Ésta debe ser la última compra por impulso que alguien haga: el nuevo libro de Karla Bayly, “Toma el control de tu dinero”. Eso dijo Karla, supongo que en broma, pero estoy de acuerdo (es lo malo de bromear frente a un periodista). Es un pequeño librito que te va a ayudar a conocerte, algo que tienes que hacer si lo que quieres es alcanzar la salud financiera. Karla es una muy buena bloggera de finanzas personales que si no has leído es hora de que lo hagas, picándole aquí.

Nada de recetas para volverte rico. Total, como dice Ramit Sethi, ya hay muchos libros con esas recetas, que consisten en: gasta menos de lo que tienes, no te compres el Latte (el peor de los males) e invierte (quién sabe en qué).

De lo que se trata es de alcanzar la salud financiera, que es algo así como la salud mental. Difícil de definir, pero buena para tener. Tú sabes que tienes salud financiera cuando reconoces lo que está a tu alcance, te pones metas realistas y encuentras cuáles son tus responsabilidades y cómo cumplirlas.

#yoconfieso, como dicen en el Twitter, que el libro de pronto me recordó a Jorge Bucay (uno de mis placeres culposos, porque es un autor de autoayuda) que te da sencillas fórmulas para que encuentres el camino y busques la ayuda necesaria para volverte alguien responsable y que deja de azotarse.

Entre los muchos tips bien empacados en escasas 109 páginas, Karla Bayly sugiere que hagas a mediados de año tu lista de regalos de Navidad. Que pongas en un lado la gente muy importante, a la que sí tienes que darle algo, y de otro a los No VIP, para que tengas seis meses para planear algo barato pero significativo que darle a tu sobrino/cuñado/jefe, a los que no estás obligado por afectos a darles cosas, pero que apreciarían algún pequeño (subraya pequeño) detalle.

Al final de cuentas, la salud financiera tiene que ver con tu capacidad de planeación. Si puedes planear hoy tus regalos navideños, ya habrás avanzado para después planear metas más significativas y trazar los caminos realistas para alcanzarlas.


Ah, mi tarjeta de crédito. Cuando me la entregaron, hace ya muchos años, yo de verdad sentí que era mi pasaporte al mágico reino de la gente grande. Su holograma reluciente con una palomita libre y poderosa, mi nombre grabado en mayúsculas, qué poder, qué alegría, qué control.
Pero ahora encuentro 5 razones para guardarla en un cajón:

1. Los negocios se empiezan a cansar de las comisiones que les cobran los bancos. Pregunta en las tiendas. Desde las pequeñitas hasta las departamentales tienen alguna promoción para quien paga en efectivo. ¿Te has fijado que en los clubes de precios, hay dos totales en tu cuenta, uno, más alto, por si quieres pagar a crédito? Es hora de regatear: pregunta en la caja si hay algún descuento especial por pagar en efectivo. Los descuentos pueden llegar a 10%.
2. Los premios de las tarjetas se han vuelto más tímidos. Antes te daban dinero en efectivo que te servía para pagar tu comisión anual. Si una tarjeta de crédito te cobraba 600 pesos anuales, lo podías pagar con los puntos. Ahora la mayoría ya no lo permite, y lo más probable es que tengas que cambiar tus puntos por algunos productos dentro de un catálogo. Por ejemplo, si hiciste compras por 150,000 pesos con tu tarjeta de HSBC, habrás obtenido 11,432 millas, que te sirven para una noche en algún Fiesta Americana de playa, en temporada baja. Pon tú que el cuarto cueste 3,000 pesos, o sea que te dieron 2% de tus compras. (Pícale aquí para ver un simulador de recompensas). Por ahí, o más abajo, andan los puntos de las tarjetas clásicas de Bancomer y Banamex. Si obtuviste descuentos de 4, 5 o 10% por pagar en efectivo, ya no te convino el uso de la tarjeta.

3. La deuda se va colando. Un argumento para usar la tarjeta es que el estado de cuenta te permite saber en qué gastaste cada mes. ¿Y de verdad lo revisas? Mejor podrías registrar tus gastos en una libreta, cuando llegues a tu cama todas las noches. El problema con el límite de crédito es que es mayor que tu salario, o sea que te dura más (en teoría). Nadie te avisa cuando llegas al máximo, y así es como la deuda se cuela en tu vida.

4. Si puedes gastar, gastas. Si pagas en efectivo, te vuelves más conciente. Tal vez te pongas rojo en la fila del súper porque tu tarjeta de débito no alcanzó para pagar la cuenta, algo que no te pasaría con la tarjeta de crédito, pero sabrás cuándo se te acabó el dinero.

5. Si tienes un límite, puedes ahorrar. Cuando empieces a usar sólo efectivo, ya podrás apartar recursos para ahorrar cada mes, Lo mejor es que el dinero se vaya a tus ahorros desde el principio de la quincena, y que gastes sólo lo que te quede. Eso no lo puedes hacer si tienes la fabulosa libertad de la tarjeta de crédito.

Igual sí, la tarjeta de crédito puede ser el pasaporte al mágico mundo de la gente grande. Sólo que la verdadera magia de la gente grande está en entender que la tarjeta hay que pagarla.


