemos capacitar al cliente al vapor para que invierta en la Bolsa”, dice Ricardo Gómez Dena, director de sociedades de inversión de Banorte. Sería como pedirle a alguien que después de tomar un diplomado en medicina se operara solo.

¿Qué hacer? ¿Confiar ciegamente en que un asesor te dará un traje que te quede bien y te meta en el fondo adecuado? No confíes ciegamente, pero cuando menos es una buena manera de empezar a invertir.


¿Cada cuándo volteas a ver los estados de cuenta de tus inversiones? ¿Sabes cuánto vale ese departamento/terreno/casa que se supone que compraste como inversión? Para ser inversionista necesitas dos cosas. Primero, invertir. Y segundo, saber cómo va esa inversión. De los pocos que se deciden a invertir, todavía menos personas se deciden a abrir el estado de cuenta y a analizarlo.

¿Qué deberías saber de tu inversión?

1.    ¿Cuánto vale hoy? Si tienes un fondo de inversión, es fácil, porque es muy probable que tu distribuidora tenga un sitio de Internet en donde puedes consultar hoy mismo. Si tienes una casa o un departamento, podrías preguntar cuánto valen los que están en venta en tu colonia o edificio. Sería bueno anotar en cuánto podrías vender tu casa cuando menos dos veces al año.

2.    ¿Cómo le ha ido desde la última vez que viste? ¿Ha aumentado o bajado de valor? No es para que te preocupes cada vez que baja de valor, porque si te asustas, terminarías por vender barato lo que compraste caro. Es para que veas si ya llegaste a tu objetivo. Por ejemplo, si compraste tu casa en 500,000 pesos y ya la podrías vender en 700,000, tal vez deberías aprovechar la oportunidad. O tal vez no.

3.    ¿Qué quieres conseguir? Lo mejor sería tener un objetivo claro de inversión. Si entras a un fondo, es porque tienes alguna meta. Revisa si el fondo ya llegó al valor que esperabas. Y si no ha llegado en el tiempo que esperabas, es momento de buscar a tu asesor para ver si la estrategia de inversión está funcionando o si es necesario cambiarla.

4.    ¿Cómo podría mejorar? Es cierto que esto de invertir se debe pensar para el largo plazo. Entre tus objetivos debería estar el retiro y dicen los que saben que a éste le debes dedicar como 10% de tu sueldo (aparte de lo que ya está en tu afore). Pero no se trata de que te desentiendas de tu dinero durante los 20, 30 o 40 años que te faltan para retirarte. Hay que darle una revisadita, para ver si va por el buen camino. Insisto en que no hay que creerse corredor de Bolsa y tomar decisiones de cambiar la inversión cada vez que estornuda Carstens. Pero sí estar al pendiente, para que tu asesor te diga cómo mejorar.



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