Tú haces lo que más te conviene. El problema es que también eres muy listo y te logras convencer de que te convienen muchas cosas ahora, aunque después no tengas cómo pagarlas.
Por ahí en tu cabeza hay un Pepe Grillo que te dice que deberías ahorrar más, gastar menos con la tarjeta de crédito y ponerte a dieta antes de las vacaciones. La mala noticia es que eso se deja para después, por alguna razón (¿nos gusta sentir culpa?). Y la buena noticia es que podrías engañarte un poquito para obligarte a tomar las decisiones adecuadas.
Imagina que estás en un centro comercial y quieres comprar una camisa. Como eres muy sabio para manejar tus finanzas personales, primero vas a diferentes tiendas para comparar. Entras a Thomas Pink y encuentras que las camisas cuestan 2,000 pesos cada una (en oferta). Con esa información, llegas a Massimo Dutti, donde te topas con camisas de menos de 800 pesos cada una. ¡Ahá! Ya puedes darte permiso de gastar 2,000 pesos, o sea que te compras dos camisas y una corbata (está bien, te pasaste un poquito). Eso en español se llama engañarte, porque tu objetivo era comprar una camisa, no gastar 2,000 pesos.
Nuestro complicado cerebro no funciona como creen los economistas tradicionales, explican Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein, en su libro Nudge (que en inglés significa algo así como “un empujoncito”). Según la economía tradicional, el homo economicus busca las mejores decisiones racionalmente, pero nosotros somos homo sapiens, y al decidir tomamos en cuenta algo más que unas cuantas ecuaciones.
Lo que dicen Thaler y Sunstein es que la sociedad puede hacer algunos ajustes para ayudar a los consumidores a tomar decisiones que les convengan más. Hablan de los arquitectos de decisiones, que con sólo disponer las cosas de cierta manera pueden dar un empujoncito al consumidor para que prefiera comprar un artículo sobre otro.
Tal vez nosotros podríamos darnos nuestros propios empujoncitos para tomar las decisiones económicas que nos convienen más. Pero tenemos que engañarnos un poco a nosotros mismos. Si queremos empezar a juntar dinero, y sabemos que lo haremos en algún momento mañana, podríamos ir a una distribuidora de fondos de inversión y firmar un contrato para que la próxima quincena –no ésta– empiece a tomar una cantidad de nuestra nómina y a ponerla en un fondo.
Si queremos tener un buen ahorro para el retiro, tendríamos que escondernos ese dinero. A la hora de hacer tu presupuesto, puedes pagarte una buena cantidad en efectivo para que gastes en lo que se te antoje, y apartar una cantidad similar para meterla en ese fondo que ya abriste.
Es cuestión de encontrarnos el modo, de guiarnos a nosotros mismos con un pequeño empujoncito. Puedes ver más sobre esta idea del empujoncito en el blog que acompaña al libro Nudges. Pícale aquí.


1. El gobierno está ansioso de regresarte dinero de tus impuestos. Ansioso, lo que se dice ansioso, tal vez no, pero tú puedes conseguir que te regresen un dinerito si todavía no presentas tu declaración anual.
Te tengo el truco: Guardas un dinero durante cinco o más años y sólo pagas los impuestos cuando lo saques. Es como esconderle a Hacienda esos recursos durante ese periodo. Tienes que abrir una cuenta en una aseguradora o en una distribuidora de fondos, mediante el esquema del artículo 218 de la ley del impuesto sobre la renta. Así que si necesitas un respiro este año, ésa es una buena oportunidad. Corre a abrir la cuenta porque hay que hacerlo antes de presentar la declaración anual. La ventaja es que este año se amplió el plazo para presentarla hasta fines de este mes
Como me explica Maru Castillo, encargada de este tipo de productos en Skandia, esta medida es “una tabla de salvación”, porque si esperabas pagar muchos impuestos este año, le puedes bajar un poco y sacar el dinero cuando no estés tan presionado por el fisco.
2. ¿Ya viste cuánto dejaste de gastar por quedarte en casa la semana pasada, por la alerta sanitaria? Gasolina o transporte público: 80 pesos, comida en la fonda de la esquina: 120 pesos (30 pesos diarios por 4 días), comida de viernes con los cuates: 200 pesos, cafecito: 50 pesos. No te digo que te vuelvas un ermitaño. Hasta eso que no es tan malo ver a los compañeros de trabajo todos los días y salir a comer a un restaurantito de vez en cuando. Lo que es importante es que te vuelvas conciente de esos gastos, que los registres y veas si de verdad todos los pesos desembolsados han sido bien empleados. O si tal vez puedes encontrar otros buenos usos para tu dinero.
3. ¿Quieres aprender a llevarte mejor con tu dinero? Hay unos cursos en la Universidad Iberoamericana, la Unam y el Tecnológico de Monterrey, que imparte Juan José Salas, un profesor joven y ameno. Yo ya fui a uno y se me hizo divertido pasar algunas horas del fin de semana en un campus universitario, conocer gente nueva que además te ayuda a entender cómo te llevas con tu dinero y cómo mejorar esa relación. El más próximo es el 29 de mayo en Unam Acatlán. Luego sigue en la Ibero, el 19 de junio. Pícale aquí para ver datos. En julio, agosto y octubre en el Tec.



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Términos y condiciones