Al secretario de Educación, Alonso Lujambio, se le hace que los niños no tendrían tiempo para aprender todos los contenidos del programa de primaria si se pudieran a realizar además alguna actividad física.. Así que eso de ampliar a más de una hora el ejercicio en las escuelas, para combatir la epidemia de sobrepeso lo tiene sin cuidado, porque a él le encargaron que los niños se convirtieran en archivos de conocimientos, no que estuvieran sanos. Parece que tenemos que escoger entre ser eruditos y ser delgados.
El problema es que Lujambio y muchos padres de familia creen que la actividad física es la que hace Lionel Messi para prepararse. Si los niños no van a ser superfutbolistas/atletas de alto rendimiento o megagolfistas, mejor que se queden sentaditos. ¿Para qué hacen el ridículo pateando mal la pelota?
Hace rato que nos agarró una especie de depresión: si no somos lo máximo, mejor ni intentarlo. Por eso, en las clases de música para niños, en lugar de dejarlos que se muevan y sientan el ritmo y las melodías, queremos que se sienten a aprenderse difíciles canciones para que algún día se conviertan en Pavarotti.
¿Haremos lo mismo con el dinero? Hace dos años, la convención bancaria se dedicó casi por completo a hablar de educación financiera para todos los niveles, en especial para los niños de primaria. La entonces secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, era la estrella entre los banqueros, con sus promesas de enseñar a los niños a ahorrar, usar el crédito e invertir. En esta convención que acaba de terminar, el tema perdió fuerza. Si mi hijo no será Slim, ¿para qué me preocupo por que ahorre?
Pero el manejo del dinero (como los buenos hábitos para comer y realizar actividades físicas) no debería ser material reservado para una materia aburrida en un plan de estudios. Bastaría con:
1.    Dejar que los niños manejen algo de dinero.
2.    Hacer un presupuesto familiar y dejar que los niños sepan qué les toca y por qué.
3.    Ponerse metas entre todos en la familia, para entender que hay que seguir un proceso para alcanzar ciertas cosas.
Si esperamos que los  ocupadísimos profesores de primaria le enseñen a los niños el valor del interés compuesto, en lugar de nosotros platicar en familia sobre lo que estamos haciendo para cuidar el dinero y alcanzar ciertas metas, vamos a tener el mismo éxito en educación financiera que en el combate al sobrepeso: un cero muy grande.


¿Recuerdas cuando uno navegaba en internet sólo para entretenerse y chatear con los amigos? Qué tiempos. Ahora desde internet me persiguen montones de páginas que prometen volverme super sabio en mis finanzas personales.

Los bancos y el gobierno ya se obsesionaron con eso de educar en finanzas al “pueblo mexicano”, así que me dicen que pague mis deudas, no gaste de más, cocine churros en mi casa para ahorrar, haga mi presupuesto y entienda la magia del interés compuesto.

Y ¿en verdad alguien está tan dispuesto a meterse horas y horas a preguntarse cómo le va a hacer para financiar su retiro? ¿O cómo protegerse ante los riesgos?

El más reciente en esta ola de ñoños en internet es Bansefi, que acaba de sacar www.finanzasparatodos.com. Las animaciones están buenas, pero la información es tan básica que va a vacunar a todos y al final no servirán ni para el ciudadano de a pie ni para el egresado del ITAM. Por ejemplo, para explicar la necesidad de que te asegures contra ciertos problemas que se pueden presentar en tu vida, ponen un video superñoño de una pareja que se pierde en el bosque, porque al empezar su aventura no tomó en cuenta el riesgo de despistarse.

En la página de Condusef, una imagen de un búho te da lecciones de economía, con las que podrías echarte un sueñecito.  Ojalá que tantos datos no nos hagan olvidarnos de lo esencial: que el dinero sirve para alcanzar nuestros propósitos, que sería bueno que registráramos lo que gastamos y que hay que guardar algo, porque lo vas a necesitar después.

Lo rescatable: la página de Profeco puede llegar a ser adictiva. Las calculadoras de Condusef (que no están en el micrositio de educación financiera) y las calculadoras de Visa, Mastercard, Bancomer y Banamex.

Mira un ejemplo de la Profeco: una receta para hacer churros. Gastas menos, te diviertes y no tienes que aprender miles de conceptos financieros. Eso, puedes navegar en internet sin temor a que vengan a hacerte un examen.


Dale con el rescate del plan de ahorro escolar. Josefina Vázquez Mota, cuando era secretaria de Educación Pública, lo anunciaba cada vez que se reunía con los banqueros y ahora ya agarró la costumbre también Alonso Lujambio, su sucesor en la SEP.

Y los dos salen con la misma referencia nostálgica a aquellas estampitas que les daban en la escuela. ¿De qué se trata? ¿De revivir nuestros recuerdos o de generarles cultura financiera a los niños? Porque cada vez que se acuerdan de que existía aquel programa dicen que no funcionó porque la inflación erosionó el precio del dinero ahorrado.

