Es oficial: se acabó la crisis (de 1995). De aquí a diciembre de 2010 los bancos van a renegociar los créditos en Udis, que se dieron como parte del programa “punto final”, de pésima memoria para quienes se quedaron con las manos en la puerta, atrapados en préstamos hipotecarios que se volvieron carísimos.

Hay una oferta de descontar una parte del capital para quienes estén al corriente de sus pagos. Y ese descuento se puede obtener desde ahora. En Santander me hablaron de un caso de un crédito que empezó en 1999, con 486,000 udis, algo así como 1.2 millones de pesos. Ahora ese mismo crédito anda en 336,000 udis. Para desesperación del deudor, eso significa que la deuda total ya anda en 1.4 millones de pesos. Así que le conviene renegociar, porque si ha sido constante en sus pagos, puede obtener un descuento que dejaría el total de la deuda en 789,000 pesos.

Además del descuento, el deudor entrará a un esquema de tasa fija y no variable, como era el caso cuando el saldo estaba ligado a los vaivenes de la inflación.

El descuento tendrá que ser asumido por el gobierno y por el banco que tenga el crédito. Dicen en los bancos que lo van a empezar a promover, para que los clientes vayan y obtengan los beneficios. ¿Tú qué crees? ¿Estarán esperando a que termine el Mundial para hacer los anuncios? O, dado que tendrá un costo para la institución bancaria, ¿esperarán que llegue quien se entere? Ante la duda, corre a negociar o corre la voz.


Ni siquiera las chicas bien portadas (financieramente) van al cielo de los ricos. Resulta que una de las mujeres más disciplinadas que conozco decidió meter una buena parte de sus ahorros en un fondo de inversión a finales de 2007 y ahora jura que nunca más volverá a meterse en estas cochinadas financieras, que dan muchísimo menos que una inversión en bienes raíces, o que en un mugroso pagaré bancario (así dice ella).

Tiene algo de razón. Su inversión se ha hecho casi polvo en lo que lleva metida en ella. En 2007 metió 100,000 pesos (por decir una cantidad) y ahora ese dinero está en 62,700, una pérdida de ¡37%! Así, ¿quién va a querer meterse a inversiones financieras alguna vez? Que yo sepa, ninguna casa (fuera de Valle Dorado) pierde tan súbitamente su valor. La inversión fue en un fondo de Santander que compra acciones de empresas mexicanas, y el encargado de ese fondo salía siempre en las fotos como uno de los mejores manejadores de inversión del país y, si se apuraban, de América Latina. Mejor ni le digo a esta chica que ese señor ha sido tan premiado, porque querrá correr a golpearlo.

Ella también está muy enojada con la distribuidora de fondos que le vendió esa inversión. El asesor que la atendió al principio ya se fue. El que le siguió, también. Total que no hubo nadie en todo 2008 y 2009 para decirle que hiciera algo más que adoptar la defensa del conejo, o sea quedarse paralizado a la mitad de la carretera o frente a la serpiente.

Sí, cuando vienen las bajas en la Bolsa de Valores siempre te dicen que mejor te quedes ahí y que recuerdes que la inversión es de largo plazo. Pero si ves que las cosas empeoran y empeoran. ¿No deberían los asesores darle permiso a sus clientes de que saquen un poquito de dinero? Por cierto, si esta chica hubiera hecho esto, podría haberse recuperado un poco. Mira cómo podía haberle hecho: Cuando ella entró al fondo, cada título del mismo valía 51 pesos. Ahora vale 32. Ahí está la pérdida de 37%. Pero en abril de este año llegó a valer 22 y en septiembre llegó a 32. Si ella hubiera vuelto a entrar a ese fondo, con unos 10,000 pesos más, para ahora, esos 10,000 pesos se habrían convertido en 14,500. Una ganancia de ¡45%! En cinco meses. Que yo sepa, ninguna casa (ni siquiera en Londres) se aprecia tan rápidamente.

Pero decía mi psicoanalista que el “hubiera” es el futuro pluscuamperfecto del verbo “me equivoqué” (bueno, él lo decía con una expresión más escatológica). Es culpa del asesor por no haberla buscado para decirle que los mercados habían bajado muchísimo y que era mejor volver a entrar –en lugar de quedarse simplemente congelada- para cosechar algo del rebote. Es culpa del asesor, porque esta chica no querrá volver a hacer negocios con esa distribuidora de fondos (ni siquiera después de leer este blog). Pero ¿cuánta es nuestra culpa, como inversionistas, por no estar preguntando?

Ya sabemos que no todo está perdido, que la inversión de mi amiga algún día recuperará el nivel, pero la moraleja es que no debemos esperar sentados. No podemos estar demasiado ocupados en cosas más importantes que nuestro dinero como para no atenderlo. Porque ¿qué es más importante que nuestro dinero, aparte del amor?



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