¿Y ahora por qué no habrían de erosionarse los ahorros? Porque en aquellos entonces había inflaciones altísimas, como de 100% y ahora la inflación es baja. Mmmh. OK, si la inflación altísima era de 100% y el rendimiento del dinero guardado en el banco era de 90%, claro que estaban perdiendo. Y si ahora la inflación es de 5% y el rendimiento del banco es de 4%… ¿qué pasa? ¡Ah! También la inflación erosiona el valor del ahorro.

Parece que la gran novedad de este plan es que  en lugar de estampitas habrá hologramas o una tarjetita muy bonita. Ya lo había escrito antes, el plan me recuerda aquella escena de Mary Poppins en que los banqueros persiguen a los niños para quedarse con el dinero que ellos quieren darle a la señora de las palomas.

Claro, ese romántico mensaje viene de Disney, que no tenía que perseguir a los niños para quedarse con su dinero (en aquel entonces, nuestro dinero). La cosa es que deberíamos encontrar otra fórmula para la educación financiera, que sí, haga a los niños entender que los bancos son necesarios, pero que nos dé a todos (los niños y los grandes) el mensaje de que el buen manejo del dinero no se trata de sacrificarse para que la banca cobre comisiones y nos regrese ahorros devaluados, sino de juntar dinero para cosas más útiles que la satisfacción instantánea. Que el ahorro y la inversión implican también que sepamos planear para el futuro y entender en dónde guardamos nuestro dinero.

Nos urge que seamos un país que entienda de mejores maneras de guardar el dinero que la libretita de ahorro, ya sea con estampitas o con hologramas.


1. El gobierno está ansioso de regresarte dinero de tus impuestos. Ansioso, lo que se dice ansioso, tal vez no, pero tú puedes conseguir que te regresen un dinerito si todavía no presentas tu declaración anual.
Te tengo el truco: Guardas un dinero durante cinco o más años y sólo pagas los impuestos cuando lo saques. Es como esconderle a Hacienda esos recursos durante ese periodo. Tienes que abrir una cuenta en una aseguradora o en una distribuidora de fondos, mediante el esquema del artículo 218 de la ley del impuesto sobre la renta. Así que si necesitas un respiro este año, ésa es una buena oportunidad. Corre a abrir la cuenta porque hay que hacerlo antes de presentar la declaración anual. La ventaja es que este año se amplió el plazo para presentarla hasta fines de este mes
Como me explica Maru Castillo, encargada de este tipo de productos en Skandia, esta medida es “una tabla de salvación”, porque si esperabas pagar muchos impuestos este año, le puedes bajar un poco y sacar el dinero cuando no estés tan presionado por el fisco.
2. ¿Ya viste cuánto dejaste de gastar por quedarte en casa la semana pasada, por la alerta sanitaria? Gasolina o transporte público: 80 pesos, comida en la fonda de la esquina: 120 pesos (30 pesos diarios por 4 días), comida de viernes con los cuates: 200 pesos, cafecito: 50 pesos. No te digo que te vuelvas un ermitaño. Hasta eso que no es tan malo ver a los compañeros de trabajo todos los días y salir a comer a un restaurantito de vez en cuando. Lo que es importante es que te vuelvas conciente de esos gastos, que los registres y veas si de verdad todos los pesos desembolsados han sido bien empleados. O si tal vez puedes encontrar otros buenos usos para tu dinero.
3. ¿Quieres aprender a llevarte mejor con tu dinero? Hay unos cursos en la Universidad Iberoamericana, la Unam y el Tecnológico de Monterrey, que imparte Juan José Salas, un profesor joven y ameno. Yo ya fui a uno y se me hizo divertido pasar algunas horas del fin de semana en un campus universitario, conocer gente nueva que además te ayuda a entender cómo te llevas con tu dinero y cómo mejorar esa relación. El más próximo es el 29 de mayo en Unam Acatlán. Luego sigue en la Ibero, el 19 de junio. Pícale aquí para ver datos. En julio, agosto y octubre en el Tec.


Los de la Profeco le están poniendo ganas a eso de la educación financiera. Acaban de poner en línea su revista y ahí tienen una serie de videos cuyo principal mensaje es “no consumas a lo güey”. Hace algún tiempo los serios funcionarios de la protección al consumidor no se habrían atrevido a escribir eso, pero ahora el lenguaje ya no nos espanta.

Los consejos están divertidos, aunque se me hace que ya deberíamos saber que si apagamos focos o ponemos ahorradores, o desconectamos lo que no usemos, gastaremos menos en energía eléctrica. Mira el video sobre el  gasto hormiga.

Ya es un avance. Los banqueros mexicanos siguen diciendo que muy pronto promoverán la educación financiera en la primaria y la secundaria. Mientras que eso sucede, te dejo con una calculadora (en inglés) que te dice cuánto tardarías en pagar tu tarjeta de crédito con una cantidad fija al mes. En el primer espacio pon tu saldo. Donde dice APR ponle la tasa de interés de tu tarjeta. Y en el último espacio escribe cuánto planeas pagar mensualmente. La calculadora viene del sitio de Visa en inglés, que está más amigable que el sitio en español.  



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